23/02/2009 - 14:59h Deus mora no cérebro

Dios habita en el cerebro
Hallazgos neurocientíficos explican por qué el hombrese refugia en las religiones

Dios habita en el cerebro

JAVIER SAMPEDRO – El País

El Dios de Abraham era justo, inapelable, incorruptible, trascendente, omnisciente, omnipotente, omnipresente y omnibenevolente. El cristianismo antiguo se centró en la pericoresis o fusión de tres personas en una sola entidad divina. Para la vía negativa de Maimónides sólo nos es dado discutir sobre lo que Dios no es. El Todo de los herméticos es más complicado que la suma de cuanto existe, y el Buda puso el énfasis en la liberación del sufrimiento en la tierra. Vista así, la religión tiene poco de universal.

Pero los experimentos han hecho aflorar una capa subyacente más simple. Por ejemplo, los psicólogos cuentan a grupos de voluntarios una historia en la que Dios atiende a cinco problemas a la vez. Los creyentes de cualquier confesión monoteísta aceptan la narración con naturalidad, puesto que Dios tiene sobrados poderes cognitivos para ello. Pero si se les pide recordar la historia un rato después, casi todos cuentan que Dios atiende los cinco problemas uno por uno: su subconsciente ha humanizado al omnipotente Dios de la doctrina.

La investigación reciente en psicología cognitiva, neurobiología y antropología cultural ha revelado que la mayoría de los creyentes, sea cual sea su culto, tienen interiorizado un modelo extremadamente antropocéntrico de Dios. No sólo posee una figura humana, sino que utiliza los mismos procesos de percepción, razonamiento y motivación que las personas. Las creencias explícitas sobre la divinidad son muy distintas entre religiones, pero los supuestos tácitos son casi idénticos en la mayoría de las personas.

La característica central de cualquier religión es un núcleo de creencias sobre agentes no físicos. Este tipo de “conceptos sobrenaturales” -que también aparecen en la fantasía, los sueños y las supersticiones- está muy condicionado por nuestro conocimiento del mundo real. Un espíritu es un tipo de persona, sólo que atraviesa paredes. Dios comparte esas limitaciones dentro de la cabeza de los creyentes.

Más en general, las creencias subconscientes de la gente religiosa de cualquier credo son extraordinariamente parecidas: los agentes sobrenaturales ejercen una vigilancia permanente del comportamiento moral de la persona, con acceso instantáneo a sus pensamientos y deseos más íntimos. Los creyentes de cualquier culto también albergan creencias sobre la existencia y las propiedades de esos agentes sobrenaturales, y suelen guardar símbolos o amuletos que los representan, y celebrar rituales en su nombre. Cada grupo social suele atribuir a esos agentes su sistema moral, y su propia cohesión social.

Los científicos cognitivos han reunido muchas evidencias de que esta especie de religión natural se enraíza en cualidades humanas universales -como la capacidad para simular relaciones con personajes ficticios- que no son específicas de la experiencia religiosa, sino una consecuencia de tener el cerebro más desarrollado, y las estructuras sociales más complejas y estables, que han evolucionado en ninguna especie animal de este planeta.

“El pensamiento y el comportamiento religioso pueden considerarse parte de las capacidades naturales humanas, como la música, los sistemas políticos, las relaciones familiares o las coaliciones étnicas”, dice Pascal Boyer, de la Universidad de Washington en Saint Louis. Boyer ha publicado en el último año dos trabajos de referencia sobre la evolución cognitiva de la religión (Nature 455:1038; Annual Review of Anthropology 37:111).

El filósofo Daniel Dennett sostiene que los cerebros animales han evolucionado a través de tres fases. El comportamiento de las criaturas darwinianas está determinado genéticamente. Las criaturas skinnerianas (por el psicólogo conductista norteamericano B. F. Skinner) disponen de una gama de comportamientos, pero despliegan uno u otro al azar. Los humanos somos criaturas popperianas (por el filósofo de la ciencia Karl Popper). Una criatura popperiana hace lo mismo que una criatura skinneriana, pero sólo dentro de su propia cabeza, como una serie de simulaciones mentales.

El ingeniero de la Universidad de Michigan John Holland, padre de los algoritmos genéticos, asegura que “la verdadera esencia de una ventaja competitiva, sea en el ajedrez o en la actividad económica, es el descubrimiento y la ejecución de jugadas en un escenario ficticio”. Y entre las principales jugadas que tenemos que simular los humanos, desde la más tierna edad, están las situaciones sociales ficticias.

“Todos los niños entablan relaciones sociales importantes y duraderas con personajes de ficción, amigos imaginarios, familiares desaparecidos, héroes invisibles, novios figurados…”, dice Boyer. La práctica constante con ese tipo de “agentes no físicos”, de hecho, puede explicar parte de la extraordinaria destreza social de nuestra especie, muy superior a la de los demás primates. Y desde ahí, el científico de Washington sólo ve un pequeño paso hasta otros “agentes no físicos” como espíritus, dioses y demonios, “intangibles pero implicados socialmente”.

Los agentes sobrenaturales son a menudo la fuente de la moral para las personas religiosas, y también sus vigilantes omniscientes, esto es, que basta con pensar en algo pecaminoso para que se den por enterados. Ésta es otra de las creencias más generales entre los fieles de cualquier culto.

La psicología experimental indica, sin embargo, que los niños comprenden los imperativos morales básicos, como los relativos al trato justo y al daño a sus semejantes, desde que están en edad preescolar. Eso es antes de que puedan comprender esos conceptos abstractos y con independencia del entorno religioso en que se obtengan los datos. La neurobiología, por otro lado, ha revelado nexos muy relevantes entre los juicios morales y algunas de las emociones humanas más básicas y universales.

Uno de los nodos centrales de la red emocional del cerebro es el córtex prefrontal ventromedial (VMPC). Los pacientes que tienen destruida esa zona del córtex muestran una disminución general en su capacidad de respuesta emocional y una marcada reducción de las emociones sociales -como la compasión, la vergüenza y la culpa que están estrechamente relacionadas con los valores morales-.

El VMPC es muy conocido por los neurólogos desde el 13 de septiembre 1848, cuando una explosión accidental disparó una barra de hierro de un metro de largo y seis kilos de peso exactamente hacia esa zona del cerebro de Phineas Gage, el capataz de una cuadrilla de trabajadores del ferrocarril. Sobrevivió, y sin daños en la capacidad del lenguaje ni en otras funciones intelectuales. Pero como dijo poco después un amigo suyo: “Este hombre ya no es Phineas Gage”.

Todos los graves defectos que muestran estos pacientes se refieren a la respuesta a los estímulos emocionales o a la regulación de los propios sentimientos. Sus capacidades de la inteligencia general, de razonamiento lógico y de conocimiento de las normas sociales y morales están intactas.

Según el neurólogo Antonio Damasio, premio Príncipe de Asturias, muchas reacciones morales aversivas son una combinación del visceral rechazo a ciertos actos (matar a alguien, por ejemplo) y de la compasión instintiva por otro ser humano. Damasio cree que las emociones no sólo se asocian a los juicios morales, sino que son cruciales para elaborarlos.

“Aunque los creyentes suelen atribuir su moralidad a un agente sobrenatural”, dice Boyer, “los modelos cognitivos indican todo lo contrario: que nuestros sentimientos morales son reclutados para dar verosimilitud a las nociones morales de la religión”.

Los ritos religiosos también parecen muy distintos entre unas culturas y otras, pero todos pertenecen a una clase de “comportamientos rituales” constantes en la especie humana. Los ritos se basan siempre en alguna secuencia de actos arbitraria, obligatoria, ejecutada en un orden rígido, desligada de un objetivo práctico obvio y repetida muchas veces. También implican a menudo el uso de números, colores llamativos y símbolos de la pureza, el orden o la simetría.

Nuevamente, estos comportamientos rituales son un tema común en el desarrollo infantil: por ejemplo, cuando un niño sólo puede andar por la acera pisando las baldosas rojas, o tiene que subir el primer peldaño de su portal antes de que se cierre la puerta de la calle. Los niños suelen asociar estos rituales a unas vagas nociones de purificación y protección del peligro. Cuando estos sistemas se pasan de revoluciones, ocurren los trastornos obsesivo-compulsivos.

