ENTREVISTA: Paul Krugman Premio Nobel de Economía 2008
A. GONZÁLEZ / M. Á. NOCEDA – Sevilla – El País
Máximo exponente de los neokeynesianos, Krugman cree que el nuevo Gobierno de EE UU rema en la buena dirección pero está siendo más que cauto. El fin de la crisis no aparece en sus pronósticos como algo cercano.
Pese a la generosa dotación del premio Nobel, Paul Krugman (Nueva York, 1953) no abandona su aspecto de profesor universitario, enfundado en un traje con deportivas negras y una mochila al hombro. Ha venido a Sevilla invitado por la Confederación de Empresarios de Andalucía (CEA). Hace acto de presencia en el minuto exacto de la cita, tímido y abrumado por los elogios. Todo eso desaparece en cuanto se enreda en temas económicos.
Pregunta. ¿Cuándo se dio cuenta de que habíamos vuelto a la economía de la depresión, como usted la denomina?
Respuesta. A principios de 2008 estaba bastante claro que nos habíamos topado con los límites de la política convencional. Después de la caída de Lehman, en septiembre, ya resultó obvio.
P. ¿Cuándo terminará?
R. Los precedentes no son buenos. La depresión japonesa terminó con un boom de sus exportaciones a China pero esta vez la crisis afecta a todo el mundo a la vez así que ésa no es una opción. Y la Gran Depresión terminó con la II Guerra Mundial. Hay un final natural a largo plazo, pero llevará mucho, mucho tiempo.
P. ¿Son realmente eficaces las medidas adoptadas?
R. Hasta cierto punto estamos cambiando deuda privada por deuda pública y tratamos de compensar el conservadurismo de los consumidores con un aumento del gasto público. Así salimos de la Gran Depresión. Es cierto que China pretende salir de la crisis con un aumento de las exportaciones y que eso puede ser la base de otra crisis. Pero creo que es tremendamente importante sostener la demanda, aunque no sea la solución definitiva. De lo contrario, corremos un riesgo serio de quedar atrapados en una trampa muy profunda.
P. ¿Debería coordinarse esa respuesta en el G-20 o en otros foros?
R. Lo ideal es que el G-20 saliera de las reuniones de este fin de semana con un acuerdo para coordinar las políticas fiscales aunque desgraciadamente eso no va a pasar. Lo más crucial es que los europeos pacten entre ellos las bases de la expansión fiscal porque la dependencia es mucho mayor entre los socios de la UE que respecto a EE UU. En todo caso, necesitamos un acuerdo del G-20 para coordinar las políticas fiscales y también un plan de rescate para los países emergentes con problemas. Aquí probablemente tendría un papel decisivo el FMI, que debería proporcionar recursos suficientes a Hungría y al resto de los países bálticos.
P. ¿Habría que reforzar la cooperación entre EE UU y la UE?
R. Sin duda, hay mucha dependencia entre ambos. Todos estamos preocupados por el déficit pero un esfuerzo coordinado puede reducir la aportación extra que debe hacer cada uno y aumentar los beneficios. El plan de estímulo fiscal de EE UU ayuda a la economía europea, en buena medida. Por ejemplo, muchas de las ayudas destinadas a AIG acabaron en manos de bancos europeos que eran los que les habían comprado los seguros contra impagos de deuda (credit default swaps). Ahora muchos se preguntan por qué el contribuyente de EE UU tiene que rescatar bancos europeos.
P. ¿Y los bancos centrales?
R. Ahí los efectos no están tan claros. Hasta cierto punto, la resistencia del BCE a utilizar todo el margen en los tipos de interés está beneficiando a EE UU, con un dólar más barato que impulsa las exportaciones, así que a nosotros claramente nos interesa la política de Trichet.
P. ¿Conoce al presidente Zapatero o va a reunirse con él?
R. No le conozco. Sé que interviene en el acto en el que tengo que participar
en Madrid, pero no sé si habrá oportunidad de encontrarnos. Lo que sí he hecho ha sido repasar a fondo la situación de España.
P. ¿Y sus conclusiones?
R. Que España es como California o Florida. Las dos han vivido un boom de la construcción, han recibido grandes flujos de capital extranjero y, cuando ha estallado la burbuja inmobiliaria, la situación se ha vuelto muy difícil. Ahora tienen problemas de ajuste similares: el déficit es preocupante y la rebaja del rating ha sido inevitable, aunque peor para California.
P. ¿Y qué se debería hacer?
R. Va a ser duro. Lo que realmente asusta de la situación española es que no está nada claro cuál es la estrategia de ajuste por su pertenencia a la UE. Todo lo que puede hacer es mitigar los efectos de la crisis. Si España no fuera parte del euro, la devaluación ayudaría, pero esa opción ya no existe; la política fiscal es muy limitada para los países de la UE; también es limitada la capacidad de actuar sobre el sistema financiero aunque los bancos españoles han demostrado estar relativamente en buena forma; se pueden adoptar medidas para limitar el impacto de la crisis sobre los parados. Pero en buena medida a España sólo le queda esperar a que se produzca una recuperación europea.
P. ¿No debería jugar China un papel más destacado?
R. Sí, siempre que China también dé señales de cooperación. De momento sólo pretenden salir de la recesión con una moneda devaluada que impulse sus exportaciones y la política de la Reserva Federal no tiene como objetivo que los chinos estén contentos. Además, hay una cierta amenaza de que se puedan llevar el dinero que tienen en dólares, pero lo cierto es que si debes 100 dólares a alguien tienes un problema pero si lo que debes es un billón, como a los chinos, el problema lo tiene China, no tú.
P. ¿Puede el mismo sistema financiero que nos ha llevado al caos ser el que marque las directrices de futuro?
R. Nos enfrentamos a un gran test que debemos resolver y es la reconstrucción del sistema financiero. Solíamos tener un sistema más sencillo, con los bancos actuando como intermediarios y luego todo derivó en un sistema de enormes instituciones financieras, complejas y poco reguladas. Claramente eso ha fracasado. Probablemente debamos mirar hacia un modelo más simple y más al viejo estilo. Muchos cambios se producirán de forma natural. Dudo que la gente vuelva a confiar en estos planes financieros complejos y complicados, que en buena medida ya han quebrado: unos 400.000 millones de dólares del sistema financiero han desaparecido. Pero también se necesita más regulación de la que tenemos y eso va a ser duro.
P. La crisis se ha llevado por delante a muchos banqueros pero a ningún regulador.
R. En EE UU, muchos supervisores han sido forzados a dimitir de una forma u otra. Tampoco está claro que incluso haciendo su trabajo bien esto no hubiera pasado. Pero es cierto que ni siquiera intentaron hacerlo.
P. ¿Se refiere a Greenspan?
R. No, aunque es un poco triste ver cómo intenta defender su legado. Pero no hablaba de él.
P. ¿Podemos enfrentarnos, como en los años treinta, a una serie de devaluaciones competitivas?
R. Esas devaluaciones ayudaron, no fueron dañinas para la economía mundial, pero era un mundo distinto que se regía por el patrón oro. Lo que me preocupa es si ahora las devaluaciones sustituyen a otro tipo de medidas. Si China, por ejemplo, lo hace para salir de la crisis, eso sí es un problema.
P. ¿Cómo valora los primeros meses del gobierno de Obama?
R. El cambio a mejor es enorme, son políticas inteligentes y honestas y sólo eso ya dibuja un mundo completamente diferente al que había. El problema es que el gobierno Obama está siendo demasiado cauto, incluso siendo más audaz de lo habitual, está siendo demasiado prudente
dada la dimensión de la crisis. El plan de estímulo tenía que haber sido, al menos, un 30% mayor y no quieren adoptar ninguna medida dramática sobre los bancos. Las prioridades fijadas en el presupuesto son excelentes, pero aunque reman en la dirección correcta no están remando lo suficiente.
P. Pero sí hay ámbitos, como la sanidad y las políticas de gasto, en los que Obama está aplicando reformas profundas…
R. Hay una frase que se atribuye a su jefe de gabinete, Rahm Emmanuel, que dice: “Nunca se debe desaprovechar una crisis”. Eso define muy bien su espíritu -yo he hecho mía la frase [risas]-. Reagan aprovechó la crisis del 87 para cambiar todo, ¿por qué no vamos a poder dar la vuelta a algunas cosas?
P. ¿Incluyen esos cambios la nacionalización de la banca?
R. En eso, ni siquiera parece que tengan un plan , hablan de la cooperación pública y privada pero de forma difusa y a veces suena más como un regalo al sector. Lo que creo que va a pasar, aunque llevará tiempo, es una solución a la sueca . Eso llevará a garantizar los depósitos bancarios y a nacionalizar temporalmente Citigroup y posiblemente también Bank of America.
P. ¿A eso se refería el secretario del Tesoro cuando dijo que el capitalismo ya será diferente?
R. Éste es uno de esos momentos en los que toda una filosofía ha sido desacreditada. Los que defendían que la avaricia era buena y que los mercados debían autoregularse sufren ahora la catástrofe. Son los mismos que decían que si se subían los impuestos a los ricos pasarían cosas terribles. Pues Clinton subió los impuestos a las rentas más altas y la economía funcionó muy bien durante ocho años, mientras que Bush los bajó y mira lo que ha pasado. Creo que ese cambio se va a imponer.
P. ¿Amenaza la crisis la reelección de Obama?
R. Obama se parece a Roosevelt, que no resolvió la Depresión pero al que se veía que tomaba medidas para intentar salir de la crisis y eso le dio la victoria electoral. Muchos expertos en política de mi Universidad aseguran que los electores tienen una memoria muy frágil, que sólo se preocupan por lo que pasa en los últimos seis meses así que Obama tiene margen para mejorar cosas antes de la reelección.
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Líderes falam em traçar uma estratégia conjunta para reunião do G20, em abril
Presidente americano não se compromete a levantar barreiras sobre o álcool do Brasil e diz que tensão não acabará “da noite para o dia”
SÉRGIO DÁVILA – FOLHA SP
DE WASHINGTON
No primeiro encontro entre Luiz Inácio Lula da Silva e Barack Obama, no Salão Oval da Casa Branca, os presidentes falaram em traçar estratégia conjunta contra a crise econômica a ser apresentada na reunião do G20, em abril em Londres. Criticaram ainda a recente onda de protecionismo e prometeram avançar a agenda comum de biocombustíveis, apesar da negativa do americano em levantar barreiras tarifárias ao álcool brasileiro por ora.
Obama convocou o economista-chefe da Casa Branca, Lawrence Summers, para participar da parte ampliada do encontro, que no total durou cerca de duas horas, o dobro do tempo inicialmente previsto. O democrata defende uma ação global coordenada contra a recessão mundial atual.
A aliança entre o país mais rico do mundo e a maior economia da América Latina em torno da crise marca um novo grau na relação bilateral e o início oficial do trato entre os dois líderes, que até ontem não se conheciam pessoalmente.
“Pretendemos ter uma série de reuniões em nível ministerial nos próximos dias e semanas”, disse Obama, sobre o G20 (maiores economias do mundo), “para coordenar nossas atividades para fortalecer o crescimento econômico global”. Em encontro posterior com jornalistas brasileiros na sede da Embaixada do Brasil, Lula confirmaria a parceria.
“Foi muito importante a proposta de Obama para constituirmos um grupo de trabalho Brasil-EUA a fim de preparar um trabalho conjunto na reunião do G20″, disse.
Nos próximos dias, o ministro Celso Amorim (Relações Exteriores) e a secretária de Estado dos EUA, Hillary Clinton, além de outros representantes do alto escalão dos dois governos, se encontrarão a fim de fazer um esbolo de plano de ação, que envolve, de acordo com Lula, regulação financeira e ações de estímulo fiscal.
Divergência
Num clima bem-humorado, em que ambos os líderes fizeram e ouviram brincadeiras, Lula e Obama pareceram concordar apenas sobre a crise. Ambos defenderam posições conflitantes em relação a medidas protecionistas e barreiras impostas ao álcool brasileiro nos EUA. Obama reconheceu que a questão do biocombustível “tem sido um ponto de tensão entre os dois países”.
“Isso não vai mudar da noite para o dia, mas eu acho que conforme nós continuemos a desenvolver as ideias, o comércio, a negociação em torno da questão do biodiesel, com o tempo essa fonte de tensão pode ser resolvida.”
Já Lula respondeu que não entendia como um combustível poluente como o petróleo não era taxado, mas uma fonte limpa como o álcool brasileiro era. “Mas não espero uma resposta imediata, isso é um processo”, disse o brasileiro, para emendar com um convite para que seu colega norte-americano andasse num carro de tecnologia flex quando visitasse o Brasil -viagem que o democrata confirmou que pretende fazer em breve. Obama respondeu que seu carro já era flex.
“Mas um dos problemas aqui nos EUA é que não temos postos suficientes com biocombustíveis, mas essa é a razão pela qual temos de mudar o sistema de distribuição aqui.”
Os EUA aplicam tarifa de US$ 0,54 por galão (cerca de 3 litros) de álcool brasileiro, o que inibe a entrada do produto. Brasil e EUA produzem 70% do álcool mundial. As exportações brasileiras de álcool somaram 5,16 bilhões de litros em 2008 -45,7% mais que 2007. O maior comprador foram os EUA -2,8 bilhões de litros.
Sobre protecionismo, Obama defendeu a medida “Buy American” (compre produtos americanos, em tradução livre), aprovada recentemente pelo Congresso, dizendo que sua equipe trabalhou para que a emenda não violasse as regras da Organização Mundial do Comércio (OMC).
“Tenho certeza de que o presidente Lula vai dar passos semelhantes no Brasil para assegurar que não estamos retrocedendo no quesito do comércio mundial”, afirmou. Lula disse que os países estiveram muito próximos da conclusão da Rodada Doha de liberalização de comércio, mas “questões eleitorais nos EUA” atrapalharam.
