27/06/2009 - 18:39h Argentina renueva el Parlamento en un contexto de contracción económica

El Gobierno de Cristina Fernández afronta este domingo unas elecciones legislativas en las que están llamados a votar unos 28 millones de argentinos

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EFE – Buenos Aires – 27/06/2009 – El País

El Gobierno de Cristina Fernández afronta este domingo unas elecciones legislativas en las que están llamados a votar unos 28 millones de argentinos y está en juego la mayoría oficialista en el Parlamento, en un contexto de contracción económica después de seis años consecutivos de crecimiento económico.

La alarma por el avance de la gripe A N1H1, que hasta ahora ha causado 26 muertos, y las encuestas que prevén una reñida votación en la provincia de Buenos Aires, el mayor distrito electoral del país, son los otros elementos a tener en cuenta en unos comicios que tienen lugar en la mitad de la gestión de Fernández. En medio de medidas de prevención sanitaria en los lugares de votación, el domingo se renovará la mitad de los 257 escaños de diputados y un tercio de los 72 del Senado, además de legislaturas provinciales y municipales.

El Gobierno ha instalado unas 100 cámaras de vídeo en mesas electorales de populosos distritos bonaerenses vecinos a la capital argentina, como pidió la Cámara Nacional Electoral. “Bajamos la cantidad de electores por mesa para evitar inconvenientes y se instalaron cámaras de seguridad para darle mayor transparencia” a la votación, ha explicado el ministro de Interior, Florencio Randazzo, quien ha calificado de “irresponsables” las denuncias de algunos candidatos opositores sobre posibles fraudes.

Randazzo ha explicado que las denuncias de fraude tienen “la intencionalidad política” de quitar “legitimidad” a “aquellos que finalmente son elegidos por la voluntad popular” en unas elecciones en las que se movilizará a unos 120.000 efectivos de las Fuerzas Armadas y de seguridad.

El ex presidente Néstor Kirchner (2003-2007), esposo, antecesor de Fernández y quien encabeza la lista oficialista de diputados por la provincia de Buenos Aires, se juega en estos comicios no solo la mayoría parlamentaria del oficialismo y sus aliados, sino su estabilidad como líder del Partido Justicialista (PJ, peronista). La hegemonía de Kirchner se ve amenazada por el empresario Francisco de Narváez, que aspira a un escaño de diputado al frente de la coalición Unión-Pro, formada por peronistas disidentes como él y seguidores del conservador Mauricio Macri, el alcalde de la capital argentina, líder de Propuesta Republicana (Pro).

Los últimos sondeos arrojan un empate técnico entre ambas fuerzas políticas en la provincia de Buenos Aires, tradicional bastión peronista, cuyo voto es decisivo para dibujar el mapa político del país con vistas a las presidenciales de 2011.

En la capital argentina, segundo distrito electoral del país, se da por descontada la victoria de Gabriela Michetti, candidata de Pro, seguida por la lista de centroizquierda del cineasta Fernando Pino Solanas, convertido en la revelación de estos comicios, y con estrecho margen sobre Alfonso Prat Gay, aspirante del Acuerdo Cívico y Social, en tercer lugar. Este resultado supondría que Carlos Heller, del Frente para la Victoria de Kirchner, sería el gran perdedor de la jornada en la capital argentina.

También se prevén derrotas de las listas del oficialismo en las provincias de Córdoba (centro), donde la liza se centra entre peronistas disidentes, y Santa Fe (noreste), el tercero y cuarto distrito electorales del país, respectivamente. En Santa Fe, las encuestas vaticinan una reñida votación entre el ex corredor de Fórmula Uno y peronista disidente Carlos Reutemann y el socialista Rubén Giustiniani, quienes aspiran a renovar sus banca de senadores. Reutemann aspira a ser candidato presidencial del peronismo en 2011, mientras que una victoria socialista reforzaría la pretensión del gobernador santafesino, Hermes Binner, a competir por la jefatura del Estado.

Algunos analistas políticos, que prevén que el oficialismo perderá la mayoría parlamentaria aunque se mantendrá como principal fuerza política, han adelantado que los resultados electorales de este domingo pueden demorarse por lo ajustado de la votación en la provincia de Buenos Aires y la coincidencia de las legislativas provinciales y municipales.

10/05/2009 - 19:25h Comienza el asalto al trono de los Kirchner


El esposo de la presidenta argentina se moviliza ante las cruciales legislativas de junio

Comienza el asalto al trono de los Kirchner

SOLEDAD GALLEGO-DÍAZ – Buenos Aires – 10/05/2009 – El País

Las elecciones legislativas argentinas del 28 de junio, a punto de que se abra la campaña electoral, se anuncian como una pelea muy dura. No se trata sólo de conservar mayorías parlamentarias, sino que se han convertido en una lucha directa por el poder: se trata de quitarles, o pegarle una gran tajada, al poderío de los Kirchner en los dos años de presidencia que le quedan a Cristina Fernández, y de saber quién queda situado como posible alternativa en 2011.

Peronismo disidente, que podría caracterizarse, más o menos, como un centro-derecha; el radicalismo, que se identificaría con el centro-izquierda; y el kirchnerismo, el peronismo oficialista, que representa el matrimonio Néstor y Cristina Kirchner, y que tendría un difícil encaje ideológico, son las tres corrientes que compiten en estas elecciones.

Los comicios se van a desarrollar en un escenario político en el que la gran mayoría de los argentinos cree, según el último sondeo de MRC Mori, que el segundo problema del país es la clase política (el número uno es la inseguridad) y en el que son muy pocos los políticos que llegan al aprobado: los Kirchner, por ejemplo, rondan el 50% de imagen “mala o muy mala”.

La elaboración de las listas, que se cerraron a las doce de la noche del sábado, ha sido trabajosa, porque había que poner de acuerdo a multitud de personajes, pero, a falta de confirmación y a expensas del misterio alentado por Néstor Kirchner, parece que la decisiva pelea por la provincia de Buenos Aires la encabezarán el propio Kirchner, los disidentes Francisco de Narváez-Felipe Sola y los radicales Margarita Stolbizer-Ricardo Alfonsín.

El que más se juega es Kirchner, presidente del Partido Justicialista. Las encuestas indican que ha bajado en popularidad y que va a perder escaños y votos. Su posición está debilitada en las provincias de Santa Fe, Córdoba y Mendoza. Pero lo que más importa es la poderosa provincia de Buenos Aires. Ahí es, especialmente en el llamado “conurbano”, el doble cinturón empobrecido de la capital, donde el oficialismo tienen que echar el resto.

La debilidad de Kirchner quedó de manifiesto en dos movimientos: adelantar los comicios, que debían celebrarse en octubre, para ganarle algunos meses a la crisis económica; y poner en marcha las polémicas candidaturas testimoniales. Se trata de personas que ocupan cargos públicos, a las que Kirchner fuerza a presentarse en su lista, aunque los interesados no ocultan que renunciarán a su escaño media hora después de conseguirlo.

Testimonial, aunque en este caso no vaya a renunciar a su escaño, es también la candidatura de la actriz Nacha Guevara, de 69 años, quien probablemente ocupe el tercer puesto en la lista de Néstor Kirchner. Guevara ha interpretado hasta hace pocos días, con formidable éxito, el musical Evita, y su imagen se confunde con la del gran mito peronista.

La campaña de los Kirchner se ha basado en la idea de yo, o el caos, con frecuentes alusiones a la crisis del 2001 y al corralito (que acabó con buena parte de los ahorros de la clase media). “O ganamos nosotros o nadie se ocupará de los pobres”, aseguró la presidenta Cristina Fernández.

Un sondeo hecho público ayer por la revista Perfil indica que los ciudadanos creen que la situación del país es mala o muy mala (61%) y el 50% cree que irá todavía a peor en los próximos tres meses. Por encima, incluso, del miedo a perder el empleo o a la subida de precios, los argentinos están preocupados por lo que perciben como un fuerte aumento de la delincuencia. La corrupción, que, según muchos estudios internacionales, es uno de los grandes problemas del país, no es percibido así por los ciudadanos (8%).

La oposición parece decidida a dar la batalla en los temas económicos y de seguridad. Francisco de Narváez, que posee una gran fortuna (producto de la venta de una cadena familiar de supermercados), está seguro de que el aumento de la delincuencia es uno de los grandes asuntos en Buenos Aires y ha invertido una importante cantidad de dinero en anuncios publicitarios en televisión. Solá, a su lado, ofrece experiencia y dominio de una parte del aparato peronista, sin el que nadie cree en Argentina que se pueda gobernar.

Los radicales, por su parte, intentan recuperar la imagen del fallecido Raúl Alfonsín y su defensa del diálogo y las instituciones. El objetivo de todos ellos es el mismo una vez en el Parlamento: forzar a los Kirchner, a los que acusan de autoritarismo, a negociar la gobernación del país.

21/03/2009 - 15:54h Brasil y Argentina mantienen su pulso comercial


Brasil y Argentina mantienen su pulso comercial
Cristina Fernández y Luiz Inácio Lula da Silva, en el foro empresarial celebrado ayer São Paulo.- AP

FRANCHO BARÓN – Río de Janeiro – El País

“La devaluación del real también es proteccionismo”, afirma Fernández

Los presidentes de Argentina y Brasil, Cristina Fernández y Luiz Inácio Lula da Silva, intentaron eludir ayer el espinoso asunto de las relaciones comerciales entre sus países, pero no lo consiguieron. Se encontraron en São Paulo, en el marco de un foro empresarial bilateral, y el malestar entre sus respectivos sectores industriales pudo más que los buenos propósitos de hablar sobre asuntos más agradecidos, como la posición común que los Gobiernos de Brasilia y Buenos Aires pretenden llevar a la cumbre del G-20, que se celebrará el próximo 2 de abril en Londres.

Lula, que profesa públicamente su oposición frontal al proteccionismo de los mercados nacionales y que, para predicar con el ejemplo, recientemente fulminó un plan de restricciones a la entrada de 3.000 productos en Brasil, mira con malos ojos la decisión argentina de imponer barreras comerciales a una lista de 200 productos, muchos de ellos brasileños.

Fernández, sin embargo, justifica la permanencia de estas licencias no automáticas de importación con el argumento de que la balanza comercial entre Brasil y Argentina se inclina desproporcionadamente hacia el primero, algo que, según ella, en tiempos de crisis rampante es mucho menos soportable. La presidenta argentina también esgrime la mala racha que atraviesa el sector industrial de su país y la necesidad apremiante de reestructurarlo. “Con economías de diferente desarrollo y una desventaja en la balanza comercial, es natural que se adopten medidas para no agravar una situación que es estructural”, dijo ayer Fernández, que compareció ante la prensa junto a Lula.

La actitud del Gobierno argentino molesta al sector industrial brasileño, básicamente porque la crisis mundial ya ha impactado de lleno en Brasil y sus indicadores de crecimiento económico y producción industrial no paran de caer en picado. El último boletín semanal difundido por el Banco Central de Brasil sitúa la previsión de crecimiento para este año en el 0,59%, cuando el producto interior bruto (PIB) brasileño cerró 2008 en un alentador 5,1%. Para los industriales brasileños resulta especialmente sangrante el hecho de que su Gobierno anunció en enero nuevas restricciones a la entrada de 3.000 productos (aproximadamente, el 60% de sus importaciones) en su mercado. En aquel momento Argentina protestó enérgicamente y Lula, en un gesto paternalista y de buena vecindad, decidió dar marcha atrás con las barreras comerciales.