“Sabemos que el cerebro humano tiene redes de seguridad y precaución dedicadas a prevenir peligros como la predación”, dice Boyer. “Las aserciones religiosas sobre la pureza, la suciedad y el peligro oculto de los demonios al acecho estimulan esos mismos sistemas, y hacen que las precauciones rituales resulten intuitivamente atractivas”.

La crítica científica de la religión se ha centrado hasta ahora en argumentos racionales. El astrofísico Carl Sagan, por ejemplo, escribió: “¿Cómo es que apenas ninguna religión ha mirado a la ciencia y ha concluido: ‘¡Esto es mejor que lo nuestro! El universo es mucho mayor de lo que dijeron nuestros profetas, más sutil y elegante?”.

“Hay quien tiene un concepto tan amplio de Dios que no hay forma de evitar que lo acabe encontrando en cualquier parte”, afirma Steven Weinberg, físico teórico y premio Nobel. “Si quieres decir que Dios es energía, lo puedes hallar en un montón de carbón”.

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El diseñador inteligente

La campaña Probablemente, Dios no existe de los autobuses se gestó en Londres en el pasado otoño, y uno de sus grandes promotores fue el biólogo Richard Dawkins (Universidad de Oxford). Él es, posiblemente, el autor de divulgación más popular de los últimos 30 años, pero su gran éxito editorial no es un libro de ciencia sino de religión: El espejismo de Dios, publicado en 2006 y traducido a 31 idiomas.

En los años ochenta, Dawkins aplicó las ideas de la selección natural darwiniana a la propagación de los modelos culturales. Las ideas serían memes (en vez de genes) que se replicarían de boca en boca y competirían entre sí por el éxito reproductivo. Las ideas religiosas, que por definición no deben demostrarse, serían memes de alta propagación.

Dawkins, como otros científicos, también desarrolla en El espejismo de Dios una refutación racional de la teología natural. Esta corriente teológica, que sedujo tanto a Darwin como al propio Dawkins en la juventud de ambos, deduce la existencia de Dios a partir de la complejidad de sus criaturas, y sigue siendo el gran argumento detrás del diseñador inteligente del creacionismo norteamericano. Pero un diseñador inteligente, aduce Dawkins, debe ser aún más complejo que las criaturas a las que pretende dar explicación, luego no les da ninguna.

Son argumentos más bien abstractos. La escuela evolucionista que representa Pascal Boyer, por el contrario, ha presentado evidencias de que el pensamiento religioso es la “línea de menor resistencia” de nuestro sistema cognitivo. “La incredulidad suele ser el resultado de un esfuerzo racional deliberado contra nuestras predisposiciones naturales”, concluye Pascal en Nature, “lo que no es la ideología más fácil de propagar, precisamente”.

08/02/2009 - 11:24h Darwin 200 anos depois

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Herton Escobar – O Estado SP

“No futuro distante, vejo campos abertos para pesquisas muito mais importantes. A psicologia será baseada num novo fundamento, baseado na necessária aquisição de cada poder e capacidade mental via gradação. Luz será lançada sobre a origem do homem e sua história.”

Charles Darwin, em A Origem das Espécies, 1859

Na semana em que Charles Darwin completaria 200 anos, a atual crise financeira-econômica mundial oferece um cenário ideal para estudar o legado do grande naturalista. Assim como o asteroide que caiu sobre a Terra há 65 milhões de anos alterou radicalmente o clima do planeta, levando os dinossauros à extinção e permitindo a ascensão dos mamíferos (até então pequenos animais noturnos que viviam à sombra dos grandes répteis), o colapso de Wall Street detonou uma sequência de eventos que alteram profundamente o ambiente econômico mundial.

Empresas, bancos e modelos de negócios que não conseguirem se adaptar às novas condições correm o risco de desaparecer da face da Terra, tal qual os dinossauros. Alguns gigantes do setor financeiro já foram extintos. Novos negócios sustentáveis, antes sufocados pelo ambiente especulativo e de consumo desenfreado, agora têm uma chance para florescer, tal qual os pequenos mamíferos do cretáceo.

Esse é o princípio da evolução por seleção natural, descoberto por Darwin em meados do século 19, após sua viagem de volta ao mundo a bordo do H.M.S. Beagle e publicado em 1859, no livro A Origem das Espécies – para muitos, a obra mais importante da história da ciência. Darwin enxergou algo fundamental e revolucionário sobre o funcionamento da natureza: um mecanismo pelo qual espécies podem evoluir, diferenciar-se e originar novas espécies por meio de forças exclusivamente biológicas, sem necessidade de intervenção divina ou atos sobrenaturais. Um mecanismo tão poderoso que, como Darwin bem previu, abriu caminho para novos – e polêmicos – campos de estudo a respeito da existência humana.

Que o homem evoluiu de um ancestral comum com os primatas já é uma certeza científica universal, confirmada por um batalhão de informações genéticas produzidas desde a descoberta do DNA. Mas será que a espécie humana ainda está evoluindo? E até que ponto a seleção natural poderia explicar não apenas a evolução de características físicas do ser humano, como a postura ereta e o cérebro grande, mas também de características comportamentais, como o altruísmo, o egoísmo, o racismo ou uma propensão à infidelidade conjugal? Essas são algumas das perguntas darwinianas com as quais cientistas e filósofos de um “futuro distante” se digladiam no presente.

BASE CIENTÍFICA

O primeiro passo de Darwin para chegar a sua teoria foi perceber que todos os indivíduos – inclusive os membros de uma mesma espécie – são anatomicamente e fisiologicamente diferentes entre si. Alguns nascem com pernas um pouco mais longas, com a visão um pouco mais aguçada, com antenas mais sensíveis ou com a capacidade de digerir alimentos melhor do que seus pais e irmãos.

Se alguma dessas características calha de ser vantajosa no ambiente em que aquele organismo vive – por exemplo, a capacidade de viver mais tempo sem água em um ecossistema árido ou uma coloração de asa que se camufla melhor com a cor da casca de uma árvore -, esse indivíduo terá melhores chances de sobreviver e, consequentemente, de deixar descendentes com características genéticas iguais às dele para compor as geração futuras (chamada seleção positiva). Já os indivíduos menos adaptados sofrem o efeito contrário: em média, vivem menos e deixam menos descendentes (seleção negativa).

Deixe a seleção natural agir por tempo suficiente e as variedades menos aptas tenderão a desaparecer da população, substituídas pelos descendentes das variedades mais bem adaptadas. É o que Darwin chamou de “luta pela sobrevivência”, mas que ficou conhecido pelo apelativo (e enganoso) título de “a lei do mais forte”. Novas espécies surgem quando uma variedade se separa da população original e segue um caminho evolutivo diferente, tal como as linhagens do homem e do chimpanzé divergiram de um ancestral comum.

Quando as condições ambientais mudam, as espécies precisam mudar também. Características que eram benéficas ou irrelevantes podem se tornar deletérias e vice-versa. É um processo contínuo, porém lento e gradual, que pode levar de algumas dezenas a muitos milhões de anos, e por isso é tão difícil de ser observado diretamente. Em um evento extremo, como a queda de um asteroide ou a explosão de uma crise financeira global, porém, a seleção atua de maneira óbvia e implacável. No lugar de um bando de répteis gigantes, pode-se acabar com um bando de mamíferos pequenos e peludos.

UNIVERSALIDADE

Por mais polêmica que ainda seja do ponto de vista religioso, a teoria da evolução por seleção natural é hoje um pilar central das ciências biológicas, tão indispensável para explicar o desenvolvimento de uma joaninha quanto a resistência de bactérias a antibióticos ou a resposta de uma floresta ao efeitos do aquecimento global. Como disse o geneticista ucraniano Theodosius Dobzhansky, em 1973: “Nada na biologia faz sentido, a não ser sob a luz da evolução.”

“O que está implícito nessa frase é que a biologia só se consolidou como ciência após a teoria da evolução”, diz o biólogo Diogo Meyer, do Instituto de Biociências da Universidade de São Paulo. “Antes havia apenas o estudo dos seres vivos; não havia uma teoria que integrasse tudo numa ciência comum. Hoje sabemos que os processos que moldam o genoma de uma bactéria e de um elefante são parte da mesma família.”