Lula é o primeiro latino-americano a ser recebido na Casa Branca desde a posse de Obama, em janeiro, e o terceiro líder mundial, depois dos primeiros-ministros Taro Aso (japonês) e Gordon Brown (britânico). Nos últimos dias, assessores obamistas chamaram o país de “parceiro global”.
O brasileiro chegou à Ala Oeste da Casa Branca às 10h56 locais (11h56 de Brasília). Na comitiva, estavam os ministros Amorim, Dilma Rousseff (Casa Civil), o assessor Marco Aurélio Garcia e o embaixador Antonio Patriota. Eles participaram no salão Roosevelt da parte ampliada da reunião, que durou 50 minutos. Do lado americano, além de Summers, estavam o assessor de Segurança Nacional (NSC, na sigla em inglês), James Jones, um de seus vices, Mike Donilon, o número 2 do Departamento de Estado, James Steinberg, e o responsável pela América Latina do NSC, Dan Restrepo.
A meia hora seguinte os dois passaram no Salão Oval, o escritório presidencial, onde conversaram na presença dos intérpretes. Nos 40 minutos finais, os jornalistas entraram. De lá, o anfitrião levou Lula até a saída no jardim das Rosas.
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Desafios atuais são grandes e complexos demais para serem resolvidos sem a participação delas
Hillary Clinton* – O Estado SP
Há 11 anos, em viagem à China, encontrei ativistas que me relataram seus esforços para melhorar a situação da mulher no país. Elas me apresentaram os desafios enfrentados pelas mulheres: discriminação no emprego, assistência médica inadequada, violência doméstica, leis antiquadas.
Reencontrei algumas delas há poucas semanas, durante minha primeira viagem à Ásia como secretária de Estado. Desta vez, ouvi sobre progressos obtidos na década passada. No entanto, mesmo após alguns avanços importantes, essas mulheres chinesas não deixaram dúvidas de que ainda existem obstáculos e injustiças, como ocorre em muitas partes do mundo.
Tenho ouvido histórias como as delas em todos os continentes. Em 8 de março, ao comemorarmos o Dia Internacional da Mulher, temos a chance de avaliar tanto os avanços conquistados quanto os desafios remanescentes – e de pensar sobre o papel vital que as mulheres devem desempenhar na solução dos desafios globais do século 21.
Os problemas que enfrentamos hoje são demasiadamente grandes e complexos para serem resolvidos sem a plena participação das mulheres. Fortalecer os direitos das mulheres não é somente obrigação moral, é também uma necessidade, no momento em que enfrentamos uma crise econômica global, disseminação do terrorismo e das armas nucleares, conflitos regionais e mudanças climáticas, com seus respectivos perigos para a saúde e a segurança mundiais. Esses desafios exigem tudo o que temos. Não os resolveremos com meias medidas. Mas com frequência metade do mundo é deixada de fora dessas e muitas outras questões.
Atualmente, mais mulheres chefiam governos, empresas e ONGs do que nas gerações anteriores. Mas essa boa notícia tem outro lado. As mulheres ainda constituem a maioria dos pobres, desnutridos e não escolarizados do mundo. Ainda estão sujeitas a estupro como tática de guerra e ainda são exploradas em âmbito mundial por traficantes, em atividades criminosas que rendem bilhões.
Crimes em nome da honra, mutilação genital, além de outras práticas violentas e degradantes cujo alvo são mulheres, continuam a ser toleradas em muitos lugares. Há poucos meses, uma jovem do Afeganistão estava a caminho da escola quando um grupo de homens jogou-lhe ácido no rosto, causando-lhe danos permanentes à visão, só porque se opunham à sua busca por instrução. A tentativa de aterrorizar a moça e sua família fracassou. “Meus pais disseram para eu continuar na escola, ainda que possa ser morta”, disse ela.
A coragem e a determinação dessa jovem servem de inspiração para que todos nós – mulheres e homens – continuemos a trabalhar com o maior empenho possível para garantir que meninas e mulheres consigam seus merecidos direitos.
Especialmente em meio a esta crise financeira, devemos lembrar o que um conjunto crescente de pesquisas nos diz: o apoio a mulheres é um investimento de alto retorno, que resulta em economias mais fortes, sociedades civis mais vigorosas, comunidades mais saudáveis e mais paz e estabilidade. Investir nas mulheres é um modo de apoiar futuras gerações, pois elas gastam a maior parte de sua renda em alimentos, remédios e escolas para os filhos.
Mesmo em países desenvolvidos, o pleno poder econômico das mulheres está longe de ser alcançado. Mulheres de muitas nações continuam a ganhar menos que os homens para fazer o mesmo trabalho – uma lacuna contra a qual o presidente Barack Obama deu um passo adiante nos Estados Unidos este ano, ao assinar a Lei Lilly Ledbetter de Pagamento Justo, que fortalece a capacidade das mulheres de contestar salários desiguais.
É necessário dar às mulheres a oportunidade de trabalhar com salários justos, ter acesso a crédito e abrir negócios. Elas merecem igualdade na esfera política, acesso igual à urna eleitoral, liberdade para apresentar reivindicações ao governo e candidatar-se a cargos públicos. Elas têm direito à assistência médica para si e suas famílias e o direito de enviar os filhos e filhas à escola. Elas desempenham um papel vital no estabelecimento da paz e da estabilidade no mundo inteiro. Em regiões arrasadas pela guerra, são frequentemente mulheres que dão um jeito de superar diferenças e descobrir interesses comuns.
Ao viajar pelo mundo em minha nova função, não me esquecerei das mulheres que já encontrei – mulheres que lutaram contra adversidades extraordinárias para mudar leis de modo a poder possuir bens, ter direitos no casamento, frequentar escola, apoiar a família e até atuar como pacificadoras.
Serei uma defensora veemente, trabalhando com meus pares de outras nações, assim como com ONGs, empresas e indivíduos, para continuar a promover o avanço dessas questões. Reconhecer o pleno potencial e o comprometimento das mulheres não é apenas questão de justiça. Trata-se de fortalecer a prosperidade, o progresso e a paz global para as próximas gerações.
* Hillary Clinton é secretária de Estado dos Estados Unidos
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do Blog de Miriam Leitão
Clima Bom
Os negociadores envolvidos na negociação de um acordo internacional do Clima vivem um momento de total mudança climática: o governo Barack Obama fez um giro de 180º na posição americana em relação ao assunto quando incluiu no orçamento até as receitas que virão de um futuro sistema de controle de emissão de carbono. Isso na prática significa que os Estados Unidos estão na direção do Protocolo de Kioto.
O protocolo que nunca virou realidade por não ter sido ratificado pelos Estados Unidos está para ser substituído por outro acordo que começa a ser costurado. Na reunião preparatória da China para a grande reunião do fim do ano em Copenhagem, a secretária de Estado Hillary Clinton estreiou a nova atitude cooperativa dos Estados Unidos.
Não ser este ano que se fechará o acordo pós-Kioto, mas a esperança aumenta entre os negociadores e ambientalistas. O New York Times trouxe matéria sobre essa mudança no clima da turma da mudança climática.
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Ideia central é reverter rápido crescimento da desigualdade iniciado nos anos 80 com Reagan
Com plano, Obama quer reescrever código tributário e tentar sanar parte das causas do desaquecimento da renda da classe média
DAVID LEONHARDT DO “NEW YORK TIMES”, EM WASHINGTON – FOLHA SP
O Orçamento que Barack Obama propôs na última quinta aos EUA não é nada menos que uma tentativa de pôr fim a três décadas de política econômica dominada pelas ideias de Ronald Reagan e seguidores.
A proposta de Obama -uma mudança radical em relação à história recente- prevê forte elevação dos impostos sobre os ricos, para além do patamar para o qual Bill Clinton os elevara. E reduz os impostos sobre o resto da população para menos do que estavam sob Clinton e George W. Bush. O Orçamento ainda deita as bases para mudanças amplas na saúde e na educação, entre outras áreas.
Mais que qualquer outra coisa, a ideia é reverter o crescimento rápido da desigualdade econômica verificado nos últimos 30 anos. Isso deve ser feito, primeiro ao reescrever o código tributário e, no longo prazo, ao tentar resolver algumas das causas do desaquecimento da renda da classe média, como os altos custos médicos e a queda nos ganhos educacionais.
Depois de Obama ter passado boa parte de suas primeiras cinco semanas na Presidência tratando da crise financeira, seu Orçamento traz de volta para a mesa as prioridades nas quais ele baseou sua campanha.
Seus esforços vão aumentar um déficit já inchado pelas políticas de Bush e a recessão, criando o maior déficit desde a Segunda Guerra. Eliminá-lo vai exigir escolhas difíceis -como cortes extras de gastos e aumentos nos impostos- que Obama evitou tratar por ora.
Apesar disso, ele fez escolhas. Buscou eliminar subsídios corporativos que os economistas criticam há muito tempo, pagos a seguradoras de saúde, bancos e empresas agrícolas. Propôs taxar a emissão de carbono, para desacelerar o aquecimento global, e depois refinanciar a maior parte da receita obtida com esse programa, por meio de cortes amplos nos impostos.
Pediu cerca de US$ 100 bilhões por ano em aumentos dos tributos sobre os ricos -em sua maioria adiados até 2011, quando se presume que a recessão terá terminado- e US$ 50 bilhões por ano em cortes líquidos para os não-ricos.
Há ainda muitas perguntas em aberto sobre a proposta, a começar pelas chances de o Congresso aprová-las. Os planos para saúde e educação também esbarram em resistência, e, se a economia continuar fraca até 2010, os republicanos no Congresso vão tentar atribuir a culpa por isso ao aumento dos impostos para os ricos.
Aconteça o que acontecer, porém, faz muito tempo que nenhum presidente tentava usar seu Orçamento para moldar o governo e a economia tanto quanto Obama tentou. Nesse ponto, ele e Ronald Reagan têm algo em comum.
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Verissimo – O Globo
Videntes antigos procuravam presságios nas vísceras dos pássaros. Os que tentam antever como será o governo Barack Obama estudam a sua escolha de secretários como se fossem tripas, pois seu gabinete tem algo de angu à baiana. Há conservadores, centristas e menos progressistas do que se esperava e sua inspiração principal parece ser o governo Clinton – ou seja, mais um passado testado do que o novo prometido. É difícil deduzir o que vem aí dessa mistura. Uma previsão é que Barack proporá outro New Deal como o do Roosevelt para enfrentar a crise econômica – o que também não deixará de ser um apelo ao passado -, mas nada de dramaticamente muito diferente em outras áreas, como a da política externa. Pelo menos baseada na aparência do angu.
Na questão Israel/palestinos, as opiniões do Barack não divergem da posição da quase totalidade dos políticos americanos, de ajuda incondicional a Israel. Hillary Clinton, sua secretária de Estado, era senadora por Nova York com forte apoio do voto judaico. A única esperança de que a política americana em relação ao Oriente Médio passe a ser mais equilibrada vem de uma declaração que o Barack fez durante a campanha, segundo a qual ser a favor de Israel não significa ser necessariamente a favor do Likud, o partido de extrema direita tão intransigente nas suas pregações e ações quanto os radicais do outro lado. O implícito reconhecimento que a política expansionista e do revide desproporcional é de uma corrente política não favorece a segurança de Israel e, portanto, não merece apoio incondicional, é um vislumbre de mudança. Se o Barack não estava apenas fazendo uma frase.
A mistura de conveniência política com ódios irracionais é o que tem de mais repugnante na crise crônica do Oriente Médio. Toda essa gente morrendo para que o Hamas pareça mais duro do que as outras facções palestinas contra Israel e o governo israelense pareça duro o suficiente para derrotar o ainda mais duro Bibi Netanyahu nas eleições de fevereiro. As ambições sectárias de lado a lado medidas em crianças mortas. Se você pode entender a reação de Israel diante do terror palestino, e para isso basta se imaginar vivendo entre vizinhos que simplesmente negam a sua existência, também não pode deixar de lamentar que a retribuição de Israel seja o terror no mesmo nível. Nenhuma corrente ou facção tem o direito de fazer isso com a reputação de um povo com o passado e o acervo moral do povo judeu. No Oriente Médio se tem o triste espetáculo de uma nação sacrificando sua história para garantir sua geografia.
O que o governo Barack Obama fará a respeito de tudo isso? Bom, isso será a prova do angu.
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El conflicto en Oriente Próximo
M. Á. BASTENIER – EL PAÍS
Israel se retira de Gaza en 2005; Hamás gana las elecciones -democráticas- en los territorios ocupados en 2006, y en junio de 2007 se apodera de la franja, tras eliminar la resistencia de los militantes de la Autoridad Palestina; Israel controla todo lo que entra y sale de Gaza manteniendo a su millón y medio de habitantes a nivel de subsistencia; más o menos simultáneamente Hamás hace llover sobre localidades israelíes cohetes artesanales que aterrorizan a la población, pero causan conciso número de muertos; a mediados de 2008, Hamás establece una tregua que expira el pasado día 19 y los terroristas ofrecen renovarla sólo si se levanta el cerco; Israel el 27 lanza la operación Plomo fundido para destruir a Hamás, lo que acarrea un gran número de muertos civiles en el territorio de mayor densidad del mundo, 5.000 habitantes por kilómetro cuadrado.
Es tarde para jugar a quién fue primero, si el huevo o la gallina. Hay que volver a lo básico: Israel ocupa una parte sustancial de Palestina más allá de la línea verde, la frontera del armisticio militar con Jordania de 1948, a ambos lados de la cual el Estado sionista se extiende por el 77%-78% del antiguo mandato británico, y los árabes retienen menos del 23%. Todo parte de ahí.
El 13 de septiembre de 1993, en la Casa Blanca y ante el presidente Clinton, Israel y la OLP firman un acuerdo marco para el establecimiento de una autonomía de naturaleza indefinida sobre todos o parte de los territorios ocupados en la guerra de 1967, que debía en el plazo de cinco años convertirse en una entidad política de naturaleza tampoco previamente definida, que debía hacer la paz con Israel. Pero no se preveía limitación alguna a la expansión de las colonias sionistas en el territorio, Cisjordania, Jerusalén árabe y Gaza, que, con poco más de 5.000 kilómetros cuadrados, tienen una extensión menor que las provincias de Madrid o Barcelona, en un territorio que es las tres cuartas partes de Cataluña.
