05/10/2008 - 13:40h “Experimentemos que somos eternos”, “ponto por ponto”

Alain Badiou

Badiou. Piensa que se debe construir una nueva política a partir de la idea de que hay un solo mundo, donde todos debemos convivir
 Foto: Soledad Aznarez

 

 

La filosofía y una vida más fuerte que la vida

A propósito de su nuevo libro, Lógicas de los mundos (Manantial), segunda parte de su obra mayor, El ser y el acontecimiento, el filósofo francés habla del platonismo, el nuevo período de la “hipótesis comunista” que abrió Mayo del 68 y la política de Sarkozy que busca instaurar muros de miedo, como los que existen entre México y estados Unidos, y entre Israel y los palestinos. Además se refiere a lo que el hombre trasciende al hombre y comenta su frase “La Historia no existe”

Por María del Carmen Rodríguez de la Redacción de LA NACION

El arte -escribe Alain Badiou en su “Esbozo para un primer manifiesto del afirmacionismo”- “debe estar tan sólidamente ligado como una demostración, ser tan sorprendente como un ataque nocturno y tan elevado como una estrella”. El tono contundente de esta afirmación es uno de los tantos con que el máximo exponente de la filosofía francesa contemporánea, orador sin par, suele sumir en el más atento de los mutismos a todos sus oyentes. Lo recuerdan, sin duda, quienes asistieron en 2003 -para atenernos sólo a los eventos locales más recientes- a sus charlas y a su seminario “El cine como experimentación filosófica” (publicado en G. Yoel, comp., Pensar el cine 1 , Manantial, 2004) o a sus conferencias de 2004, entre ellas, las dictadas en Rosario (publicadas en Justicia, filosofía y literatura , Homo Sapiens, 2007). Lo disfrutarán quienes se acerquen a escucharlo en la primera semana de diciembre, cuando Badiou nos visite para hablarnos -entre otros temas- de “Filosofía y matemática” y de “Filosofía y política”, y para presentar el segundo tomo de su obra mayor, El ser y el acontecimiento (1988; Manantial, 1999), publicado en Francia en 2006 y cuya traducción, Lógicas de los mundos (Manantial), está disponible en librerías desde hace una semana.

Más allá del tono, la afirmación de Badiou con respecto al arte podría trasponerse a su propia obra filosófica, cuya novedad y cuya complejidad exigirán una lectura atenta, lápiz en mano, a los lectores deseosos de un pensamiento fuerte. En cuanto a la variedad de sus tonos y a la versatilidad de su lengua, cabe recordar que este gran filósofo cuya obra, por su sistematicidad y su consistencia, podría compararse con la de Hegel, es a la vez matemático, novelista, dramaturgo, militante de terreno y (¿por qué no decirlo?) hombre de armas tomar.

Alain Badiou nació en Rabat (Marruecos) en 1937 y pasó gran parte de su infancia y de su adolescencia en Toulouse. Se instaló en 1956 en París, donde hizo sus estudios de filosofía en la École normale supérieure (allí preside hoy el Centre international d étude de la philosophie française contemporaine) y entró de lleno en las primeras manifestaciones universitarias contra la guerra de Argelia, preludio de otras tantas en las que participaría en su tenaz militancia política, entre ellas -por supuesto- las de Mayo del 68, acontecimiento en cuyas consecuencias sigue trabajando. En la etapa decisiva de su formación filosófica tuvo tres maestros: Sartre, Lacan y Althusser. Publicó dos novelas antes de 1969, año en que apareció su primer libro de filosofía, El concepto de modelo, y otra a fines de los años noventa, década en la que desplegó su obra de dramaturgo. Desde 1969 y hasta 1999 fue profesor en la Universidad de París VIII, donde se cruzó más de una vez en los pasillos con Gilles Deleuze, con quien mantuvo una relación alternativamente hostil, amistosa o evasiva sobre la cual se extiende en el primer capítulo de Deleuze, “El clamor del Ser” (1997; Manantial, 2002).

El punto de contacto y de cortocircuito entre ambos filósofos supone puntos en común nada desdeñables: ambos permanecen indiferentes al anuncio del “fin de la filosofía” y no rehúyen los desafíos de la metafísica; ambos construyen -cada uno a su modo- una filosofía potente y afirmativa, lo cual los confrontó abiertamente con un enemigo común: los denominados “nuevos filósofos” (entre ellos, Bernard-Henri Lévy y André Glucksmann), mediáticos y consensuales, cuyo pensamiento Deleuze supo calificar de “nulo”. Lo que los separa lleva más lejos y remite -como señala Badiou- a dos grandes tradiciones de la filosofía francesa: Deleuze es el portavoz de la tradición “vitalista”, que parte de Bergson y en la que se incluyen, digamos, Foucault y Simondon; Badiou, por su parte, se enlista de buen grado en la tradición del idealismo matematizante de Brunschvicg, en la que se eslabonan también, de maneras disímiles, Althusser y Lacan. Si remontamos más lejos, basta con recordar que el proyecto de Deleuze -en la estela de Nietzsche- es “invertir el platonismo”, y que Platón es, para Badiou, un referente mayor.

Que los medios galos se refieran a Badiou como “nuestro pensador faro de la izquierda radical” marca otro tono: su radicalismo afirmativo, tanto en la acción como en el pensamiento. En esas arenas lidió con otros grandes filósofos (Derrida y Lyotard, por ejemplo) que poblaron, desde los años setenta, el fecundo campo de las ideas en Francia, y que en Petit panthéon portatif (”Pequeño panteón portátil”, 2008) se ven hoy cálidamente homenajeados -junto a quienes fueron sus maestros o amigos-, “elevados como estrellas” en esa constelación mallarmeana que reaparece, intermitentemente, en esta obra en que el suelo y el cielo forman más de una conjunción.

Alain Badiou concedió generosamente a adn CULTURA esta entrevista, robándole tiempo a su tiempo para responder a algunas preguntas por correo electrónico, y en el punto de llegada de cada respuesta parecía entreverse su inmensa figura cuando el campo de batalla, o la amistad, llama.

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23/09/2008 - 18:19h Amor - O Interminável Aprendizado

Blog Releituras

por Affonso Romano de Sant’Anna

 

 

Criança, ele pensava: amor, coisa que os adultos sabem. Via-os aos pares namorando nos portões enluarados se entrebuscando numa aflição feliz de mãos na folhagem das anáguas. Via-os noivos se comprometendo à luz da sala ante a família, ante as mobílias; via-os casados, um ancorado no corpo do outro, e pensava: amor, coisa-para-depois, um depois-adulto-aprendizado.

Se enganava.

Se enganava porque o aprendizado de amor não tem começo nem é privilégio aos adultos reservado. Sim, o amor é um interminável aprendizado.

Por isto se enganava enquanto olhava com os colegas, de dentro dos arbustos do jardim, os casais que nos portões se amavam. Sim, se pesquisavam numa prospecção de veios e grutas, num desdobramento de noturnos mapas seguindo o astrolábio dos luares, mas nem por isto se encontravam. E quando algum amante desaparecia ou se afastava, não era porque estava saciado. Isto aprenderia depois. É que fora buscar outro amor, a busca recomeçara, pois a fome de amor não sabia nunca, como ali já não se saciara.

De fato, reparando nos vizinhos, podia observar. Mesmo os casados, atrás da aparente tranqüilidade, continuavam inquietos. Alguns eram mais indiscretos. A vizinha casada deu para namorar. Aquele que era um crente fiel, sempre na igreja, um dia jogou tudo para cima e amigou-se com uma jovem.

E a mulher que morava em frente da farmácia, tão doméstica e feliz, de repente fugiu com um boêmio, largando marido e filhos.