Según fuentes gubernamentales brasileñas, Lula no está de acuerdo con las medidas proteccionistas que se están aplicando en Argentina, aunque no le queda más remedio que respetarlas. “El proteccionismo es casi una religión. Cuando pasa algo [como la crisis mundial] todo el mundo quiere defender a sus empresas y a sus economías. Esto es normal”, afirmó ayer Lula en tono conciliador. Sin embargo, hizo énfasis en la necesidad de que los países se protejan contra las prácticas de dumping y abogó por reforzar los intercambios comerciales con sus países vecinos. “Cuanto más nos vendamos mutuamente, más independientes seremos del bloque de los países desarrollados”, concluyó.

Fernández, por su parte, se mostró menos diplomática que su homólogo brasileño y aludió sin rodeos a las que su Gobierno considera medidas proteccionistas brasileñas. “También es, por ejemplo, devaluar una moneda. La reciente devaluación del real frente al dólar también se podría calificar de medida proteccionista. Y los beneficios fiscales que algunos Estados brasileños otorgan a las empresas que se radican en sus territorios también pueden ser medidas proteccionistas”, enumeró la presidenta argentina.

La tensión por la gresca comercial con el vecino austral, que tiene en pie de guerra a buena parte de la industria brasileña, vino a sumarse ayer a la difusión de dos encuestas que registran una preocupante caída de la popularidad del Gobierno capitaneado por Lula. El Instituto Brasileño de Opinión Pública y Estadística (IBOPE), cifró ayer en nueve puntos porcentuales la disminución de la aprobación popular al actual Gobierno. Según la institución, la buena imagen del Ejecutivo brasileño ha caído por primera vez desde el inicio de su segundo mandato, desde el histórico 73% registrado el pasado diciembre hasta el 64% actual.

Por su parte, la empresa de sondeos Datafolha apunta a una caída de cinco puntos en la aprobación de la gestión del Gobierno brasileño, desde el 70% registrado el pasado noviembre hasta el 65% de hoy. La mala noticia se debe, según los encuestadores, a los preocupantes indicadores económicos del país, que empeoran cada día que pasa.

09/11/2008 - 17:48h Los dos presidentes Kirchner

Las continuas interferencias del ex dirigente perjudican a su esposa

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SOLEDAD GALLEGO-DÍAZ – EL PAÍS de Buenos Aires

La presidencia de Cristina Fernández de Kirchner, que hace sólo 11 meses obtuvo una rotunda victoria electoral, se está viendo oscurecida por la interferencia frecuente de su marido, el ex presidente Néstor Kirchner, a quien los argentinos atribuyen una buena parte de las decisiones gubernamentales.

El esposo de la presidenta conversa habitualmente con algunos ministros y con el jefe de Gabinete; recibe y discute, a veces a gritos, con los principales empresarios e inversores, extranjeros y locales, y no oculta su influencia determinante en las decisiones relacionadas con la vida económica del país. “Kirchner dio la orden [al banco central] de intervenir [para evitar la subida del precio del dólar]“, titulaba recientemente el diario La Nación. “Kirchner se resiste a aceptar cambios en la negociación [de las Administradoras de Fondos de Jubilaciones y Pensiones]“, asegura Clarín. “Kirchner” es siempre el ex presidente. A su esposa, la primera mandataria, se la conoce, simplemente, como Cristina.

En el entorno de la Casa Rosada se muestran inquietos por estos comentarios constantes y por el daño que puedan hacer a la imagen de la presidenta. Los Kirchner, afirman, siempre han sido una sociedad política y cuando el presidente de la república era él, muchos le acusaban de hacer excesivo caso a su esposa, que era entonces senadora. Ahora los papeles se han invertido, aseguran.

El problema es que Néstor Kirchner no aparece como consejero de la presidenta, sino como fuente directa de poder y que esa imagen desgasta el valor de la figura de Cristina Fernández. El protagonismo del ex presidente fue tan abrumador durante la larga crisis del campo (el intento, frustrado, de subir los impuestos a las exportaciones agrícolas) que, superada la tempestad, pareció que era consciente de lo ocurrido y que estaba dispuesto a poner más cuidado en las formas. Los buenos propósitos no duraron mucho porque la crisis desatada por la estatalización de los fondos privados de pensiones volvió a colocar todos los focos en él.

Los Kirchner llevan casados 34 años, tienen dos hijos (prácticamente ausentes de la vida pública, quizás como contraste con la odiada etapa de Carlos Menem y su hija Zulemita), y siempre han funcionado como un bloque político. En la pareja, él es el hombre de poder mientras que ella cultiva una imagen más académica e intelectual. Cristina Fernández fue siempre mejor que él a la hora de hablar en público sin papeles, de captar la atención en un escenario o de comunicar con los electores. Durante mucho tiempo se dijo que era ella quien escribía los discursos de su marido. Cuando Néstor Kirchner ganó las elecciones y se hizo con la presidencia de la República, Cristina, senadora, desplegó una gran tarea política. Cuando alguien criticó su enorme influencia, zanjó la discusión sin complejos: “Soy la última persona que él ve antes de dormirse”.

Néstor Kirchner renunció a un segundo mandato en 2007 y dio paso, de manera casi imperial, a la candidatura presidencial de su mujer. Su control del movimiento justicialista era tan grande que nadie alzó la voz. Algunos pensaron incluso que lo que pretendía era perpetuarse en el poder, sustituyendo a su vez, llegado el momento, a Cristina Fernández. En cualquier caso, prometió mantenerse en un segundo plano (bromeó con la idea de dirigir un café literario) y no hacer sombra a la nueva presidenta de la nación, para que pudiera asentar su propia autoridad. Cristina Fernández de Kirchner obtuvo en diciembre de 2007 una victoria resonante: el 45% de los votos y 22 puntos de diferencia sobre el segundo clasificado. El huracán Cristina no necesitó siquiera una segunda vuelta.

Once meses después, los sondeos indican que la popularidad de la presidenta ha experimentado una erosión muy notable. Durante la crisis del campo llegó a ser de sólo un 20%-25% de aceptación, 30 puntos menos que en enero, según los datos, entre otros, de la consultora Poliarquía.

La anunciada retirada de Néstor Kirchner no llegó a producirse en ningún momento. Bien al contrario, desde el primer día el ex presidente mantuvo una presencia política muy intensa, que formalizó, en parte, haciéndose elegir como máximo dirigente del Partido Justicialista.

Además, el hecho de que en el Gobierno de Cristina Fernández figuran ministros que ya habían desempeñado funciones en el del ex presidente facilitó la confusión y los contactos y despachos directos, al margen de la presidencia. Es el caso, por ejemplo, del ministro de Planificación, Julio de Vido, del que depende la importante inversión pública, y que ocupó el mismo puesto con Néstor Kirchner.

Las dudas sobre el “reparto de competencias” entre los Kirchner (él se reservaría las decisiones económicas mientras ella viaja por todo el país e intenta recuperar apoyos políticos) no afectan, sin embargo, a la convicción de que los dos mantienen una absoluta afinidad ideológica. “No se trata de que el ex presidente tome decisiones que ella no comparte. El pensamiento político de los dos es común”, explica Eduardo Van der Kooy, destacado columnista de Clarín.

La explicación que da el entorno del ex presidente, según Van der Kooy, es que la llegada de Cristina Fernández a la presidencia fue seguida de crisis muy difíciles: el valija-gate (investigación judicial sobre fondos venezolanos empleados ilegalmente en la campaña electoral de Cristina), la crisis del campo, el momentáneo caos financiero provocado por la decisión de nacionalizar los fondos privados de pensiones… Fueron crisis rápidas y de tal envergadura que Néstor Kirchner creyó que no podían resolverse sin su participación directa. Muchos creen, sin embargo, recalca el comentarista, que el ex presidente nunca tuvo realmente voluntad de retirarse a un segundo plano. En la sociedad Kirchner, él fue siempre el jefe político y Cristina Fernández acepta ese liderazgo.

Como no podía ser menos en Argentina, un país con una fuerte tradición psicoanalítica, muchos comentaristas buscan también explicaciones en las relaciones personales entre los dos políticos y en una posible dependencia psicológica dentro de la pareja. “No todo se explica desde la racionalidad. Es posible que existan componentes psicológicos”, acepta Van der Kooy.

Cristina Fernández de Kirchner nunca se ha considerado a sí misma feminista ni las feministas argentinas la reconocen como alguien cercano. La presidenta nunca se ha significado por su actividad en ese campo, e incluso cultiva voluntariamente una imagen física muy tradicional, a la argentina, con mucho maquillaje y con una esforzada atención a la imagen estética. “Me pinto como una puerta desde que tengo 14 años y tardo más tiempo en maquillarme y vestirme que en el gimnasio”, confesó en una de las escasas entrevistas que ha concedido.

La falta de militancia feminista no impidió que en su toma de posesión Cristina Fernández de Kirchner hiciera repetidas referencias a su condición de mujer. “Siendo una doble responsabilidad, como presidenta y por el género”, dijo, al tiempo que hacia un llamamiento convocando “a las hermanas” para que se sintieran representadas en su presidencia.

Dora Barrancos, directora del Instituto Interdisciplinario de Estudios de Género, de la Universidad de Buenos Aires, reconoce la falta de interés de la presidenta por cuestiones relacionadas con el feminismo, y sobre todo, la falta de políticas de género desarrolladas por su Gobierno, pero no comparte las explicaciones psicológicas que le atribuyen a ella una cierta relación de dependencia. “Es cierto que Néstor Kirchner es bastante incontinente y no guarda las formas republicanas con su excesivo papel protagonista, sobre todo durante la crisis del campo, pero una cosa es que él desborde continuamente su actual condición de ex, y otra que ella no pueda tomar decisiones sin su aceptación. Eso no es cierto. El problema no es que ella no pueda dar pasos sin él, sino que él da muchos pasos que no debería”, comenta.

Lo que nadie duda en Argentina es que los Kirchner son dos presidentes y una única sociedad, una única marca de poder.

10/12/2007 - 14:14h Cristina, la muchacha peronista

10/12/2007 - 11:53h Cristina Fernández de Kirchner: Una militante de los tormentosos años 70 llega al centro del poder

Nació hace 54 años. Vivió en una ciudad que desbordaba euforia y sangre hasta el golpe de 1976. Eligió el Sur junto a su flamante marido. Desde allí comenzó su carrera política, que la pone hoy en la Presidencia.

Por: Alberto Amato

Clarín

Mocosa impertinente!! La frase sonó a bofetada en labios del senador Eduardo Menem, que de impertinencias entendía un rato, y estaban dirigidas a Cristina Kirchner, senadora flamante en mayo de 1995. Se discutía la distribución de cargos en el Senado y el menemismo intentaba imponer la “antigüedad”. “Yo soy representante de una provincia, igual que usted, senador -le había dicho la legisladora-. Claro que no soy la hermana del Presidente.”

El duelo verbal le viene pintado a la futura presidenta. Está en su salsa. Y quienes la enfrentan, están en la salsa de ella. Es una marca generacional. Nació el 19 de febrero de 1953 y en La Plata. Pertenece a la generación que discutía de política en la mesa de los domingos con padres, hermanos y tíos; la generación a la que en la escuela primaria se le preguntaba “¿En tu casa qué son? ¿Peronistas o contreras?” cuando ya el peronismo tenía firmado un certificado de defunción que nunca entró en vigencia. La futura presidenta es de la generación del país partido en dos.

Y de La Plata, que no es un dato menor. Tener veinte años en La Plata en los años 70 era algo especial. Cada sábado al mediodía, por 7 y 49, paseaban las muchachas más bellas del planeta, con los buitres al acecho; se armaba un programa cargado de promesas y se terminaba en Bellas Artes viendo “Operación Masacre” en la clandestinidad; o en un centro de estudiantes, fascinados frente al filme en blanco y negro en el que Perón dejaba sus charlas de “Actualización doctrinaria”. En el peor de los casos, se terminaba en alguna casa generosa, con guitarra y Serrat, o Viglietti, o “el libro de poemas que los amantes llevan siempre a la cabecera de la cama”, al decir de Neruda. Todo amenizado como era debido: con las majestuosas papas fritas de “La Aguada”.