A analogia sobre a crise financeira serve para mostrar que as teorias de Darwin – agrupadas no que se convencionou chamar de “darwinismo” – foram mais longe ainda: extrapolaram os limites da biologia e colonizaram outras áreas da ciência, influenciando várias esferas do pensamento humano.

Mais até do que uma analogia, a evolução por seleção natural é um elemento crucial da teoria econômica moderna, segundo o economista José Eli da Veiga. “A ideia é que qualquer sistema evolutivo obedece às leis do darwinismo. E a economia é certamente um sistema evolutivo”, afirma Veiga, professor da Faculdade de Economia e Administração da USP. “Um economista que não entende Darwin é um economista totalmente ultrapassado.”

Visto por uma ótica puramente evolucionista, vale a pena perguntar: ao financiar a salvação de empresas que, de outra forma, iriam à falência, estariam os governos indo contra a seleção natural? Vale a pena salvar os dinossauros?

“Darwin fez uma teoria biológica, mas construiu uma linha de raciocínio tão abstrata que acabou transcendendo a biologia”, diz o pesquisador Charbel El-Hani, coordenador do Grupo de Pesquisa em História, Filosofia e Ensino de Ciências Biológicas da Universidade Federal da Bahia (UFBA).

SOCIOBIOLOGIA

No que se aplica à evolução de plantas, besouros, peixes e sabiás, a teoria de Darwin já é ponto pacífico na ciência. É quando se tenta aplicar a seleção natural aos seres humanos que a coisa fica complicada. Darwin desenhou uma árvore da vida na qual o homem é um galho tal como outro qualquer – uma espécie dotada de inteligência superior, porém gerada pelos mesmos mecanismos de diferenciação e seleção que produziram as plantas, besouros, peixes e sabiás. “Devo inferir por analogia que, provavelmente, todos os seres orgânicos que já viveram nesta Terra descenderam de uma única forma primordial, na qual a vida foi soprada pela primeira vez”, escreveu Darwin, no capítulo final de A Origem das Espécies.

Ele poderia ter deixado o ser humano fora dessa história, mas não deixou. As semelhanças entre os homens e os primatas já eram óbvias demais para serem ignoradas, mesmo no século 19, antes da genômica. A mera sugestão de que o Homo sapiens era uma forma evoluída de macaco e não um ser especial criado por Deus foi suficiente para detonar uma batalha entre ciência e religião que persiste até os dias de hoje. Darwin até tentou ficar de fora dessa briga no início, deixando o tema de fora de A Origem das Espécies (”Luz será lançada sobre a origem do homem e sua história” é a única referência que ele faz à espécie humana no texto). Mais tarde, porém, publicaria um livro específico sobre o assunto, chamado A Origem do Homem e a Seleção Sexual, de 1871.

A versão mais moderna desse debate se dá no campo da “sociobiologia”, uma ciência controversa que busca integrar conceitos biológicos ao estudo do comportamento humano. Umas de suas disciplinas, como previu Darwin, é a chamada “psicologia evolutiva”.

O raciocínio básico da sociobiologia é o de que, se o comportamento dos animais resulta de processos evolutivos, e os seres humanos são animais que evoluíram como todos os outros, então seu comportamento social deve ser, também, influenciado por processos biológicos – e não apenas culturais.

O tema é extremamente polêmico entre biólogos, antropólogos e sociólogos. “Não há nada no ser humano que não seja explicado por leis biológicas”, diz o biólogo Mário de Pinna, vice-diretor do Museu de Zoologia da USP. “A cultura tem origem biológica e, sendo assim, está sujeita também às leis da evolução.” Para ele, o ser humano continua a ser moldado pela seleção natural, tanto culturalmente quanto biologicamente. “Evolução nada mais é do que uma mudança na frequência de genes ou suas combinações ao longo do tempo numa população”, afirma Pinna. “Se você morre sem deixar filhos, geneticamente, é como se você nunca tivesse existido. Isso é seleção.”

O geneticista Sérgio Pena, da Universidade Federal de Minas Gerais (UFMG), discorda. “A evolução humana, do ponto de vista biológico, acabou”, diz. “Temos uma cultura que vai diretamente contra a seleção natural. Temos a medicina: pessoas que deveriam morrer não morrem.” Hoje, segundo Pena, a única seleção relevante é a cultural. “Evoluímos tanto que um dos produtos da nossa própria evolução é uma nova maneira de evoluir”, diz. “Tomamos as rédeas do nosso próprio destino como espécie.”

O dilema, segundo a antropóloga Gláucia Silva, da Universidade Federal Fluminense (UFF), surge de uma separação equivocada entre homem e natureza, enraizada nas culturas ocidentais. “Os seres humanos são radicalmente distintos de todos os outros animais, mas não deixam de ser animais”, afirma ela. A sociobiologia, segundo Gláucia, tem o mérito de tentar reconstruir essa unidade – porém, sem oferecer respostas satisfatórias, reduzindo tudo a uma questão genética. “Os sociobiólogos não sabem nada de antropologia social. Eles têm respostas tão simples que dá vontade de rir.”

Gláucia defende a tese de que a espécie humana continua a evoluir biologicamente – “Basta estar vivo para ser passivo de seleção”, diz ela -, mas que o comportamento social humano não tem nenhuma relação com isso. Nem mesmo o comportamento sexual. “Os seres humanos não têm instinto sexual”, diz a antropóloga. “A regulação da nossa atividade sexual é 100% cultural.”

As discordâncias mostram que a obra de Darwin está longe de virar história e que muitas das questões levantadas por ele continuam tão importantes no século 21 quanto eram no século 19. “É realmente notável que um naturalista daquela época pudesse fazer perguntas que permanecem relevantes tanto tempo depois”, diz o ecólogo Thomas Lewinsohn, da Universidade Estadual de Campinas.

Ele discorda de outros cientistas que prefeririam abandonar o título “teoria” e apresentar a evolução por seleção natural como um “fato” consumado. “Chamar uma teoria de fato é como transformá-la num fóssil”, diz. “A palavra de Darwin não é uma palavra sagrada, que não pode ser questionada. É uma teoria viva, em constante desenvolvimento, que pode e deve ser sempre reexaminada.”

07/12/2008 - 15:54h Diálogo de posteridades

Verissimo – O Estado SP

verissimo.jpgO túmulo do Herbert Spencer fica em frente ao do Karl Marx no cemitério Highgate, em Londres. Spencer morreu em 1903, o que significa que os dois são vizinhos há 105 anos.

Pode-se especular que, vez por outra, cheguem na sacada dos seus respectivos monumentos para uma conversa.

- Que tempo, hein Herbert?

- Horrível, Karl. Eu sempre digo que a única vantagem de estar morto na Inglaterra é que nos livramos do clima.

- Não me refiro ao clima, Herbert. Me refiro a esse tempo que estamos vivendo. Ou que os vivos estão vivendo. Essa crise…

- Imaginei que você estaria contente com ela, meu velho. Você sempre disse que o capitalismo ia acabar…

- Mas não assim, não num desastre sem qualquer significado histórico. Causado pela pura ganância, pela simples cupidez humana, por três ou quatro gerentes financeiros pensando apenas em trocar seu Porsche pelo modelo do ano. Há algo menos científico do que a cupidez humana, Herbert?

- Bem…

- O que eu tinha previsto era o fim de um processo, a síntese final de uma inevitável progressão dialética que terminaria com o proletariado livre para sempre dos seus grilhões numa sociedade sem classes. Não com a classe média impossibilitada de comprar um microondas. Que consciência revolucionária pode nascer de uma insatisfação com a falta de crédito?

- Pois eu baseei toda uma filosofia na defesa da cupidez humana, como você deve se lembrar, Karl. Nada é mais natural do que a cupidez humana, e a ciência deve reconhecer que as leis da Natureza também regem o comportamento humano. E a primeira lei da Natureza é cada um por si e por suas ambições. É o desejo do microondas, do qual o desejo do Porsche novo é uma exacerbação, que move, metaforicamente, a humanidade.

- Você e o seu darwinismo social. Como é mesmo a sua frase famosa? A sobrevivência dos mais capazes…

- Que hoje todo mundo pensa que é do Darwin, e é minha. Infelizmente, não podemos controlar nossa posteridade do túmulo.