En 1993 había en los territorios unos 200.000 colonos, incluyendo los instalados en Jerusalén-Este; hoy no bajan de medio millón, de los que una mitad vive en la parte árabe de la capital. La negociación era inviable: se discutía el reparto de un territorio mientras una de las partes, la que tenía todos los cañones, lo iba llenando tan rápido como inmigrantes recibía de la ya extinta Unión Soviética. Todo un torpedo en la línea de flotación de unas conversaciones que llamaban de paz.
Es probable que, cualquiera que fuese la amplitud de la retirada israelí, incluso hasta la línea verde, siguiera existiendo hoy Hamás u otra organización parecida, decidida a no reconocer a Israel y a recurrir al terrorismo -aunque el movimiento integrista ha dicho que aceptaría una tregua indefinida a cambio de la total retirada israelí-, pero lo seguro es que no tendría la fuerza actual, que nace del apoyo prestado por Israel al fundamentalismo en los años setenta y ochenta para debilitar a la OLP, y, más aún, de los continuos desaires infligidos a la AP en la negociación, primero con Yasir Arafat, y luego con su sucesor Mahmud Abbas.
La AP ha enarbolado todo este tiempo como programa la resolución 242 del Consejo de Seguridad, que pide la retirada completa de los territorios, y con mucha menor fe porfía por el regreso o una compensación económica a los palestinos que tuvieron que huir de lo que hoy es Israel, y a sus descendientes; el Estado judío sólo hizo público en las conversaciones de Camp David II, julio de 2000, una aproximación de mapa de retirada, que implicaba la anexión de cerca de un 20% de los territorios, grosso modo lo que ya está rodeado por un muro-verja-valla o separación, que incluye todo Jerusalén.
La hora de la verdad pudo haber llegado en marzo de 2002 cuando la Liga Árabe reunida en Beirut le ofrecía a Israel el reconocimiento pleno de todos sus miembros a cambio de una retirada también plena, y los dirigentes israelíes, como el hoy presidente Simón Peres, respondieron con sarcasmos. Nadie pedía, sin embargo, a Jerusalén que asumiera con fe ciega esa declaración; muy al contrario, habría hecho falta negociar a fondo para cerciorarse de que la oferta iba en serio, pero el desdén israelí probaba que Jerusalén sólo quería la paz de la victoria. Y de ésa, el pueblo palestino resulta que no tiene.
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PAUL KRUGMAN DO “NEW YORK TIMES” – FOLHA SP
OS TEMPOS mudaram.
Em 1996, o presidente Bill Clinton, sob ataque da direita, declarou que “a era do governo grande acabou”.
Mas o presidente eleito Barack Obama, propelido por uma onda de repulsa àquilo que o conservadorismo causou, diz que deseja “fazer do governo uma vez mais algo de positivo”.
Antes que Obama possa tornar o governo positivo, porém, ele terá de torná-lo bom. De fato, ele terá de ser um goo-goo.
“Goo-goo”, se vocês não sabem o que quer dizer o termo, é uma expressão secular que designa os proponentes de um bom governo (”good government”), reformistas que combatiam a corrupção e o compadrio. O presidente Franklin Roosevelt foi um dos grandes goo-goo, e tornou o governo a um só tempo muito maior e muito mais limpo. Obama terá de fazer a mesma coisa.
Seria desnecessário dizer que o governo Bush representa um exemplo extremo de “anti-goo-goo”. Mas os adeptos de Bush jamais tiveram de se preocupar com governar bem e de maneira honesta. Mesmo que fracassassem em seus postos (como o fizeram tantas vezes), podiam alegar os fracassos mesmos como confirmação da validade de sua ideologia de antagonismo à idéia de governo, e como demonstração de que o setor público não é capaz de fazer coisa alguma direito.
O governo Obama por outro lado, se verá em posição semelhante à que o “New Deal” enfrentava nos anos 1930.
Como no caso do New Deal, a administração que está chegando terá de expandir vigorosamente o papel do governo no resgate à economia debilitada.
Mas também como na era do “New Deal”, a equipe de Obama enfrenta oponentes políticos que aproveitarão quaisquer sinais de corrupção ou abuso, ou os inventarão, se necessário, para tentar desacreditar o programa da nova administração.
Roosevelt conseguiu navegar em segurança por essas águas políticas traiçoeiras e melhorou fortemente a reputação do governo enquanto o expandia imensamente. Como define um recente estudo do Serviço Nacional de Pesquisa Econômica, “antes de 1932, a administração da assistência pública era vista por todos como politicamente corrupta”, e os imensos programas de assistência do New Deal “ofereciam uma oportunidade de corrupção única na história do país”. No entanto, “por volta de 1940 as acusações de corrupção e manipulação política haviam diminuído consideravelmente”.
Como Roosevelt conseguiu expandir o governo e mantê-lo limpo?
Uma grande parte da resposta está na fiscalização incorporada desde o início aos programas do New Deal. A Administração de Progresso de Obras (WPA), em particular, tinha uma poderosa divisão independente de “investigação de progresso”, cuja função era investigar queixas de fraude. A divisão era tão diligente que, em 1940, quando um subcomitê do Congresso estudou a Administração de Progresso de Obras, não conseguiu encontrar nem ao menos uma irregularidade séria que a divisão não tivesse detectado.
Roosevelt também garantiu que o Congresso não enxertasse medidas politiqueiras nos projetos de lei de estímulo; não havia verbas reservadas a fins políticos nas leis que criaram a WPA e nas demais medidas de emergência.
Por fim, mas não menos importante, Roosevelt criou um elo emocional com os americanos da classe trabalhadora, que ajudou a sustentar seu governo em meio aos revezes e fracassos em seus esforços para resolver os problemas econômicos.
Que lições a equipe de Obama tem a extrair disso?
Primeiro, a administração do plano de recuperação econômica precisa ser muito limpa.
Considerações puramente econômicas poderiam sugerir certos expedientes sorrateiros com o objetivo de promover uma adoção rápida das medidas de estímulo, mas o aspecto político da situação requer grande cuidado para determinar como o dinheiro poderá ser gasto. A fiscalização é crucial: os inspetores gerais terão de ser fortes e independentes, e os responsáveis por denúncias terão de ser premiados, e não punidos como o foram nos anos Bush.
Segundo, o plano tem de estar completamente livre de gastos motivados por considerações políticas. O vice-presidente eleito Joseph Biden recentemente prometeu que o plano “não se tornará uma árvore de Natal” -o novo governo terá de cumprir essa promessa.
Por fim, a administração Obama e os democratas em geral precisam fazer tudo o que puderem para promover a formação de um elo com o público semelhante àquele de que Roosevelt desfrutava. Pouco importam os resultados favoráveis de Obama nas pesquisas atuais, baseados na esperança de sucesso. Ele necessitará de uma base forte de apoio que continue ao seu lado mesmo quando as coisas não estiverem indo tão bem.
E preciso dizer que os democratas começaram mal quanto a isso. A tentativa de coroar Caroline Kennedy como senadora parece confirmar 40 anos de propaganda conservadora de denúncia às “elites liberais”. E tenho certeza de que não fui a última pessoa a fazer careta ante as reportagens sobre a casa de luxo que os Obama alugaram para férias na praia. Não porque haja algo de errado em a família do presidente eleito tirar férias agradáveis, mas por que o simbolismo importa, e aquelas não eram as imagens que deveríamos estar contemplando em um momento no qual milhões de norte-americanos estão aterrorizados quanto às suas finanças.
Está bem, a história mal começou. Mas é exatamente esse o ponto. Reparar os problemas econômicos requererá tempo, e a equipe de Obama precisa começar a pensar já, enquanto as esperanças ainda são fortes, sobre como acumular e preservar capital político suficiente para realizar o trabalho até o fim.
Tradução de PAULO MIGLIACCI
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*Antônio Palocci – O Estado SP
O ano termina sombrio para os EUA: a recessão se instalou sem cerimônia, o desemprego assusta as famílias e o socorro às instituições privadas consome bilhões de dólares em meio à grande perplexidade. Mas o novo ano começará com a posse de Barack Obama, eleito com a força da mudança: “change” foi a palavra das urnas.
Mas Obama pode vencer? Provavelmente, sim. Porque a economia americana tem uma grande capacidade de dar a volta por cima quando há uma indicação da estratégia a ser seguida. E aí, a contar pela montagem do governo, a possibilidade de um período de acertos é muito provável.
Obama escolheu bem, posicionando corretamente experiências de diferentes fases positivas da história recente dos EUA. Na economia, um jovem brilhante como Tim Geithner dará as cartas. Mas na mesa de Obama pousa uma coruja observadora, Paul Volcker, aquele que fez a terra rodar ao contrário para conter a inflação décadas atrás.
Para enfrentar o problema fiscal que virá com os exorbitantes gastos com a crise, Obama trouxe Larry Summers, responsável pelo recorde fiscal do governo Clinton. O desprendimento para o melhor o fez chamar Hillary Clinton, com funções de grande envergadura. Na energia, um Nobel de Física entusiasta das energias renováveis, Steven Chu, o que cria a possibilidade de um ciclo de crescimento atento aos riscos do aquecimento global e à preservação do planeta.
Se desse grupo sair uma agenda coerente, a economia captará os sinais e se ajustará com mais rapidez. Ela pode ainda afundar um pouco mais, por conta da situação do sistema financeiro – agravada pelos escândalos recentes e pelo enorme endividamento das famílias. Mas uma visão sólida para o futuro poderá encurtar bastante a retração. E não é impossível que o mundo mostre sinais positivos a um bom governo de Obama mais cedo do que a própria economia americana.
Também na geopolítica, as atitudes de Obama poderão ser decisivas. O Iraque, o Afeganistão, as relações com Cuba, entre outros temas, poderão ter um tratamento novo. Por filosofia própria ou pela observação dos desastres recentes, Obama parece entender a distinção entre liderança e hegemonismo, o que pode ter efeitos, inclusive econômicos, de grande impacto.
Obama tem uma chance. Talvez não tenha duas. Mais do que nós, ele sabe bem disso!
No Brasil, outra liderança inovadora, que vem surpreendendo o mundo pela racionalidade econômica e capacidade de interpretar e intervir na questão social, tem, agora, um novo e enorme desafio. Lula enfrenta uma realidade em que o mundo, que antes nos ajudou, agora só envia ventos frios e perspectivas sombrias.
Muitos criticam o presidente por ser otimista, como se com isso tentasse esconder a dura realidade dos efeitos da crise. Mas, se a um presidente cabe reconhecer as dificuldades, trabalhar os desafios e enfrentá-los com serenidade, o que seria de um país cujo presidente vendesse frustração e pânico?
Aliás, o presidente Lula não enfrenta seu primeiro teste de resistência. Ao assumir o governo, ele apostou todo o seu capital político na racionalidade das duras medidas econômicas, tão indispensáveis naquele momento.
A crise financeira global, cuja dimensão ainda é difícil de perceber, foi absorvida de forma notável pelo Brasil. A variação do câmbio não gerou uma quebradeira, porque todos sabem que ele é flexível, e poucos deixaram de se precaver. O mundo não se assustou com o Brasil, porque as contas fiscais são transparentes e as reservas internacionais, volumosas. Mas a desorganização da arquitetura financeira global fez o crédito internacional sumir e isso tem um impacto inevitável sobre a economia real.
O governo agiu com um cardápio apropriado: ampliou a liquidez do sistema financeiro, ofereceu linhas de crédito para o comércio exterior, baixou tributos e ampliou o prazo de recolhimento de outros. As medidas têm surtido efeito e o crédito tem melhorado. Mas, como as linhas externas secaram e o mercado de capitais parou, cresceu muito a demanda sobre o sistema bancário. As decisões de investimento sofreram um choque e há enormes dificuldades para obter capital de giro, que é o oxigênio das empresas. Será preciso olhar com atenção para que sua falta não crie situações cuja reversão seria muito mais cara.
Neste ambiente de incerteza e com o comércio internacional desordenado, é fundamental um cenário que inspire confiança, inclusive em relação ao setor externo. Dúvidas nessa área podem afetar de maneira sutil, mas muito concreta, a confiança do consumidor, que hoje é quem dá as cartas. Atenção nessas áreas é essencial para que as coisas se acomodem e seja possível retomar a previsibilidade e o planejamento de produção e vendas.
O governo acerta ao fortalecer o PAC. Em momento de retração, o investimento público em infra-estrutura é a melhor maneira de estimular a atividade econômica, com efeitos benéficos de longo prazo à competitividade e ao bem-estar do País. Os novos prefeitos e prefeitas, que assumem em janeiro, poderiam priorizar a troca de gastos de custeio por investimentos em saneamento e urbanismo, aumentando o emprego, ajudando a combater os efeitos sociais da crise e melhorando a qualidade de vida das cidades.
Enfim, 2009 será um ano de grandes desafios. O mundo estará atento às palavras e ações das lideranças que atuarão no novo cenário. Lula precisará pôr em ação toda a sua racionalidade e a capacidade de comando para ajudar o Brasil a atravessar a tempestade. Obama, postado no epicentro da crise, terá os olhos do mundo a acompanhá-lo. Cada um de nós terá muito a fazer pelo País. Um bom 2009 para todos!
Antônio Palocci, deputado federal (PT-SP), foi ministro da Fazenda
Tags: Câmbio, ciclos, Clinton, Competitividade, crédito, Crescimento, crise, Cuba, des, empresas, energia, EUA, geopolítica, hillary, inflação, infra-estrutura, Internacional, investimentos, Iraque, Lula, Mercados, Obama, PAC, Palocci, recessão, Saneamento, Tributos
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Carlos Alberto Sardenberg* – O Estado de São Paulo
Reparem no noticiário destes dias. Podemos resumi-lo em duas colunas. Na primeira, seguidas informações sobre o enfraquecimento da atividade econômica no mundo todo. Na segunda, ações dos bancos centrais e pacotes dos governos para reanimar a economia.