Era imposible no ser peronista en los 70 y en La Plata, porque los padres de aquella generación eran radicales o conservadores.

Eduardo Fernández, padre de Cristina, era un comerciante radical, balbinista. Ofelia, la mamá, una mezcla de conservadora y dirigente sindical. Las discusiones en la mesa de los Fernández eran feroces. Como feroces eran las peleas de la alumna Fernández con sus profesores de secundaria. Sólo hallaba un remanso en los avatares de epopeya de la mitología griega. “Siempre digo -ha dicho alguna vez la futura presidenta para sintetizar sus batallas familiares- que soy la simbiosis perfecta entre radicales y peronistas.” Amén. Eso sí es digno de la mitología griega.

En 1973 llegó a la Universidad Nacional de La Plata para estudiar Derecho. La UNLP era toda un hervidero. Lanusse en retirada, Cámpora al Gobierno, Perón al Poder (con P mayúscula) y aquel se van, se van y nunca volverán de aquellos jóvenes que creían de verdad lo que decían creer. Y las asambleas. Largas, interminables, profusas, durísimas. Todavía todo era adolescente. Si algún tono de voz perdura hoy en la futura presidenta, algún gesto rígido, alguna modulación cortada a hachazos que puede herir algunos oídos, tal vez deba atribuirse a esa marca registrada: La Plata y los 70. El mundo ha cambiado mucho desde entonces, todo se ha tornado más civilizado, más neutro, más desapasionado. Se firman sentencias de muerte, pero con buena letra, Serrat dixit. Pero en aquel entonces, hasta las misas en la Catedral eran cuasi una asamblea popular que monseñor Antonio Plaza toleraba con sonrisas resignadas, antes de poner su báculo al servicio del terrorismo de Estado.

La señora Kirchner ha reflexionado sobre su propia generación y sobre aquellos años. “Critico -dijo a este diario no hace tanto tiempo- su militarización, su desprecio por los instrumentos democráticos que, en definitiva era un desprecio a la voluntad popular. Pero de mi generación reivindico sí la preparación intelectual, el compromiso, los valores, tantas cosas…”

Después llegaron los asesinos. La Plata fue un ensayo general del terrorismo de Estado que llegaría en 1976. La Triple A y otros grupos criminales se lanzaron a una fiesta de sangre en la que los jóvenes militantes, palabra caída en desuso, eran fusilados contra las mismas paredes que pintaban al amparo de la noche.

Cristina y Néstor Kirchner se conocieron en octubre de 1974, con el país enlutado todavía por la muerte del General. Ella era compañera de estudios de la novia de un compañero de estudios de él. Así de simple. Amor y militancia. Los dos formaron parte de la Juventud Peronista. Y todo iba muy rápido. Seis meses de noviazgo y el casamiento el jueves 8 de mayo de 1975. Ese mismo día, la presidenta Isabel Perón recibía a una delegación de chicos coreanos y la Policía hallaba en Villa Celina el cadáver destrozado a balazos de Alfredo Ongaro, de 21 años, hijo del dirigente gráfico Raimundo Ongaro, en ese momento preso a disposición del Poder Ejecutivo. La ceremonia del casamiento de Cristina y Néstor terminó por espantar al ya sufrido papá Eduardo: la barra de amigos y amigas de los novios cerró la ceremonia con la “Marcha Peronista”. Perón, Perón, qué grande eras.

El 24 de marzo de 1976 los jóvenes Kirchner eran dos sombras en las calles platenses ocupadas por las Fuerzas Armadas: “Nos fuimos de casa a una pensión de mala muerte. Esa madrugada no pudimos dormir porque sonaban ametralladoras y explosiones. Debe ser por eso que me cuesta tanto ir a La Plata. Amo a esa ciudad donde pasé mi vida, mi adolescencia. pero también me recuerda esos años violentos y a toda la gente que ya no está más.”

El resto es historia conocida. Para no ser dos más de los que no están más, los Kirchner se van al Sur desolado. «él abogado, ella con tres materias a rendir antes del título. En Río Gallegos establecen el “Estudio Jurídico Kirchner”, una empresa de asesoramiento financiero que fue exitosa: 22 de las 24 propiedades que figuran en la declaración jurada de la futura presidenta fueron compradas en esos años.

Al contrario que con otras vidas, a las que los años de plomo deshicieron, la pareja Kirchner se mantuvo unida. Un caso especial. Ella habla de él y le dice “Kirchner”. Ni mi esposo, ni mi marido… “Kirchner”. En aquellos otros años hubiera dicho, tal vez lo haya hecho, “Mi compañero”.

Ama El Calafate, una ciudad donde la bautizaron “La Bruja”. Allí les murmura a sus plantas y escucha su música: Serrat, cómo no, Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, Luis Eduardo Aute, la “Negra” Sosa, algo de ópera y Vivaldi. Ojalá los cimbronazos del poder la inclinen a la sinfonía y al período romántico, que reconfortan tanto como el barroco.

En el 89 fue diputada provincial en Santa Cruz, en el 93 diputada nacional por Santa Cruz, en el 95 senadora, en el 97 se fue de la Cámara alta (”No soy, no fui ni seré menemista”) para ser diputada: la habían borrado de todas las comisiones de la Cámara por pedir públicamente la renuncia de Oscar Camilión, ministro de Defensa, por la venta de armas a Ecuador y Croacia; en el 98 se declaró duhaldista; en 2002, después de la hecatombe, fue de nuevo senadora. En 2003 arriesgó: “No quiero ser presidenta.” Cosas que se dicen. Nunca dejó de lado su carácter, que tanto irritaba a algunos de sus pares en el Senado: rebeldía, frontalidad, pasión, capacidad de análisis, fortaleza de carácter y aquellas altas torres de la primera juventud: justicia social, derechos humanos. Todas estas calidades pueden convertirse en una carga en el sillón mayor de Balcarce 24.

Cree que la mujer da un valor agregado a la actividad política: Aportamos mayor simplicidad para exponer las cosas. Somos más directas, más llanas, en algunos casos, más jugadas. Lo que me niego a decir es que somos menos corruptas. Eso no es una cuestión de género.

Quién sabe cuáles recuerdos, cuáles imágenes, cuántas voces, cuántas luces, cuántas ausencias y cuáles sombras pasarán por su cabeza cuando jure como el último eslabón que faltaba gobernar en el peronismo de los últimos treinta y cinco años: el de las jóvenes militantes de los tumultuosos 70.

Cuando lo haga en la tarde de hoy, el destino de este país veleidoso y sufrido estará en sus manos.

10/12/2007 - 07:53h O que esperar da nova presidenta


Por Roberto Luis Troster

Valor

Hoje assume a presidência da Argentina Cristina Fernández de Kirchner, esposa do seu antecessor. A questão é se é o começo de uma mudança ou se é mais do mesmo. Os argumentos mostrando a continuidade são óbvios: a manutenção de quase todo o gabinete, os anúncios na política econômica e a proximidade do ex-presidente e marido. Entretanto, ela tem a opção de surpreender.

“Cristina no governo e Nestor no poder”. A frase reflete a percepção de que foi apenas uma reeleição maquiada. Afinal, não teria sido eleita sem o marido, que assumiu a Argentina em crise e a entregou com um crescimento médio superior a 8% em cinco anos. Mesmo com os problemas criados, é um resultado respeitável. É o segundo ex-presidente de maior popularidade na história argentina, só perde para Perón.

É fato também que Nestor Kirchner deve boa parte de seu sucesso a Cristina. Ela teve uma participação e influência decisiva em toda a vida política do marido. Quando foi eleito, em 2003, era um político provincial, sem projeção nacional, que teve apenas 22% dos votos, boa parte deles em protesto contra políticos tradicionais; na época, Cristina já era uma figura conhecida no Congresso Nacional, com brilho próprio. Além de parlamentar por mérito dela, é carismática, tem uma visão de mundo aberta, é independente e se apresenta como uma pessoa flexível.

Tem legitimidade para o cargo. Foi eleita com 45% dos votos, mais que o dobro do segundo colocado. Seu partido elegeu 19 dos 24 governadores e controla a Câmara, com 161 dos 257 deputados e 47 dos 72 senadores. A oposição está dispersa, os caudilhos antigos se foram e todos os partidos políticos, incluindo o seu, não têm programas consistentes de futuro. Tem as condições para fazer acontecer.

Começa o governo com a economia crescendo, reservas de US$ 40 bilhões e apoio popular. Mas também inicia com as relações internacionais intrincadas e com os primeiros sinais de esgotamento da política econômica; o espaço para crescer no embalo do preço das exportações está se reduzindo. Ela tem tempo para mudar, mas não pode esperar até o final do mandato.

Os sintomas de que o atual paradigma econômico é limitado estão cada vez mais fortes – inflação em alta, investimentos baixos, superávit fiscal em queda, dificuldades para acessar o mercado internacional de crédito, racionamento de energia e diminuição nas taxas de crescimento – e os instrumentos de controle estão cada dia mais fracos – congelamentos de tarifas, acordos setoriais, tabelamento de cesta básica, tributação discricionária e pressão política para segurar preços.

Cristina não teria sido eleita sem o marido, que assumiu a Argentina em crise e a entregou com um crescimento médio de 8%

Enquanto, na frente internacional, Cristina mostra sinais de uma mudança oportuna, na área econômica preocupa. A inserção externa argentina é complicada: tem um relacionamento próximo demais com a Venezuela, que a afasta de Washington; problemas com o Uruguai e com o Chile; e ainda sente a ressaca do calote da dívida em 2001. A presidenta sinalizou uma abertura mais conveniente: já na campanha se aproximou da comunidade européia, abrindo o diálogo para resolver as pendências com o Clube de Paris, soube manter uma distância amigável com Chávez e se posicionou bem com o Brasil, onde fez a primeira visita oficial como presidenta eleita.

Em economia, os indícios são ruins. Fala-se de um keynesianismo ortodoxo, pacto social, proteção aos setores menos competitivos, impostos distorcivos nos setores competitivos e câmbio desvalorizado. São propostas obsoletas e inadequadas, que vão funcionar por pouco tempo. Keynes morreu há mais de 60 anos e seu receituário era para a economia inglesa de 1930, não para a Argentina de 2007 – é inadequado hoje; o pacto social é uma cortina de fumaça para driblar a inflação por algum tempo; e os favorecimentos setoriais mascaram ineficiências e sufocam os setores mais dinâmicos da economia. Se adotadas, essas políticas vão funcionar por algum tempo. No médio prazo, estão fadadas ao fracasso.

A história está cheia de exemplos mostrando que essas políticas não geram crescimento sustentável e se esgotam. É uma concepção da economia neomercantilista extrativista, que funciona se apropriando de riquezas, em vez de gerar valor. A Argentina aumentou seu PIB, mas caiu nos rankings de competitividade. Tornou-se vulnerável às oscilações dos preços das commodities, que vão permanecer elevados por um tempo, mas não para sempre.

O grande desafio para Cristina é mudar o paradigma econômico para obter um crescimento mais duradouro e menos dependente. A tarefa é complexa. Entretanto, as condições para a mudança são boas e não há nenhuma barreira intransponível. A mais urgente é arrefecer a inflação e todo o esquema de controle artificial de preços. Há outras, como recuperar o sistema bancário em frangalhos, expandir o crédito, melhorar a eficiência dos gastos públicos, implantar uma política energética, corrigir a tributação e estimular os setores produtivos a ganhar mais eficiência. A mais importante é como inserir, de forma conveniente, a Argentina no Século XXI.