Então, constatou, de novo se enganara. Os adultos, mesmo os casados, embora pareçam um porto onde as naus já atracaram, os adultos, mesmo os casados, que parecem arbustos cujas raízes já se entrançaram, eles também não sabem, estão no meio da viagem, e só eles sabem quantas tempestades enfrentaram e quantas vezes naufragaram.

Depois de folhear um, dez, centenas de corpos avulsos tentando o amor verbalizar, entrou numa biblioteca. Ali estavam as grandes paixões. Os poetas e novelistas deveriam saber das coisas. Julietas se debruçavam apunhaladas sobre o corpo morto dos Romeus, Tristãos e Isoldas tomavam o filtro do amor e ficavam condenados à traição daqueles que mais amavam e sem poderem realizar o amor.

O amor se procurava. E se encontrando, desesperava, se afastava, desencontrava.

Então, pensou: há o amor, há o desejo e há a paixão.

O desejo é assim: quer imediata e pronta realização. É indistinto. Por alguém que, de repente, se ilumina nas taças de uma festa, por alguém que de repente dobra a perna de uma maneira irresistivelmente feminina.

Já a paixão é outra coisa. O desejo não é nada pessoal. A paixão é um vendaval. Funde um no outro, é egoísta e, em muitos casos, fatal.

O amor soma desejo e paixão, é a arte das artes, é arte final.

Mas reparou: amor às vezes coincide com a paixão, às vezes não.

Amor às vezes coincide com o desejo, às vezes não.

Amor às vezes coincide com o casamento, às vezes não.

E mais complicado ainda: amor às vezes coincide com o amor, às vezes não.

Absurdo.

Como pode o amor não coincidir consigo mesmo?

Adolescente amava de um jeito. Adulto amava melhormente de outro. Quando viesse a velhice, como amaria finalmente? Há um amor dos vinte, um amor dos cinqüenta e outro dos oitenta? Coisa de demente.

Não era só a estória e as estórias do seu amor. Na história universal do amor, amou-se sempre diferentemente, embora parecesse ser sempre o mesmo amor de antigamente.

Estava sempre perplexo. Olhava para os outros, olhava para si mesmo ensimesmado.

Não havia jeito. O amor era o mesmo e sempre diferenciado.

O amor se aprendia sempre, mas do amor não terminava nunca o aprendizado.

Optou por aceitar a sua ignorância.

Em matéria de amor, escolar, era um repetente conformado.

E na escola do amor declarou-se eternamente matriculado.


Texto extraído do livro “21 Histórias de amor”, Francisco Alves Editora – Rio de Janeiro, 2002, pág.11.

Para conhecer mais sobre Affonso Romano de Sant’Anna, clique aqui.

Ilustração: Mario Mastrotti

Mario Dimov Mastrotti, natural de São Caetano do Sul - SP, começou a publicar em 1975 no Diário do Grande ABC com as tiras do Cubinho, também publicada no Jornal de Brasília, Gazeta de Vitória, Província do Pará e outros. Na Folha de São Paulo publicou o Mago de Az-Zar, em 1976. Entre 1976 e 1991 produziu colunas e suplementos infantis para mais de 30 jornais como Diário Popular e Folha de Londrina. Produziu quadrinhos infantis e adultos para editora Abril, Press e ECAB, e cartilhas para várias empresas como Pirelli e Lever. Em 2000 organizou o livro cooperado Humor Brasil 500 anos, premiado com o HQ Mix de melhor projeto editorial, e no ano seguinte lançou o livro 2001, Uma odisséia no humor, com 21 cartunistas, como no livro anterior. Publicou charge na revista Bundas e no livro Front. Em 2002, organizou a antologia Humor pela Paz e a falta que ela faz, com 28 cartunistas de 8 estados e prefaciado pelo Angeli. Atualmente colabora com o OPasquim21, edita a revista Humor & Amigos, leciona na Universidade Metodista de São Paulo,  no curso de Publicidade e Propaganda e Comunicação Mercadológica, e dirige a Editora Virgo que edita livros cooperados.

E-MAIL: mastrotti@editoravirgo.com.br

04/09/2008 - 16:48h Ciúme

CONTARDO CALLIGARIS

Folha de São Paulo

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Pesquisa oferece duas sugestões para que uma relação não seja envenenada pelo ciúme


A CADA semana, ouço a queixa de alguém que encontra, no celular de seu parceiro ou parceira, a “prova” de uma traição: o ciúme vinga com a tecnologia, mas entendê-lo continua difícil.

Para os darwinistas, a evolução favoreceu os ciumentos: sobrevive a linhagem dos que evitam sustentar rebentos ilegítimos, poupando assim seus recursos. Problema: o argumento evolucionista vale só para o ciúme masculino (mesmo no pleistoceno, os homens que pulavam a cerca não voltavam grávidos para casa), e, restaria explicar, o ciúme feminino. Várias pesquisas mostram que todos, homens e mulheres, são mais sensíveis à infidelidade emocional (que não engravida ninguém) do que à infidelidade sexual.

Os cognitivistas, em geral, entendem o ciúme como uma reação contra algo que ameaça a relação e fere o amor-próprio do “traído”. Faz sentido, mas o ciúme (sobretudo patológico) nem sempre é reativo: às vezes, o ciumento inventa situações para alimentar seu ciúme.

Os terapeutas psicodinâmicos notam que o ciumento é mais preocupado consigo e com seus rivais do que com o objeto de seu amor. Eles reconhecem, grosso modo, dois tipos de ciúme, que ambos seriam restos neuróticos da infância:

1) Há o ciúme possessivo de quem não deixa a primeira infância, continua querendo ser um único corpo, junto com a mãe, e só enxerga ameaças - no pai, nos irmãos etc. Nesse estilo, uma tia minha passou a vida recluída pelo marido: não saía de casa, nenhum médico podia examiná-la. Por essa razão, eu não a conheci, mas minha avó dizia que o homem era louco e que ela era louca também, por aceitar.

2) Há o ciúme inseguro de quem nunca se sente “tranqüilamente” amável e está sempre revivendo as emoções da pré-puberdade, quando descobrimos que a mãe tem interesses diferentes da gente (experiência dolorosa, mas também prazerosa, pois, traindo-nos, ela nos liberta para desejarmos outras coisas).

Então? Pois é, acabo de ler uma pesquisa, de Visser e McDonald, no “British Journal of Social Psychology” (vol. 46, nº 2, junho 2007): “Swings and Roundabouts: Management of Jealousy in Heterosexual Swinging Couples” (suingue e carrosséis: administração do ciúme em casais heterossexuais que praticam o suingue).

Questão dos pesquisadores: há casais que praticam regularmente o suingue, a troca sexual de parceiros; como eles administram o ciúme?

Resultado previsível: os casais que praticam suingue transformam seu ciúme em excitação sexual. Essa transformação é mais fácil para o homem; na mulher, a visão do parceiro nos braços de outra produz facilmente insegurança. Seja como for, a transformação do ciúme em excitação sexual é possível à condição que seja garantida a confiança absoluta de ambos na coesão do casal. Garantida como?

1) A primazia do envolvimento afetivo sobre o sexual é permitida pela sinceridade. O parceiro é sempre o primeiro a saber: essa prioridade garante a superioridade do laço afetivo do casal sobre o laço sexual com outros. De fato, na infidelidade, o que mais causa aflição é que, por exemplo, o amante sabe do marido, e o marido não sabe do amante (diga para um amante que sua performance é comentada na mesa do casal, e ele, provavelmente, sumirá para sempre).

2) O próprio suingue, como fantasia constantemente elaborada pelos dois, consolida o laço do casal, torna-o muito mais importante do que os parceiros ocasionais de cada um.

Será que, dessas constatações, há como deduzir uma receita contra o ciúme ordinário?

Parece que sim: à condição de não precisar repetir os restos da infância mencionados antes, deve ser possível construir uma relação em que o ciúme seja tolerável.

