Argentina: anos de estupros e de horror culminam com paródia de justiça

Un fallo a que premia a un abusador y viola la razón
La serenidad de Traslasierra, una región de Córdoba dueña de un ritmo aquietado de belleza y silencio, se ha sacudido para mal.
Anteayer un destacado vecino de esa región, precisamente de San Javier, dueño de un aserradero y “hombre fuerte” en la comarca fue condenado a ocho años de prisión por haber abusado durante una década de una chiquita. Elizabeth “Eli” Díaz, hija de una de las mucamas de Benavídez, trabajaba en tareas domésticas en la casa del violador desde que era una nena.
Cuando “Eli” tenía nueve años el empresario empezó a aprovechar su poder sobre la familia y el estado de indefensión de la nena para iniciar los ultrajes. Estos sólo terminaron con la muerte: embarazada del abusador, a los 18 años la chica mató a golpes al bebé producto del escarnio. Sólo en la prisión, acusada de homicidio calificado por el vínculo, “Eli” se vio libre, al fin, del acoso. Y a pesar de que pidieron perpetua para ella, un tribunal la absolvió, entendiendo que había actuado “en estado crepuscular de emoción violenta”.
Pero al ventilarse todo en el juicio, Benavídez fue detenido y procesado por las reiteradas violaciones. Aún no se conocen los fundamentos del tribunal que lo juzgó y lo benefició con la escueta pena que pidió el fiscal Novillo Corvalán -la querella había solicitado 20 años de prisión-. El defensor del violador de la nena -un abogado que también patrocina a Carlos Menem en el juicio por la voladura del arsenal militar de Río Tercero- trató de explicar lo inexplicable: el tribunal consideró que “Eli” “consentía los encuentros sexuales”.
¿Puede una nena de 9 años “consentir” tener relaciones con un hombre de 50? ¿Y una adolescente de 14, 15 o 16? ¿Y una chica de 17, que ha sido violada desde los 9? Es difícil vislumbrar una luz de razonamiento en semejante noche de irracionalidad. Pero quizá el tribunal haya encontrado milagrosos argumentos para perpetrar su veredicto.
La joven es pobre -al fin y al cabo, una “chinita” (remember María Soledad Morales) siempre trabajó de mucama-; su atormentador, rico. Eso siempre explica demasiado en la Argentina en general, y en la Argentina profunda, mucho más.
Hoy “Eli” tiene 20 años y Benavídez, 61. Las pesadillas de la chica -según confesó en un reportaje con Clarín- están pobladas del “aliento a hombre viejo, del olor a hombre” y sueña ser madre “alguna vez, pero sin marido”.
Las pesadillas de la joven seguramente ya no tendrán fin: gracias a un fallido fallo, en muy pocos años el monstruo volverá a la libertad.
(Publicado en la columna Disparador de Clarín el 12 de noviembre del 2008)
Publicado por Marcelo A. Moreno
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