La secuela de la crisis económica

Por: Augusto Townsend Klinge Periodista * – EL COMERCIO

Sábado 13 de Agosto del 2011

La turbulencia experimentada en los últimos días ha traído a muchos reminiscencias de la debacle que se desató en setiembre del 2008, tras la caída del banco de inversión estadounidense Lehman Brothers. ¿Será que estamos viviendo la secuela de aquella crisis y que la inoportuna rebaja de la clasificación de riesgo de EE.UU. se convertirá en el detonante de un nuevo período sombrío para la economía global?

Para la prensa, trazar paralelos siempre resulta efectista, aunque estos no siempre sean precisos. En apariencia, hoy los bancos y las compañías en general no están tan endeudados como en aquel entonces. Los desahuciados son, más bien, los Estados del mundo “desarrollado”. De ahí que Robert Barro, el influyente profesor de Economía de la Universidad de Harvard, suene la alarma en el Financial Times (FT) sobre la inminente “crisis de los gobiernos”.

Estados Unidos nunca quebrará si mantiene el privilegio extraordinario de emitir la moneda que –al menos hasta hoy– prefieren los agentes económicos para sus transacciones. ¿Pero podrá caer Grecia, Portugal o, peor aun, España o Italia? Como explica el profesor de la Universidad de Chicago Luigi Zingales, cuando la solvencia de un país se ha perjudicado lo suficiente, su futuro depende de las expectativas del mercado internacional. Si este confía en su salud financiera, le prestará a tasas bajas pero, si lo desahucia prematuramente, le cobrará más por cualquier préstamo, y esto será la estocada final que lo llevará a la bancarrota.

Lo irónico es que ahora muchos bancos están expuestos por ser tenedores de esa deuda soberana, invirtiéndose la figura de cuando los gobiernos salieron, más bien, a su rescate y engulleron sus derivados tóxicos.

TRANQUILIDAD EFÍMERA
La decisión de la Reserva Federal de EE.UU. de mantener las tasas de interés cerca de cero hasta mediados del 2013 puede haber controlado el pánico, aunque persiste la volatilidad en las bolsas. A estas alturas cabría preguntarse: ¿es posible evitar que la economía global vuelva a caer en recesión?

“Misión imposible”, ha respondido en el FT Nouriel Roubini, el economista de la Universidad de Nueva York que fue el oráculo de la debacle del 2008. El ‘Dr. Doom’, como se lo conoce por su pesimismo, cree que es muy probable que España e Italia –que son demasiado grandes como para ser rescatadas por la Unión Europea– pierdan acceso a los mercados financieros.

“La visión general ahora es que, en esta nueva ronda de la Gran Recesión, hay un alto riesgo de que las cosas se pongan peores”, ha señalado el Nobel de Economía Joseph Stiglitz, también en el periódico inglés.

Los economistas, sin embargo, no se ponen de acuerdo sobre cuáles son los síntomas y cuál es la enfermedad. Para Bill Gross, fundador de la gestora de fondos Pimco, el sobreendeudamiento es tan solo un síntoma, y la enfermedad es la debilidad de la demanda agregada, es decir, la falta de consumo e inversión. “Exorcizar el gasto excesivo en el corto plazo”, ha dicho en “The Washington Post”, sería el mismo error que –haciéndole caso al Fondo Monetario Internacional– cometieron países como Argentina, México y Brasil en los ochenta.

Para el profesor de Harvard Kenneth Rogoff, la particularidad de esta crisis estriba, justamente, en que confluyan un crecimiento anémico y un endeudamiento excesivo. Las economías desarrolladas –ha escrito para Project Syndicate– tardarán “varios años” en despercudirse de esa deuda, y el peso de esta tendrá que trasladarse de alguna manera de los deudores a los acreedores. La forma más práctica de hacerlo, aunque polémica, es permitiendo un incremento moderado de la inflación.

Aunque le parezca poco efectivo, Roubini cree que tarde o temprano EE.UU. hará una nueva inyección fiscal a su economía. Robert Barro piensa que de nada servirá lanzarle más dinero al problema. En lugar de sobreestimar el efecto multiplicador del estímulo fiscal, el Gobierno de EE.UU. debería concentrarse en eliminar impuestos para catalizar el consumo y las inversiones, y así reactivar los “espíritus animales” de los inversionistas que hoy no ven un compromiso claro de gobierno para controlar su desorden ni atisbos de mejoría en los indicadores económicos (salvo por la rentabilidad récord que vienen obteniendo a costa de incrementos en productividad, léase, despidos).

LÍDERES ENCLENQUES
En una entrevista para Foreign Policy, Roubini da en el clavo al señalar que nunca antes el mundo había enfrentado una crisis de esta magnitud con líderes tan débiles: Obama manipulado por su Congreso, Rodríguez Zapatero adelantando elecciones, Berlusconi y su “bunga bunga”, Cameron cercado por los disturbios, Kan recuperándose del terremoto, y hasta Merkel percibida como incapaz de tomar decisiones. Entretanto, en China sube la inflación, lo cual genera tantas sensibilidades por allá como acá cuando Alan García era presidente.

Como dice el profesor de Economía de Harvard Dani Rodrik, también para Project Syndicate, “quizá por primera vez en la historia moderna, el futuro de la economía global está en las manos de los países pobres”. Tal vez, aunque en el 2008 se dijo lo mismo y todos, de una u otra forma, nos resfriamos.

[*] Editor del Departamento de Economía & Negocios

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