O impacto maior, no primeiro momento, é sempre das notícias sobre o agravamento da recessão, especialmente nos países desenvolvidos: demissões, férias coletivas, interrupção de produção, fechamento de fábricas e empresas que entram em concordata.
Na sexta-feira, por exemplo, saiu a notícia que deve ter sido a pior sobre a crise até aqui, no que se refere à economia real: em novembro a economia americana eliminou nada menos que 533 mil empregos, número muito acima da expectativa média (perda de 350 mil postos) e colado na previsão mais pessimista.
Todos se assustam com o tamanho e a rapidez com que a crise se espalha. Resulta daí a desconfiança de que esta crise será mais longa do que se esperava (ou se desejava). A expectativa mais favorável conta com o início da recuperação para o segundo semestre de 2009. A mais negativa diz que a recuperação só virá, e lentamente, a partir de 2010 – e isso se os governos tomarem as providências corretas a tempo. O que nos leva para a segunda coluna do noticiário: a reação à crise.
Tem sido notável o esforço de bancos centrais e autoridades econômicas e políticas. Só na semana passada, tivemos:
Redução “agressiva” de juros pelos Bancos Centrais da Inglaterra e da Europa;
Parlamento alemão aprova plano de US$ 30 bilhões para aumentar gastos públicos, conceder crédito e cortar impostos;
o Fed, banco central dos EUA, cria uma linha de US$ 600 bilhões para comprar títulos das agências hipotecárias públicas (com o objetivo de forçar a redução de juros de hipotecas) e outra de US$ 200 bilhões para comprar carteiras de crédito de instituições de cartão de crédito, de crédito ao consumidor e das que concedem empréstimos a estudantes que entram no ensino superior;
os governos dos EUA e da China abrem linha de crédito de US$ 20 bilhões para financiar o comércio externo de países emergentes.
Temos aí medidas já em andamento e planos. Estes costumam ser recebidos com reserva, pois podem não funcionar. Ainda que essa crise tenha exigido maior intervenção dos governos, isso não torna esses mesmos governos automaticamente eficientes.
Por outro lado, há amplo consenso sobre as políticas a adotar. Economistas de diversas orientações estão falando coisas muito parecidas: que é preciso um forte aumento do gasto público, mas em investimentos, não em custeio, redução de juros e compra, pelos bancos centrais e agências governamentais, de títulos de crédito do sistema financeiro. Além da capitalização de bancos.
Havendo esse consenso, fica mais fácil implantar tais programas, que têm grande apoio entre as lideranças políticas. Portanto, é uma questão de tempo: uma hora isso tudo tem de funcionar.
E continuam todos à espera do plano de Barack Obama. Líderes democratas dizem que vem coisa grande, um programa de gasto público entre US$ 500 bilhões e US$ 700 bilhões. É artilharia pesada. Os US$ 700 bilhões seriam equivalentes a 5% do PIB, o que faria do programa americano o mais forte entre todos já apresentados.
A crise é nossa – Aqui, as 1.300 demissões na Vale deram um sinal estridente para mostrar que a crise está, sim, entre nós.
Tinha de estar. São os caminhos da globalização. O mundo todo cresceu, o Brasil pegou a onda, exportou para todo lado.
Agora o mundo está ou em recessão (os ricos) ou em desaceleração (os emergentes). Sobra uma conta.
Mas desta vez a crise apanha o Brasil em condições bem mais seguras. Considerem este exemplo, a notícia que esteve na primeira página na semana passada: em novembro, a maior fuga de dólares do Brasil em dez anos.
Olhando para os números absolutos, a notícia faz sentido e assusta. Em novembro o mercado de câmbio registrou déficit de US$ 7,1 bilhões, a maior saída de dólares desde o déficit de US$ 8,5 bilhões de janeiro de 1999, quando mudou o regime de câmbio no Brasil, de controlado para livre, com uma maxidesvalorização. Aliás, também houve uma máxi agora. Lembrem-se: ainda em 1º de agosto (faz tão pouco, não é mesmo?) o dólar valia R$ 1,60.
Mas olhando o conjunto das contas externas se vê que a situação atual é muito mais tranqüila.
Comparem: em 1999, o comércio externo brasileiro total era de US$ 100 bilhões/ano, com US$ 50 bilhões de exportações e US$ 50 bilhões de importações. Neste ano, o comércio externo deve atingir US$ 379 bilhões, com superávit de US$ 23 bilhões. Ou seja, a capacidade do País de obter dólares bons com a venda de mercadorias é quatro vezes maior. As reservas do Banco Central em dezembro de 1998 eram de US$ 44 bilhões; hoje, algo como US$ 205 bilhões.
Resumo da ópera: uma saída de US$ 8 bilhões em 1999 era crise no balanço de pagamentos, hoje não chega nem perto disso.
Esta foi uma das grandes mudanças no Brasil: as contas externas passaram de “impagáveis” para superavitárias em dólares. Acrescentem o fim da inflação e o controle das contas públicas – a estabilidade macro – e se entenderá por que desta vez o Brasil não vai quebrar.
História repetida – O presidente Bush, ao comentar o desemprego de novembro, admitiu pela primeira vez que os EUA estão em recessão. E assim se igualou a seu pai, George H. Bush, que também deixou uma recessão para seu sucessor, Bill Clinton, democrata como Obama.
Temos, portanto, dois democratas assumindo recessões deixadas por republicanos. Aliás, Clinton assumiu em janeiro de 1993 em meio a desconfianças de que, inexperiente, pudesse dar conta da crise. E ele simplesmente entregou uma era de prosperidade e expansão.
Quem sabe Obama…?
*Carlos Alberto Sardenberg é jornalista
Site: www.sardenberg.com.br
Tags: ações, Bancos, Bush, Câmbio, Clinton, crédito, crise, demissões, desemprego, dólar, emergentes, empresas, estabilidade, EUA, Europa, exportações, FED, globalização, hipotecas, importações, impostos, inflação, investimentos, Juros, Mercados, Obama, PIB, produção, recessão, Reservas
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por Paul Krugman* – Zero Hora
Neste momento, há um intenso debate sobre quão agressivo deve ser o governo dos Estados Unidos na tentativa de recuperar a economia. Muitos economistas, inclusive eu, estão clamando por uma grande expansão fiscal para evitar que a economia siga em queda livre. Outros, no entanto, preocupam-se com o fardo que o enorme déficit orçamentário irá colocar sobre as futuras gerações.
Mas as preocupações com o déficit estão totalmente equivocadas. Sob as condições atuais, não há conflito entre o que é bom no curto prazo e o que é bom no longo prazo; uma forte expansão fiscal pode, na verdade, melhorar as perspectivas de longo prazo da economia.
A alegação de que os déficits orçamentários enfraquecem a economia a longo prazo é baseada na crença de que o financiamento governamental desloca o investimento privado – o governo, ao emitir muita dívida, eleva rapidamente a taxa de juro, deixando as empresas pouco dispostas a investir em novas plantas e equipamentos, e isso, por sua vez, reduz a taxa de crescimento da economia a longo prazo. Sob circunstâncias normais, esse argumento faz muito sentido.
Mas as atuais circunstâncias estão muito além da normalidade. Imagine o que poderia ocorrer no próximo ano se a administração Obama capitulasse frente aos falcões do déficit e encolhesse seus planos fiscais. Isso levaria a taxas de juro mais baixas? Certamente, não conduziria à redução das taxas de juro de curto prazo, que são mais ou menos controladas pelo Federal Reserve. O Fed já está mantendo essas taxas o mais baixas possível – virtualmente, em zero – e não mudará essa política a menos que veja sinais de que a economia está ameaçada de superaquecimento. E essa não parece ser uma perspectiva realista em breve.
E sobre o juro de longo prazo? Essas taxas, já no nível mais baixo em meio século, refletem principalmente taxas futuras de curto prazo. Austeridade fiscal pode empurrá-las ainda mais para baixo – mas somente criando expectativas de que a economia poderia se manter profundamente deprimida por um longo tempo, o que iria reduzir, não elevar, o investimento privado.
A idéia de que apertar a política fiscal quando a economia está deprimida na verdade leva à redução do investimento privado não é apenas um argumento hipotético: é exatamente o que ocorreu em dois importantes episódios da história. O primeiro ocorreu em 1937, quando Franklin Roosevelt equivocadamente deu ouvidos aos preocupados com déficit de sua própria era. Ele reduziu de forma acentuada o gasto do governo, entre outras coisas cortando o Works Progress Administration (agência criada em 1935 para gerar empregos e sair da Grande Depressão) pela metade, e ainda elevando impostos. O resultado foi uma severa recessão, e uma queda abrupta no investimento privado. O segundo episódio teve lugar 60 anos depois, no Japão. Em 1996-97, o governo japonês tentou equilibrar seu orçamento cortando gastos e elevando impostos. E outra vez a recessão que se seguiu conduziu a uma queda drástica no investimento privado.
Apenas para ser claro, não estou afirmando que a tentativa de reduzir déficits orçamentários sempre é ruim para o investimento privado. Você pode se basear no caso da restrição fiscal de Bill Clinton nos anos 90, que ajudou a abastecer o maior boom de investimentos dos EUA da década, o que por sua vez ajudou a provocar uma recuperação no crescimento da produtividade.
O que torna a austeridade fiscal tão má idéia, tanto nos EUA de Rooselvet quanto no Japão dos anos 90, foram circunstâncias especiais: nos dois casos, o governo recuou frente a uma armadilha de liquidez, uma situação na qual a autoridade monetária cortou taxas de juro tão rápido como possível, e a economia ainda continuou a funcionar bem abaixo de sua capacidade. E nós estamos no mesmo tipo de armadilha hoje – motivo pelo qual preocupações com déficit estão deslocadas.
Mais uma coisa: expansão fiscal será ainda melhor para o futuro dos EUA se uma grande parte dessa expansão tomar a forma de investimento público – construção de estradas, reforma de pontes e desenvolvimento de novas tecnologias, iniciativas que tornam a nação mais rica no longo prazo.
O governo deve ter uma política permanente de grandes déficits orçamentários? Claro que não. Embora a dívida pública não seja tão ruim como a maioria das pessoas acredita – é basicamente dinheiro que nós devemos a nós mesmos –, no longo prazo o governo, como os indivíduos, tem de equilibrar o gasto e a receita.
Mas neste momento temos um rombo no gasto privado: os consumidores estão redescobrindo as virtudes de poupar no mesmo momento em que as empresas, escaldadas por excessos passados e limitadas pelos problemas no sistema financeiro, estão cortando investimento. Com o tempo, essa lacuna poderá fechar, mas até que isso ocorra o gasto do governo terá de ser feito da forma mais eficiente possível. Caso contrário, o investimento privado e a economia como um todo irão despencar ainda mais.
A questão essencial, então, é que as pessoas que consideram a expansão fiscal de hoje ruim para as futuras gerações entenderam tudo errado. O melhor plano de ação, tanto para os trabalhadores de hoje quanto para seus filhos, é fazer o que for necessário para conduzir a economia no rumo da recuperação.
Paul Krugman – New York Times News Service
- Professor de Economia e Assuntos Internacionais da Universidade de Princeton e colunista do The New York Times, Paul Krugman passa a integrar o time de colunistas do Dinheiro por meio do New York News Service.
Formado na Universidade de Yale em 1974, foi integrante do Conselho de Assessores Econômicos da Casa Branca do ex-presidente Ronald Reagan e assessor do Banco Mundial, do Fundo Monetário Internacional (FMI), da Comissão Trilateral e da Organização das Nações Unidas (ONU). Ganhador do Prêmio Nobel de Economia deste ano por ter formulado uma nova teoria sobre o comércio, Krugman é conhecido mundialmente por suas duras críticas ao presidente norte-americano, George W. Bush. Por exemplo, atacou o engajamento na guerra do Iraque e, recentemente, o modo como Bush administrou o resgate do sistema financeiro. Para o colunista, a atual crise é a maior já vivida pelos Estados Unidos desde o crash de 1929.
Tags: Bancos, Bush, casas, Clinton, construção, Crash, Crescimento, crise, depressão, dívidas, emprego, estradas, financiamento, FMI, impostos, Internacional, Iraque, Japão, Krugman, Obama, pontes, Produtividade, recessão, Roosevelt, tecnologia, trabalhadores
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By DAVID E. SANGER – The New York Times
WASHINGTON — President-elect Barack Obama won the Democratic nomination with the enthusiastic support of the left wing of his party, fueled by his vehement opposition to the decision to invade Iraq and by one of the most liberal voting records in the Senate.
Now, his reported selections for two of the major positions in his cabinet — Senator Hillary Rodham Clinton as secretary of state and Timothy F. Geithner as secretary of the Treasury — suggest that Mr. Obama is planning to govern from the center-right of his party, surrounding himself with pragmatists rather than ideologues.
The choices are as revealing of the new president as they are of his appointees — and suggest that, from its first days, an Obama White House will brim with big personalities and far more spirited debate than occurred among the largely like-minded advisers who populated President Bush’s first term.
But the names racing through the ether in Washington about the choices to follow also suggest that Mr. Obama continues to place a premium on deep experience. He is widely reported to be considering asking Mr. Bush’s defense secretary, Robert M. Gates, to stay on for a year; and he is thinking about Gen. James L. Jones, the former NATO commander and Marine Corps commandant, for national security adviser, and placing Lawrence H. Summers, the former Treasury secretary whom Mr. Obama considered putting back in his old post, inside the White House as a senior economic adviser.
“This is the violin model: Hold power with the left hand, and play the music with your right,” David J. Rothkopf, a former Clinton official who wrote a history of the National Security Council, said on Friday, as news of Mrs. Clinton’s and Mr. Geithner’s appointments leaked. “It’s teaching us something about Obama: while he wants to bring new ideas to the game, he is working from the center space of American foreign policy.”