- Mas a sua posteridade está ganhando da minha, Herbert. O capitalismo em crise não comprova a minha teoria, comprova a sua. A fome do mundo não é de igualdade e justiça, é de eletrodomésticos e férias no verão. Não foi a reação que derrotou o comunismo, foi o consumismo. Nunca uma troca tão pequena de letras significou tanto.

- Não se deprecie, homem. Que importa se o capitalismo acabará com uma revolução ou um gemido, se se autodestruirá ou se regenerará? Aconteça o que acontecer, ainda virá mais gente visitar o seu túmulo do que o meu. Aliás, nenhum dos neoliberais que vinham prestar suas homenagens ao seu filósofo favorito tem aparecido, ultimamente. Como você vê, as flores que deixaram da última vez no meu túmulo estão mais murchas do que os prognósticos econômicos para 2009. Você ainda é o cara.

- Obrigado, Herbert. Mas você não está querendo ver o paradoxo. Se o capitalismo cair por acaso, por nenhum determinismo científico, eu caio junto com ele. Terei sido o pior tipo de profeta, o que acerta porque estava errado.

- O acaso, o acaso… Neste ponto nós sempre concordamos, discordando do Darwin. Ele atribuía a evolução ao acaso. Nós sempre achamos que havia um fim previsível para as nossas respectivas explicações do mundo, que nossas evoluções tinham um objetivo que as redimiria.

- Mas num ponto Darwin teria razão em defender o acaso, Herbert.

- Qual?

- Foi por puro acaso que enterraram você aí, na minha frente, e podemos ter estas nossas conversas.

- Isso é verdade, Karl.

30/11/2008 - 17:51h Criacionismo no Mackenzie

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+ Marcelo Leite – FOLHA SP

Colégio prega idéia de origem religiosa em aula de ciências

O Instituto Presbiteriano Mackenzie abrange uma universidade e uma escola das mais tradicionais de São Paulo. Só na unidade paulistana do colégio há mais de 1.800 alunos. Seu campus no quarteirão ladeado pela avenida da Consolação e pela rua Maria Antônia é um ponto de referência na cidade.

Talvez poucos se dêem conta de que se trata de um estabelecimento confessional de ensino. Isso está bem explícito no nome da instituição, porém. Agora o Colégio Mackenzie é também, oficialmente, criacionista.

Criacionismo é a doutrina segundo a qual Deus criou o mundo com todas as espécies que existem hoje. Isso contradiz a explicação darwinista para a diversidade biológica, fruto da evolução por seleção natural. Inúmeras observações comprovam postulados centrais do darwinismo, como a ascendência comum (todas as espécies provêm de um ancestral único).

O fato de o DNA ser a molécula da hereditariedade em todas elas é a melhor prova desse princípio. Os primeiros seres vivos da Terra “inventaram” essa maneira de transmitir características de uma geração a outra, há cerca de 4 bilhões de anos, e ela se perpetuou desde então.
A direção do Mackenzie não nega os avanços da biologia trazidos pelo darwinismo, mas acredita que é preciso opor-lhe o contraditório. Em outras palavras: ensinar a seus alunos que há outra explicação, de fundo religioso, para a origem das espécies.

Quase 200 anos depois de Charles Darwin (1809-1882) e 150 após a publicação de sua grande obra, “Origem das Espécies”, os educadores do Mackenzie aceitam só o que chamam de “microevolução” (organismos se adaptam a novas condições do meio).

Não, porém, a “macroevolução” (tal adaptação não seria suficiente para originar novas espécies, em verdade criadas por Deus).

A doutrina criacionista não é apresentada somente nas aulas de religião, mas igualmente nas de ciências. Em 2008 foi usada nos três primeiros anos do ensino fundamental 1, ainda em fase piloto, uma série de apostilas traduzidas e adaptadas de material da Associação Internacional de Escolas Cristãs (ACSI, na abreviação em inglês), com sede no Colorado, nos Estados Unidos.

A coleção utilizada com crianças de 6 a 9 anos se chama Crescer em Sabedoria. Na capa do volume do terceiro ano estava estampado “Ciências – Projeto Inteligente”.

É uma alusão ao argumento do “design inteligente”: a natureza é tão complexa e os organismos tão perfeitos que só o desígnio de um arquiteto (Deus) pode ter sido responsável por sua criação. “Quando Deus formou a Terra, criou primeiro o ambiente. Criou elementos não vivos, como o ar, a água e o solo. Depois, Deus criou os seres vivos para morarem nesse ambiente”, afirma-se na pág. 10. O item 2.1 do volume se chama “O plano de Deus para os ambientes”.

Pode ser lido na pág. 17: “Deus projetou as cores e as formas de cada animal e o colocou em um ambiente que era perfeito para eles [sic]. Quando um animal usa suas cores ou formas para se esconder em seu ambiente, dizemos que ele está camuflado”.

A direção do Mackenzie justifica a omissão da evolução por seleção natural, nessa apostila de ciências, dizendo que se trata de conteúdo previsto apenas para o ensino fundamental 2. Além disso, o material da fase piloto de 2008 foi revisto e a ênfase religiosa, atenuada, mas não excluída.
Darwin, todavia, continua de fora.

Só uma dúzia de pais reclamou.

MARCELO LEITE é autor de “Ciência – Use com Cuidado” (Editora da Unicamp, 2008) e de “Brasil, Paisagens Naturais -Espaço, Sociedade e Biodiversidade nos Grandes Biomas Brasileiros” (Editora Ática, 2007). Blog: Ciência em Dia (cienciaemdia.folha.blog.uol.com.br).
E-mail: cienciaemdia.folha@uol.com.br

29/06/2008 - 14:37h Teoria está mais jovem do que nunca

FOLHA SP

PRECEITOS CENTRAIS DO DARWINISMO TORNARAM-SE O EIXO DE TODA A PESQUISA BIOMÉDICA MODERNA

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MARCELO NÓBREGA
ESPECIAL PARA A FOLHA

Diz-se que, ao ouvir sobre a teoria de Darwin, uma senhora da sociedade vitoriana resumiu assim seu desconforto: “Vamos torcer para que o Sr. Darwin esteja errado. Mas, se estiver certo, vamos torcer para que essas idéias não se espalhem muito”.
Darwin, mais do que ninguém, entendia as implicações desalentadoras de sua teoria para a noção de que os humanos ocupam uma posição especial na natureza. “É como confessar um crime” dizia.
Foram necessários 70 anos para provar que Darwin estivera certo desde o início.Vários remendos foram necessários à teoria evolutiva original. O mais importante deles foi o reconhecimento de outras forças evolutivas além da seleção natural. No que é conhecido como “deriva genética”, é amplamente aceito que várias características genéticas podem se disseminar em uma população puramente ao acaso, sem que a seleção natural precise ficar “escrutinando dia e noite cada variação”, como escreveu Darwin na “Origem das Espécies”.
Curiosamente, há um recente clamor, especialmente nas ciências sociais, de que uma mudança radical nas nossas idéias sobre hereditariedade e evolução se faz mister, frente a supostas descobertas bombásticas na biologia molecular que traem os preceitos “genocêntricos” do darwinismo.
Entre estas, a descrição de que certos traços podem ser herdados de uma geração para outra sem correspondente variação no DNA -fenômeno chamado de “epigenética”-, ou que modificações ou surgimento de certos traços às vezes precedem variação genética nessas populações, violando o preceito de que evolução se dá exclusivamente em variações genéticas preexistentes, randômicas. Acredita-se, por exemplo, que variações genéticas que tornaram humanos adultos tolerantes à lactose podem ter aparecido somente depois de estes terem instituído o consumo de leite, há cerca de 10 mil anos.
Se esses são os melhores argumentos justificando tal revolução conceitual, a cruzada é quixotesca, e o exército, maltrapilho. Esses novos mecanismos e conceitos vêm simplesmente agregar-se a um sem número de outras descobertas, que se tornaram possíveis nas últimas quatro décadas com o advento da biologia molecular.
O verdadeiro testemunho da herança de Charles Darwin pode ser aferido ao andar-se pelos corredores de qualquer departamento de biologia moderno.
Rapidamente se verá que o anseio da senhora inglesa de abafar as idéias sobre evolução não se concretizou. Os preceitos centrais de teoria evolutiva tornaram-se o eixo de virtualmente toda a pesquisa biomédica.
Graças às teorias de genética e evolução de populações, uma nova forma de medicina, chamada farmacogenética ou “medicina individualizada”, tem rapidamente se desenvolvido nos últimos anos. Hoje já é possível analisar diferenças genéticas entre pessoas e usar essa informação para escolher que remédios serão mais eficazes e terão menos efeitos colaterais para cada paciente em uma série de doenças.
Evolução e seleção natural são o motivo pelo qual ainda não existe uma cura para a Aids e pelo qual estamos perdendo a guerra contra bactérias resistentes a antibióticos. Mas são também os conceitos que têm nos permitido procurar novas formas de combater essas doenças -por exemplo, tentando entender o que na genética faz com que algumas pessoas que são verdadeiras cartilhas ambulantes de fatores de risco nunca adoecem. Desvendados esses mecanismos, novas estratégias terapêuticas poderão ser desenvolvidas.
A procura das causas genéticas de doenças é hoje pesquisada usando os genomas de múltiplas espécies e procurando trechos de DNA que foram mantidos intactos durante longos períodos evolutivos.
O entendimento de como as proteínas -os produtos dos genes- interagem em redes complexas para desenvolver uma função biológica é também amplamente sustentado pela teoria evolutiva. São novos rearranjos e interações entre proteínas que promovem o aparecimento de “novidades” evolutivas em espécies. Assim, uma esponja-do-mar já tem a maioria dos genes que são responsáveis pela organização do plano corporal humano. Os genes que são usados para formar dentes em peixes foram recrutados para funções diferentes quando nossos ancestrais saíram da água. Esses mesmos genes hoje coordenam a formação de estruturas aparentemente distintas como pele, glândulas mamárias e penas em aves.
Tentar descrever qualquer fenômeno biológico fora da esfera conceitual de evolução de Darwin equivale a conceber personagens sem um enredo que os contextualize e una.