Para isso, segundo a pesquisa, é bom:

1) que as “infidelidades” (todas, não só as sexuais) sejam prenunciadas, ou seja, que elas existam primeiro na conversa do casal;

2) que os membros do casal compartilhem uma aventura, um sonho (voar de asa delta, aprender sânscrito ou praticar suingue, tanto faz).

Mais duas observações. A maior traição é a traição do próprio desejo da gente; portanto, pedir ao outro para não nos trair é menos importante do que lhe pedir para não trair a si mesmo. Até porque um parceiro ou uma parceira que traísse seu próprio desejo para ficar com a gente acabaria, a médio prazo, odiando-nos por ter-se traído.

Enfim, uma infidelidade não é razão para acabar com uma relação. No máximo, é razão para perguntar-se se a relação vale a pena.

ccalligari@uol.com.br

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31/08/2008 - 20:07h Velho Tema II

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Vicente de Carvalho

Eu cantarei de amor tão fortemente
Com tal celeuma e com tamanhos brados
Que afinal teus ouvidos, dominados,
Hão de à força escutar quanto eu sustente.

Quero que meu amor se te apresente
- Não andrajoso e mendigando agrados,
Mas tal como é: risonho e sem cuidados,
Muito de altivo, um tanto de insolente.

Nem ele mais a desejar se atreve
Do que merece: eu te amo, e o meu desejo
Apenas cobra um bem que se me deve.

Clamo, e não gemo; avanço, e não rastejo;
E vou de olhos enxutos e alma leve
À galharda conquista do teu beijo.

 

 

Vicente Augusto de Carvalho, o “Poeta do Mar”, nasceu em Santos (SP), em 05/04/1866, lá falecendo no dia 22/04/1924. Poeta, contista, advogado, jornalista, político e magistrado, por motivos políticos mudou-se para a cidade de Franca (SP) e tornou-se fazendeiro. Em 1901, regressou a Santos, dedicando-se à advocacia. Mudou-se para São Paulo (SP), em 1907, onde foi nomeado juiz de direito. Em 1914, passou a ministro do Tribunal de Justiça do Estado. Foi grande artista do verso, da fase criadora do Parnasianismo. No fim da vida, cansou-se do jornalismo, mas continuou em contato com seus leitores através dos versos que publicava nas páginas da revista “A Cigarra”. Ocupou a Cadeira 29 da Academia Brasileira de Letras, tendo sido eleito em 1º de maio de 1909, na sucessão de Artur Azevedo.

OBRAS:

Ardentias (1885);
Relicário (1888);
Rosa, rosa de amor (1902);
Poemas e canções (1908);
Versos da mocidade (1909);
Verso e prosa (1909);
Páginas soltas (1911);
A voz dos sinos (1916);
Luizinha, contos (1924);
Discursos e obras políticas e jurídicas.

Poema extraído do livro “Poemas e canções”, Ed. Saraiva - São Paulo, 1965.

17/08/2008 - 19:34h Eu levo o seu coração comigo

A imagem “http://www.releituras.com/biofotos/eecummings.jpg” contém erros e não pode ser exibida. e. e. cummings

eu levo o seu coração comigo (eu o levo no
meu coração) eu nunca estou sem ele (a qualquer lugar
que eu vá, meu bem, e o que que quer que seja feito
por mim somente é o que você faria, minha querida)

tenho medo

que a minha sina (pois você é a minha sina, minha doçura) eu não quero
nenhum mundo (pois bonita você é meu mundo, minha verdade)
e é você que é o que quer que seja o que a lua signifique
e você é qualquer coisa que um sol vai sempre cantar

aqui está o mais profundo segredo que ninguém sabe
(aqui é a raiz da raiz e o botão do botão
e o céu do céu de uma árvore chamada vida, que cresce
mais alto do que a alma possa esperar ou a mente possa esconder)
e isso é a maravilha que está mantendo as estrelas distantes

eu levo o seu coração ( eu o levo no meu coração)

(Tradução: Regina Werneck)

e. e. cummings, poeta norte-americano, nasceu em 1894 e morreu em 1962. Conquistou, ainda em vida, um lugar permanente entre os maiores poetas de nosso tempo. Ainda se comenta muito das suas inovações em tipografia e pontuação, que foram, por alguns, mal entendidas como meros “efeitos”, mas o leitor cuidadoso verá que elas são um aspecto de sua busca pela expressão mais pura e clara de seus pensamentos e sentimentos. Uma maneira de renovação da linguagem que só os grandes poetas conseguem. cummings era único dentre os poetas de seu tempo, pois era igualmente extraordinário na sátira e no sentimento e lutava vigorosamente contra a pomposidade e a pretensão. É considerado um dos poetas que escreveu os mais emotivos poemas de amor de todos os tempos. O poema acima foi lido numa das cenas finais do filme “In her shoes”, de Tony Scott, pela personagem interpretada por Cameron Diaz. Esse filme passou no Brasil com o nome de “Em seu lugar”.

Outros livros do autor: “The enormous room (1922), “Him” (1927), “Eimi” (1933), “Santa Claus” (1946), “I:six nonlectures” (1953), “Poems 1923-1954” (1954), “A miscellany (1958), “73 poems” (1963) e “e. e. cummings: A selection of poems” (1965).

Extraído do livro “95 poems”, Hartcourt, Brace & World, Inc. – New York, 1958, pág. 95.

Fonte Blog Releituras

15/08/2008 - 16:27h Mulheres Malditas

A imagem “http://weblogs.clarin.com/antilogicas/archives/briullov113.jpg” contém erros e não pode ser exibida.
Obra de Karl Brulloff (1799-1852)

 

 

por Charles Baudelaire

Como um gato pensante e na areia deitadas,
Voltam os olhos seus ao mais longe do mar,
E seus próximos pés e suas mãos coladas
Têm langor de sorrir e tremor de chorar.

Umas, o coração cheio de confidência,
Num bosque em que a cantar os ribeiros se movem,
Vão soletrando o Amor da ingênua adolescência,
O ramo a descascar de algum arbusto jovem;

Outras, são como irmãs, andam lentas e flavas
Das rochas através, plenas de aparições,
Onde viu Santo Antônio arderem como lavas
Os rubros seios nus de suas tentações;

Outras há, que ao fulgor da líquida resina,
No silêncio abissal de velho antro pagão,
Chamam para aliviar a febre que alucina
Baco, o deus que adormece o remorso e a ilusão!

E outras, cuja garganta ama os escapulários,
Sabem em sua roupa um chicote esconder,
E misturam na noite, em bosques solitários,
As lágrimas da dor e a espuma do prazer.

Ó monstros do martírio, ó sombras virginais!
Almas a desprezar a pobre realidade,
Com sexo e devoção, o infinito buscais,
Estrangulada a voz de lamento e saudade,

Que na cripta infernal tanto buscou minha alma,
Pobres irmãs a um tempo eu vos amo e respeito
Por vossa sede em vão e por vossa dor calma,
E estas urnas de amor que vos enchem o peito.

Fonte: www.geocities.com

10/08/2008 - 12:06h Nem Freud explica

http://www.amamentar.net/Portals/0/maespais/papel%20pai/Um%20homem%20tamb%C3%A9m%20engravida%20-%20M%C3%83ESPAIS.jpg

Correio Braziliense

“Não consigo pensar em nenhuma necessidade da infância tão intensa quanto a da proteção de um pai.” A frase, dita pelo fundador da psicanálise, Sigmund Freud, não condiz com os tempos modernos, em que a figura paterna era aquela que provia a independência, a segurança física e financeira, e que introduzia a ordem, a moral e a educação à criança, e a materna era a responsável pelo zelo, carinho, amor, mimos e cuidados. “Hoje, mães assumem o papel de pais, e vice-versa. A divisão de tarefas por sexos não é mais tão evidente. O importante é que essas funções não deixem de ser cumpridas, não importa se pelo pai, mãe ou responsável”, afirma o psicanalista e professor da Universidade Católica de Brasília, Roberto Menezes.