The reason, several of Mr. Obama’s transition team members say, is that they believe that the new administration will have no time for a learning curve. With the country facing a deep recession or worse, global market turmoil, chaos in Pakistan and a worsening war in Afghanistan, “there’s going to be no time for experimentation,” a member of the Obama foreign policy team said.
That explains Mr. Obama’s first selection: Rahm Emanuel, another centrist Democrat and former member of the Clinton White House, as his chief of staff.
In some ways, the choices made so far are reminiscent of the way the last senator to be elected president, John F. Kennedy, chose a cabinet. As president-elect, Kennedy soon picked three top officials significantly more conservative than he was: Dean Rusk as secretary of state, Robert S. McNamara as secretary of defense and C. Douglas Dillon, a Republican, as secretary of the Treasury. They helped him navigate the Cuban missile crisis, but also got him bogged down in Vietnam.
Of all the choices Mr. Obama has made so far, it is the selection of Mrs. Clinton that appears the biggest gamble, in part because she has never had to engage in the give-and-take of high-stakes diplomacy, and in part because no one really knows how she will mesh with the Obama White House.
In her discussion with the president-elect, several members of his transition team said, Mrs. Clinton expressed no doubt that she could be a loyal member of the Obama team — though she was reportedly deeply conflicted about giving up her Senate seat and the independent power base it afforded her.
During the battle for the Democratic presidential nomination, Mr. Obama and Mrs. Clinton went out of their way to point out their foreign policy differences, with Mrs. Clinton portraying herself as a hawkish Democrat and defending her decision to vote in favor of the 2002 resolution that Mr. Bush later considered an authorization to use military force against Saddam Hussein. (Later, she said she fully expected Mr. Bush to use diplomacy first — and was shocked that he did not.)
Now the question is less one of ideological differences than whether a Clinton State Department could become something like Colin L. Powell’s: an alternative, though weak, power center that made little secret of its differences with the White House.
“Anyone who tells you they really know how this is going to work out,” one senior transition official said Thursday, “is telling less than the truth.”
If Mrs. Clinton is taken from the “Team of Rivals” model, Mr. Geithner, president of the Federal Reserve Bank of New York, is from the Team of Neutrals.
“He’s no liberal,” said a former colleague at the Treasury Department, where he managed the American response to the Asian financial crisis in the 1990s.
At the time Mr. Geithner developed a reputation as the ultimate pragmatist, putting together a package of more than $100 billion in aid to halt the financial contagion. That turned out to be a training session for his role, a decade later, in the bailouts of Bear Stearns, A.I.G. and the injection of nearly $350 billion in Congressionally authorized money, whose exact use has become something of a political football.
Mr. Geithner grew up in Asia — in Tokyo, New Delhi and Bangkok — and keeps his ego well in check. He asks a lot of questions, but does not have Mr. Summers’s overwhelming — some say overbearing — personality.
“He clicked with Obama,” one outside adviser said. “If you think about it, their sort of cool, distant styles are alike.”
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*Kellie Meiman – VALOR
Ao longo dos anos, o relacionamento entre Estados Unidos e Brasil passou por várias fases. Caracterizou-se em grande parte, durante a segunda metade do século XX, por uma tensão natural entre os poderes continentais do hemisfério, apesar do afável relacionamento pessoal na década de 90 entre os presidentes Fernando Henrique Cardoso e Bill Clinton. Um Brasil relativamente insular driblou os EUA quando possível, enquanto a superpotência americana freqüentemente tentou isolar o Brasil no contexto de políticas regionais.
Já no governo do presidente George W. Bush, um sério esforço para o aprofundamento das relações bilaterais foi um destaque dentro de uma agenda de política externa desafiadora em outras áreas. O Brasil, de sua parte, entrou no século XXI realizando concretamente suas ambições como o “país do futuro”, ocupando seu próprio lugar no cenário global. Não apenas o governo brasileiro, mas também o setor privado contribuíram para essa nova realidade, com multinacionais brasileiras de vários setores investindo pesadamente em mercados tão distintos como os dos EUA, China, Índia e de países da África.
Hoje, temos a oportunidade de elevar a relação EUA-Brasil a um patamar diferente em questões críticas de ambos os lados, incluindo a segurança regional, global, energética, ambiental e econômica. Em um mundo fracionado e multipolar, despedaçado pela crise financeira e dominado por uma tecnologia que em sua essência difunde o poder, o Brasil pragmático e os EUA multilateralistas podem, juntos, alcançar muito mais. A construção de um relacionamento estratégico mais amplo entre as duas nações beneficiará ambos os países na medida em que entrarmos nos próximos quatro anos sob uma revigorada liderança nos EUA.
Por motivos óbvios, os conflitos no Oriente Médio e a economia global serão prioridades do presidente eleito Barack Obama. Ao mesmo tempo, os EUA precisam enviar um sinal claro ao mundo de que a era do unilateralismo acabou. Um modo de realizar isso é recuperar a credibilidade de importantes instituições multilaterais, como as Nações Unidas, o Banco Mundial e o Fundo Monetário Internacional (FMI), assim como o G-7 e o G-20, todos desesperadamente carentes de reformas. O Brasil tem muito a contribuir para esse esforço, considerando sua perspectiva única sobre o melhor modo de integrar poderes emergentes no contexto internacional. A crise financeira atual tem mostrado a um público amplo que há a necessidade de modernizar as instituições internacionais de forma que elas venham a se igualar às novas realidades políticas e econômicas. Ao fazer isso, devemos ter a certeza de que qualquer reforma manterá espaço para discussões pragmáticas e produtivas nos fóruns multilaterais.
O fracasso até o momento da Rodada Doha da Organização Mundial do Comércio (OMC), onde os interesses americanos e brasileiros estão claramente alinhados, justifica o foco do Brasil e dos EUA em perseguir a abertura de mercados e evitar uma resposta protecionista aos desafios econômicos globais, como tem sabiamente destacado o chanceler Celso Amorim. Não será fácil levar nossos parceiros de comércio ao progresso de Doha, porém, o benefício dessa negociação para nossas economias, mais ainda para o mundo em desenvolvimento, vale o sacrifício.
Vamos deixar o medo de lado. A imprensa brasileira tem expressado preocupação quanto a um governo democrata, temendo que ele seja “protecionista” e, portanto, contra aos interesses do Brasil. Muito pelo contrário.
Na difícil economia de hoje, um líder americano de centro-esquerda pode ser o mais bem-sucedido na reconstrução do consenso bilateral para apoiar o livre comércio que imperou nos EUA durante o governo Clinton. Antes da posse do ex-presidente, em 1993, muitos americanos e brasileiros expressaram preocupações sobre o que representaria a política econômica da gestão Clinton. Esses medos e preocupações, como se comprovou depois, se mostraram desnecessários.
O Acordo de Livre Comércio da América do Norte (Nafta) possivelmente não teria ocorrido sem a persistência do presidente Clinton, um líder democrata como Barack Obama. Lembremos que foi Clinton também quem aprovou a Rodada Uruguai nos EUA. Esses e outros feitos foram conquistados através da ampliação do apoio doméstico à abertura do mercado. Apesar das dificuldades envolvidas, precisamos cautelosamente nos esforçar para readquirir um apoio de base ampla para a liberalização comercial dos EUA, de modo a permitir que nosso país lidere novamente o mundo nestas importantes questões.
Ninguém entende melhor do que o presidente Lula a importância de uma liderança de esquerda baseada em uma política econômica forte e sustentável. Os benefícios sociais e econômicos para o Brasil decorrentes dessa liderança para a estabilização e o crescimento da economia são óbvios. Como acontece no Brasil, toda a política comercial dos EUA está repleta de desafios políticos, porém, ninguém esquece o legado da Lei Smoot-Hawley, que introduziu o protecionismo na política econômica dos EUA no pior momento possível – no calor da depressão de 1929.
Os conselheiros econômicos do presidente eleito Barack Obama estão entre os mais sábios executivos e economistas dos EUA, muitos dos quais contribuíram significativamente para a administração Clinton. Seria difícil imaginar que os ex-secretários do Tesouro Robert Rubin e Larry Summers, o presidente do Federal Reserve de Nova York, Timothy Geithner, e o megainvestidor Warren Buffet ignorem as realidades da globalização, mesmo durante tempos difíceis. Todos eles são francamente favoráveis à expansão do comércio mundial.
É chegada a hora. Se o Brasil conseguir se firmar como um ator verdadeiramente pragmático na economia global e nas instituições internacionais, ao mesmo tempo em que os EUA ressurgirem como um paladino do multilateralismo, há muito mais a ser alcançado por nossos países de maneira conjunta. Nem sempre estaremos de acordo, mas, acima de tudo, o presidente Lula e o presidente eleito Obama compartilham de um slogan de campanha cuja premissa é: “a esperança vence o medo”. Esta mesma noção descreve bem como nossas nações devem abordar as relações políticas e econômicas no início desta nova era. Devemos e podemos elevar esse relacionamento a um novo patamar de sofisticação e, assim, cumprir a promessa e as possibilidades desta relação tão importante.
Kellie Meiman é diretora executiva da McLarty Associates e foi diplomata e negociadora de comércio internacional durante o governo Clinton.
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da Folha Online
A vitória de Barack Obama na eleição presidencial deixou em muitas americanas a esperança da eventual chegada de uma mulher pela primeira vez à Casa Branca.
Sem a Presidência, o nome de Hillary Clinton passou a ser considerado o favorito para comandar a diplomacia dos Estados Unidos no próximo governo. Fontes ligadas a Obama afirmaram ao canal CNN que a ex-primeira-dama pode ser designada secretária de Estado.
No início da histórica campanha eleitoral de 2008, a disputa entre Obama e a senadora Hillary Clinton pela candidatura do Partido Democrata foi para muitos uma batalha do destino dadas as opções: um negro e uma mulher. A decisão de apoiar um equivalia a dar as costas ao outro.
No entanto, muitos analistas consideram que o perfil da senadora por Nova York acabou com os preconceitos que poderiam existir sobre a capacidade de uma mulher assumir o comando do país.
“Teto de vidro”
“Sempre que cai uma barreira é sinal de que as demais começarão rapidamente a desabar”, afirmou a estrategista do Partido Democrata Donna Brazile à France Presse.
“Apesar de não poder dizer quando –quem poderia prever este momento–, nem o candidato nem o partido, vejo este dia se aproximar no horizonte. É tempo de ‘apurar a história’ e permitir o acesso de uma nova geração (à Casa Branca). Não há dúvida, uma mulher conseguirá em breve”, acrescentou.
Em um discurso emocionado em junho, ao admitir a derrota nas primárias para o então adversário Barack Obama, Hillary pediu a seus milhões de simpatizantes que apoiassem o senador por Illinois, mas também fez referências às questões de gênero.
“Embora desta vez não tenhamos sido capazes de quebrar este elevado e duro teto de vidro, agradeço porque agora tem 18 milhões de rachaduras”, disse, em referência à quantidade de votos que recebeu na disputa interna.
“As crianças de hoje crescerão com a garantia de que um negro ou uma mulher podem, absolutamente, se tornar presidente dos Estados Unidos”, enfatizou, diante de muitas mulheres que choravam ou a aplaudiam.
“Botão”
Pouco depois, outra barreira caiu com a designação da governadora do Alasca, Sarah Palin, como candidata a vice de John McCain na derrotada chapa presidencial do Partido Republicano.
Parece uma ironia que os Estados Unidos, que sonham em expandir a democracia no mundo, nunca tenham tido uma mulher presidente.
“Acredito que a idéia de singularidade dos Estados Unidos tem sido um enorme fator para determinar a forma como os americanos vêem seu presidente. No final das contas, nos consideramos os líderes do mundo livre”, diz Barbara Palmer, diretora interina do Instituto Mulher e Política na American University.
“Por isso sempre tivemos uma visão muito sexista da função (de presidente), que, além de tudo, é também a de comandante-em-chefe. Definitivamente, uma mulher poderia apertar o botão (que ativa a bomba atômica)?”: para ela este é o questionamento dos eleitores.
Palmer, autora do livro “Quebrando o teto de vidro da política”, concordou que é apenas uma questão de tempo que uma mulher chegue à presidência.
“Não acredito que se deva subestimar o efeito que pode ter sobre uma menina de oito anos ver Hillary Clinton e Sarah Palin disputar as presidenciais. Somos uma sociedade muito visual. Se algo não está na televisão, então não aconteceu”, conclui.
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Gilles Lapouge* – O Estado SP
Sarkozy seguiu para Washington. A tarefa que tem pela frente é árdua: tirar o mundo da crise. De passagem, aproveitará a ocasião para “reformular o capitalismo”.
Os membros do G-20 que participarão dessa reunião, imposta por Sarkozy a Bush em 18 de outubro, têm interesse em iniciar logo o trabalho. Em julho de 1944, em Bretton Woods, os vencedores da guerra tiveram 15 dias para reformar o sistema monetário. Este ano, Sarkozy terá apenas algumas horas para reorganizar o planeta.
Talvez por isso o presidente Lula “não espere muita coisa desse G-20″, mesmo que seja “algo promissor”. O ministro francês das Relações Exteriores, Bernard Kouchner, já mostrou seu desânimo: “Essa reunião não vai levar a nada”.
A falta de tempo para realizar essa façanha não é a única desvantagem do G-20. Há outra. Que idéia conceber tal projeto quando o novo presidente Obama ainda não assumiu! Será com um Bush decadente que Sarkozy pretende construir sua catedral. Além do que, é o cúmulo tentar refazer o capitalismo com um presidente Bush que não conhece nada de mais belo do que o capitalismo.
Obama não seria mais cooperativo? Nada permite pensar que o presidente eleito se converteu à moda “anticapitalista” que a crise fez irromper na Europa e Sarkozy, o bardo do liberalismo desenfreado de um ano atrás, agora pretende regulamentar e cortar as asas.