É necessária uma estratégia fundamentada em premissas sólidas. O desenho do quadro institucional deve ser adequado aos novos tempos, destacando-se as reformas trabalhista, tributária, do judiciário, da saúde e educacional. Este último caso é emblemático: a Argentina tinha um nível de educação elevado, chegou a ganhar quatro prêmios Nobel, e atualmente apresenta indicadores medíocres. As combinações das políticas monetária, fiscal e cambial devem ser consistentes intertemporalmente. Enfim, falta uma agenda crível para o novo governo.

Cristina pode fazer acontecer e se transformar numa figura de dimensões históricas ou continuar nesse barco e ser apenas lembrada como mais uma. Tem coragem e estilo para surpreender. Conseguirá?

Roberto Luis Troster é sócio da Integral Trust.

09/12/2007 - 18:27h La economía que recibirá Cristina Kirchner, un manto de tranquilidad y expectativa


Clarín | Las cuentas públicas gozarán durante 2008 de buena salud. El reciente aumento a las retenciones al agro, el petróleo y la minería generan alivio. Sin embargo, hay compromisos por intereses de la deuda. Y se espera un pago de 6000 millones de dólares el Club de París, que no se haría todo junto el año próximo.

 

 

 

 

 

 

 


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09/12/2007 - 18:22h La economía que recibirá Cristina Kirchner, un manto de tranquilidad y expectativa

Clarín | Las cuentas públicas gozarán durante 2008 de buena salud. El reciente aumento a las retenciones al agro, el petróleo y la minería generan alivio. Sin embargo, hay compromisos por intereses de la deuda. Y se espera un pago de 6000 millones de dólares el Club de París, que no se haría todo junto el año próximo.

 

 

 

 

 

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Las claves

1) Los números acompañarán a Cristina Kirchner, al menos durante 2008. Solo en concepto de retenciones al agro y al petróleo el Tesoro se asegura unos 7 mil millones de pesos anuales. Y se sumó un nuevo Impuesto a la minería, que dejaría otros 800 millones más.
2) El desafío de aumentar la inversión y controlar el aumento de precios marcarán la agenda inmediata. El primer paso sería saldar la deuda con el Club de París por unos 6000 millones de dólares. Y se espera, por otro lado, que se le devuelva la confianza al Indec.
3) Kirchner deja atrás 4 años con resultados incuestionables en materia económica. Bajó el desempleo a un digito, mejoró-tenuemente- la distribución del ingreso, y descendió la pobreza y la indigencia. Sin embargo, en materia social, las deudas pendientes siguen latentes.

Los números acompañarán a Cristina Kirchner. Al menos, eso pronostica la mayoría de los economistas que suelen evaluar el estado de la salud de las cuentas públicas, más allá de su variante ideológica. También, reina una coincidencia: este viento de cola deberá aprovecharse para poder pasar eventuales coletazos, algo que por cierto no estuvo ausente en la historia político-económica del país más reciente.

En este contexto de buenos brios, el aumento de la inversión aparece como el principal desafío para la gestión que viene. Y que comandarán, al unísono y con diferentes dosis de influencia, la propia Cristina, el saliente jefe de Estado, Néstor Kirchner, el futuro titular de Hacienda, Martín Lousteau, el ministro de Planificación, Julio de Vido y el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno.

Lo que se pretende es que la inversión, que hoy ronda el 23% del PBI, crezca 3 o 4 puntos. Y se lanzarán a principios de año algunos instrumentos en ese sentido, como una garantía para que las compañías no sean afectadas por la volatilidad de tasas de los préstamos. También se espera el nacimiento de un nuevo banco de desarrollo que presidiría Miguel Peirano.

La decisión del Primer Mandatario durante sus últimas semanas en el poder fue contundente. Dejarle las arcas llenas a su sucesora fue una de sus obsesiones. Los anuncios de sendos aumentos a las retenciones de semillas y el más reciente a los combustibles, le permitirán al Tesoro sumar unos 7 mil millones de pesos anuales, lo que marcará una presión impositiva récord, al superar el 27%.

A eso, hay que sumarle unos 250 millones de dólares anuales por impuestos a las exportaciones mineras, decisión que se adoptó mediante una resolución de la propia secretaria de Minería que les quitó a 14 empresas (la mayoría de países extranjeros) los beneficios fiscales que se les habían concedidos por ley en 1993. Las retenciones irían del 5 al 10 por ciento de metales en bruto, y lo que recaude el Gobierno –al igual que con las semillas y el petróleo- dependerá de los precios internacionales, en pleno crecimiento en estos momentos.

Por su parte, la reforma en el sistema jubilatorio permitió el traspaso de 1 millón de aportantes de las AFJP al sistema de reparto oficial. De esta forma, los que antes aportaban a las AFJP ahora lo hacen al ANSES y ello implica una mayor recaudación de 1.700 millones de dólares anuales (0,6% del PBI).

Los mayores ingresos -que incluso serían más amplios de los previsto teniendo en cuenta que el precio de la soja, el trigo y el maíz siguen disparándose- le marcarían un terreno despejado a la presidenta electa. La disyuntiva que se plantea es si esto se aprovechará para ir hacia una gradual desaceleración del gasto público. Por lo pronto, se conoció esta semana que un aumento en el transporte público urbano de alrededor del 20 por ciento se tomará en enero, lo que le permitirá al Gobierno dejar de pagar en concepto de subsidios a ese rubro unos 600 millones de pesos. Este sería el antecedente inmediato para nuevos ajustes tarifarios en otras áreas.

Por otro lado, la estabilidad del dólar es otro tema de particular interés. No hubo ninguna señal precisa de la conducción que vendrá luego del 10 de diciembre de que se terminará con el dólar por encima de los 3 pesos, y en una curva que no iría mas allá de los $3,20/$3,40 –esto indica el Presupuesto 2008, en efecto. Para el caso, son las reservas del Banco Central (BCRA), donde continuará Martín Redrado, las que podrían garantizarle al Gobierno previsibilidad respecto al valor del peso. En la semana previa a la asunción de Cristina la entidad cuenta con más de 45 mil millones de dólares en reservas.

Claro que, del otro lado, estarán presentes los compromisos. Además de las renovadas demandas en infraestructura, especialmente en áreas energéticas, hay vencimientos que deberán cumplirse. El país necesitará unos 7.000 millones de dólares para cumplir con todos los compromisos de 2008, un valor que en este panorama no resulta preocupante. Pero en 2009, como adelantó Clarin, tendría que conseguir 11.000 millones de dólares más y allí las condiciones no resultan tan claras.

Por otro lado, para destrabar inversiones y volver a ubicarse dentro del escenario internacional –una de las prioridades de Cristina-, habría que desembolsar 6000 millones de dólares para saldar la deuda con el Club de Paris. No obstante, esta deuda no se pagaría toda junta el año próximo. Y habría que tener en cuenta la posiblidad de que se reabra el canje de la deuda, donde la Argentina podría necesitar unos 2.500 a 3.000 millones de dólares más por año.

Por otro lado, el Gobierno seguirá de cerca lo que ocurra con el aumento de precios –el objetivo es que las cifras oficiales no superen bajo ningún aspecto los 12 puntos anuales-, e ir a un marco de negociaciones salariales en paritarias con los ánimos templados y con “racionalidad de ambas partes”. Todo indica que el sindicalismo en toda sus variantes no esta dispuesto a bajarse de los 20 puntos, pero aún resta un tiempo prudente para junio de 2008.

Lo cierto es que desde la asunción de Néstor Kirchner, en aquel día patrio de mayo de 2003, el PBI creció más del 38 por ciento, y se ira dejando una tasa de desocupación del 8,1 por ciento. Además, las cifras del INDEC muestran que hay un 30 por ciento menos de pobres y un 20 por ciento menos de indigentes. Y la brecha de ingresos, que muestra la distribución de la riqueza, bajó de 56 a 30 por ciento. Por otro lado, las cifras son medidas por una entidad cuya credibilidad atraviesa un delicado momento. Su renovada confianza, así como los nuevos métodos de medición que prometen más fiabilidad, serán nodales para sincerar los precios y las tasas de inflación.

09/12/2007 - 18:08h O tango agora é de Cristina


Homenagem a nova Presidenta de Argentina, Cristina Fernández de Kirchner, que assume amanhã

09/12/2007 - 17:49h O tango agora é de Cristina

Clique na imagem para ampliar Homenagem a nova Presidenta de Argentina, Cristina Fernández de Kirchner, que assume amanhã

07/12/2007 - 08:26h Quem é a mulher que vai governar o principal parceiro do Brasil?


Janes Rocha
Valor

AP

Forte, decidida, detalhista, arrogante, vaidosa: Cristina terá o desafio de mostrar que não é só a mulher de Kirchner

“Vocês estão loucos”. Essa foi a reação de Cristina Kirchner quando, há exatos 20 anos, numa reunião informal na cidade de Río Gallegos, amigos e até hoje aliados políticos sugeriram que ela se candidatasse a deputada estadual em Buenos Aires, ampliando seu horizonte político para além da gelada província de Santa Cruz, no extremo sul da Argentina. Mas ela aceitou o desafio. E, nesta segunda-feira, após uma bem sucedida carreira como deputada por Santa Cruz, por Buenos Aires e senadora, a advogada Cristina Elizabet Férnandez de Kirchner, 54 anos, assume a Presidência da Argentina.

Ela ganhou a eleição de 28 de outubro com 8,5 milhões de votos (45% do total), 22 pontos percentuais à frente da outra advogada que disputava o cargo, Elisa Carrió. Será a primeira mulher eleita pelo voto direto a governar o país. E oitavo presidente desde a volta da democracia, em 1989.

Natural da cidade de La Plata, capital da província de Buenos Aires, Cristina é militante política desde os 18 anos, quando entrou na Faculdade de Direito da Universidade de La Plata. Ganhou sua primeira eleição em 1989, em Río Gallegos, para deputada provincial (estadual), quando seu marido, o atual presidente, Néstor Kirchner, já era intendente (prefeito) da cidade havia dois anos. Chegou ao Congresso Nacional em 1995, como senadora.
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07/12/2007 - 08:19h Quem é a mulher que vai governar o principal parceiro do Brasil?

Janes Rocha
Valor

AP

Forte, decidida, detalhista, arrogante, vaidosa: Cristina terá o desafio de mostrar que não é só a mulher de Kirchner

“Vocês estão loucos”. Essa foi a reação de Cristina Kirchner quando, há exatos 20 anos, numa reunião informal na cidade de Río Gallegos, amigos e até hoje aliados políticos sugeriram que ela se candidatasse a deputada estadual em Buenos Aires, ampliando seu horizonte político para além da gelada província de Santa Cruz, no extremo sul da Argentina. Mas ela aceitou o desafio. E, nesta segunda-feira, após uma bem sucedida carreira como deputada por Santa Cruz, por Buenos Aires e senadora, a advogada Cristina Elizabet Férnandez de Kirchner, 54 anos, assume a Presidência da Argentina.

Ela ganhou a eleição de 28 de outubro com 8,5 milhões de votos (45% do total), 22 pontos percentuais à frente da outra advogada que disputava o cargo, Elisa Carrió. Será a primeira mulher eleita pelo voto direto a governar o país. E oitavo presidente desde a volta da democracia, em 1989.

Natural da cidade de La Plata, capital da província de Buenos Aires, Cristina é militante política desde os 18 anos, quando entrou na Faculdade de Direito da Universidade de La Plata. Ganhou sua primeira eleição em 1989, em Río Gallegos, para deputada provincial (estadual), quando seu marido, o atual presidente, Néstor Kirchner, já era intendente (prefeito) da cidade havia dois anos. Chegou ao Congresso Nacional em 1995, como senadora.