Pela psicanálise freudiana, em um primeiro momento da vida do bebê, o pai é tido por ele como rival, alguém com quem é obrigado a dividir o amor e a atenção da mãe — é o complexo de Édipo. “O pai é quem naturalmente delimita a relação de intimidade entre o filho e a mãe, por isso essa hostilidade infantil explicada por Freud”, ensina o psicanalista Lúcio Castelo Branco, professor da Universidade de Brasília (UnB). “Essa visão do pai como rival nem sempre é expressada de maneira agressiva. Ela costuma ser mais discreta, como a preferência pelo colo da mãe ou a vontade recorrente do filho querer dormir na cama dos pais”, explica Roberto Menezes.

Entre 5 e 6 anos, essa fase tende a ser superada. “Para a criança, essa superação funciona como algo do tipo: se não pode vencer o inimigo, junte-se a ele. É aí que ela percebe no pai um ser fantástico, capaz de diverti-la, ensiná-la e introduzi-la num mundo diferente do que vivencia dentro de casa. É a fase em que o pai vira herói, modelo e exemplo de vida”, ensina Roberto.

Para alguns filhos, essa visão do pai fantástico não acaba nunca. Para outros, a ilusão passa. Os motivos variam. Uns se desencantam por enxergarem a realidade, outros simplesmente por perderem a visão idealista infantil. Mas diferentemente dos tempos de Freud, a figura paterna, hoje, assume novas nuances e contornos. Os pais participam muito mais ativamente da criação e dos cuidados do bebê e da criança e, muitas vezes, são muito mais melosos e maleáveis que as mães. “Apesar da dificuldade feminina em ceder esse espaço ao pai, ele, assim como a mãe lutou por um lugar maior na sociedade, luta agora por maior participação e influência na vida em família”, constata o psicanalista Roberto Menezes.

27/07/2008 - 11:56h Jovem era careta nos loucos anos 60

Foto de passeata nos anos 60 com cartaz do Ziraldo: Vai calar a boca da mmm...

“Eva Tudor, Tônia, Eva Wilma, Leila, Odete e Norma, mulheres do meu tempo, liderando uma passeata em 1968.
Minha maior produção são os cartazes de protesto, da retomada dos sindicatos (as famosas Chapas Dois), dos shows estudantis, as camisetas, as marcas e slogans políticos que fiz às centenas, em preto e branco, durante vinte anos que se perdem por aí.
Essa foto resgata um deles: um símbolo para mim.” Portal do Ziraldo

Caderno especial Folha de São Paulo

Quase se estava entrando no ano mítico de 1968 -era setembro de 1967- e a também mítica revista “Realidade”, hoje extinta, publicou um perfi l inédito da juventude brasileira. Foi uma ótima oportunidade para mostrar que aqueles tempos fabulosos, de heróis revolucionários com suas mocinhas emancipadas, eram isso mesmo: tempos fabulosos. A pesquisa, feita com mil brasileiros entre 15 e 24 anos, mostrou que a juventude real estava a anos-luz daquela que queria tomar o poder.

Foi pedido que os entrevistados completassem a frase “você considera a virgindade de sua futura esposa ou marido….”; 44% disseram ser “essencial”. Outros 21%, desejável. Só 13% a consideraram “desnecessária”. Mas os defensores do amor livre estavam lá: para 4%, a virgindade era “prejudicial”.

O Brasil vivia sob uma ditadura. Mesmo assim, 44% dos entrevistados se consideravam “a favor” do governo. E, se você acha que todo “brotinho” era “moderno”, saiba que 3 em cada 4 entrevistados achavam que a mulher não deveria trabalhar.

Em 1968, durante um festival, Caetano Veloso e Gilberto Gil apresentaram a música “É Proibido Proibir”. Vaiado, Caetano reagiu perguntando: “Mas é isso que é a juventude que diz que quer tomar o poder?” Não era, como mostrou a pesquisa da “Realidade”. (LAURA CAPRIGLIONE, DA REPORTAGEM LOCAL)

13/07/2008 - 18:09h A cura pelo sexo

Estudos mostram ganhos para longevidade, defesas naturais e forma física

Dan Roberts Do Independent - O Globo

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Melhorar a auto-estima é uma das mais citadas razões pelas quais as pessoas fazem sexo, segundo um estudo da Universidade do Texas publicado na “Archives of Sexual Behavior”. O resultado não surpreendeu Julia Cole, autora de “How to have great sex for the rest of your life” (Como ter sexo bom pelo resto da vida). Ela está convencida de que uma vida sexual saudável com a pessoa amada faz maravilhas pelo amor próprio.

— Depois de uma sessão de sexo, o corpo libera endorfinas, conhecidas como “as drogas da felicidade” porque melhoram nosso humor — afirmou. — Do ponto de vista físico, a sensação é similar à que sentimos depois de uma boa sessão de ginástica ou natação.

Mas se você faz sexo com alguém que ama, se sente mais acolhido e isso promove a auto-estima.

Quando o sexo é bom, cientistas dizem que ele promove uma melhora na percepção da própria imagem corporal, bem como uma redução da ansiedade e da incidência de problemas psiquiátricos, depressão e suicídio.

Indicado para dores do corpo e da alma

Um estudo com homens de quatro diferentes culturas revelou que a satisfação sexual está relacionada ao aumento da freqüência dos encontros e inversamente ligada à depressão. Durante o orgasmo, o corpo produz oxitocina, um hormônio ligado a diversos efeitos positivos tanto físicos quanto psicológicos.

Um dos maiores é o impacto benéfico no sono.

— Não há dúvida que sexo é relaxante e ajuda a combater a insônia — afirmou David Delvin, especialista em medicina sexual. — Muitas pessoas usam o sexo como um auxílio para adormecer. E isso está ligado à liberação da oxitocina, que é um sedativo natural.

Um dos principais benefícios do sexo à saúde é o impacto positivo na forma de lidar com estresse.

Num estudo publicado na “Biological Psychology”, 24 mulheres e 22 homens mantiveram registros diários de sua atividade sexual. Os pesquisadores os submeteram a situações de estresse, como falar em público ou fazer contas em voz alta.

Os que tinham feito sexo se saíram melhor nas situações estressantes do que os demais.

Segundo Julia Cole, isso pode ser explicado pelo efeito tranqüilizador dos carinhos do parceiro.

— Muitas pesquisas já mostraram que o toque tem um efeito calmante natural nos seres humanos, seja relacionado ao sexo ou não. E, claro, se o carinho for feito por alguém de quem se gosta, o efeito calmante será dobrado.

Além da óbvia sensação prazerosa de ser tocado ou acarinhado, há um efeito bioquímico de redução do efeito do cortisol, o hormônio secretado quando estamos sob estresse.

Fazer sexo uma ou duas vezes por semana está relacionado também a maiores níveis de um anticorpo chamado imunoglobulina A, ou IgA, capaz de proteger contra resfriados e outras infecções.

Cientistas da Universidade de Wilkes testaram os níveis de IgA em 112 estudantes que registraram a freqüência de sua atividade sexual.

O grupo que fazia sexo com mais freqüência apresentava maiores índices de IgA do que os que não tinham relações ou faziam sexo menos de uma vez por semana.

A terapeuta sexual Paula Hall acredita que o impacto positivo do sexo no bem-estar ajuda a aprimorar o sistema imunológico.

— Todos os benefícios psicológicos têm um impacto em sua saúde física. O sistema imunológico é um exemplo — afirmou. — Quanto mais saudáveis estivermos psicológica e emocionalmente, mais saudáveis estaremos fisicamente.