A equipe que chegará ao poder com Obama não é considerada “intervencionista” nem “estatista”: os principais conselheiros (Summers e Volcker), ex-assessores de Clinton, são “velhas raposas de Wall Street”. Jamais sonharam com um “capitalismo ao molho europeu”.
É por isso que Sarkozy não hesitou em deixar Paris para explicar ao seu amigo Bush que, em 1944, só podia existir uma única moeda de reserva, o dólar, o que hoje não é mais o caso.
Sarkozy tem razão: o reinado absoluto do dólar acabou. É preciso planejar uma nova paisagem. Além disso, o tempo em que o Estado era considerado uma calamidade na economia chegou ao fim com o incêndio dos bancos. O novo papel do Estado, seus deveres e poderes, devem ser examinados.
Outro ponto de interesse desse encontro: só o fato de reunir esse grupo já é prova de que todos reconhecem que a solução só pode ser global. Podemos até supor que a reunião terá como resultado a preparação do fim do G-8, símbolo de um mundo esclerosado e injusto. Ninguém vai chorar a morte do G-8.
Podemos esperar algo melhor? Claro que seria loucura imaginar que, em algumas horas, os 20 conseguirão redigir uma nova estrutura financeira planetária. Ficaremos felizes se eles conseguirem adotar algumas medidas de urgência.
*Gilles Lapouge é jornalista
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Luiz Gonzaga Belluzzo – VALOR
Desde o século XVIII os teóricos e praticantes da moderna economia política debatem os conflitos e contradições entre a moeda universal (e seu caráter mercantil) e o exercício da soberania monetária pelos Estados nacionais.
No final do século XIX, a metástase da Revolução Industrial para os Estados Unidos e para a Europa Continental foi acompanhada pela constituição de um sistema monetário global, amparado na hegemonia da Inglaterra. Essa construção política e econômica do capitalismo suscitou, no imaginário social e na prática dos negócios, a “ilusão necessária” acerca da naturalidade e impessoalidade do padrão-ouro e de suas virtudes na promoção do ajustamento suave e automático dos balanços de pagamentos.
Ao promover a ampliação do comércio internacional, o padrão-ouro impôs a reiteração e a habitualidade da mensuração da riqueza e da produção de mercadorias por uma unidade de conta abstrata. Assim, para escândalo de muitos, a confiança na moeda universal em sua roupagem dourada promoveu a expansão da moeda bancária, suscitando a progressiva absorção das determinações funcionais do dinheiro – unidade de conta, meio de pagamento e reserva de valor – por uma representação, um signo desmaterializado garantido pelas finanças do Estado.
Nos anos 20 do século passado, o declínio da Inglaterra coabitou com incapacidade política do poderio econômico americano em afirmar sua hegemonia. Isso tornou problemática, após o hiato de moedas inconversíveis da Primeira Guerra, a restauração do padrão-ouro, mesmo sob a forma atenuada do Gold Exchange Standard que permitia a acumulação de reservas em dólares e libras. Em sua ressurreição, o padrão-ouro foi incapaz de reanimar as convenções e de reproduzir os processos de ajustamento e as formas de coordenação responsáveis pelo sucesso anterior. Os déficits e os superávits tendiam a se tornarem crônicos. Os países superavitários – sobretudo França e EUA – se empenharam em “esterilizar” o aumento das reservas em ouro para impedir os efeitos indesejáveis sobre os preços domésticos.
Nos trabalhos elaborados para as reuniões que precederam as reformas de Bretton Woods, Keynes formulou uma proposta mais avançada e internacionalista de gestão da moeda fiduciária. Ela previa a “administração” centralizada, pública e supranacional do sistema mundial de pagamentos e de provimento de liquidez. O Plano Keynes visava, sobretudo, eliminar o papel perturbador exercido pelo ouro – ou por qualquer moeda-chave – enquanto último ativo de reserva do sistema. Tratava-se não só de contornar o inconveniente de submeter o dinheiro universal às políticas econômicas do país emissor, mas também de evitar que assumisse a função de um perigoso agente da “fuga para a liquidez”.
Na verdade, os países trocariam mercadoria por mercadoria e o dinheiro internacional, o Bancor, seria reduzido à função de moeda de conta. Os déficits e superávits seriam registrados em uma espécie de conta corrente que os países manteriam junto à Clearing Union, a câmara de compensação encarregada de vigiar o sistema de taxas fixas, mas ajustáveis e de promover os ajustamentos entre deficitários e superavitários. No novo arranjo institucional não haveria lugar para a livre movimentação de capitais em busca de arbitragem ou de ganhos especulativos.
Em 1944, nos salões do hotel Mount Washington, na acanhada Bretton Woods, a utopia monetária de Keynes capitulou diante da afirmação da hegemonia americana que impôs o dólar – ancorado no ouro – como moeda universal. Talvez por isso, o segundo pós-guerra conte a história conflituosa da reafirmação do dólar como moeda-reserva e narre as desditas da reprodução dos desequilíbrios globais e da sucessão de ajustamentos traumáticos dos balanços de pagamentos na periferia.
Essas características do arranjo monetário realmente adotado em Bretton Woods sobreviveram ao gesto de 1971 – a desvinculação do dólar ao ouro – e à posterior flutuação das moedas em 1973. Na esteira da desvalorização continuada dos anos 70, a elevação brutal do juro básico americano em 1979 derrubou os devedores do Terceiro Mundo, lançou os europeus na “desinflação competitiva” e culminou na crise japonesa dos anos 90. Na posteridade dos episódios críticos, o dólar se fortaleceu, agora obedecendo ao papel dos Estados Unidos como “demandante e devedor de última instância”.
A crise dos empréstimos hipotecários e seus derivativos, que hoje nos aflige, nasceu e se desenvolveu nos mercados financeiros dos Estados Unidos. Na contramão do senso comum, os investidores globais empreendem uma fuga desesperada para os títulos do governo americano. Assim como nas crises cambiais dos anos 90, protagonizadas pela periferia (México, Ásia, Rússia, Brasil e Argentina), os papéis do governo dos Estados Unidos oferecem repouso para os capitais cansados das aventuras em praças exóticas e reservam os tormentos da volatilidade cambial para os incautos que acreditaram nas promessas de recompensa pelo bom comportamento.
Bretton Woods II, ou coisa assemelhada, não vai enfrentar conturbações geradas pela decadência americana. Vai sim acertar contas com os desafios engendrados pelo dinamismo da globalização impulsionada pela grande empresa e ancorada na generosidade da finança privada dos Estados Unidos. O processo de integração produtiva e financeira das últimas duas décadas deixou como legado o endividamento sem precedentes das famílias “consumistas” americanas, causa e efeito da migração da indústria manufatureira para a Ásia “produtivista” e da acumulação de mais de US$ 5 trilhões de reservas nos cofres dos emergentes.
Na posteridade da crise asiática, os governos e o Fundo Monetário Internacional ensaiaram a convocação de reuniões destinadas a imaginar remédios para “as assimetrias e riscos implícitos” no atual regime monetário internacional e nas práticas da finança globalizada. Clamavam por uma reforma da arquitetura financeira internacional. A reação do governo Clinton – aconselhado pelos conselheiros de Barack Obama, Robert Rubin e Lawrence Summers – foi negativa. Os reformistas enfiaram a viola no saco. Mesmo depois da queda do subprime, não vai ser fácil convencer os americanos a partilhar os benefícios implícitos na gestão da moeda reserva.
Luiz Gonzaga Belluzzo, ex-secretário de Política Econômica do Ministério da Fazenda, e professor titular do Instituto de Economia da Unicamp, escreve mensalmente às terças-feiras. BelluzzoP@aol.com
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Levantamento com eleitores em todo o país mostra avanço democrata entre os jovens, independentes, mais pobres e mais ricos
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Marjorie Connelly, The New York Times – O Estado SP
Uma pesquisa realizada pela Edison Media Research e pela Mitofsky International com 17.836 eleitores em 300 zonas eleitorais dos EUA, além de 2.378 entrevistas com eleitores que votaram pelo correio ou antecipadamente, traçou o perfil do eleitorado americano na disputa pela Casa Branca. O levantamento ajuda a explicar a vitória do candidato democrata Barack Obama sobre o republicano John McCain.
O presidente eleito obteve vitória incontestável entre os eleitores negros, hispânicos e aqueles com menos de 30 anos. Ele fez progresso dentro de importantes grupos de indecisos, incluindo os católicos, suburbanos, independentes políticos e até mesmo entre os veteranos de guerra. Ele venceu no Meio-Oeste, onde o candidato democrata John Kerry havia sido derrotado em 2004, e conseguiu avançar entre grupos que tradicionalmente pertencem ao eleitorado republicano – brancos, conservadores, sulistas e freqüentadores da igreja.
Foi revelado um profundo abismo entre as gerações. Os eleitores com menos de 45 anos apoiaram Obama; aqueles acima dos 60 anos apoiaram McCain. O resto deles estava dividido.
A disparidade de números entre eleitores que se identificam como democratas (39%) e os que se dizem republicanos (32%) aumentou em 7 pontos porcentuais, dando aos democratas a sua maior vantagem desde 1980.
Entre os eleitores com menos de 30 anos Obama teve ampla vantagem (66% a 32%). Apenas Ronald Reagan em 1984 e Bill Clinton em 1992, cada qual com vantagem de 19% sobre o adversário, chegaram minimamente perto. Os eleitores mais velhos foram o único grupo etário que votou na sua maioria em McCain (51% a 47%). Eles apoiaram Reagan em 1984, mas passaram para o lado democrata durante a era Clinton. Em 2004, eles foram o grupo etário em meio ao qual Bush se mostrou mais forte.
Obama conquistou a maioria dos independentes (52% a 44%). Foi a primeira vez que um democrata conseguiu este resultado desde 1972. Obama obteve o apoio de 60% do eleitorado cuja renda familiar anual fica abaixo dos US$ 50 mil e da maioria dos eleitores cuja renda supera os US$ 200 mil – uma reviravolta notável para um democrata. Em 2004, o eleitorado rico era o que apoiava Bush com mais energia.
Obama obteve maioria no nordeste, Meio-Oeste e oeste. McCain ganhou no sul, onde os republicanos têm vencido desde 2000.
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Para ex-assessor de Bill Clinton, solução para crise passa pela inclusão de emergentes nas decisões
ENTREVISTA David Rothkopf

A vitória do democrata Barack Obama inaugura uma nova fase na relação dos EUA com o mundo, para o americano David Rothkopf.
Ex-subsecretário adjunto do Departamento de Comércio para questões internacionais na gestão de Bill Clinton e atual pesquisador da Carnergie Endowment for International Peace, ele avalia que Obama colocará o país no caminho do multilateralismo.
Neste contexto, a cúpula do G-20 em Washington, na próxima semana, representa “o começo do fim do G-7”, diz. É o reconhecimento por EUA e Europa de que a única forma de lidar com a crise global é o fortalecimento de um grupo mais inclusivo que aquele limitado aos sete mais ricos do mundo.
Danielle Nogueira – O Globo
O GLOBO: Barack Obama vai assumir a Casa Branca em um momento de forte pressão para revisão do sistema financeiro internacional.
O senhor acredita que ele apoiará a criação de um novo Bretton Woods, como sugerem o primeiro-ministro britânico, Gordon Brown, e o presidente francês, Nicolas Sarkozy?
DAVID ROTHKOPF: É prematuro dizer. No entanto, acredito que a provável equipe de Obama terá percebido que o atual sistema era e é inadequado para os desafios desta crise. Logo, não ficarei surpreso se os EUA tiverem um papel de liderança no processo de remodelagem do sistema econômico internacional, que terá início em 15 de novembro (quando líderes do G-20 vão se reunir em Washington).
O que podemos esperar da cúpula do G-20 ?
ROTHKOPF: O mais importante sobre o G-20 já está acontecendo…e é muito significativo para o Brasil. É o reconhecimento pelos EUA e pelos europeus de que a única forma de lidar com a crise é por meio de um grupo maior e mais inclusivo que o G-7. Para mim, estamos assistindo ao começo do fim do G-7. Devemos esperar que o o G-7 se reúna com menos freqüência e, então, seja substituído na sua função de “chefe” do sistema econômico internacional por um grupo que incluirá de forma permanente Brasil, Índia, China, Rússia e, talvez, outros dois países. Esse divisor de águas tem implicações políticas significativas. É um reconhecimento de mudanças no poder global na nossa era, e, para o Brasil, vai significar um papel maior do que apenas a mais importante potência da América Latina. Resultado do trabalho do presidente Lula e do ministro (Celso) Amorim (Relações Exteriores).
Obama foi apontado como a nova cara dos EUA. Mas o que isso significa para o mundo? Podemos esperar uma maior colaboração com parceiros políticos e econômicos?
ROTHKOPF: Obama é definitivamente uma nova face, representando uma nova experiência. Mas o que é extraordinário é que ele foi eleito por ser mais esperto, mais competente e por oferecer uma visão mais próxima aos americanos do que a oferecida por seus antecessores. No fim das contas, é visto pelo mundo como um símbolo de sistemas de governo mais inclusivos, que vão trabalhar por benefícios não só para os EUA, e sim para todos.
Essa onda Obama vai levar o mundo a um projeto multilateral, revertendo o unilateralismo de Bush? ROTHKOPF: Tenho certeza de que, com a administração Obama, o unilateralismo e o descaso de Bush em relação às leis internacionais serão coisas do passado. É muito provável que ele forme novas alianças, fortaleça as antigas e trabalhe para construir um sistema internacional mais eficaz.
Nesse novo cenário, a Rodada de Doha é viável?
ROTHKOPF: Doha vai acontecer. Será menos abrangente que a proposta original, mas a integração econômica global é uma tendência histórica. No entanto, grandes questões ainda têm de ser resolvidas, como os subsídios à agricultura nos EUA e na Europa.