A mulher que vai governar o principal sócio do Brasil no Mercosul é definida como forte, decidida, de certa forma arrogante. Um testemunho revelador sobre a personalidade de Cristina foi dado pelo advogado Tito Plaza à jornalista e escritora Olga Wornat, autora da biografia “Reina Cristina” (Editora Planeta, 2005). Tito, que foi assessor de Cristina em 1997, durante seu mandato no Senado, relatou: “Era muito difícil entabular uma conversa com ela sobre outro assunto que não fosse política. Ali estava toda a sua libido. Ela é arisca ao contato físico e a gestos de carinho, mesmo das pessoas que trabalham com ela. Mantém sempre distância, é seu estilo. (…) Ela explodia quando algo não saía como ela queria. (…) Quando ela chegava ao gabinete de mau humor, ouviam-se seus gritos e todo mundo batia em retirada. É atenciosa e respeitosa com os que considera seus pares, com os que respeita intelectualmente, não com os medíocres nem os que considera menores que ela”. Plaza frisa que ela nunca o tratou mal, “pelo contrário”.

A jornalista Carolina Barros, do jornal “Ambito Financiero”, testemunhou uma cena que também ajuda a compor o personagem. Quando trabalhava para uma revista de análise política chamada “Avispa”, nos anos 90, Carolina entrevistou a então senadora sobre o conflito de fronteira da Argentina com o Chile, conhecida como Gelos Continentais. “Impressionou-me o seu cuidado com detalhes estéticos.” Segundo ela, a reportagem incluía fazer uma foto de Cristina no seu gabinete, e havia duas bandeiras, uma de Santa Cruz e outra da Argentina, em cantos separados da sala. Cristina queria porque queria que a foto a retratasse em meio às duas bandeiras, o que não era possível pela distância e pela imobilidade das bandeiras. “Poderíamos tentar, mas ela sairia distorcida. Ela insistiu tanto que tivemos que prometer a ela aplicar um ‘photoshop’ para que ela saísse bem e exatamente entre as duas bandeiras”, disse Carolina.

Cristina é bonita, elegante e muito bem arrumada. Nunca aparece em público com agasalho, shorts ou roupas informais. Mas dizem que odeia comentários sobre sua aparência física. Ela acorda cedo, faz ginástica aeróbica e caminha pelos jardins da Residência Oficial de Olivos. Quem já participou de reuniões com ela, diz que ela toma só água mineral. A maquiagem é sagrada. “Sempre vou me pintar como uma porta”, disse à biógrafa Wornat. E sua imagem pública confirma isso, embora ela tenha aliviado sensivelmente a quantidade de rímel este ano. Dizem no país que ela se atrasou para uma importante reunião do partido peronista em 2001, em plena crise pela qual o país passava, porque estava se maquiando.

O estilista argentino Marcelo Senra, que já vestiu a primeira-dama, garante que “ela sabe muito bem o que quer e do que gosta, não é nada compulsiva nem desesperada. É uma mulher elegante, urbana e real”, descreveu Senra para a revista “LNR” no início deste ano.

Sobre a vida privada do casal, são poucas as testemunhas e menos ainda as que revelam detalhes. Em público, o casal, que tem dois filhos, não dá demonstrações de carinho e nem troca beijos. Só gestos de solidariedade e cumplicidade política. Também nunca fazem críticas públicas um ao outro.

Para sua biógrafa, Cristina disse que era difícil definir a relação dos dois, mas deu uma resposta muito coerente com o que ambos deixam transparecer: “Somos companheiros e esta palavra encerra toda uma definição de vida. Eu admiro muito Kirchner, por tudo. Desde que o conheço, faz trinta anos, ele nunca mudou, e amo isso. Pensamos igual e temos as mesmas convicções sobre a vida e a política como instrumento de mudança da sociedade. Antes queríamos mudar o mundo; hoje nos conformamos com algo mais humilde: mudar a Argentina. Discutimos muito e somos muito apaixonados nessas discussões. Nunca vou fazer algo que ele não esteja de acordo; se não estou convencida, posso passar dias discutindo. Kirchner é terrível, mas eu também sou…”.

Eles sempre compartilharam o poder. Apesar de manter um perfil baixo no início do governo do marido, Cristina se instalou num gabinete a poucos metros do presidencial, um escritório com decoração sóbria, e dali trabalha, sempre participando das discussões sobre as grandes decisões com Néstor, que sempre leva em conta sua opinião. Por exemplo, foi ela que demoveu o marido de aceitar o cargo de chefe de gabinete de Eduardo Duhalde (presidente entre 2002 e 2003), de quem tinha uma péssima opinião: “É o poderoso chefão”, dizia, comparando-o ao “capo” dos mafiosos do filme de Coppola.

Como senadora – cargo que deixou oficialmente na semana passada – Cristina foi presidente da Comissão de Assuntos Constitucionais e membro da de Relações Exteriores. Mas ela raramente ia às reuniões das comissões. Na de Assuntos Constitucionais sua principal contribuição foi apresentar projetos para reduzir o número de juízes da Suprema Corte, introduzir o julgamento com jurados e sobre a participação do país na Corte Internacional de Justiça. Na de Assuntos Exteriores, não propôs nada que tivesse destaque.

No entanto, Cristina dá grande atenção à política externa, área na qual o governo de seu marido deixou a desejar. Este ano ela fez sua campanha à Presidência mais fora do país que dentro. Aproveitou bem a aproximação que já cultivava de seus tempos no Congresso com a comunidade judaica – ela presidiu a comissão de acompanhamento das investigações sobre o atentado à bomba à associação israelita Amia, em 1994. Isso lhe rendeu um apoio que agora está sendo crucial na reaproximação com o governo americano e com a comunidade financeira de Nova York, um passo importante para que a Argentina retome suas relações com o mercado financeiro, cortadas desde a moratória da dívida externa, em 2002.

Ao longo de 2007, Cristina visitou vários países, como Espanha, Franca, Estados Unidos, Venezuela, Equador México e Brasil, representando oficialmente seu país – ainda que como primeira-dama -, acompanhada pelo chanceler Jorge Taiana, que teve papel secundário nessas visitas.

Para os jornalistas, principalmente os estrangeiros, a vitória de Cristina Kirchner significa mais quatro anos de luta inglória. Nestor Kirchner tem uma péssima relação com a imprensa, a quem acusa de ser superficial e de haver perdido seu papel como interlocutor necessário junto ao público, uma noção da qual compartilham seus principais assessores de comunicação e seu porta-voz, Miguel Nuñez. Kirchner deu apenas uma entrevista exclusiva para os dois principais jornais argentinos, no ano passado. Este ano, já bem perto das eleições, falou em alguns programas de rádio. Em 2004, depois de muita insistência dos correspondentes brasileiros para que o presidente desse uma entrevista, no auge da “guerra das geladeiras” entre o Brasil e a Argentina, Nuñez se irritou e respondeu rispidamente: “Ele nunca vai falar com vocês”, relata um dos jornalistas que presenciou o desabafo, feito em Puerto Iguazú, durante uma reunião de cúpula do Mercosul.

Dito e feito. Kirchner nunca falou com nenhum correspondente estrangeiro, muito menos com os brasileiros. Como fez até agora Cristina, que já foi solicitada por todos os correspondentes internacionais a dar entrevistas e sequer responde aos pedidos. Nem sempre foi assim. Enquanto estava em campanha, Kirchner falava bem com todos, e também seus principais assessores. Quando assumiram o poder, as portas se fecharam. Kirchner não fala e não admite que seus ministros e funcionários de alto escalão dêem declarações à imprensa.

A origem dessa má relação pode ser encontrada – embora não explicada – em um episódio relatado por Olga Wornat no livro “Rainha Cristina”. Logo que assumiu o cargo de presidente, Kirchner sofreu uma grave hemorragia gástrica, foi parar no hospital e corria risco de vida. Acreditando ser a saúde de seu marido um assunto privado, Cristina proibiu que se divulgasse qualquer informação sobre o problema. Resultado: o país foi tomado por boatos, os mais disparatados, de que ele tinha câncer, que estava morto, que estava vivo mas ficaria carregando uma bolsinha de plástico atada ao corpo pelo resto da vida etc.

A sua biógrafa, Cristina disse que não falou com a imprensa sobre o problema de Néstor “porque não tinha vontade” e que antes de ser presidente ele era seu marido. Disse que ficou enojada com os jornalistas e fotógrafos que faziam plantão na porta do hospital e tentavam de todas as maneiras entrar para vê-lo em seu quarto. “Pareciam corvos”, disse Cristina, proibindo completamente o acesso e dizendo que, para conseguir o que queriam, teriam que passar antes sobre o seu cadáver.

07/12/2007 - 06:58h Argentinos têm boa impressão de Cristina e querem atenção ao Brasil



Cristina Kirchner chega à Presidência da Argentina com uma boa imagem e uma expectativa positiva da população, mesmo na capital Buenos Aires, onde ela perdeu a votação para Elisa Carrió (23,64% contra 37,68%, respectivamente). É o que demonstra uma pesquisa inédita, a que o Valor teve acesso, realizada nos dias 30 de outubro (dois dias depois das eleições), 7 e 28 de novembro, pela empresa de opinião pública Iberobarometro.
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07/12/2007 - 06:53h Argentinos têm boa impressão de Cristina e querem atenção ao Brasil


Cristina Kirchner chega à Presidência da Argentina com uma boa imagem e uma expectativa positiva da população, mesmo na capital Buenos Aires, onde ela perdeu a votação para Elisa Carrió (23,64% contra 37,68%, respectivamente). É o que demonstra uma pesquisa inédita, a que o Valor teve acesso, realizada nos dias 30 de outubro (dois dias depois das eleições), 7 e 28 de novembro, pela empresa de opinião pública Iberobarometro.

Cristina tem uma imagem “boa” ou “muito boa” para 50,4% dos entrevistados, e “muito ruim” para 17%. Outros 25% a vêem como “regular”. A maioria dos entrevistados (56,7%) disse acreditar que o país estará melhor ou igual nos próximos quatro anos, embora um índice alto (29%) tenha respondido que estará pior. Mais de 65% disseram acreditar que suas vidas pessoais estarão “melhor” ou “igual” até o final do novo governo; 17% acham que estarão “pior”.

A pesquisa foi feita por telefone na região metropolitana de Buenos Aires, que abrange a capital e cidades do entorno. Foram ouvidas de 1 mil a 1,7 mil pessoas por pergunta (eram sete perguntas), sempre maiores de 18 anos em diversos cortes de idade, sexo e grau de instrução.

Na primeira parte da pesquisa, sobre qual deveria ser a prioridade do novo governo, 33,5% responderam a segurança pública, tema que tem liderado todas as pesquisas no país. Em seguida vêm educação (17,3%), desemprego (15,9%) e pobreza (15,2%). Em outra parte, sobre o relacionamento com o exterior, o Brasil foi identificado como o país da América Latina mais benéfico para a Argentina em termos de comércio (veja gráficos). Os entrevistados também demonstraram estar cientes da pouca atenção que o presidente Nestor Kirchner deu às relações internacionais, quando respondem que o próximo governo deveria melhorar as relações com “todos os países”.

Para a socióloga e publicitária Doris Capurro, diretora da Iberobarometro, uma leitura que se pode fazer dos resultados desta e de outras pesquisas anteriores do Iberobarometro é que a população “reconhece a trajetória de Cristina e o mérito próprio para ser presidente do país; não se considera que seja um cargo herdado do marido”. “Dizem que a sociedade argentina é muito machista. No entanto, a liderança de Cristina não é questionada. A oposição a ela é oposição, não por ela ser mulher, mas porque não concorda com sua política e visão do país”. (JR) Jornal Valor

26/11/2007 - 08:29h “LA ARGENTINA REAL NO ES LA DE LOS MEDIOS”

NOTA DE TAPA


Abrir esta nota en una ventana nuevaRecortar esta nota y guardarlaReportaje exclusivo a Cristina Fernández de Kirchner:
La presidenta electa adelanta las líneas políticas y económicas que definirán su gobierno. Revela nombres de embajadores, el rol de los ministros y cómo será el acuerdo social. Su mirada sobre la política exterior, el modelo económico, el Indec y las instituciones, en debate con la que ofrecen los grupos informativos.

http://static.pagina12.com.ar/fotos/20071125/notas/NA03FO01.jpg

En su casa de El Calafate, donde pasó el fin de semana en compañía del Presidente.

