Perú: Correlaciones cajamarquinas
Sabado, 11 de febrero de 2012
Mirko Lauer – La República
La aparición en Lima de Marco Arana a la cabeza de la Marcha por el Agua transmite la impresión de que el elocuente ex sacerdote de Tierra y Libertad ha dado un giro nuevo al conflicto de Cajamarca. Los términos de las discrepancias siguen siendo los mismos, pero la conducción política de la protesta está cambiando de manos.
No hay duda que Gregorio Santos, Wilfredo Saavedra y Arana van a seguir siendo socios, en cuanto comparten un mismo blanco. Pero en cierto modo Arana con su marcha los ha dejado atrás. El desplazamiento es una movida hábil, en cuanto por algún motivo Arana no es muy popular en Cajamarca, a pesar de sus 20 años de activismo.
Santos y Saavedra se quedaron en Cajamarca, esperando el resultado del pulseo con el gobierno, mientras Arana prueba las aguas de una convocatoria más amplia. Al final Patria Roja, otro impulsador de la marcha, optó por el perfil bajo, quizás por no hacer tan evidente la ausencia de su presidente regional Santos.
Por donde se le mire, Santos va a ser el perdedor de esta historia. El intento de revocarlo probablemente no tenga éxito, pero lo confirma como un personaje conflictivo. Si Conga procede la derrota será sobre todo suya. Si Conga se pasma, tendrá que compartir esa victoria como muchos otros dirigentes locales.
Si Conga se pasma es difícil que el gobierno central mantenga el celo desarrollista mostrado por el premier Óscar Valdés, lo cual va a ser un problema político adicional para Santos. Además de que participar en un programa de desarrollo, que no madurará antes del 2014, supone un tipo de relación con Lima que no lo va a hacer más simpático en Cajamarca.
En cuanto a Saavedra, simplemente ha sido puesto de lado, al haberse convertido en una suerte de símbolo de la intransigencia radical sin lugar en una mesa de negociación. Luego de su primer golpe de mano en las calles, se ha puesto en evidencia que tanto Santos como Arana son políticos de bastante más calado que Saavedra.
Dicho todo lo anterior, es innegable que los tres socios de Cajamarca participan de un evidente capital político. Ya tienen un par de meses imponiendo la parte más importante de la agenda política nacional. Un poco más y habrán frenado una parte clave del giro gubernamental hacia la derecha, algo que recién se sabrá posperitaje.
Un problema de estos éxitos es que para mantener a ese capital libre de erosión, la agitación tiene que continuar, de preferencia en constante expansión. Un juego peligroso cuyo desenlace no es predecible. Conga puede ir o no ir, ¿pero cuánto tiempo puede mantenerse en su actual limbo formal?
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