Ejaculações freqüentes podem reduzir o risco de homens desenvolverem câncer de próstata em idade avançada, de acordo com um estudo publicado na revista “British Journal of Urology International”.

Ao rastrear a vida de homens com câncer e compará-los a outros da mesma idade sem a doença, os cientistas constataram que aqueles que ejaculavam pelo menos cinco vezes por semana na juventude tiveram o risco de desenvolver o tumor reduzido em um terço.

— Há fortes indícios de que homens que se masturbam regularmente têm menos chances de ter câncer de próstata — afirmou Delvin.

A freqüência do número de relações sexuais também está relacionada à menor incidência de problemas de ereção. Médicos finlandeses estudaram quase mil homens com idades entre 55 e 75 anos e descobriram que os que faziam sexo com mais freqüência eram os que corriam menos risco de desenvolver problemas de ereção.

Os resultados estão na edição deste mês da revista médica “The American Journal of Medicine”.

Após avaliar a saúde sexual de 989 homens, os pesquisadores viram que, entre os que diziam fazer sexo menos de uma vez por semana, a incidência de disfunção era dobrada.

A conclusão foi obtida após levar em conta outros fatores ligados ao problema, como idade, doenças crônicas, obesidade e fumo.

Fazer sexo e ter orgasmos com freqüência é uma das principais formas de aumentar a intimidade entre um casal e garantir uma relação saudável a longo prazo — o que já foi relacionado em muitos estudos a uma maior expectativa de vida. E o responsável por isso é, novamente, a oxitocina.

— Ele é liberado por pessoas que estão em relações seguras ou longas, bem como durante o contato sexual — afirma Julia Cole. — Esse efeito de ligação é uma das razões pelas quais as pessoas continuam a fazer sexo mesmo quando já não são mais férteis.

A atividade sexual, como qualquer outro exercício, queima calorias e gordura. Trinta minutos de sexo intenso queima pelo menos 85 calorias. Pode não parecer muito, mas é cumulativo — 42 sessões de meia hora queimam 3.570 calorias, o que é suficiente para perder cerca de meio quilo.

— Sexo queima calorias, é comparável a um exercício moderado — garante Delvin.

E é muito mais divertido.

12/07/2008 - 21:33h Sobre o tédio

ANTONIO CICERO

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Uma pessoa que esteja sempre entediada não pode deixar de ser, em 1º lugar, entediante

EM CERTO ponto do romance “O Vermelho e o Negro”, de Stendhal, um dos personagens -o príncipe Korasoff- censura a tristeza do herói, Julien Sorel, explicando-lhe que “o ar triste não pode ser de bom tom; o que é necessário é o ar entediado. Se você está triste, há alguma coisa que lhe falta, alguma coisa que você não conseguiu. É mostrar-se inferior. Se você está entediado, ao contrário, o que é inferior é aquilo que em vão tentou agradá-lo”.
É sem dúvida por essa razão que o ar blasé é tido por muitos como sinal de superioridade.
Não vejo superioridade nenhuma na pessoa cronicamente entediada. Se alguém, para parecer superior, precisa fingir estar entediado, é porque, na verdade, se sente inferior. Seu ar entediado é uma tentativa de se vingar dessa inferioridade. Por outro lado, uma pessoa que esteja sempre ou quase sempre genuinamente entediada não pode deixar de ser, em primeiro lugar, entediante: ela é entediada exatamente porque entendia a si própria.
Refiro-me aqui, é claro, às pessoas livres, isto é, àquelas que podem dispor, em medida considerável, do seu tempo. O que digo não se aplica, por exemplo, a enfermos, a prisioneiros ou a trabalhadores forçados.
E todos nós estamos sujeitos a momentos de tédio, como, por exemplo, quando nos encontramos, sem material de leitura, numa fila de banco, ou numa cerimônia da qual, por alguma razão, não conseguimos deixar de participar.
Fora semelhantes casos, porém, quase todos os nossos tédios são, como diz o poeta Paul Valéry, “nossa criação original”. Difamar o mundo -e o mundo é sempre o mundo contemporâneo-, chamando-o de tedioso, diz muito sobre o difamador e nada sobre o mundo. Este não pode ser classificado nem de tedioso nem de interessante, pois é nele que se encontra tudo o que pode haver de interessante e de tedioso. Por isso, ele é entediante para quem é entediante, superficial para quem é superficial, profundo para quem é profundo, e interessante para quem é interessante.
Assim é que, por exemplo, com um estado de espírito oposto ao do difamador do mundo, Montesquieu anotou num caderno que quase nunca tinha tristeza, e menos ainda tédio. Na mesma página, escreveu também: “Acordo de manhã com uma alegria secreta; vejo a luz com uma espécie de arrebatamento”. Esse, sim, é um sentimento verdadeiramente superior.
Contudo, não ignoro que haja pessoas livres, com saúde, e até interessantes, que às vezes se entediam exatamente quando têm lazer, isto é, quando poderiam, por exemplo, não digo nem viajar, mas simplesmente ler um grande romance, escrever uma carta ou um poema, ou não mais que andar na rua, apreciando a paisagem ou o movimento, ou, quem sabe, a passagem dessa ou daquela promessa de felicidade. Nem ignoro que qualquer uma das atividades que acabo de citar -ou qualquer outra que se imagine- seria capaz de lhes sugerir exatamente o cúmulo do tédio. Por quê? Como é possível ser tediosa a vida de uma pessoa que dispõe do seu tempo?
Creio que a resposta é que o tédio costuma acometer qualquer um que tenha orientado tudo na sua vida por uma única causa final.
A pessoa para quem o tédio se dá desse modo é aquela que tem um interesse obsessivo por uma só coisa. Nesse caso, encarando todas as demais coisas como meros caminhos ou obstáculos para a consecução do seu objetivo, ela as destitui de qualquer interesse intrínseco.
À medida que, em vez de facilitar o avanço dela rumo a esse ponto final, algo possui uma espessura e opacidade própria, à medida que exige atenção para si mesmo, passa a ser um obstáculo. Sendo assim, o tempo que, a contragosto, tal pessoa é obrigada a lhe dedicar, passa a ser um tempo de desvio, tempo que gostaria de ver passar o mais rapidamente possível, abrindo-lhe novamente caminho para a retomada da corrida rumo à finalidade última. Tal é o tempo do tédio, que ela tenta “matar”, como se o tempo não constituísse a própria substância da vida.
O ponto final pode ser, por exemplo, uma paixão devoradora, que atropele tudo o mais. Digamos que uma pessoa vá a uma festa esperando ver o objeto de sua paixão e, lá chegando, não o veja. Então a festa que, não fosse por essa frustração, poderia ser uma delícia, torna-se, para ela, o mais puro tédio. Sem ganhar o objeto da paixão, ela perde o mundo. Eis uma das razões pelas quais tantos filósofos -inclusive Epicuro, que elogiava o prazer- apreciam o amor e a amizade, mas desconfiam da paixão.

06/06/2008 - 18:12h A artista que amou demais

Com esculturas, documentos pessoais e desenhos, mostra no Museu Rodin tira Camille Claudel da sombra a que foi confinada por desafiar cânones de sua época

Luiz Carlos Merten - O Estado de São Paulo

Você, se assistiu ao filme de Bruno Nuytten Camille Claudel, de 1989, deve se lembrar da cena em que a enlouquecida Isabelle Adjani destrói as obras em seu ateliê. A cena, fortíssima, deve ter contribuído para a indicação que Isabelle recebeu para o Oscar, mas seria preciso esperar até Marion Cotillard, a Piaf, neste ano, para que uma atriz, representando em francês, bisasse o prêmio da Academia de Hollywood que Simone Signoret havia recebido, falando em inglês, por Almas em Leilão, em 1959. Foi grande a comoção quando Camille Claudel irrompeu nas telas. Críticos irados viram no filme uma mistificação romântica, protofeminista, destinada a confirmar a tese absurda de que a irmã do escritor Paul Claudel, como escultora, teria sido uma artista maior do que o próprio Auguste Rodin, de quem foi amante obsessiva (e, por isso, enlouqueceu de amor, ao ser rejeitada).