Alguns acreditam que a hegemonia americana está em declínio. Ainda há espaço para potências hegemônicas? ROTHKOPF: Sempre há espaço para potências maiores que outras. Os EUA vão permanecer, de muitas maneiras, a mais poderosa nação na Terra por muitos, muitos anos. A questão é se esse poder é percebido como sendo usado de forma responsável, com os EUA assumindo o papel de líder na comunidade das nações, ou se ele é percebido como um membro à parte. Obama indicou várias vezes que sua intenção é restaurar essa virtude, a liderança americana.
Obama nomeou ex-conselheiros de Clinton para sua equipe. Teremos um terceiro mandato? Como podem contribuir para o novo governo?
ROTHKOPF: Como ex-colaborador de Clinton, tenho uma visão parcial. Na administração Clinton, os EUA viveram seu mais longo período de expansão. E foi a última grande oportunidade para os coordenadores de políticas democratas.
Onde você vai encontrar pessoas com a experiência de que precisamos em tempos de crise? O senhor foi sondado para integrar a nova equipe?
ROTHKOPF: Sem comentários.
O novo secretário do Tesouro terá poderes sem precedentes para escolher quais outros setores além dos bancos serão beneficiados com o pacote de US$ 850 bilhões. O que esperar dele?
ROTHKOPF:Espero que o novo secretário fique com atenção nos EUA e na recuperação internacional. Trabalhará com o Congresso em um novo pacote de estímulo, e com o mundo para a revitalização de mecanismos desenhados para fiscalizar e apoiar a economia internacional.
Espero um equilíbrio entre políticas orientadas para o mercado que reconheçam a importância das conseqüências sociais da atual crise econômica e a busca de soluções robustas e justas.
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Nicholas Kristof – O Globo
No último ano e meio, uma equipe de professores de psicologia conduziu experimentos sobre como os americanos vêem Barack Obama sob o prisma da raça. Eles usaram uma técnica comum, o teste de associação implícita, para medir se as pessoas viam Obama e outros candidatos como mais estrangeiros ou mais americanos. Descobriram que os entrevistados — particularmente ao serem levados a pensar em Obama como um candidato negro — subconscientemente o consideraram menos americano do que Hillary Clinton ou John McCain.
A pesquisa indica que o alvo do estudo — estudantes de ensino superior da Califórnia, muitos dos quais apóiam Obama — inconscientemente o percebe menos americano do que o expremier britânico Tony Blair.
Não é que algum deles realmente acredite que Obama seja estrangeiro. Mas o teste mede a forma como a mente trabalha, e, ao seguir instruções para classificar imagens rapidamente, o cérebro se recusa a aceitar um candidato negro como completamente americano.
O resultado é importante: quanto mais dificuldade a pessoa tem em classificar Obama como americano, menos provável que vote nele.
É fácil ser cético sobre esse estudo, então teste seus preconceitos inconscientes em https://implicit.harvard.edu/implicit/demo ou em http://backhand.uchicago.edu/Center/ShooterEffect.
Raça é um tema controvertido nos EUA, particularmente no contexto desta campanha.
Muitos eleitores de Obama acreditam que seu candidato estaria muito à frente se não fosse pelo racismo, enquanto eleitores de John McCain acreditam que se Obama fosse branco nem teria sido considerado para a Presidência.
Alguns pesquisadores relacionam atitudes raciais a um benefício na época da evolução.
Devia haver uma vantagem evolutiva em reconhecer instantaneamente se um estranho era da própria tribo ou um inimigo. Há evidências de que a amígdala, centro no cérebro para emoções, emite um sinal de alerta ao perceber pessoas “diferentes”.
Apesar disso, nossos preconceitos são em sua maior parte culturais. Uma razão para achar isso é que muitos negros inconscientemente têm preconceitos pró-brancos. Evidências sugerem que, embora a maioria dos americanos aspire a oportunidades iguais para todos, nossas mentes não são tão igualitárias assim.
“O estudo revela a brecha entre nossas mentes e nossos ideais”, disse Thierry Devos, professor da Universidade Estadual de San Diego que conduziu a pesquisa junto com Debbie Ma, da Universidade de Chicago.
Pesquisas mostraram que a maioria dos americanos, incluindo latinos e de origem asiática, associam a idéia de americano com a pele branca.
Alguém pode argumentar que Obama é registrado como forasteiro em nossas mentes devido ao pai queniano. Mas experimentos chegaram ao mesmo resultado com esportistas negros. Além disso, Devos descobriu que quando se pediu aos participantes para se concentrarem na idade dos candidatos ou no partido, Obama e McCain foram percebidos como igualmente americanos.
Foi apenas quando as pessoas foram estimuladas a se concentrar na cor da pele que perceberam Obama como um estrangeiro.
Esta eleição cria a oportunidade para uma conversa adulta sobre as turvas complexidades sobre raça, em parte porque, quando as pessoas são despertadas para preconceitos inconscientes, têm a oportunidade de superá-los.
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Idelber Avelar – Blog O Biscoito Fino e a Massa
Ao longo da semana passada, as matérias publicadas pela Folha sobre as eleições americanas repetiram um mesmo bordão, a insistente pergunta: por que a vantagem de Obama nas pesquisas não é maior? O objetivo deste post é explicar por que essa pergunta não faz sentido.
Na matéria escrita no domingo (link para assinantes), Fernando Rodrigues afirma: A economia do país está à beira de uma de suas piores recessões, como vários indicadores atestam, mas o candidato governista e republicano John McCain se mantém praticamente empatado nas pesquisas de intenção de voto com o democrata Barack Obama. Uma hipótese para explicar esse possível paradoxo é que a crise econômica tal qual tem sido noticiada na mídia, por causa dos indicadores ruins, ainda não afetou com força uma parcela considerável do eleitorado.
Jisuis, a crise econômica afetou muito mais que “uma parcela considerável do eleitorado”! A taxa de desemprego é a maior dos últimos cinco anos. O número de americanos que viram seus empregos de tempo integral reduzidos a meio horário chegou a 3,7 milhões, a maior cifra desde que o governo começou a computar esta estatística, há 50 anos. Sobre a crise imobiliária, a matéria da Folha afirma que ela fez milhares de pessoas perderem suas casas. Caro Fernando Rodrigues, as perdas de hipotecas não se medem aqui por milhares. Não se medem por dezenas de milhares. Não se medem por centenas de milhares. As perdas de casas nos EUA já há tempos se contam pelos milhões.
Por que, então, não faz sentido se perguntar por que Obama não tem vantagem grande nas pesquisas? A resposta é pateticamente simples: porque assim são as eleições americanas. Sabem qual foi o último candidato a ser eleito com mais de 50% dos votos? Bush pai, em 1988, com 53,4%. Exato, há duas décadas ninguém recebe mais de 50% dos votos aqui. Clinton foi eleito em 1992 com 43% (numa eleição atípica, já que havia um terceiro candidato, Perot, que recebeu 1 de cada 5 votos). Em 1996, numa goleada histórica de Clinton sobre os Republicanos, a diferença foi 49,2% a 40,7% sobre Bob Dole. Em 2000, quando Bush filho venceu joserobertowrightianamente, a diferença em favor de Al Gore no voto popular foi 48,4% a 47,9%. Trata-se de um sistema eleitoral onde cada um dos dois candidatos já entra com 40%. Aqui não existem goleadas de 62 a 38. Goleadas de 62 a 38 são exclusividade de países onde o governo bate recordes históricos de redução da desigualdade social e a única plataforma eleitoral da oposição é falar de grampos telefônicos.
Portanto, toda a indagação sobre o “problema” de Obama não tem o menor sentido. Os números são os esperados e quem conhece a história eleitoral americana sabe disso. Ninguém que conhece o jogo jamais achou que ia ser fácil.
O outro grande serviço que a Folha poderia prestar aos seus leitores é avisar que manchetes como Obama abre 5 pontos, McCain empata com Obama, McCain está um ponto na frente são não-fatos. Como os leitores deste blog já estão carecas de saber, as pesquisas nacionais não significam nada, pois a eleição é indireta. David Plouffe, o competentíssimo coordenador da campanha de Obama, afirmou outro dia numa conversa: “as tracking polls a gente nem olha”.
Segundo os cálculos deste blog, McCain tem, garantidos, 157 votos no Colégio Eleitoral. É a soma de Alaska, Utah, Idaho, Arizona, Wyoming, Dakota do Sul, Nebraska, Kansas, Oklahoma, Texas, Louisiana, Mississippi, Tennessee, Kentucky, Virgínia Ocidental, Alabama, Arkansas, Geórgia e Carolina do Sul.
Obama tem 200 votos sólidos no Colégio Eleitoral: é a soma de Califórnia, Washington, Oregon, Havaí, Illinois, Wisconsin, Vermont, Maine, Maryland, Nova York, Rhode Island, Connecticut, Massachusetts, Nova Jersey, Delaware e o Distrito de Columbia (da cidade de Washington).
Ganha quem chegar nos 270.
São 181 votos indefinidos: a soma de Ohio, Flórida, Pensilvânia, Nevada, Novo México, Virgínia, Carolina do Norte, Montana, Dakota do Norte, Michigan, New Hampshire, Indiana, Colorado, Iowa, Minnesota e Missouri. O mapinha, com o número de votos que cada estado carrega ao Colégio Eleitoral, é este.
As pesquisas nesses 16 estados são as únicas que importam. Em alguns deles, McCain é forte favorito, como em Missouri. Em outros, Obama é forte favorito, como na Pensilvânia. Mas é razoável dizer que em todos eles há alguma chance para ambos.
Em breve, um passeio estado a estado, por esses 16.
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*JOSEPH E. STIGLITZ – O Globo
Tanto a esquerda como a direita dizem defender o crescimento econômico. Então, para os eleitores, trata-se apenas de escolher entre equipes gerenciais alternativas? Quem dera fosse tão fácil. Parte do problema se refere ao papel da sorte. A economia americana, nos anos 90, foi abençoada por baixos preços da energia, alta taxa de inovação e uma China a oferecer cada vez mais produtos de boa qualidade a preços decrescentes, tudo combinando para resultar em inflação baixa e rápido crescimento.
O presidente Clinton e o então presidente do Fed (banco central), Alan Greenspan, merecem pouco crédito por isso — embora, a bem da verdade, tenham evitado políticas que pusessem tudo a perder. Em contraste, os problemas que enfrentamos hoje — altos preços de energia e alimentos e um sistema financeiro a desmoronar — foram, em grande parte, causados por políticas erradas.
Há grandes diferenças entre estratégias de crescimento, o que torna altamente prováveis resultados também diferentes. A primeira se refere à forma em que o crescimento é concebido.
Ele não é apenas a ampliação do Produto Interno Bruto. Precisa ser sustentável: crescimento com degradação ambiental, com consumo baseado em endividamento ou exploração de recursos naturais escassos, sem reinvestimento dos rendimentos, não é sustentável.
O crescimento deve ser inclusivo; pelo menos a maioria dos cidadãos deve ser beneficiada. Truques econômicos não funcionam: um aumento do PIB pode até piorar a situação da maioria dos cidadãos. O crescimento recente dos EUA não foi nem economicamente sustentável nem inclusivo. A maioria dos americanos está pior hoje do que há sete anos.
Mas não há um compromisso entre desigualdade e crescimento.
Os governos podem estimular o crescimento via aumento da inclusão.
O maior recurso de um país é seu povo.
É essencial assegurar que todos possam desenvolver seu potencial, o que requer oportunidades educacionais para todos.
Uma economia moderna requer também assumir riscos.
As pessoas ficam mais propensas a assumir riscos se houver uma boa rede de proteção. Se não houver, elas podem pedir proteção contra a competição estrangeira. Proteção social é mais eficiente que protecionismo.
Fracasso na promoção da solidariedade social pode ter outros custos, entre os quais os necessários para proteger a propriedade privada e manter encarcerados os criminosos.
Estima-se que, dentro de poucos anos, os EUA terão mais gente trabalhando em segurança do que em educação.
Um ano na prisão pode custar mais do que um ano em Harvard. O custo de manter encarcerados 2 milhões de americanos — uma das maiores taxas do mundo — deve ser subtraído do PIB, ao invés de adicionado.
Uma segunda grande diferença entre esquerda e direita diz respeito ao papel do Estado no desenvolvimento.
A esquerda entende ser vital que o Estado proveja infra-estrutura e educação, desenvolva tecnologia e até mesmo atue como empreendedor.
O governo assentou as bases da internet e da moderna revolução da biotecnologia. No século XIX, a pesquisa em universidades que recebiam apoio governamental possibilitou a revolução na agricultura.
O governo levou os avanços a milhões de fazendeiros americanos. Empréstimos para pequenos negócios foram cruciais na criação de novos negócios e também de novas indústrias.
A diferença final pode parecer estranha: a esquerda agora entende o mercado e o papel que ele pode e deve ter na economia. A direita, especialmente nos EUA, não. A nova direita, tipificada pela administração Bush-Cheney, é realmente o velho corporativismo em disfarce novo. Ela acredita num Estado forte, com poderes executivos robustos, usados em defesa de interesses estabelecidos e com pouca atenção aos princípios do mercado. A lista de exemplos é longa e inclui subsídios para grandes fazendeiros, tarifas para proteger a indústria siderúrgica e, mais recentemente, megaoperações de salvamento de Bear Sterns, Fannie Mae e Freddie Mac. Mas a inconsistência entre retórica e realidade vem de longe: o protecionismo cresceu nos anos Reagan, inclusive com a imposição da chamada restrição voluntária das exportações de carros japoneses.
Em contraste, a nova esquerda está tentando fazer o mercado funcionar.
Mercados livres não funcionam adequadamente por si mesmos — uma conclusão corroborada pela atual debacle financeira. Defensores do mercado algumas vezes admitem que eles falham, até desastrosamente, mas alegam que têm a propriedade de se autocorrigirem. Durante a Grande Depressão, argumentos similares foram ouvidos: o governo não tem de fazer coisa alguma porque o mercado restabeleceria o pleno emprego a longo prazo. Mas, como John Maynard Keynes disse, a longo prazo todos estaremos mortos.
