05/10/2009 - 19:31h Mercedes Sosa


Balderrama, de M. Castilla, J. Leguizamon, na voz Mercedes Sosa, banda sonora do filme “Che: Guerilla” de Steven Soderbergh.


Canción con todos


Mercedes Sosa com Los Chalchaleros – Zamba por Vos


Mercedes Sosa e Milton Nascimento – Volver a los 17

10/10/2008 - 19:28h A revolução cubana de labios pintados

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Autorretrato

La revolución cubana de los labios pintados

Fotos inéditas revelan la faceta mundana de Korda, el retratista del Che y de Castro

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Esposa 1: musa y modelo
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Esposa 2: musa y modelo

MAURICIO VICENT – La Habana – El País (Espanha)

Alberto Korda es el fotógrafo cubano más conocido… y a la vez el más desconocido. Sus imágenes legendarias del Che Guevara y de Fidel Castro forman parte de la iconografía y del mito de la revolución cubana, pero Korda fue mucho más que el hombre que retrató a sus líderes. “Sólo el 10% de su obra tiene que ver con el tema de la revolución”, asegura su hija Diana Díaz, feliz porque, por fin, una exposición y un libro descubren al otro Korda: al gran creador que convirtió la belleza femenina en arte e hizo de la publicidad y la moda un espacio de vanguardia que sobrevive hoy.

“Korda no sólo fue testigo de excepción de aquellos años épicos de la revolución, fue un artista increíble y moderno. Sus fotos de mujeres, que retrató en su estudio en los años cincuenta son revolucionarias; y ese trabajo de composición con modelos lo reelaboró e incorporó al que hizo después con los líderes guerrilleros”, cuenta Cristina Vives, amiga personal del fotógrafo y responsable de la edición del libro y de una exposición que bate records de asistencia en La Habana.

El título en ambos casos es el mismo: Korda Conocido Desconocido. También podría haber sido Korda definitivo, pues ofrece una visión integral -y nada oficial- de la trayectoria de Alberto Díaz Gutiérrez, verdadero nombre del artista, fallecido en París en 2001.

Exposición y libro están divididos en cinco grandes temas: Studios Korda, Los líderes, El pueblo, La mujer y El mar. Casi todas las fotografías son inéditas o cuando menos muy poco conocidas, incluidas las de la revolución, donde aparecen, por ejemplo, Fidel y el Che comiéndose un helado, o Castro en pijama o rodeado de unas extasiadas Reinas de la Radio de Nueva York.

“Korda retrató a los líderes de la revolución entre 1959 y 1968, pero sólo se conoce una parte ínfima de esos diez años de trabajo”, afirma Diana. Su padre nunca fue el fotógrafo oficial de Castro, sino una especie de “electrón libre”. Su amistad con Fidel era “otra cosa” y eso le permitió hacer fotos que nadie hizo, algo que queda claro en la exposición que se exhibe en la Fototeca de La Habana, y que viajará en diciembre a la Casa de América, en Madrid. “Hasta sus fotos más conocidas tienen un ángulo distinto: se comprueba lo meticuloso de su trabajo de edición, que convertía las imágenes originales en otro material”, indica Vives.

Lo importante del libro y de la exposición es lo nuevo que revela del artista. En los años cincuenta Korda retrató en su estudio de La Habana a las bellezas más impresionantes de la época. “Yo quería convertirme en un famoso fotógrafo de moda porque de esa manera podría conocer a las mujeres más hermosas de Cuba”, confesó en la última entrevista con Marck Sanders, coeditor del libro. Su adicción a las mujeres bellas se transformó en una estética e hizo que su trabajo con maniquíes exuberantes se convirtiera en arte, más que en publicidad o moda.

Algunas de sus modelos, como Norka o Julia, se convirtieron en sus esposas. En la sección Cine Bellezas de la revista Carteles, Korda publicó sus fotos durante años junto a textos de Guillermo Cabrera Infante, firmados con el seudónimo de G. Caín. Korda siguió con el trabajo de su estudio después de 1959, al tiempo que retrataba a la revolución triunfante. Según Diana y Cristina, no se puede entender su obra sin Studios Korda, pues en sus fotos de la revolución y de otros temas reprodujo el espíritu del estudio.

Paseando por la Fototeca se advierte que Aberto Korda captó y trató a los guerrilleros como si fueran modelos. Y se entiende también por qué no podía ser fotógrafo oficial de la revolución. En 1968, al comienzo de la época dura en Cuba, Studios Korda fue nacionalizado como otros miles de negocios privados. Los 50.000 negativos de la revolución se salvaron porque pasaron al archivo histórico del Consejo de Estado, pero el resto, el 90% del trabajo de Korda y de los fotógrafos del estudio, desapareció.

Korda fundó en 1968 el departamento subacuático de la Academia de Ciencias de Cuba y durante 10 años fotografió los fondos submarinos de su país. La mayor parte de esa obra, como la de publicidad y moda, en la que algunos quisieron ver pornografía, también se perdió. Al celebrarse este año el 80 aniversario de su nacimiento, su hija Diana, junto a Vives, el fotógrafo José Figueroa y Sanders han buceando en revistas y archivos personales y familiares para rescatar al Korda más completo y auténtico. El resultado: una exposición y un libro (editado en España por La Fábrica ) que podría resumirse en el retrato de una miliciana con pendiente y anillo en primer plano, cuyos labios pintados son la revolución de Korda.