Nos anos 50, uma grande exposição havia resgatado Camille Claudel (1864-1943) das sombras a que fora relegada. Outra mostra, que se realiza agora no Museu Rodin, em Paris, e vai até 20 de julho, é a prova de que a tese de Nuytten, ex-fotógrafo (e marido de Isabelle), não era furada como parecia. Frio e chuva, inesperados no verão parisiense, não impediram que extensas filas se formassem em frente do Museu Rodin no começo da semana passada. Não apenas turistas, mas os próprios franceses estão correndo para prestigiar Camille Claudel - Une Femme, Une Artiste, a maior exposição já realizada sobre a escultora. O evento compara-se, pela magnitude, à grande exposição sobre Gustave Courbet que, no começo do ano, resgatou outra glória um tanto subestimada da arte francesa (e que agora corre mundo, provocando reações de entusiasmo em toda parte).Além de suas grandes obras - e dos numerosos estudos em mármore e bronze, a título de preparativos -, a mostra de Camille Claudel reúne documentos pessoais e desenhos que ela fez ao longo de sua tumultuada carreira. Camille foi, sim, maior do que Rodin, o que em absoluto não diminui o escultor de O Pensador, mas recupera o lugar do qual ela havia sido alijada por desafiar os cânones não apenas da Academia. Os da sociedade machista do fim dos anos 1800, também

Obra de Camille Claudel “La Valse”, coleção particular, de 1895

 

 

Camille Claudel (1864-1943), em foto de 1877.
Artista inspira a mostra “Une Femme, Une Artiste”, no Museu Rodin.
Era irmã do poeta Paul Claudel e amante de Auguste Rodin, autor de “O Pensador”.

“Vertumne el Pomone”, de Camille Claudel, mármore de 1905.

 

 

Bronze e pedra para captar a alma

A grande exposição de Camille Claudel em Paris reafirma a força e a técnica superior da artista que foi tratada como louca

Luiz Carlos Merten


Camille Claudel, a mulher, a artista. A mostra no Museu Rodin divide-se em partes - Retratos de Família, O Ateliê de Rodin, La Valse e Clotho, Sakantala, L”Âge Mûr (A Idade Madura) e As Pequenas Coisas Novas. Em cada uma delas, há pelo menos uma obra-prima, e não apenas A Onda, La Vague, peça de pequeno tamanho - ao contrário de outras - que exibe três banhistas, esculpidas em bronze, prestes a serem engolidas por uma onda gigantesca que a artista criou em mármore e a unidade da peça vem justamente da disposição das figuras femininas e do movimento da onda que, em diferentes suportes, expressam o embate do humano com as forças da natureza. A Onda é quase sempre considerada a obra-prima de Camille Claudel, mas você fica em dúvida, face à riqueza descortinada pela exposição. Ela viveu com intensidade. E foi, com certeza, uma artista adiante de sua época. Num momento em que, às mulheres, era vetado o ingresso na Academia de Belas Artes, Camille começou produzindo retratos de família, que desenhava e modelava sozinha, até entrar, como estudante, no ateliê de Auguste Rodin, que já era o maior escultor da França. Ele foi o modelo de diversos desenhos e esculturas de Camille. Foi seu amante. Ela se tornou cada vez mais possessiva. A atração fatal (o desejo incontido de Camille, a repulsa de Rodin, a fratura psicológica da mulher e seu internamento num instituto psiquiátrico pelo próprio irmão e pela mãe, cansados de seus escândalos) fornecem a trama do longa realizado por Bruno Nuytten, mas o tema do filme é a genialidade (incompreendida) da artista.

link Confira galeria de fotos da mostra mais imagens

As fotos que acompanham a exposição dão conta dessa trajetória singular. Vê-se a jovem Camilla, que antecipa um pouco Isabelle Adjani; a artista mergulhada no trabalho, em seu ateliê; e a velhinha que teve apenas uma amiga, devotada e fiel, para assisti-la no longo período em que esteve internada. Camille melhor do que ninguém, numa tradição que remonta a Miguel Ângelo - tão fascinado por seu Moisés que, diante da escultura pronta, teria nela batido com o cinzel, ordenando que sua criação falasse -, conseguiu o prodígio de petrificar aquilo que seus admiradores hoje proclamam como ”os movimentos da alma”. Uma de suas peças mais admiráveis é Sakuntala, a primeira realmente narrativa e simbólica, na qual ela encara (e resolve) os problemas da composição, indo buscar inspiração no mito indiano da mulher que se perde de seu príncipe e eles só se reencontram no Nirvana. Sakuntala virou mito greco-romano e, depois, tornou-se paradigma da noção psicológica do abandono, no sentido amoroso do termo. Camille fez diferentes versões do tema. O Salmo reutiliza o rosto de Sakuntala, Vertumne et Promone introduz pequenas variações no conjunto e O Abandono vira outra de suas obras maiores, cinzeladas em bronze ou em mármore.

Também existem diferentes versões de La Valse, cujo movimento oblíquo é representativo do tipo de composição que ela gostava de criar. A peça foi elaborada em 1890 e apresentada no Salão de 1893. As diferentes versões reafirmam uma tendência da escultora - embora as diferenças sejam mínimas, a mudança de material, ou a ênfase num movimento, modificam a percepção das obras pelo observador. À vertigem do movimento segue-se a representação da dor e da morte na Idade Madura, que atinge o patetismo e, em algumas peças, metaforiza a relação com Rodin, que vira, ele próprio, a morte a arrebatar a donzela. O sommet, o ápice da exibição, pega carona na expressão de Kierkegaard, que em sua correspondência fala das ”pequenas coisas insignificantes, acidentais” que dão sentido à vida. Numa carta ao irmão, Paul, Camille também anuncia que quer experimentar ”les petites choses nouvelles”, as pequenas coisas novas. É a fase de La Vague ou Les Bagnistes, e de Profonde Pensée ou Rêve au Coeur du Feu, que vão além da representação para expressar atitudes metafísicas diante da vida.

É interessante comparar La Profonde Pensée com o Pensador, de Rodin, presente na coleção permanente do mesmo museu. O homem que viaja interiormente, com a cabeça apoiada pela mão em sua perna, vira esta mulher de joelhos, com as mãos em adoração. É a própria Camille, com certeza, imersa em pensamentos profundos, na dor que a consumia. O catálogo da exposição sustenta a tese de que ela não pôde realizar monumentos públicos nem obter, antes de 1906, quando já era tarde demais, a encomenda de um mármore ou de um bronze que permitiria a sua entrada no círculo dos artistas reconhecidos. Mas Camille teve os seus mecenas - os Rothschild e a Condessa de Maigret, para quem ela executou a versão em mármore de Sakuntala. A derradeira obra-prima, Niobide Blessée, é mais uma variação da figura feminina de Sakuntala, que tanto obcecava a escultora. Uma das pérolas da exposição não é nenhuma escultura, mas uma folha escrita pela própria Camille, quando jovem, na qual ela revela suas aspirações e preferências. Qual é a maior virtude do homem? Aprender com a mulher. Qual é a maior virtude da mulher? Ensinar o homem. Personagem masculino preferido? Ricardo III. Personagem feminina? Lady Macbeth. Se não fosse você, o que gostaria de ser? Um cavalo de fiacre. A indomável Camille Claudel queria ser domesticada.