MARCELO NÓBREGA é professor-assistente do Departamento de Genética Humana da Universidade de Chicago, EUA

29/06/2008 - 14:31h Século 19 estava prenhe da evolução biológica

FOLHA SP
GEOLOGIA ITALIANA DO SÉCULO 18 LANÇOU BASE DO EVOLUCIONISMO

http://www.thesecondevolution.com/wallace&darwin.jpg
Alfred Wallace e Charles Darwin

NÉLIO BIZZO
ESPECIAL PARA A FOLHA

Ao remeter para Darwin seu ensaio sobre as variedades de seres vivos, Alfred Russel Wallace pedia que o mostrasse a Sir Charles Lyell, o famoso geólogo, caso nele visse algum valor. O ensaio teve um impacto avassalador sobre Darwin: trazia sentenças inteiras que poderiam ser encontradas em um antigo ensaio de Darwin de 1844.
“Seleção natural” e “sobrevivência do mais apto” apareciam tão articuladas no texto de Wallace quanto estavam na mente de Darwin.
Ao impacto do ensaio de Wallace somou-se um período de muita agitação emocional e Darwin teve de mudar seus planos inteiramente. O impacto de sua teoria sobre as raças do homem, idéia que Darwin vinha desenvolvendo, teria de esperar até 1871.
Malgrado essas mudanças de rota, uma teoria da evolução estava brotando na mente de pensadores em várias partes do mundo e o rebento teórico brotaria em algum lugar. O século 19 estava prenhe da evolução biológica.
Essa prenhez estava anunciada no livro que Darwin lera a bordo do Beagle, “Princípios da Geologia”.
Lyell escrevera que as teorizações inglesas tinham sido refutadas, e até mesmo ridicularizadas, pelos geólogos italianos do Século das Luzes. Eles tinham estendido as bases de Galileu para o estudo do interior da Terra e refutado a idéia de um dilúvio universal.
Lyell defendia o completo abandono da antiga idéia de que os fósseis não são marcas de seres vivos que de fato existiram no passado. Da mesma forma, dizia Lyell, não era razoável invocar os céus ou qualquer divindade para explicar fenômenos naturais à custa de milagres.
Nada além da “pura abominação” dessas visões era o que Lyell pedia a seus colegas iniciados das academias de intelectuais. Para explicar a ocorrência de fósseis marinhos nas alturas das montanhas não era necessário solicitar a intervenção de nenhuma força onipotente.
Até aquela data, muitos viam nos degraus da arena romana de Verona as marcas de Júpiter, cuja imagem os romanos tinham tomado de Amon dos egípcios. Os “cornu Ammonis” que até hoje ornam o rico mármore das calçadas de Verona, seriam simples lembranças espirituosas dos chifres de carneiro de Amon, e não marcas de amonitas (daí a origem do nome), animais reais extintos.
A geologia italiana acabara com o fundamentalismo anglicano naturalista e suas pretensões de sacralizar a ciência nascente.
A física e a mecânica dos céus tinham deixado de depender daquilo que estava nas Escrituras; a química vivia tempos revolucionários.
O estudo da vida seria o próximo campo fértil no qual germinariam as sementes da evolução orgânica, base de uma verdadeira ciência da vida, capaz de explicar as extinções, as “grandes revoluções” da crosta terrestre e o “mistério dos mistérios” -a origem das espécies.
Darwin e Wallace tinham resolvido a questão em 1858.
Darwin já o fizera em 1844 de maneira plenamente aceitável, mas insisitira em colecionar mais fatos e evidências.
Wallace confessava que, embora quisesse se dedicar ao tema de uma forma teórica, os afazeres cotidianos de coletor de espécimes lhe roubavam o tempo necessário.
Com um acesso de malária, ficou preso a uma cama, onde rememorou o que lera de Malthus e teve o “insight” criativo da seleção natural.
Em 1858, enfim, as duas perspectivas se juntaram e a teoria foi finalmente apresentada ao mundo. Passados 150 anos, sabemos que nada na biologia faz sentido sem ela. Há uma única razão para um anfioxo, uma lampréia, um sapo, uma tartaruga, um galo e um elefante terem um desenvolvimento embrionário com características comuns. Essa razão se resume à teoria da evolução, cujas bases foram assentadas pela geologia dos italianos do século 18, entendida e aplicada pelos britânicos que os sucederam, capazes de perceber a distinção básica entre ciência e religião. Ela estava no ar.


NÉLIO BIZZO é professor da Faculdade de Educação da USP. Pesquisou os manuscritos e a biblioteca pessoal de Charles Darwin

29/06/2008 - 13:52h Wallace, o outro pai da evolução

Paralelamente a Darwin, o biólogo Alfred Russel Wallace traçou as idéias da teoria da seleção natural

Alfred Russell Wallace (1823 – 1913)

Herton Escobar – O Estado de São Paulo

Cento e cinqüenta anos atrás, no dia 1º de julho de 1858, a teoria da evolução por seleção natural foi apresentada pela primeira vez à Sociedade Lineana de Londres, na Inglaterra. A descoberta era assinada por dois naturalistas britânicos. O primeiro era Charles Darwin. O outro, freqüentemente esquecido, era um jovem biólogo autodidata, que chegara às mesmas conclusões pesquisando espécies do sudeste asiático, nas florestas do Arquipélago Malaio. Seu nome era Alfred Russel Wallace.

Um século e meio depois, a história selecionou Darwin como ícone supremo do pensamento evolutivo, enquanto Wallace foi reduzido ao status de espécie ameaçada, ofuscado pelo brilho daquele que foi seu ídolo científico. Poucos hoje sabem que Alfred Russel Wallace existiu. Menos ainda sabem que ele começou sua carreira de naturalista no Brasil.

Wallace passou quatro anos na Amazônia, coletando plantas e animais às margens do Rio Negro e do médio Amazonas. Desembarcou no porto de Belém em 26 de maio de 1848, acompanhado de outro jovem naturalista britânico, o amigo Henry Bates. Tinham apenas 25 e 23 anos.

A idéia era coletar o maior número possível de plantas e bichos exóticos da floresta, que depois seriam levados de volta à Inglaterra para estudo. Buscavam pássaros, peixes, borboletas e outros insetos interessantes. Para pagar as contas, enviavam duplicatas para um agente em Londres, que vendia os espécimes para colecionadores ou museus e remetia o dinheiro de volta.