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Autorretrato con modelo

El fotógrafo cubano se retrató en esta imagen con la cámara y una mujer, sus dos grandes pasiones.
La exposición de La Habana y el libro están divididos en cinco temas: Studios Korda, Los líderes, El pueblo, La mujer y El mar.

 

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La foto de Korda que dio vuelta al mundo

21/05/2008 - 22:19h Soderbergh mostra seu ‘Che’ em Cannes e conquista crítica

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Depois do Che Guevara fransciscano que passou de motocicleta por Cannes em 2004, a Croisette nesta quarta-feira reencontrou o guerrilheiro a partir do ponto de vista de Steven Soderbergh. Ou seja, com a perspectiva desromantizada. O cinema já viu Guevara de muitos jeitos. Na ficção e em documentário. Mas em tudo que já se filmou sobre ele, é difícil apontar um olhar que consiga somar sobriedade e poesia na medida que Soderbergh encontrou. Seu “Che” (Benicio Del Toro, na foto) nasceu para ser odiado. Os aplausos que varreram o Palácio dos Festivais em dois momentos vão apenas fortalecer esse ódio nos corações dos que não suportam abordagens não sacralizadas para o processo revolucionário no qual o guerrilheiro argentino se envolveu.

Tudo vai piorar para o lado do diretor americano se ele ganhar a Palma de Ouro neste domingo, como alguns críticos já apostam que deva acontecer. Com quatro horas e meia de duração, “Che” chegou a Cannes sem créditos de abertura e encerramento definitivamente terminados. Inicialmente, o projeto de Soderbergh dava conta de dois longas-metragens diferentes: “The argentine” e “Guerrilha”, ambos com Benicio Del Toro no papel de Guevara. A versão que chegou aqui na competição ainda está em construção.

Em vez de dois longas diferentes, foi exibido um só longa com quatro horas e meia, com um intervalo divindo em duas partes. A inicial, sem qualquer traço de apelação ou sensacionalismo, reconstitui a revolução cubana e o discurso de Guevara na ONU em meados dos anos 60 de uma só tacada. Numa montagem que favorece a clareza e a reflexão, sem deixar de eletrizar o espectador e o melhor de tudo, “Che parte 1″ não cai no modismo da hora de apelar para recursos documentais na narrativa. De posse de todas as potencialidades criativas que a ficção possui, Soderbergh monta sua cartilha estética, produzindo um épico sobre a vitória da utopia cubana sem se deixar contagiar por emotividades. Passadas cerca de duas horas e quinze houve a chamada “intermission”.

Rodrigo Santoro aparece nos dois filmes vivendo Raul Castro, irmão de Fidel

Preocupado com a hipótese de que a mastodôntica extensão do longa pudesse assustar os críticos, a produção de “Che” serviu sanduíches e água mineral durante o intervalo. Como a equipe de seguranças e porteiros do Palácio dos Festivais desconhece a palavra educação, os lanches quase foram arrancados da mão dos jornalistas para impedir que algum deles cometesse o crime de entrar na sala de exibição carregando um pão com queijo. No cartesiano código de conduta dos funcionários do Palácio uma atitude dessas merece repreensões severas, como puxar os repórteres pelo casaco para fora da sala. Isso é praxe aqui, principalmente em relação às mulheres. Mas grosserias fazem parte de qualquer festa cinematográfica.

Começada a parte 2, “Che” adquire uma nova estrutura dramática. A fragmentação do capítulo inicial dá lugar a uma narrativa mais crua, clássica, com uma montagem mais linear centrada inteiramente no personagem de Benicio Del Toro. É fácil entender a proposta de Soderbergh. A primeira parte fala de sonhos coletivos, portanto precisa de uma pluralidade de olhares, traduzida em lances de câmera picotados. Esses picotes são organizados numa espécie de colcha de retalhos utópica. O segundo seguimento de “Che”, ambientado quase que inteiramente na Bolívia, resgata os meses finais da vida do guerrilheiro, portanto fala de sacrifício, um gesto que costuma ser individual.

A atuação contida de Benicio Del Toro é fundamental para o tom que Soderbergh buscou para o projeto “Che”. O guevara de Del Toro é econômico, sem arroubos poéticos, sem falas magnânimas. Seu Guevara é um ser humano, cercado de vitórias e fracassos na trajetória político-guerrilheira a qual se devotou. Um Guevara como esse o cinema nunca viu. Aliás é difícil apontar uma interpretação tão boa, tão inteligente quanto a de Del Toro nesse festival. Apesar de que já se viu inspiradas atuações, como a de Joaquin Phoenix em “Two lovers” ou como a dos quatro protagonistas do brasileiro “Linha de passe”. Vamos ver nesta quinta-feira como Soderbergh se sai na coletiva com a imprensa. Só uma lembrança: Rodrigo Santoro aparece nos dois filmes vivendo Raul Castro, irmão de Fidel Castro. Sua participação é pequena, porém relevante. E o galã brasileiro se doa a ela com o máximo de si.