Tão grande personagem encontrou em Isabelle Adjani a intérprete definitiva no cinema. Lançada por François Truffaut na pele de outra heroína obsessiva - Adele H, a filha de Victor Hugo -, Isabelle rapidamente se converteu em mito. Em 1987, com a carreira no auge, ela revelou que se chamava Yasmine, era filha de pai argelino e mãe alemã. A combinação incômoda para a maioria silenciosa francesa desencadeou uma reação imediata. Surgiram rumores de que Isabelle estaria morrendo de aids. Ela precisou ir à TV para provar que não. Como redatora-chefe de uma edição especial de Figaro Magazine, Isabelle, em seguida, entrevistou o então presidente Jacques Chirac, o que a tornou non grata para a esquerda bem pensante da França. Além de aidética, seria ”chiraquista”. Odiada à esquerda e à direita, Isabelle ameaçava ir para o limbo. Salvou-a Camille Claudel. Há quase 20 anos, não foi só com a personagem histórica que a França se reconciliou, mas com uma de suas maiores atrizes.

28/05/2008 - 18:18h Um olhar que vale a pena

Comentário postado no Blog, no artigo Narcisismo de homens e mulheres, de Contardo Calligaris

por Aparecida Torneros, leitora do Blog

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Palmas para o Contardo e para todos os machos que se “acham”, né? 3 mil anos de opressão sobre as mulheres, evidentemente resultaram nisso, mas, vejamos, nas curvas que o vento faz, nas voltas que o mundo dá, o século XX emancipou-nos ( bela palavrinha e lindo conceito) do jugo econômico e da dependência de termos “homens” comandantes das nossas vidas, mas, parece, ainda pertencemos a um contingente de fêmeas refletoras, quer dizer, nos espelhamos nos olhares deles para sermos algumas figuras seguras…será? há mulheres e mulheres…não se pode generalizar sobre este gênero tão multifacetado. vide Regininha Poltersgart..rs o que o ocorre, e nisso eu concordo com o psicanalista, em gênero, número e grau, é que o narcisismo campeia tanto no universo masculino ( competitivo e acelerado) quanto no feminino ( colorizado nos salões de beleza e nas academias) mas prevalece mesmo é nos inconscientes ainda presos a modelos que demoram a ser ultrapassados. Ainda bem que um exército de homens e mulheres de novas mentalidades surgiram nos tempos modernos e aprenderam a gostar de si mesmos, amando o outro, com suas limitações e até “feiuras” expostas ou camufladas. O novo conceito de amor passa por aí. Eu me gosto e tu te gostas, ambos nos aceitamos e até nos deliciamos com nossas imagens refletidas em nossos olhares afetuosos, maduros e compreensivos. Salve a descoberta e salve a sensação de sermos inteiros, feios ou bonitos, buscando o equilíbrio e a auto-estima. Um abraço”

28 Mai, 17:41 — Narcisismo de homens e mulheres

21/05/2008 - 12:31h De enganos e paixões

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Mazarine, filha de Mitterand junto a sua mãe Anne Pingeot , no enterro de François Mitterrand. Embaixo Danielle Miterrand, esposa do presidente defunto junto com seu filho, Mazarine e Anne
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Conceição Freitas - Correio Braziliense

conceicao.freitas@correioweb.com.br

jodi_campton.jpgA policial Sarah Pribek é especialista em desaparecimento de pessoas. A experiência lhe ensinou que 36 horas depois do sumiço, os rastros se diluem e as chances de reencontrar o desaparecido caem abruptamente.

No dia em que o marido de Sarah Pribek , também policial, sumiu sem deixar nenhuma pista, ela começou a desconfiar de que havia alguma coisa muito errada. E aí começa uma investigação que a leva a conhecer, afinal, o marido que não conhecia.

Esse é o enredo de um livro policial, que está nas prateleiras, A 37ª hora. Jodi Compton, a autora, é norte-americana. Não li nem achei nenhuma crítica, nem boa nem má, ao livro recém-lançado no Brasil.

O que me chamou a atenção foi a pergunta inicial do release enviado pela editora: “O quanto é possível conhecer quem se ama?”. Sarah Pribek parece que vai descobrir que não conhece o marido.

O que me leva à carta que Danielle, mulher de François Mitterrand, escreveu ao povo francês depois das muitas críticas que recebeu por ter permitido que a amante do marido e a filha dos dois participassem da cerimônia fúnebre. A carta, como diz o comentário anônimo que circula pela internet, “é um auto-de-fé no amor, na elegância, na generosidade e na lealdade a quem se ama”. São muitos os ensinamentos contidos na carta. Um deles diz respeito a essa idéia generalizada que se tem de que se foi enganada pela pessoa amada. “Não nos enganamos, diz Danielle a certa altura. Nos confundimos quando nos perdemos da identidade vital do parceiro, familiar ou irmão. Ou jamais os conhecemos, não é um engano”. É o caso de Sarah Pribek. E, pelo visto, ela sabe disso.

O ser humano manda sinais a todo instante de quem ele é. A gente pode não querer ver, fazer de conta que não viu, deixar pra lá, mas se temos força e estamos dispostos a ver e ouvir os sinais, saberemos muito a respeito daquele que está ao nosso lado — amigo, marido, namorado, filho, pai, mãe, irmão, patrão, colega.

Deixo vocês com o final da carta de Danielle.

http://farm1.static.flickr.com/191/512135031_f2300e878e.jpg?v=1180012067“Achar que somos feitos para um único e fiel amor é hipocrisia, conformismo. É preciso admitir docemente que um ser humano é capaz de amar apaixonadamente alguém e depois, com o passar dos anos, amar de forma diferente.

Não somos o centro amorável do mundo do outro. É preciso aceitar, também, outros amores que passam a fazer parte desse amor como mais uma gota d’água que se incorpora ao nosso lago.

É preciso viver sem mesquinhez, sem um sentido pequeno, lamacento, comum aos moralistas, aos caluniadores, aos paranóicos azedos que teimam em sujar tudo.

Espero que as pessoas sejam generosas e amplas para compreender e amar seus parceiros em suas dúvidas, fragilidades, divisões e pequenas paixões.

Isso é amar por inteiro e ter confiança em si mesmo.”

Danielle Mitterrand está com 83 anos.

13/05/2008 - 19:56h La revolución erótica de Auguste Rodin

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ÁNGELES GARCÍA - Madrid - El País

rodin.jpgTodo parecía estar teñido de sexo en la Europa de finales del XIX y comienzos del XX. De erotismo de alto voltaje. En aquel tiempo y en este lugar arrasaban las teorías del inconsciente de Sigmund Freud; todos miraban embobados a las mujeres de Gustav Klimt y sus compañeros vieneses y Courbet escandalizaba con su más que explícito Origen del mundo. Es en ese entorno de transgresión permanente donde Auguste Rodin (1840-1917) se embarca en la radical transformación de la escultura como se conocía hasta entonces. Rompe con los cánones clásicos y propone todo un mundo marcado por, lo han adivinado… el sexo. Esta tendencia se acentúa en los últimos años de su actividad creativa.

La Fundación Mapfre (www.fundacionmapfre.com) abre mañana al público una retrospectiva en la que por primera vez se pueden ver en Madrid 33 esculturas (12 bronces, 3 mármoles y 18 yesos) y 90 dibujos pertenecientes a las colecciones del Museo Rodin de París. La edad de bronce, El beso, Manos de amantes, La avaricia y la lujuria o Balzac son algunas de las piezas más impresionantes y justamente célebres. La exposición se centra en la obra del escultor dedicada expresamente al cuerpo desnudo.

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Pablo Giménez Burillo, comisario de la exposición, explica que con su trabajo ha pretendido mostrar dos discursos paralelos: uno relatado a través de las esculturas y otro a partir de los dibujos. “Son dos historias diferentes, inevitablemente conectadas, que cuentan cómo un gran artista transformó para siempre la representación del cuerpo humano”. Los dibujos, aclara, pertenecen a los últimos años de la vida del creador. “No son bocetos preparatorios de sus esculturas, como podría pensarse. Están hechos de una manera muy rápida, mirando directamente a la modelo y no al papel. Después los calca, los siluetea y los colorea. Hizo muchísimos y son piezas muy delicadas. Es también la forma de expresión en la que se habla del erotismo de una manera más explícita”.