DESASTRE

O plano quase deu certo. Após quatro anos de trabalho duro, vivendo embrenhado na floresta e com a saúde fragilizada, Wallace juntou o que tinha e embarcou de volta para a Inglaterra em 12 de julho de 1852. No meio do Atlântico, um desastre: o navio pegou fogo. O jovem naturalista assistiu de um bote salva-vidas seu patrimônio científico ser consumido pelas chamas no oceano. Salvaram-se apenas algumas anotações e desenhos que estavam em sua cabine – entre eles, vários rascunhos de peixes e palmeiras, que cientistas brasileiros usam até hoje como referência.

A alfândega brasileira deu sua contribuição. A maioria dos espécimes que deveriam ter sido despachados para a Inglaterra nos últimos dois anos da expedição ficou retida em Manaus, de modo que Wallace precisou carregar tudo de uma vez na viagem de volta – tornando o prejuízo muito maior.

“Com qual prazer eu admirava cada inseto raro e curioso que eu havia adicionado à minha coleção! Quantas vezes, quando quase derrubado pela febre, não me arrastei pela floresta e fui recompensado com alguma bela e desconhecida espécie! Quantos lugares, nos quais nenhum europeu havia pisado antes de mim, seriam resgatados à minha memória pelas aves e insetos raros que eles haviam proporcionado à minha coleção!”, escreveu Wallace. “Agora tudo estava perdido, e eu não tinha um único espécime para ilustrar as terras desconhecidas pelas quais eu havia caminhado ou para resgatar a lembrança das cenas selvagens que eu havia presenciado.”

Após dez dias à deriva, tapando vazamentos com rolhas,Wallace e a tripulação foram resgatados por um navio de passagem. Voltou para a Inglaterra sem dinheiro e sem bichos, mas conhecido o suficiente para ganhar uma passagem de graça para outra expedição, dessa vez para o Arquipélago Malaio (atual Indonésia). Foi lá que, em fevereiro de 1858, ele formulou sua teoria sobre a origem das espécies.

INICIAÇÃO CIENTÍFICA

Wallace descreveu algumas espécies da Amazônia – entre elas a palmeira piaçava (Leopoldinia piassaba), usada na fabricação de vassouras -, mas não produziu nenhuma grande descoberta enquanto esteve lá. Nem por isso a viagem deixou de ser produtiva. O comércio de espécimes era apenas uma fonte de subsistência. O que Wallace queria mesmo, desde que colocou os pés na floresta, era descobrir a origem das espécies.

“Ele claramente já tinha uma hipótese quando embarcou para o Brasil”, diz George Beccaloni, pesquisador de insetos do Museu de História Natural britânico e especialista em Wallace. “Essa era sua motivação principal – muito diferente de Darwin, que ainda era cristão, não acreditava na evolução e não tinha nenhuma hipótese quando embarcou no Beagle.”

A Amazônia foi a escola que Wallace não freqüentara (nascido numa família pobre, ele abandonou os estudos aos 13 anos). “A extraordinária biodiversidade brasileira foi um ponto decisivo, ao colocar de maneira premente para ele a questão de como explicá-la racionalmente”, diz o físico e divulgador científico Ildeu de Castro Moreira.

Wallace é considerado o pai da biogeografia, ciência que estuda a relação entre fatores ambientais, geológicos e a distribuição de espécies. Ele foi o primeiro a descrever os grandes rios amazônicos como barreiras geográficas à biodiversidade – um conceito básico da ecologia moderna.

Wallace notou que, nos trechos largos dos rios, os macacos de um lado eram diferentes das espécies do outro lado. Mais tarde, essa observação se tornaria um dos pilares da teoria da evolução, explicando como o isolamento pode transformar duas populações de uma mesma espécie em espécies diferentes.

“Não há especiação sem isolamento geográfico e reprodutivo. Wallace entendeu isso perfeitamente”, diz Nelson Papavero, biólogo aposentado do Museu de Zoologia da Universidade de São Paulo.

29/06/2008 - 13:36h Um começo tão simples

Folha de São Paulo
TEORIA DA EVOLUÇÃO, UMA DAS IDÉIAS MAIS IMPORTANTES DO PENSAMENTO OCIDENTAL, NASCEU HÁ 150 ANOS, MAS SEU REAL IMPACTO PASSOU DESPERCEBIDO NA OCASIÃO

John Collier
 

O naturalista britânico Charles Robert Darwin (1809-1882): de criacionista a cientista inovador

CLAUDIO ANGELO
EDITOR DE CIÊNCIA

Quase ninguém notou na hora, mas o mundo mudou no dia 1º de julho de 1858. Há 150 anos, um grupo de naturalistas reunidos na Sociedade Lineana de Londres ouviu a leitura conjunta de três textos. Seus autores eram o galês Alfred Russel Wallace e o inglês Charles Robert Darwin. Os documentos delineavam uma “teoria muito engenhosa” para explicar “o aparecimento e a perpetuação de variedades e formas específicas no nosso planeta”. Nascia a teoria da evolução pela seleção natural. Depois dela, o pensamento ocidental e a biologia nunca mais foram os mesmos.
Os membros do clubinho dos naturalistas não se deram conta do tamanho da revolução que testemunhavam. Estavam assoberbados com cinco outros trabalhos lidos na mesma ocasião, entre eles uma carta “sobre a vegetação em Angola” e a descrição de um novo gênero da família das abobrinhas. Questionado sobre o que havia sido publicado naquele ano, Thomas Bell, presidente da Sociedade Lineana, respondeu: “Nada de revolucionário”.
Bell se arrependeria de seu julgamento no ano seguinte, quando Darwin detalhou a teoria evolutiva no livro “A Origem das Espécies”. Na Inglaterra vitoriana, dominada pelo pensamento cristão, a obra caiu como uma bomba. Nela Darwin sugeria que todos os organismos da Terra, da mais humilde ameba até os seres humanos, descendiam de um único antepassado. Homem e macaco, na imagem mais ilustre, partilhavam um ancestral comum (mais tarde, o bispo de Oxford perguntaria a Thomas Huxley, amigo de Darwin, se ele descendia de um macaco por parte de avô ou de avó).
Mais importante, no entanto, foi a maneira como Darwin e Wallace solucionaram o “problema das espécies”. A teoria postulava que a variedade entre os indivíduos numa população surge ao acaso. Indivíduos possuidores de características que os favoreçam na “luta pela sobrevivência” na natureza tenderão a deixar mais descendentes, modificando uma população. O acúmulo dessas modificações ao longo das eras acaba produzindo novas espécies. Não há, portanto, a necessidade de invocar a atuação divina na criação de todas as espécies. A teoria eliminou o sobrenatural da biologia, criando um cisma que se aprofundaria nas décadas posteriores.
No ano que vem, o mundo comemora o “Ano de Darwin”, com os 150 anos da “Origem” e o bicentenário do nascimento do naturalista (1809-1888). Mas a revolução darwinista teve seu início de forma acanhada, no “não-evento” científico de julho de 1858 -no qual o próprio Darwin foi um mero coadjuvante. Nas próximas páginas, você verá como uma idéia tão poderosa surgiu de um começo tão simples.


NA INTERNET www.linnean.org
leia as publicações originais de Wallace e Darwin

29/05/2008 - 09:29h ‘Religião e ciência devem ficar separadas’

A principal referência do evolucionismo fala sobre o debate com criacionistas e propõe uma demarcação de campos de intervenção

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Carlos Orsi – O Estado de São Paulo

Ciência e religião podem conviver, mas não devem se misturar. Essa é a receita que o biólogo americano Douglas Futuyma oferece para evitar conflitos como os que ocorrem nos EUA, em torno do ensino da teoria da evolução em escolas públicas. Futuyma é um veterano dessas batalhas, tendo sido presidente da Sociedade Americana para o Estudo da Evolução e editor da revista científica especializada Evolution. É autor, entre outros livros, de Science on Trial: The Case for Evolution (Ciência em Julgamento: O Caso em Favor da Evolução), sobre o embate entre o ensino da evolução e do criacionismo, e de Biologia Evolutiva, uma das principais obras usadas no ensino da evolução nos cursos universitários brasileiros de Biologia. Futuyma está no Brasil nesta semana, para uma série de três palestras da Universidade Estadual de Campinas (Unicamp). A primeira delas, anteontem, foi “A Biologia Evolutiva, 150 anos após a publicação de A Origem das Espécies”. A de ontem teve como tema “Evolução e o Ataque à Ciência”, sobre o duelo com os criacionistas, e hoje o tema é “A Evolução de Associações entre Insetos e Plantas Hospedeiras”. A palestra de anteontem superlotou a sala de defesa de teses do Instituto de Biologia da universidade, com estudantes e professores em pé, junto às paredes e sentados nos corredores para ouvir o cientista fazer um balanço dos avanços no estudo da evolução biológica ao longo do último século, principalmente a partir da descoberta do código genético. “Os genomas não fazem sentido sem a vinculação com a evolução, e hoje também podemos estudar a influência dos genes na evolução das espécies”, disse ele à platéia. Antes de iniciar a palestra, Futuyma falou à reportagem do Estado.

link Entenda o uso das células-tronco

Como está a teoria da evolução hoje, 150 anos depois de sua formulação inicial?