Imagen: Adrián Pérez

A dos semanas de asumir la presidencia, Cristina Fernández de Kirchner explica las políticas que aplicará durante su mandato, da a conocer nombres de embajadores y mantiene el suspenso sobre las segundas líneas. Define cómo será el acuerdo social que propugna y revela que difundirá a principios de 2008 un “relevamiento físico” de toda la Argentina, provincia por provincia, que será la base de los planes productivos y de infraestructura. Sus ideas sobre la oposición y el sistema político, la meneada política exterior, los cuestionamientos a los funcionarios y el Indec y, a todo lo largo del diálogo, su crítica a la mirada con que la mayoría de los medios muestra la realidad.

Por Ernesto Tiffenberg, Mario Wainfeld y
Fernando Cibeira

Cristina Fernández de Kirchner es una reporteada deseable. Es una protagonista excluyente, otorga todo el tiempo del mundo a la entrevista, en su casa de Calafate, en la tarde del viernes. Da la impresión de estar a gusto, contesta sin enfados, acepta y propone bromas y cuando se le agradece por el largo tiempo concedido comenta creíblemente que no le pareció mucho. Se interna en los temas, no regatea extensión, le gusta hablar de política, busca ser persuasiva. Al mismo tiempo, la presidenta electa es una entrevistada difícil. Cuestiona a menudo la pertinencia de las preguntas, de la narrativa que supuestamente las sustenta, remite a debates anteriores, no todos librados contra este diario. Recae con notable recurrencia en la polémica sobre la lógica de los medios o la de los periodistas, que la induce a numerosas digresiones. En esa dialéctica, la charla recorrió un largo camino regado con unas botellas de agua mineral y una oferta de pastelitos caseros. Néstor Kirchner estaba en la casa pero se retiró durante el reportaje. Sí asistieron el vocero Miguel Núñez, y Cleopatra, una amistosa caniche toy que aprovechó el reportaje para dormitar a gusto al lado de su dueña, la presidenta que viene.

–En uno de sus primeros discursos de campaña le dijo al presidente Kirchner que iba a intentar que no lo extrañaran demasiado, ¿por qué le gustaría que la extrañaran a usted?

–Ah, sinceramente preferiría que no me extrañaran porque el que viene después sea mejor que yo. Lo ideal sería que los recambios institucionales tuvieran una continuidad, más allá de las diferencias en el espectro ideológico.

–Y si no quiere que la extrañen, ¿cómo le gustaría que la recuerden?

–Primero, porque la primera mujer que fue presidenta le hizo honor al género. Siento que tengo una obligación con el género en cuanto a demostración de eficiencia y eficacia en gestión de gobierno. Es un pressing que una siente.

–¿Y en contenidos o políticas? ¿Qué meta le gustaría alcanzar?

–La profundización del proyecto que se inició en el 2003. Nosotros hicimos en esta primera etapa lo macro, que no fue poca cosa. Planteamos un modelo de acumulación económica basado en la industrialización, transformación, en el agregado de valor, frente a lo que había sido el modelo de transferencia de los noventa. También de inclusión social. Habría que profundizar eso. La anterior fue de mucha gestión, pero mucha gestión macro, la próxima será de mucha gestión micro, tendiente a identificar las actividades económicas en las cuales necesitamos mayor grado de inversión, de tecnología. O qué es lo que nos falta en donde somos más o menos competitivos.

–¿Cómo será el acuerdo social que viene proponiendo?

–Lo defino como un acuerdo de carácter estructural en el cual se definan metas, objetivos cuantificables y verificables, siempre basado en este modelo. Con acuerdos sectoriales porque no se puede hacer lo que se hizo en el pacto Gelbard, en 1973, referido nada más que a precios y salarios. No es ésta la idea que tenemos. Y luego de ese acuerdo estructural global, ir sectorialmente sobre cada actividad, porque no son las mismas necesidades ni posibilidades las de cada sector.

–¿Cómo se imagina ese acuerdo, será una reunión de las representaciones corporativas?

–No, nada que ver. Si fuera corporativo no serviría, en términos de representación únicamente de cúpulas sectoriales. Por eso digo que tiene que ver con las necesidades de cada sector. Hay una fuerte necesidad de articulación entre el sector público, privado y el representado por los trabajadores, y no con criterio corporativo sino por cómo se articula hoy en todas las economías desarrolladas del mundo. En Alemania hay acuerdos entre empresarios, sindicatos y Estado. El Pacto de la Moncloa fue un gran acuerdo en este sentido. A eso queremos apuntar.

–Avanzando un poco, ¿cómo sería la primera reunión, cincuenta representantes de distintos sectores o…?

–… bueno, no quieran saber todo lo que se va a hacer. Un poco de paciencia. Ya vamos a articular el diseño.

–De todas maneras, usted sugiere que los actores son los representativos de la sociedad, de la producción, del trabajo y no los partidos políticos. La Moncloa, en cambio, era básicamente un acuerdo entre fuerzas políticas.

–No hay que olvidarse de que el Pacto de la Moncloa viene después de cuarenta años de franquismo, en el gobierno de transición, luego tuvieron el Tejerazo. No me gusta decir “va a ser el Pacto de la Moncloa”, o va a ser tal otro acuerdo. Ninguna sociedad es igual a la otra, ni ningún momento histórico se repite. Tiene que ver esencialmente con un acuerdo muy estructural acerca de cuáles tienen que ser las metas, tiene que ver también con este modelo de perfil industrial, en qué sectores vamos a hacer hincapié, en qué sectores es más necesaria la inversión, en dónde la tecnología. No hay que imaginar esto como una gran ceremonia en la cual nos juntamos setenta o cien personas, a la manera de proclama constitutiva con aires fundacionales, olvídenlo, esto no es así. No funciona así en ninguna parte del mundo. A veces preguntan “¿qué planes, qué medidas?”, como si gobernar fuera lanzar cuatro medidas (un plan) y sobre eso, desarrollar una gestión. No es así. Gobernar es cosa de todos los días, con todos los sectores, todo el tiempo. Hoy se fija una política, mañana cambian las circunstancias internacionales y hay que volver a reunirse para fijar metas y objetivos. Es difícil traducirlo, pero esto es lo que sucede en la gestión de gobierno.

–Aceptando la idea y aceptando también que hay una tensión entre la idea del largo plazo y la planificación…

–… éste es el gran problema del país. Hemos carecido toda la vida de una mirada estratégica de largo plazo. Esto ha dado la imposibilidad de articular a largo plazo de todos los sectores, no sólo de una gestión de gobierno.

–El gobierno de Kirchner arrancó de la emergencia, cuya salida imponía una cantidad de tareas, por así decirlo, gruesas: bajar el desempleo, bajar la pobreza, mejorar las exportaciones. La necesidad de salir tal vez motivó que el elemento básico no fuera la planificación sino la direccionalidad general y una acción intensa en el día a día.

–No, hubo un plan. Si uno recorre los discursos de Kirchner durante la campaña, a él le gustaba hablar de neokeynesianismo, de un plan de obra pública que activara la rueda de la economía y la dotara de la infraestructura necesaria. La planificación no es algo hecho con un compás arriba de un tablero de arquitectura y presentado tipo mamotreto. Están las ideas directrices y se va trabajando toda la planificación en materia de obra pública. Se está trabajando en un plan desde hace dos años, que es un relevamiento físico de la Argentina, que posiblemente presentemos en enero o febrero, donde hemos relevado provincia por provincia, región por región, en cómo está conformada actualmente en sectores productivos, sectores de servicios, rutas. Hay que profundizar en esa dirección.

–En la campaña hubo una discusión económica en cuanto a si convenía seguir creciendo al nueve por ciento con riesgo de inflación, o si convenía bajar suavemente al seis por ciento por ejemplo y controlar mejor las variables.

–Como si fuera la temperatura del aire acondicionado. Sería fantástico si tuviera un aparatito como el de la calefacción y pregunto “¿Tenés mucho calor? ¿La pongo a diez grados, a quince?”

–No es simple, ni en eso se consigue consenso.

–(Risas.) Ningún proceso económico se puede manejar desde un control. Cada vez que nos dijeron eso, Argentina terminó en recesión. La economía es una ciencia profundamente social, tiene que ver con las expectativas de todos los actores: de los trabajadores, de los consumidores, de los usuarios, de los productores, etcétera. Todas las economías del mundo crecen en la medida de lo posible, es lo que necesitamos también nosotros. En definitiva, haber llegado al 8,1 por ciento de desocupación no es una cuestión que se haga diciendo “a ver si lo pongo a cinco o lo pongo a seis”. Los que teorizan de esta manera vienen de experiencias monetaristas, con el sector financiero.

–Más allá de si se puede establecer en un laboratorio cuánto va a crecer la economía, hay dos o tres indicadores controvertidos, en especial en este año. Uno es la inflación. También el nivel de gasto público y el superávit.

–Estamos exactamente en el nivel de superávit que hemos marcado presupuestariamente, llegamos a 3,15. El desempeño en materia de gestión del gasto público también tiene que ver con el desarrollo de la economía. No entiendo cuál es el planteo. ¿Tendríamos que bajar el nivel de inversión pública?

–La pregunta es: ¿la relación gasto-producto 2007 es la mejor que imagina la presidenta para el año que viene?

–Es la que está pautada en el Presupuesto. Es increíble escuchar a los economistas que toda la vida han administrado con un déficit estructural a la República Argentina –los representantes de sus escuelas o ellos mismos en algunos casos– cuestionar al primer gobierno que gestiona sin déficit. Parece que hubiera que dar vuelta cómo se administra. Los que te preguntan son los que administraron con déficit y endeudaron a los argentinos, los condujeron a una desocupación record y terminaron con la tragedia del 2001, corralito mediante. A veces no sé qué es lo que hay que hacer para ser valorizados desde los medios de comunicación, porque desde la sociedad ya lo fuimos.

–Hay economistas que no tienen una mirada muy diferente a la del gobierno nacional que plantean que habría que moderar el gasto con respecto a 2007. No es necesario proponer un modelo antagónico para preguntarse si son necesarios retoques a los números de este año para acrecentar la sustentabilidad futura de este modelo.

–Uno va siempre durante toda la gestión ajustando, viendo si falló algo o cómo se puede mejorar. Pero, más que observaciones, lo que uno siente es que se marca que se está desbocando el gasto público y entonces va a haber déficit. Siempre todo es extremo. A partir del tomate se construyó que venía una disparada hiperinflacionaria como la del gobierno de Alfonsín o como la que tuvo Menem en su primera etapa. ¿A cuánto está el tomate hoy?

–¿Qué rol debe tener el Estado en la redistribución del ingreso?

–Activo, absolutamente. Este gobierno ha mejorado la redistribución del ingreso –no todo lo que hemos querido y era deseable–, de aquella participación del 34 por ciento del PBI que tenían los asalariados en 2003, a un 41 por ciento. Y, por primera vez desde hace aproximadamente una década y media, hemos movido el índice de Gini.

–¿Cómo se expresaría el rol activo del Estado? ¿A través de una reforma impositiva, por ejemplo?