El desnudo titulado La edad de bronce (1877) recibe al visitante. La humanidad del cuerpo masculino es tal, que Rodin tuvo problemas para convencer a la crítica de que era un trabajo tomado del natural y no un molde realizado a partir de una persona. “Eliminó todas las referencias hacia lo que hasta entonces había sido algo indiscutible: el canon clásico. Con Rodin, las esculturas pasan a ser de carne y hueso, se humanizan”, explica el comisario.

En origen, el escultor presentó esta pieza sin título, como si rehusase bautizarla. A lo cual, la crítica también puso pegas. Un periodista escribió que se asemejaba a la figura de alguien a punto de terminar con su vida y la bautizó como El suicida. No le hizo demasiada gracia a Rodin, a juzgar por el hecho de que la tituló inmediatamente La edad de bronce.

Tras esta embriagadora experiencia aguarda Manos de amantes, obra de 1904. Esculpidas en mármol blanco, las dos manos se acarician con gran sensualidad. Con ellas, Rodin alcanza la máxima depuración formal. Las manos eran uno de los temas favoritos del artista. Cuentan que tenía montones de ellas en su taller. De todos los tamaños y de ambos sexos. En esta escultura se puede apreciar la influencia de Miguel Ángel en el tipo de bases que utiliza para sus piezas. Son soportes que dan una idea de inacabado. “Es”, dice el comisario, “una forma de decir: ahí lo dejo. No lo acabo porque el mundo termina cuando yo lo decido”. El non finito de Miguel Ángel es especialmente evidente en Fugit amor, una obra en la que un hombre y una mujer están fundidos en un abrazo. Una escultura que es necesario rodear totalmente para poder aprehenderla en todos sus detalles.

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Desde el territorio confortable de la escultura, la exposición propone un salto al lado más oculto de Rodin. Es en sus dibujos donde volcó sus mayores obsesiones sexuales. La Europa oficial desarrollaba campañas contra el amor extraconyugal, la prostitución y la pornografía, las madres solteras y todo lo que escapase a la moral más estricta. Pero Rodin nunca se ahorró la expresión de sus pasiones. Sus muchísimas modelos se convierten en amantes ocasionales. Amigo de Gustav Klimt, podían haber rivalizado en número de hijos ilegítimos. Aunque si el austriaco accedía a cederles su apellido, Rodin nunca lo hizo. Ya se sabe que insaciable apetito sexual no suele corresponderse con la responsabilidad.

Todas esas modelos le inspiraron obras que saben ser tórridas al mismo tiempo que delicadas. Las protagonistas parecen a veces en poses relajadas, como de celebración, y otras, con rostros tan dramáticos que recuerdan a los de Egon Schiele o Edvard Munch. Todas ellas son mujeres desnudas de cuerpo y alma.

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01/05/2008 - 13:50h Narcisismo de homens e mulheres

CONTARDO CALLIGARIS

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O homem vive um narcisismo valentão; a mulher questiona: “Será que gostam de mim?”

NA COLUNA da quinta retrasada, “O Trauma do Amor”, escrevi o seguinte: “Mesmo quando a iniciativa da separação foi da própria mulher (ou compartilhada por ela) e não houve “infidelidade” do lado do homem, as mulheres tendem a viver a separação como uma traição, como uma crueldade que lhes foi feita, uma sacanagem”.
Acrescentei que deixaria para outra vez a explicação dessa especificidade feminina. Respondendo aos pedidos de vários leitores e leitoras, aqui vai UMA explicação.
Muitas culturas (não só a nossa) preferem que, no início do jogo amoroso, os homens façam o primeiro passo. Ultimamente, o recato deixou de ser uma qualidade feminina essencial: uma mulher que se arrisque a ser a primeira a mostrar seu interesse não é mais uma atrevida (ou pior). Mas o hábito permanece: “Que os homens se manifestem, e as mulheres aceitem ou rejeitem”.
Há, nesse costume antigo, uma certa sabedoria, pois, para os homens, em geral, é mais fácil lidar com uma negativa. Raramente a recusa os leva a uma dúvida radical sobre eles mesmos. Muito antes de perguntar-se “Será que não sou aquela maravilha toda que minha mãe e minhas tias diziam que eu era (e, se não disseram, deveriam ter dito)?”, os homens conseguem inculpar detalhes contingentes (”Hoje, excepcionalmente, o desodorante me largou”) e, sobretudo, acusam a própria mulher que os recusou: se ela não quis, é porque é “uma puta”. Paradoxal, não é?
Pois é, mas o paradoxo é revelador. Para o homem, como era de esperar, a única que não seja “puta” é a mãe, que, supostamente, gostava e gosta só dele.
As outras, que não se extasiam diante de seus vagidos, são “putas” porque podem lhe preferir terceiros quaisquer. Por sorte (de todos nós), essa “segurança” narcisista do homem tem uma pequena falha: a própria mãe, por mais que se extasiasse com ele, fechava-se no quarto com o pai, de vez em quando (para o menino, aliás, não é um bom negócio que a mãe se esqueça de ser mulher).
Seja como for, o narcisismo masculino não se deixa abalar por uma recusa. A convicção de ter sido objeto exclusivo e insubstituível do amor materno é um recurso (quase) seguro: “Pouco importa que as outras não gostem de mim, pois a única que importa gostava e gosta”.
Para a maioria das mulheres, acontece o contrário. Uma recusa e uma negativa valem como uma espécie de confirmação do que era suspeitado por elas desde sempre: “Não agrado e nunca fui verdadeiramente amada”.
Hoje, depois de décadas de um lento processo de mudança cultural em que o feminino foi valorizado, afirma-se que o amor de mãe é o mesmo para menino ou menina. Mas a “Escolha de Sofia” (o romance, note-se, foi escrito por um homem) seria, provavelmente, a mesma: acuada, tendo que escolher entre o filho e a filha, Sofia ainda salvaria o menino.
O sentimento de que um filho satisfaz a mãe mais do que uma filha continua na cultura, solidamente.
Quer seja pela ilusão de que o filho homem não sumirá pelo mundo afora, mas, por eternizar o sobrenome, ele ficará na tribo (perto da mãe).
Quer seja pela sensação de completude que talvez acompanhe a constatação materna de ter conseguido dar à luz um ser tão diferente dela, um ser do outro sexo.
A conseqüência dessa disparidade do amor materno é a tragicomédia cotidiana, em que uma mulher, mesmo em seu melhor dia, precisa perguntar a seu companheiro se ele a acha bonita. E um homem, deformado por churrascos e cerveja, julga-se irresistível.
Em suma, homens e mulheres, em geral, padecem de narcisismos diferentes: o homem é blindado por uma segurança eficiente e um pouco obtusa, e a mulher é constantemente exposta ao risco de um dúvida radical sobre o amor que ela recebe.
O discurso comum pensa que a mulher, mais cuidadosa com sua aparência, seja “mais narcisista” do que o homem.
Não é nada disso: o homem vive um narcisismo valentão, enquanto a mulher não pára de questionar: “Será que gostam de mim?”. Corolário: a mulher, por isso mesmo, é melhor psicóloga do que o homem -mais perspicaz na leitura das palavras e dos gestos dos outros.
Conclusão: a rejeição, para uma mulher, é uma experiência que coloca em perigo sua precária certeza de ser aceita no mundo, é uma experiência que abala seu ser, que a fere além da conta. Inclusive além da conta possível de perdas e danos numa separação.


ccalligari@uol.com.br