Mais forte que nunca. Gostaria de começar dizendo algo sobre a palavra “teoria”. Essa palavra é mal compreendida, nos EUA e, talvez, no Brasil também. Para muita gente, teoria é algo como uma idéia, um palpite. Em ciência, no entanto, usamos “teoria” de um modo diferente. Físicos falam em teoria quântica, teoria atômica, e não estão fazendo especulações vazias. Eles têm muita certeza daquilo que dizem. Em ciência, “teoria” significa um corpo de explicações que dá conta de uma ampla gama de observações, e forma um corpo de conhecimento muito forte. Nos últimos 150 anos, a teoria da evolução cresceu e acumulou evidências em seu favor. Por exemplo, no tempo de Darwin (Charles Darwin, autor de A Origem das Espécies, primeira obra a expor a teoria da evolução, publicada em 1859) não sabíamos sobre DNA, sobre genes, não sabíamos como as características passavam dos pais para filhos. Agora, usamos DNA para entender melhor a evolução, e a evolução para entender melhor o funcionamento dos genes. Outro exemplo: Darwin sugeriu, em 1866, que humanos e chimpanzés vinham de um ancestral comum, e agora sabemos, graças ao DNA, que ele estava certo, porque o DNA humano e dos chimpanzés coincide em mais de 90%.

O debate entre evolução e criacionismo causa polarização. A evolução parece ser o único tema, no currículo de ciências, a provocar reações tão extremas. Por quê?

É precisamente porque as pessoas resistem muito à idéia de que surgimos por meio de um processo puramente material, a partir de outras formas de vida. É uma idéia que preocupa. É vista como uma ameaça à dignidade humana, talvez. E também uma ameaça às crenças religiosas, porque dizem que os seres humanos são muito especiais, foram deliberadamente criados por um Criador bondoso que se importa com elas. Creio que é por isso que a evolução causa uma reação tão emocional.

Mas essa ameaça é real? O sentimento humano de ser protegido por um Criador onipotente está mesmo sob ameaça, ou se trata de um mal-entendido?

Creio que é possível aceitar a evolução totalmente e, ao mesmo tempo, preservar crenças religiosas e teológicas. E digo isso porque há milhões de pessoas que fazem isso. Incluindo inúmeros cientistas, que aceitam a religião e aceitam as evidências a favor da evolução, incluindo a evolução da espécie humana. O papa anterior (João Paulo II) escreveu um documento dizendo que a evidência a favor da evolução é tão forte que a teoria deveria ser aceita como mais que pura especulação. No entanto, o papa disse que isso não significa que existe uma explicação biológica para a alma. Há muitas pessoas que têm crenças religiosas e acreditam na evolução. Mas elas são cuidadosas em separar uma coisa da outra. Elas defendem que há lugares onde a ciência não deve entrar, por exemplo, na questão dos valores, da ética, da moralidade, coisas sobre as quais a ciência não tem nada de útil a dizer, e onde não deveria se meter. Mas, em compensação, quando se tenta explicar o mundo natural, quando se tenta explicar as coisas que acontecem na natureza, com animais, plantas, rochas, estrelas ou átomos, a abordagem científica não pode admitir a religião. É preciso separar e manter separado.

Quem é: Douglas Futuyma

É professor de Ecologia e Evolução, na State University of New York

Autor de “Biologia Evolutiva”, um dos livros mais usados para o ensino da evolução nas faculdades brasileiras

Participou ativamente dos embates entre evolucionistas e criacionistas nos Estados Unidos, durante os anos 80

17/04/2008 - 12:48h Obras completas de Darwin disponíveis na internet

darwin.jpgIntroduction to Darwin Online

The Complete Work of Charles Darwin Online (or Darwin Online) began in 2002 to assemble in one scholarly website all of Darwin’s published writings and unpublished papers. It does not cover his unpublished letters which were already the focus of the Darwin Correspondence Project.

Darwin Online is by far the largest Darwin publication in history. It contains over 43,000 pages of searchable text and 150,000 electronic images. This site contains at least one exemplar of all known Darwin publications, reproduced to the highest scholarly standards, both as searchable text and electronic images of the originals. The works reproduced here were lent by helpful institutions and individuals. Some of the books are worth over £100,000 ($196,800), which means that few libraries can afford to collect all of Darwin’s works. The site also provides the largest collection of Darwin’s private papers ever published in c. 20,000 items in c. 90,000 images, thanks to the kind permission of Cambridge University Library.

The pilot website, The writings of Charles Darwin on the web (2002-6), was replaced in October 2006 with the launch of this website. The launch became an international media sensation—reported on television, radio, newspapers, magazines and the internet, reaching an estimated 400 million people. The site was swamped with millions of hits in the first 48 hours. Since then the site has been accessed by millions of readers and from every country in the world.

All of Darwin’s unpublished manuscripts are being scanned, transcribed or both. All previously published manuscript transcriptions are included (except where reproduction permission could not be obtained). Overall the site provides a vast amount of material on and by Darwin never before seen on the internet or never reproduced before in any form.

The distinguishing features and innovations on Darwin Online are outlined below: On the origin of species (1859)

The first complete collection of all Darwin’s publications. Many have never been reproduced and almost all appear online for the first time. The site includes over 40,000 pages of searchable text and 130,000 images. See Publications.

Each text is absolutely complete, nothing is omitted (as so often with online texts). The digitizations on Darwin Online begin with the spine of the book and include every page without exception, including end pages and publishers’ advertizements.

Both fully formatted electronic text and images of the original document are provided. These can be viewed side-by-side. Example. Darwin’s works are also provided in PDF format for downloading and printing.

The most comprehensive bibliography of works written by Darwin ever published (building on the work of R. B. Freeman). Introduction to the Freeman bibliographical database. See also the separate bibliography of works cited on Darwin Online which is also the first bibliography of the works cited in Darwin’s shorter publications.

Translations. Darwin’s works are also available in Danish, German, Norwegian and Russian. More languages forthcoming. See Publications.

Many of the books are signed by Darwin or belonged to his family: Origin, Life of Erasmus Darwin, Coral reefs, Variation or Flowers.

Many never before published transcriptions of Darwin’s handwritten manuscripts, such as the field notebook used on the Galapagos islands or his Beagle animal notes. Darwin Online contains thousands of Darwin manuscripts, more than have ever been available before to the public.

The largest union catalogue of Darwin’s many handwritten manuscripts and private papers ever assembled (based primarily on the Cambridge University Library catalogue by Nick Gill). Introduction to the manuscript catalogue.

A virtual bookshelf of the works of Charles Darwin. Clicking each book will open it.

Zoology of the Beagle 1838-1843Voyage of the Beagle, 1st edition 1839Coral reefsVolcanic islandsBarnacles vol. 1Barnacles vol. 2Origin 1st ed.OrchidsVariation vol. 1Variation vol. 2Descent vol. 1 1871Descent vol. 2 1871ExpressionUnsectivorousClimbing plants 2nd ed.Fertilisation of OrchidsForms of flowersLife of Erasmus DarwinPower of movement in plantsVegetable mould and worms

03/04/2008 - 05:20h A única boa notícia dos últimos 174 anos

O Estado de São Paulo – Fernando Reinach*

Eu não estava enganado, era realmente a cara de Malthus na capa do Wall Street Journal. A primeira idéia que me veio à mente é que tinham descoberto a última gota de petróleo ou que a última tonelada de ferro havia sido extraída das minas de Carajás. A notícia não era tão ruim, mas quase. O jornal americano, um defensor do crescimento ilimitado dos mercados, está sofrendo de “medo malthusiano”. Minha surpresa foi que, em uma página e meia de argumentos malthusianos, a única descoberta que fizemos desde 1834, o ano em que Malthus morreu, nem sequer foi mencionada. Pois aqui vai a boa notícia dos últimos 174 anos.