–No, en la profundización del modelo y en la necesaria negociación de los sectores involucrados en las cuestiones de la producción. Hemos negociado más de mil convenios colectivos por primera vez en mucho tiempo.

–¿Cuándo dijo “reforma impositiva no” significa que no hay ninguna perspectiva de reforma al sistema actual?

–Hemos hecho una modificación de bienes personales, creo que ha sido una buena medida. Si me hablan de una reforma tributaria general, no lo hemos pensado. El tema de que si se reduce el IVA se traduce en menores precios y por lo tanto en un mayor poder adquisitivo, no está verificado. Al contrario, creo que si se reduce el IVA el beneficio por ahí termina apropiado por cadenas intermediarias y no por el usuario o consumidor.

Dem & Pop

–Si en un seminario internacional le preguntaran cuál es el perfil político de este gobierno y del que viene, ¿cómo respondería? ¿Un gobierno progresista, socialdemócrata, nacional y popular?

–Popular y democrático.

–¿Nacional ya no?

–Me parece que no se puede ser popular sin ser nacional, soy muy jauretcheana. Profundamente popular y democrático, lo defino sin valerme de categorías europeas. Lo es por su impronta, por su modelo de acumulación, por su manera de interpelación, su modo de relacionamiento. Por eso causa escozor en otros sectores.

–Esas referencias aluden a su lectura de lo popular. ¿Y lo democrático?

–Uno de los caballitos de batalla de la oposición era la calidad institucional. Creo que, como nunca, en este gobierno las instituciones cumplieron su rol constitucional. Fíjese lo que es la Corte Suprema de Justicia. Mire el Senado. Fui senadora por primera vez en diciembre de 1995, un senado que se fue deteriorando cada día más hasta que terminó con el escándalo de los sobornos. Me voy de este Senado como presidenta. Daniel Scioli, Alberto Balestrini, Celso Jaque, Jorge Capitanich se van elegidos para gobernar sus provincias. De este Parlamento denostado por opositores y comunicadores se va, legitimado, el oficialismo, los que defendíamos públicamente al gobierno. El Parlamento real no tiene nada que ver con lo que dicen los medios. Disculpen si estoy monotemática…

–No nos habíamos dado cuenta…

–… pero creo que los medios ocupan hoy en la región un lugar que antes ocupaban otros sectores respecto de ser los que tratan de condicionar a los gobiernos de ciertos signos políticos, populares democráticos. No es una percepción exclusiva mía. Me contó Isabel Allende que los noticieros de una hora en Chile destinan tres cuartos a informar sobre hechos de violencia, a machacar sobre el tema. Hay una direccionalidad de la información sobre inseguridad. Escuché a un comunicador contar que una persona entrevistada le dijo a un encuestador “¿de qué me sirve ganar más plata si me van a matar?”. No importa tener gobiernos que consigan trabajo o que mejoren el poder adquisitivo de los trabajadores, lo importante es que den seguridad…

–Respecto de ese tema. Se ha criticado la unificación de Justicia y Seguridad, básicamente porque se juzga que sea el mismo ministerio el que se ocupe de los derechos humanos y de la policía. Una parte sustancial de la acción de los organismos de derechos humanos son denuncias y acciones sobre delitos, excesos y abusos policiales.

–Emilio Mignone, hace muchos años, hablaba de la tensión que hay en democracia entre el valor “seguridad” y el valor “derechos humanos”. Siempre existe esa tensión pero lo más adecuado es que la Justicia gestione ambos, retomando lo que fue habitual. Sí, me parece adecuado. No creo que la seguridad sea un problema en sí mismo, objeto de planes aislados separados del modelo económico social, de la educación.

–¿Tiene prevista alguna medida para acelerar o facilitar los juicios a los represores por violación de derechos humanos?

–Conozco un proyecto del radicalismo redactado por Ricardo Gil Lavedra, puede haber algún otro. Me preocupa que ese proyecto permita que se acumule prueba de otros expedientes sin que los acusados hayan podido controlarla. Puede afectar el derecho de defensa y colocarnos en horrible posición. No quiero, en ningún aspecto, afectar la legalidad de los juicios. La legitimidad de la lucha por los derechos humanos tiene mucho que ver con su legalidad. A los represores se les dan todos los derechos que consagra la Constitución.

–Así debe ser. Pero subsiste un problema, que se expresó en la trágica desaparición de Julio Jorge López. La repetición de la prueba genera una serie de dificultades para el avance de los juicios y de sobreexigencias (y peligros mayores) para los testigos.

–Sin lugar a dudas. Un camino puede ser unificar causas en función a los centros de detención, creo que hasta la defensa de Febres había propuesto algo así para justificar su conducta frente a la de sus jefes. Hay que ser muy cuidadosos, no hay que poner en tela de juicio al debido proceso.

¿Reforma?

–Trascendió que existe la intención, durante de su mandato, de promover una reforma constitucional.

–Ah, bueno… Le puedo dar un listado así de largo (lo grafica dejando un buen espacio vertical entre sus manos) de cosas que han trascendido.

–Hablemos mejor sobre si hay o no intención de reformar la Constitución.

–¿A alguien se le ocurre hablar de una reforma y yo tengo que salir a contestar? También dijeron que íbamos a sacar la sala de periodistas de la Casa Rosada.

–Por ahí ese cambio figuraba en la reforma constitucional.

–(Risa) ¿Por qué tengo que desmentir lo que inventan? No me parece una buena metodología.

–No le pedimos una desmentida, sino una respuesta. ¿Cree que éste es un buen momento para una reforma constitucional?

–No, porque nunca se nos ocurrió. No lo veo, por parte del Gobierno.

Moción para otro
reportaje y cierre

–¿Van a construir alguna estructura política para la Concertación plural y para otros eventuales aliados como socialistas o el Frente Grande?

–Eso debería ser motivo de un reportaje a Néstor Kirchner, que va a tener mucho tiempo y les puede dar pormenores. Quien tiene que conducir los destinos de todos los argentinos tiene bastante con ocuparse de la gestión del Estado.

–¿Su idea es que el Presidente…?

–… tengo que mantenerlo ocupado (risas).

–¿Es una ocupación útil o pura laborterapia?

–El es un animal político, toda la vida ha construido política, toda la vida ha participado. Lo va a seguir haciendo. Volviendo a la estructura, es difícil proyectar porque uno interactúa con montones de cosas. Son cosas que van confluyendo. Uno no puede sentarse y diseñar la política como si fuera construir una casa… Hay mucho de trabajo cotidiano. Sí creo que debemos reconstruir un sistema de partidos políticos, con partidos que tengan que ver con un proyecto y que no todo dependa de la voluntad de una o dos personas. Cuando explota el sistema de representación, especialmente el partido radical, no se ve cuál va a ser el desarrollo de la política en el siglo XXI.

–¿Cómo imagina ese desarrollo, cómo aspira a que sea?

–Imagino espacios populares y democráticos donde los partidos se reagrupen respecto de grandes temas: la distribución, el posicionamiento en el mundo, la interrelación con la región, el respeto irrestricto a los derechos humanos. El radicalismo se acomoda, en el siglo XX, en la lucha contra el “régimen falaz y descreído”, contra el fraude, por el sufragio universal. El segundo partido del siglo, el peronismo, se ubica en torno a la justicia social. El tercer partido fue el militar, que se encargó de representar a los sectores más concentrados, que no podían llegar al poder mediante el sufragio. El problema es cómo se agrupan los nuevos partidos en el siglo XXI, en relación a qué tópicos. Y lo que debemos preguntarnos es quién cumple ahora el rol de representar a los sectores más concentrados.

–¿Cómo responde usted esa pregunta?

–Para mí, está claro que nosotros (este espacio político que represento) nos estamos agrupando en torno a una mejor distribución del ingreso, la vigencia irrestricta de los derechos humanos. Y si uno escucha los discursos que se plantearon durante la campaña, no todos… No me gusta hablar de los dirigentes de la oposición. Sería bueno que fueran agrupaciones más orgánicas, no tan centradas en una figura y que propusieran algo más que slogans. Y asumir a quién representan. Cuando uno escucha críticas a las retenciones al campo o a los juicios a las violaciones de derechos humanos, está claro. No soy yo la que tiene que clasificar eso, sería una clasificación interesada. Pero no vi en letras de molde clasificaciones exactas que dijeran “quien tiene esa posición, normalmente, es de derecha”.

–Dentro de lo que se reconoce como centroizquierda o lo que usted define como espacio popular y democrático hay otras fuerzas que comparten en líneas generales ese ideario. Por ejemplo, podrían ser los gobernadores Hermes Binner o Fabiana Ríos. ¿Ustedes deberían darse una política especial respecto de ellos?

–Esa pregunta deberían hacérsela a ellos, no a nosotros. Nosotros hemos tenido, desde el principio, una política respecto de esos sectores, muchos de sus dirigentes ya están con nosotros. Jorge Rivas, Ariel Basteiro, muchos dirigentes de la CTA. Este espacio que afecta intereses minoritarios, pero muy poderosos, debe contar con mayor sustentabilidad política y social. No es casual el diseño que se dio en estas elecciones, convocando a hombres y mujeres del radicalismo (en especial el que gobierna provincias) y del socialismo.

–La representación republicana es muy compleja. Usted fue elegida por una amplia mayoría y, desde ese mismo momento, representa a todos los argentinos, incluyendo aquellos que no la votaron. Hay un 55 por ciento que no votó Frente para la Victoria. ¿Se le ocurre algo para decirles, especialmente a ellos?

–No me parece representativo, ni democrático, ni republicano intentar representar al cien por ciento. Es una de las principales cuestiones que se están planteando en Europa, la indiferenciación de proyectos incide en el desapego a la política. Hay un excelente libro, “En torno a lo político”, de Chantal Mouffe, que aborda esta cuestión. Institucionalmente represento a todos los argentinos, soy la presidente, es claro. Pero no voy a poder representar (hace comillas con los dedos índice y mayor de las dos manos) “lo que todos quieren” porque la representación de intereses no es lo mismo que la institucional. Sobre todo en economía, las decisiones en economía no son neutras. Si uno mejora la participación de los trabajadores en el PBI, el otro sector deja de percibir una parte. Lo que tengo que buscar son las decisiones para que la mayoría de los argentinos viva mejor porque, en definitiva, también los demás recibirán beneficios en otros aspectos, por ejemplo en la calidad de vida. La modificación de la distribución del ingreso puede restarles algo pero les conviene vivir en una sociedad integrada, sin ghettos, que es el paisaje que suele verse en otros países de la región y que no terminó de llegar a la Argentina. No aspiro a representar al cien por ciento de los argentinos pero sí a una enorme mayoría. Con un modelo inclusivo, con menores índices de pobreza y de indigencia, con mayores exportaciones, más industrial, casi todos mejorarían.

–¿Para qué le jugó o le juega a favor ser mujer? ¿Para qué le juega o le jugó en contra?

–No creo que me juegue a favor. Mejor le contesto esa pregunta en un tiempo. Michelle Bachelet tuvo esa experiencia y dijo que “se juzga distinto al hombre y la mujer. Si el hombre grita, es enérgico, tiene autoridad. Si la mujer grita no tiene control, es una histérica”. O sea, siempre es más difícil ser mujer. En el senado me pasaba argumentar algo y no me hacían caso, era como si pasara un carro. Un hombre decía lo mismo y lo aceptaban. Me daba una rabia. Vamos a tratar de quebrar la racha histórica de género.

–¿Hay contenidos específicos de género que está dispuesta a promover? ¿Salud reproductiva, aborto?

–Saben que no estoy por la despenalización del aborto. Respeto todas las opiniones, no me sumo a los que estigmatizan a nadie. Mis ideas pueden tener que ver con que pertenezco a una generación en la que la mujer estuvo a la par del hombre, ni por arriba ni por abajo. No creo en los avances individuales, etarios o de género por fuera o independientemente del modelo político. En las sociedades donde hay buena distribución del ingreso, protección de los derechos humanos hay mejores posibilidades de recolocación de género.