O mercado não é autocorretivo num período de tempo relevante. Nenhum governo pode ficar sentado assistindo a um país cair na recessão ou na depressão, mesmo quando causadas por excesso de gula de banqueiros ou por avaliação equivocada do risco pelo mercado financeiro ou por agências de classificação. Mas, se são os governos que vão pagar a conta da economia no hospital, devem fazer de tudo para tornar menos provável a internação.
O mantra da direita sobre desregulamentação dos mercados estava errado, e agora pagamos o preço.
Que, em termos de perda de produção, será alto — talvez mais de US$ 1,5 trilhão apenas nos EUA.
A direita costuma alegar seu parentesco com Adam Smith, mas enquanto Smith reconhecia o poder do mercado, reconhecia também suas limitações.
Mesmo em sua época, empresários descobriram que podiam elevar mais facilmente os lucros conspirando para aumentar preços do que produzindo de forma mais eficiente mercadorias inovativas. Poderosas leis antitruste são necessárias.
É fácil dar uma festa. Por uns momentos, todo mundo pode sentir-se bem. Já promover o crescimento sustentável é muito mais difícil. Hoje, em contraste com a direita, a esquerda tem uma agenda coerente — que não oferece só mais crescimento, mas também justiça social. Para os eleitores, deveria ser uma fácil escolha.
*JOSEPH E. STIGLITZ é economista e foi Prêmio Nobel de Economia em 2001
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KENNETH MAXWELL
DIZ-SE QUE OS homens brasileiros prestam mais atenção às bundas do que aos peitos. Não é este o caso aqui no Reino Unido. Os peitos vencem as bundas em todas as disputas. E peitos eram assunto em destaque na imprensa durante esta semana.
A Corte de Apelações invalidou a condenação de um homem gay que vinha filmando outros homens secretamente no vestiário de uma piscina. Os juízes declararam que contemplar peitos masculinos era legal, mas o mesmo não se aplicava aos seios femininos, nos termos da legislação de combate aos crimes sexuais adotada em 2003. Apenas o peito feminino, determinou o tribunal, pode ser considerado como uma “parte íntima”. O juiz Hughes determinou que a “intenção do Parlamento era referente ao peito de uma mulher, e não ao peito masculino exposto”.
Curiosamente, as colunas de obituários estavam ao mesmo tempo exibindo fotos de um dos mais famosos peitos masculinos da história do cinema, o de John Phillip Law, que morreu aos 70 anos em Los Angeles. Law é lembrado especialmente como o anjo cego Pygar, em “Barbarella”, a obra-prima kitsch que Roger Vadim dirigiu em 1968. Dino de Laurentiis havia escalado Law, um belo californiano loiro e de físico imponente, como o anjo protetor, alado e seminu, da heroína intergaláctica e sexualmente insaciável interpretada por Jane Fonda.
Tudo isso se justapunha a colunas de fofocas nas quais muita gente batia no peito diante das espalhafatosas memórias de Cherie Blair, mulher do antigo primeiro-ministro britânico Tony Blair. A sra. Blair é uma advogada poderosa e ambiciosa e, de modo bem parecido ao da senadora Hillary Clinton, subordinou suas ambições às de seu poderoso marido. Agora, chegou a sua vez de brilhar. Entre as revelações da sra. Blair: ela foi para a cama com Tony no primeiro encontro, ainda que estivesse saindo com dois outros homens à mesma época. O filho mais moço do casal foi concebido porque ela considerava que levar camisinhas ao palácio de Balmoral, uma das residências da rainha, na Escócia, não seria uma boa idéia, dada a possibilidade de que os criados abrissem suas malas e ficassem chocados.
E assim por diante. Essa imagem de “bater no peito” é, claro, uma invocação bíblica. Em Jeremias, 9:17, ela invoca mulheres que são pagas para expressar pesar.
Muito apropriado à situação atual da sra. Clinton. Mas, em Isaías, 32:12, “batei no peito” é pretendido como estímulo ao crescimento de vinhas frutíferas, o que parece mais apropriado à sra. Blair, caso suas memórias, como as da sra. Clinton, venham a se tornar um best-seller.
KENNETH MAXWELL escreve às quintas-feiras nesta coluna. FOLHA DE SÃO PAULO
Tradução de PAULO MIGLIACCI
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Tom Ford defende Obama e união civil gay

Estilista que salvou a Gucci veio a São Paulo para inaugurar loja própria na Daslu
Espaço, que venderá peças da linha masculina assinada por Ford, é a primeira loja do designer ex-Yves Saint-Laurent na América Latina
VIVIAN WHITEMAN
DA REPORTAGEM LOCAL – FOLHA DE SÃO PAULO
Tom Ford é um homem admirado e invejado no mundo da moda. Salvou a maison Gucci da falência, colocando-a no topo do mercado fashion, e foi diretor de criação da Yves Saint-Laurent. Em 2004, no auge de sua fama, jogou tudo para o alto após desentendimentos com o poderoso conglomerado Pinault-Printemps-Redoute, que havia comprado o grupo Gucci.
Quando muitos declaravam sua aposentadoria precoce, Ford reapareceu em 2005 e criou uma marca com seu nome. Com várias parcerias na manga, lançou linhas de óculos, produtos de beleza e, em 2006, em acordo com o grupo Ermenegildo Zegna, anunciou a chegada da Tom Ford Menswear, que vende roupas masculinas altamente sofisticadas.
Anteontem, Ford esteve em São Paulo para inaugurar uma filial de sua grife masculina na Daslu (a flagship, luxuosíssima, fica em Nova York), a primeira na América Latina.
Bonitão, bem-humorado e charmoso, Ford não aparenta seus 46 anos e arrasta olhares femininos e masculinos por onde passa. Mas avisa logo: é muito bem casado, há 22 anos, com o jornalista Richard Buckley.
O estilista deu entrevista à Folha numa das suítes do hotel Fasano, onde ficou hospedado em São Paulo, e falou de moda, união civil gay e política. Texano como o presidente George W. Bush, ele não quer saber dos republicanos e pretende votar em Barack Obama.
FOLHA – Por causa de seu tipo físico e também de suas criações e campanhas ousadas, você ficou com a fama de ser um homem muito sexy…
FORD - Acho isso divertido, embora não me sinta um cara especialmente sexy. Eu sou muito tranqüilo, engraçado, gosto de dizer bobagens, de relaxar com os meus amigos. Mas percebo que as pessoas que não me conhecem esperam que eu seja um cara esnobe e sexualmente agressivo, com uma atitude muito atirada. Bem, sinto frustrar essa fantasia, mas ela não corresponde à realidade.
FOLHA – Sua vida é mais sossegada do que seus fãs imaginam, então?
FORD - Não diria sossegada, porque trabalho muito, viajo demais e tenho muitos amigos famosos, que dão festas e me convidam para eventos badalados. Mas não tenho uma vida maluca com segredos impublicáveis. Sou bastante comum, na verdade. A maioria das celebridades têm vidas e rotinas muito menos interessantes do que se pensa. Sabe, até a rainha Elizabeth deve cantar pelada no chuveiro, é o tipo de coisa banal que todo mundo faz…
FOLHA – Você está numa relação homossexual estável. O que pensa da legalização do casamento gay?
FORD - Quando me falam em casamento gay, eu sempre digo, vamos esquecer a palavra casamento. Dá a impressão errada, é uma palavra que sugere igreja, religião, e isso é um outro assunto. O que defendo é a união civil entre pessoas do mesmo sexo, a garantia de que casais gays possam dividir o patrimônio que construíram juntos, como qualquer outro casal. Infelizmente, os EUA estão bem atrasados nessa discussão.
FOLHA – Em quem pretende votar na próxima eleição presidencial?
FORD - Meu voto será certamente do Partido Democrata, mas temo que, com tanta divisão interna, John McCain acabe vencendo. Eu comecei no time da Hillary [Clinton], mas Barack Obama me parece o homem certo para os americanos neste momento. Os EUA estão perdendo o seu lugar de potência econômica, e não vão recuperá-lo. Ninguém quer mais guerras, esse tipo de solução militarizada não nos levará a nada. China, Rússia, Brasil, essas serão as potências econômicas futuras. Porém, os Estados Unidos podem ser a nova potência moral do mundo, um país com um governo disposto a trabalhar com as outras nações e a difundir valores de cooperação, de crescimento humano. Precisamos recuperar a essência dos EUA, que é muito bonita: um país que acolhe estrangeiros e dá chances a homens e mulheres com espírito empreendedor. Eleger Obama passaria uma mensagem positiva e nova para o mundo.
FOLHA – Então você considera o Brasil como um mercado promissor?
FORD - Sim, e não só para a moda. O Brasil vive uma onda de crescimento que ao que tudo indica não vai acabar tão cedo. Com os avanços na economia e as novas reservas de petróleo descobertas recentemente, as expectativas são ótimas.
FOLHA – Por que você escolheu a Daslu para instalar a sua loja?
FORD - É uma loja com público selecionado, que gosta de coisas exclusivas. Esse é o espírito da minha grife: roupas de altíssima qualidade, de corte impecável, para homens que viajam o mundo e prezam a elegância. Mas o principal atrativo da loja é o tipo de serviço que é oferecido. Os clientes são muito mimados e há dezenas de serviços à sua disposição. Poucas lojas no mundo têm esse tipo de atendimento. É o topo do VIP.
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Philip Roth
Blog Rosebud
O escritor americano Philip Roth falou à Spiegel sobre envelhecimento, sobre por que George W. Bush é o pior presidente americano da história, e revelou por que nunca dá o seu número de celular a ninguém.
Philip Roth, que vai completar 75 anos em março, é um dos autores norte-americanos vivos mais aclamados pela crítica. Seu livro “O Complexo de Portnoy”, de 1969, levou-o à fama, e ele deu continuidade ao sucesso, ganhando o prêmio Pulitzer com o livro “Pastoral Americana”, de 1997.
Muitos de seus livros têm o alter-ego ficcional de Roth, Nathan Zuckerman, como personagem principal. Zuckerman aparece novamente no último trabalho de Roth, “Exit Ghost”, em que o personagem volta a Nova York depois de muitos anos de exílio no interior da Nova Inglaterra.
A Spiegel conversou com Roth sobre “Exit Ghost”, as eleições americanas e os prazeres da vida no campo.
(mais…)
Tags: arte, autores, Bush, Clinton, escritores, hillary, Literatura, livros, negros, Obama, prêmios, Republicanos, revista, Roth
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da Folha Online
A pré-candidata democrata à Presidência dos EUA Hillary Clinton aparece com 9% a mais de intenções de voto que o provável candidato republicano John McCain, em pesquisa da Associated Press-Ipsos, dando força ao seu argumento de que ela tem mais chances de ser eleita que seu rival, Barack Obama. Em um cenário entre Obama e McCain, os dois estão tecnicamente empatados, segundo a pesquisa.
A sondagem divulgada nesta segunda-feira dá à senadora por Nova York um novo impulso em seus esforços por arrecadação de verbas e para persuadir superdelegados indecisos a ficarem ao seu lado, na convenção nacional da legenda, que decidirá o candidato do partido.
Ajudada por independentes, jovens e eleitores mais velhos, Hillary ganhou terreno neste mês em uma disputa hipotética com o senador pelo Arizona, que já alcançou o número necessário de delegados para se tornar o candidato republicano e aguarda a nomeação oficial. A ex-primeira-dama aparece liderando com 50% das intenções de voto contra 41%, enquanto Obama aparece tecnicamente empatado com McCain, com 46% contra 44%.
Os dois democratas apareciam praticamente empatados com McCain na pesquisa anterior, há cerca de três semanas.
Desde então, Hillary venceu a primária democrata na Pensilvânia, levantando dúvidas se Obama pode atrair eleitores de perfis diversos necessários para vencer em grandes Estados em novembro, quando o candidato democrata enfrentará McCain. Hillary venceu as primárias de praticamente todos os grandes Estados dos EUA, como Califórnia, Ohio e Texas.
Ao mesmo tempo, Obama foi colocado na defensiva após afirmar que os residentes de pequenas cidades dos EUA, amargurados, estavam recorrendo a armas e à religião, tendo sido deixados para trás no processo político. O senador pelo Illinois também teve que continuar a lidar com as controversas declarações de seu ex-pastor Jeremiah Wright.
Disputa democrata
“Não acho que exista nenhuma questão nas últimas três semanas que tenha melhorado sua situação (de Hillary)”, disse Harrison Hickman, pesquisador democrata que não apoiou nenhum dos pré-candidatos. Ele atribuiu os resultados de Hillary à mudança da população de um “estado de admiração”, no qual escolhiam o candidato que mais gostavam, para um “estado de tomada de decisão”, onde determinam quem deve ser o melhor presidente.
A pesquisa Associated Press-Ipsos mostra Hillary e Obama praticamente empatados na disputa pela nomeação democrata. Destacando as profundas divisões dentro do Partido Democrata –e um possível impacto negativo a longo prazo–, 30% dos eleitores de Hillary e 21% dos que apóiam Obama afirmaram que votarão em McCain em novembro se o seu candidato não vencer a nomeação.
Obama conseguiu mais delegados que Hillary nas primárias, mas ela têm vantagem sobre os superdelegados, sendo que cerca de um terço dos 800 pesos pesados do partido que participam da decisão do nomeado ainda não declararam quem apóiam.
Howard Dean, líder do Partido Democrata, disse nesta segunda que um dos dois saberá que é hora de desistir quando a temporada de primárias terminar, em junho, em tempo de os democratas se unirem antes da convenção em agosto e da campanha até novembro.
Dean também pediu aos superdelegados indecisos –membros do Comitê Nacional Democrata, assim como governadores e legisladores democratas– a se alinharem com um dos pré-candidatos antes da convenção, para que o partido se una contra McCain.
Cerca de metade dos entrevistados na sondagem disse que a longa disputa democrata irá prejudicar as chances do partido em novembro. Mais simpatizantes de Obama que de Hillary manifestaram essa impressão.
Com Associated Press
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