Thomas Malthus (1766-1834) foi o pensador que mais influenciou Darwin. Ele postulou que o instinto reprodutivo é incontrolável e acaba por provocar o colapso das populações. O conceito é fácil de entender. Se colocarmos uma única bactéria em um frasco fechado contendo nutrientes, a bactéria vai se dividir em duas, as duas vão dar quatro, as quatro, oito e assim por diante até que o alimento termine. Nesse momento, o ecossistema colapsa e bilhões de bactérias morrem de fome. O mesmo ocorre em um enorme pasto com algumas vacas. Elas vão comer o pasto, reproduzir-se e aumentar de número até comer a última folha de capim – aí morrem. Se colocarmos nesse pasto imaginário um felino que se alimente de vacas, ele também vai devorá-las e se multiplicar até grande parte da população morrer por falta de vacas.

Malthus imaginou que o mesmo deveria ocorrer com os seres humanos. Ele acreditava que nossa população cresceria exponencialmente até esgotarmos os recursos naturais do planeta. Aí morreríamos todos (ou quase todos) de fome ou sede. De fato, isso já ocorreu na Ilha de Páscoa faz centenas de anos. Tudo indica que os seres humanos chegaram à ilha e exploraram suas florestas até à exaustão. Depois desapareceram. Sobraram os ossos e as imensas estátuas de pedra.

ilha_pascoa.jpg

O chamado medo malthusiano é o receio de que estamos caminhando para um colapso: a combinação do crescimento populacional com o aumento do consumo per capita pode exaurir os recursos naturais do planeta. Nos EUA existem 137 milhões de carros. Na China há 19 milhões, mas se os chineses passarem a ter o mesmo número de carros per capita que os americanos, só na China circularão 590 milhões de carros. O planeta Terra seria o frasco com alimentos ou o pasto, nós, os humanos, as bactérias ou as vacas. Todos fadados ao colapso.

FATOR EDUCAÇÃO

O que Malthus não sabia e que o Wall St. Journal nem sequer menciona é uma observação feita em diversos países ao longo dos últimos cem anos. Nas populações humanas, à medida que aumenta a riqueza e o nível educacional, as taxas de fertilidade caem rapidamente.

O Brasil é um bom exemplo: o número de filhos por casal, que era de seis por volta de 1940, agora se aproxima de dois. Quanto mais rica e educada uma população, menor o número de filhos por casal, um fato único no mundo animal. Enquanto em todos os seres vivos a abundância provoca um aumento da população, nas sociedades modernas ocorre o contrário. Isso sugere que um dos únicos fatores comprovadamente capazes de retardar, ou mesmo paralisar, nosso crescimento populacional é o enriquecimento e a educação.

Essa é a única novidade nesse debate de 174 anos. A educação e o enriquecimento deveriam ser bandeiras dos ecologistas. Mas será que ainda existe tempo hábil?

*Biólogo – fernando@reinach.com

Mais informações em: New Limits to Growth Revive Malthusian Fears. Wall Street Journal, 24/3/2008

15/02/2008 - 09:49h Deveria ser feriado

CHARLES ROBERT DARWIN
February 12, 1809 to April 19, 1882

A Global Celebration

Darwin Day is an international celebration of science and humanity held on or around February 12, the day that Charles Darwin was born on in 1809. Specifically, it celebrates the discoveries and life of Charles Darwin — the man who first described biological evolution via natural selection with scientific rigor. More generally, Darwin Day expresses gratitude for the enormous benefits that scientific knowledge, acquired through human curiosity and ingenuity, has contributed to the advancement of humanity.

The Darwin Day Celebration website provides resources and publicity for individuals and institutions across the world to celebrate science and humanity every year, on, or near, February 12, Darwin’s birthday. In addition to information about the life and legacy of Charles Darwin, this website provides practical examples, advice and templates for organizing and publicizing Darwin Day events. It also provides a directory of events where you can find celebrations taking place near you or register your own event for others to find.

Recognizing science as an international language accessible to all individuals and societies, the Darwin Day Celebration provides a new global holiday that transcends separate nationalities and cultures. Darwin Day can be celebrated in many different ways: civic ceremonies with official proclamations, educational symposia, birthday parties, art shows, book discussions, lobby days, games, protests, and dinner parties. Organizers may include: academic societies, science organizations, freethought groups, religious congregations, libraries, museums, galleries, teachers and students, families and friends. In Darwin Day, we are able to recognize the diversity among us, while celebrating our common humanity and the universal understanding we share.

Click here for more on Charles Darwin as the symbol for a global celebration of science and humanity.

17/01/2008 - 15:53h Uma nova diferença entre os sexos


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Fernando Reinach*
Apesar de todo ano estudantes de Medicina dissecarem centenas de cadáveres, ninguém acredita que ainda é possível descobrir estruturas no corpo humano. De tão estudada, a anatomia humana se tornou uma ciência moribunda. Mas, agora, três antropólogos identificaram um detalhe em nossa anatomia que havia passado despercebido.

O interessante é que eles não fizeram a descoberta dissecando corpos, mas partiram de considerações sobre a evolução humana. Desde que nossos ancestrais se tornaram bípedes, nosso centro de gravidade, que se localizava entre as patas anteriores e posteriores, passou a se localizar sobre a bacia. Nos homens, o centro de gravidade não se altera ao longo da vida, mas nas mulheres ele se desloca para frente durante a gravidez ou quando a fêmea carrega o filho.
(mais…)

24/06/2007 - 11:32h Charles Darwin, o agnóstico

Avesso a controvérsias públicas, ele viveu conflito entre sua formação cristã e suas descobertas científicas

Herton Escobar

Charles Darwin era um homem cauteloso. Por 20 anos ele manteve sua teoria da evolução em segredo, conduzindo experimentos em seu jardim e estudando a literatura científica para, já de antemão, tentar responder todas as dúvidas e críticas que inevitavelmente seriam lançadas sobre ela.

Estava convicto de suas conclusões, mas tinha plena consciência do impacto avassalador que sua tese teria sobre o pensamento científico e religioso da época. E queria estar preparado.

Além disso, era um pensador reservado, avesso a enfrentamentos públicos e bate-bocas de qualquer natureza. Tanto que, ao fazer a redação final de A Origem das Espécies, retirou propositalmente sua conclusão mais polêmica: de que o homem não era uma criatura divina, criada por Deus à sua imagem e semelhança, mas um animal orgânico, puramente material, e de descendência comum com gorilas, orangotangos e chimpanzés. Uma espécie altamente evoluída de macaco, para ser bem sincero.

De fato, Darwin não menciona o ser humano em nenhum momento do livro. Mas foi pouco para acolchoar o impacto. Assim que chegou às livrarias de Londres, em novembro de 1859, A Origem das Espécies explodiu como uma bomba atômica sobre a sociedade vitoriana do século 19, espalhando nuvens incendiárias de polêmica por todo o planeta. E o parentesco de homens e primatas, de qualquer maneira, virou semente da discórdia.

Começava, assim, “o primeiro debate científico internacional da história”, segundo a historiadora inglesa Janet Browne, da Universidade Harvard. A ciência passou a fornecer respostas para perguntas que, até então, eram respondidas apenas pela fé – algo que não caiu muito bem com os religiosos. “O fato era que Darwin parecia expulsar por completo o divino do mundo ocidental, pondo em dúvida tudo que até então se acreditava sobre a alma humana e nosso sentido de moralidade”, escreve Browne em seu último livro, A Origem das Espécies de Darwin, com lançamento previsto no Brasil para esta semana.

REVOLUÇÃO

Charles Darwin não foi o primeiro a escrever sobre evolução. Mas foi o primeiro a propor, de maneira convincente, um mecanismo puramente biológico capaz de explicar a origem e a diversidade de todas as formas de vida. Nada de espíritos, projetos, propósitos ou intervenção divina: apenas variações aleatórias e seleção natural. Biologia pura. leia mais aqui