24/11/2007 - 09:38h Não vi na mídia brasileira: PETRODOLARES, INVERSIONES Y UNA FUERZA DE TAREAS

Las diferencias de peso, más Chávez, en el eje entre Argentina y Brasil

Por: Alcadio Oña
Clarín

ALIANZA. LULA Y CRISTINA FERNANDEZ, EL LUNES, EN BRASILIA.

Dentre varias interpretaciones más, una es ver al eje Brasil-Argentina, que parecen haber alumbrado Cristina Kirchner y Lula da Silva, como la intención de articular una estrategia común en América del Sur. Otra, para nada contradictoria, que sea una fórmula para acotar las ambiciones de Hugo Chávez en la región, tal cual también se deduce de arranque.

Hay un detalle nada insustancial, que le pone marco a cualquier especulación apresurada. El lunes, simultáneamente con la cumbre entre Cristina y Lula en Brasilia, la Argentina cerraba con Venezuela la colocación de un bono por 500 millones de dólares. La plata entró al Tesoro Nacional el martes, en efectivo, y ayudará a dejarle aliviadas las cuentas externas a la Presidenta electa, durante el primer semestre de 2008.

Fue una movida calculada al milímetro, hecha en secreto, para evitar cualquier interferencia de los bonistas -sus abogados, en realidad- que en Nueva York pleitean contra el país. Más que seguro, Cristina estuvo al tanto de toda la movida.

Con el mercado internacional cerrado, Venezuela se ha convertido en una fuente de financiamiento crucial para la Argentina: incluida la operación de esta semana, Chávez ya ha contribuido con más de 5.000 millones de dólares. Gesto fuerte, igual que el gasoil y el fuel oil que bombea hacia acá para amortiguar los sofocones del sistema energético. Eso sí, todo a precios de mercado.

Una cosa es, entonces, acotar las ambiciones de Chávez y otra enfrentarse a Chávez. Está claro que cualquier estrategia regional, la que fuese, pierde sentido con Venezuela afuera: aun con fricciones recurrentes -antes, ahora y más adelante-, es algo que bien saben Lula y el Gobierno argentino.

Está fuera de discusión, acá, la utilidad que puede acarrear un eje con Brasil. Pero también resulta inevitable computar unas cuantas y notorias diferencias de estatura, en la relación bilateral. Entre ellas, las macroeconómicas:

  • El PBI brasileño es cuatro veces mayor al argentino.
  • Las reservas del Banco Central de Brasil ascienden a 176.000 millones de dólares, contra 43.400 millones del BCRA local.
  • Entre enero y octubre, las exportaciones brasileñas totales montaron a US$ 156.000 millones y el superávit comercial, a 42.700 millones. Para nueve meses, las estadísticas del INDEC le dan a la Argentina: US$ 39.400 millones y US$ 7.190 millones, respectivamente.Si se quiere más micro, un trabajo de la consultora Abeceb revela otras asimetrías estructurales igualmente significativas. La industria brasileña es cuatro veces más grande que la nuestra. El sector alimenticio, cinco veces. En textiles, indumentaria y calzado, la brecha es de casi seis. Siete veces, en equipo de transporte. Y arriba de doce, en maquinaria y aparatos eléctricos.

    Diferencia potente es, también, el financiamiento de las inversiones. El Banco de Desarrollo de Brasil (BNDES) tiene una cartera de créditos, a tasas de interés bajas, equivalente a US$ 83.000 millones. Su similar aquí, el BICE, prestó el año pasado por apenas 277 millones.

    Vuelta al cuadro regional y a los pesos relativos de los actores. Así América del Sur resulte un mercado fuerte y nada despreciable para sus exportaciones manufactureras, hace tiempo que Brasil ha trasvasado el enfoque puramente comercial. Pesan, crecientemente, las inversiones y la expansión de sus grupos empresarios en toda la zona. Es lo que se nota, acá, en sectores tan diversos como el frigorífico, la siderurgia y el cemento. Estrategia acompañada desde el Estado, mucho más que operaciones de oportunidad.

    Parte de esa misma dinámica, es el empeño que Brasil pone en garantizarse el abastecimiento de energía y en montar una infraestructura regional que apoye su proyección. Y, a la vez, en atender otros flancos también sensibles: la seguridad, la defensa, el narcotráfico y el impacto del cambio climático.

    Con cierto enfoque crítico hacia la burocracia propia, esta radiografía aparece en un muy reciente trabajo de un equipo de académicos, consultores, analistas de empresas y periodistas brasileños. Fue constituido bajo un nombre que acá trae malos recuerdos: Fuerza de Tareas de Brasil en América del Sur.

    La conclusión del documento es que a su país se le abren dos caminos, diferenciados, aunque en varios puntos confluyentes. Uno, que Brasil apueste con todo a sus intereses en la región, la potencie, la juegue en los foros internacionales y haga mayores concesiones a los vecinos menores. Otro, darle prioridad a la integración en la economía mundial y que esto “demarque” su política regional.

    En fin, complejidades de las políticas de Estado. Si se prefiere, articulaciones internas, amplias e ineludibles, cualquiera fuese el eje que se proyecte.

  • 04/11/2007 - 18:11h Cristina Fernández, presidenta

    Página12Por José Pablo Feinmann

    (…) Retorno a mi tema: ese “de” que se les aplica a las mujeres casadas es una injuria a su individualidad. No acepto que mi mujer sea “de Feinmann”. ¿Cómo? Yo no quiero a mi lado a una mujer que sea “mía”. “Mía” es mi computer. “Mío” es mi sacapuntas a pilas y que nadie se atreva a robármelo. “Mío”, a veces, soy yo. Pero mi compañera es “de ella”. Tiene su nombre. Tiene su densidad ontológica. Sólo así puede ser mi compañera. Sólo no siendo mi posesión. Ese “de” que se les aplica a las mujeres cuando pierden, al casarse, su apellido es una vejatoria conquista de la vieja burguesía machista que amasó entre brutalidades históricas su perenne poder. Nadie es “de” nadie. El esclavo es “de” su amo. Pero toda mujer es libre: lo quiera o no. Cierto es que son muchas las que quieren ser “de” alguien. Está lleno de mujeres que se comportan como los hombres quieren y necesitan que lo hagan. Lleno de mujeres que actúan en contra de las mujeres. Lleno de mujeres que quieren ser “de” alguien para vivir tranquilas y que el tipo las mantenga y criar a sus hijos o hijas y preparar la comida y ver algo o mucho de tele y ser para siempre absolutas tontas, irrecuperables idiotas. Escuché a una, desafiante, decir: “Y bueno, qué hay, soy así: clase media, tarada y cobarde”. Lo dijo luego de justificar y reclamar policías, muchos policías por todas partes para controlar la inseguridad. Porque si consiguió la seguridad de ser “de” alguien no va a aceptar que se la arruinen esos “negros de mierda” que andan afanando a los triunfadores de la vida. Están esas minas que trabajan en la tele de ratoneadoras profesionales. Ya sabemos: las del caño del muchacho que sonríe y le grita a un micrófono. (Digresión: ¿no es increíble sostener un micrófono y gritar? Uno grita si no tiene un micrófono. Si lo tiene, no grita. Porque un micrófono es un aparato que amplifica el sonido. Si a la amplificación del sonido le añadimos el grito, ¿qué es lo que resulta? La sordera, el aturdimiento del receptor. Bien, eso quiere la TVVómito: receptores aturdidos, conciencias sordas.) Volvamos: las chicas del caño. ¿Qué hacen estas señoritas? ¿Tienen nombre? No. ¿Apellido? No. O, en todo caso, a nadie le interesa. Tienen un culo. Son, todo ellas, un culo. Y son felices por serlo. Han aprendido a sacarlo hacia atrás, exhibiéndolo. Uno ve la tele, ve las revistas de los kioscos, las propagandas de ropa interior y no hay caso, no puede zafar: lo invaden los culos. El mundo de la culocracia es el de la mujer sin rostro. Ni nombre, ni apellido, ni cara, nada. Sólo culo. Los hombres han conseguido en el siglo XXI lo que nadie consiguió en toda la historia humana. La creatividad de los diseñadores de moda (todos o casi todos hombres) ha creado su obra maestra: la mujer culo. Esa obra maestra se ve en los llamados desfiles de moda (que son, en verdad, desfiles de culos flacos), en las playas, en los caños del joven que grita y sonríe, millonario y poderoso hasta la náusea porque encarna el sentido profundo de la historia que vivimos y el papel que en ella los hombres les han asignado a las mujeres: o son “de” alguien o son vigorosos, circulares, anónimos culos para excitar a la gilada.

    Todo esto para decir que yo no le voy a decir “Cristina” a “Cristina”. Lo aclaro tempranamente (no bien acaba de ser elegida “presidenta”), porque sin duda habré de nombrarla en varios textos que vendrán. Además “Cristina” no merece ser “Cristina”. Tampoco merece ser “de” Kirchner. Todos conocemos a Cristina Fernández antes que a Néstor Kirchner. Cristina Fernández era senadora y Néstor Kirchner gobernaba una provincia lejana de los “centros urbanos”, de moda hoy en día. Cristina Fernández fue militante de la izquierda peronista en su juventud y de ahí le viene buena parte de su formación política. No se hizo de la noche a la mañana. Fue una militante política que se construyó a sí misma a través de los años. Yo, a Cristina Fernández, le voy a decir “Cristina Fernández”. Tampoco le voy a decir CFK –como se intenta ya imponer– porque la “K” implica el “de” Kirchner. Y también remite al JFK de Ke-nnedy. O al JPF que –quienes reciben mis mails lo saben– uso, con atroz inmodestia, yo. Tampoco le voy a decir “presidente”. Ni loco. Decirle “presidente” a una mujer conlleva la soberbia machista de usar la fórmula masculina de la palabra como “universal”. A todos los presidentes se les dice “presidente”. ¿Y por qué no “presidenta”? O sea, para mí, Cristina Fernández será la “presidenta” y no el “presidente” de este país. Porque será a ella, a Cristina Fernández, la presidenta argentina, a quien le voy a pedir, a riesgo de importunarla o ponerla, a veces, de malhumor o francamente encolerizada, que trabaje por la posibilidad imposible de un capitalismo nacional o más humanitario, que haga una reforma impositiva para redistribuir el ingreso, que bajen las tasas de los bancos para que los créditos no sumerjan o esclavicen a quienes los toman, que dialogue con la oposición y hasta que colabore para que esa oposición (que es un mamarracho patético) exista porque la democracia la necesita, que mejore la salud, la educación, la vivienda, que no prorrogue (no, por favor) las licencias de los medios de comunicación letrinógenos, que no se dé por contenta con el monocultivo de la soja porque el monocultivo condenó a la Argentina a ser siempre una factoría del imperio de turno, que frene la inflación del único modo posible: frenando la gula del empresariado oligopólico, extranjerizado, que la gente sencilla de este país, a la que sobre todo deberá llegar, la va a entender mejor si dice “mujer” en lugar de “género”, si dice “sociedad” en lugar de “tejido social”, que se oponga al ALCA, que se maneje bien con Evo, con Lula y (con cierta cautela) con Chávez, que sepa, que no olvide ni un solo día de que en este país rico hay hambrientos sin retorno, enfermos que mueren y podrían curarse, chicos sin escuela, chicos sin infancia, chicos perdedores, todo esto, en suma, le voy a pedir a ella, porque ella es ella, tiene su nombre y su apellido, no es “de” nadie y –si algo es– es lo que este país le encargó que sea: su presidenta.