25/08/2009 - 20:46h Ao feminino

dora_maar.jpg
Dora Maar, Portrait d’une femme, Paris, c. 1935

Mulheres a olhar para mulheres
(P2, 21.08.2008)

Bem vistas as coisas, discutir o sexo da fotografia é mais ou menos como discutir o sexo dos anjos. De exclusivamente feminino só mesmo o género da palavra, porque, enquanto processo
técnico, o suporte fotográfico é insensível ao sexo de quem regista ou de quem cria. À partida, a fotografia apresenta-se como campo neutro, pronta para ser manipulada, disponível para ser
consequência de variáveis como o gosto, a sensibilidade, a formação e também… o género.

Para abrir o ensaio do catálogo que acompanha a exposição Au féminin, Women Photographing women 1849-2009 (Centro Cultural Calouste Gulbenkian, Paris, até29 de Setembro), o comissário Jorge Calado escolheu uma citação da fotógrafa americana Imogen Cunningham (1883-1976) que clarifica, à partida, a fronteira entre estes dois momentos: “A fotografia
não tem sexo”, no sentido em que, na sua génese, ela está apenas ao serviço da luz, como uma folha em branco. Apesar da sua neutralidade de género, a fotografia (ou produção fotográfica que se tornou mais visível) esteve durante muito tempo nas mãos de homens. Não que as mulheres estivessem ausentes do universo da fotografia. Muito pelo contrário, elas sempre fizeram parte dela, não só como tema e sujeito, mas também como criadoras, comissárias e teóricas (como Susan Sontag e Gisèle Freund, que assinaram alguns dos mais importantes ensaios do século passado).

O certo é que a sociedade machista em que se moveu a imagem fotográfica ao longo dos últimos dois séculos fez com que apenas nas últimas duas ou três décadas se considerasse criticamente o contributo das mulheres para a fotografia. Com Au fémininJorge Calado pretende contribuir para o “equilíbrio de géneros, numa arte geralmente limitada ao masculino”.

Nas palavras do comissário, é a primeira vez que se concebe uma exposição em que a mulher é ao mesmo tempo objecto e sujeito, autor e tema em sentido lato (não confinada à nudez ou ao retrato). Através de um total de 140 imagens de mais de 100 autoras, Calado tenta mostrar “a diversidade da condição feminina em toda a sua riqueza e subtileza”.

Há imagens de várias fotógrafas portuguesas, entre trabalhos que vão desde 1849 até aos nossos dias. Julia Margaret Cameron, Lee Miller, Dorothea Lange, Diane Arbus e Sarah Moon são só alguns exemplos da constelação de autoras fundamentais. Uma amostra do trabalho fotográfico sobre a condição feminina no Portugal dos anos 40 de Maria Lamas (1893-1983) é uma das escolhas mais notadas e surpreendentes, já que é a primeira vez que se apresenta este lado da sua obra contextualizado numa grande exposição.

Fonte Arte Photographica

13/07/2009 - 20:24h Espelho meu

http://a5.vox.com/6a00d414168001685e00d4141d641d3c7f-pi

Estudo de nu, 1934 – Mulher nua frente ao espelho – foto de Dora Maar

21/11/2007 - 12:31h 100 años de la musa de Picasso


La mujer que llora

Se cumple un siglo desde el nacimiento de Dora Maar, la fotógrafa que encandiló al genial artista y que fue fuente de su inspiración y adoración

Pablo Picasso la amaba, la pintaba y la destruía espiritualmente. Y, sin embargo, para la artista Dora Maar sólo Dios era más importante que el maestro español. La fotógrafa fue una de las muchas amantes del egocéntrico genio. La apasionada relación duró más de ocho años. Cuando se rompió, la bella morena, cuya carrera como fotógrafa quedó suspendida a partir del encuentro con Picasso, cayó en profundas depresiones.

Dora Maar murió sola en 1997 en Ménerbes, en la Provenza, en la casa que Picasso le regaló en su momento y en la que en los últimos años vivía recluida casi como en un monasterio. La artista, de cuyo nacimiento se cumplen cien años este jueves 22 de noviembre, pasó a la historia del arte como la mujer y la musa más conocida de Picasso.

La hija de un arquitecto nacida en 1907 en la ciudad de Tours, en el oeste de Francia, fue la única entre las amantes de Picasso que tuvo gran influencia en su actividad creativa.

Dora Maar, que en realidad se llamaba Henriette Theodora Markovitch, era conocida en París por sus retratos fotográficos y conoció a Picasso, 25 años mayor que ella, en 1935 en el famoso café de artistas y literatos parisino “Les Deux Magots”. Fue una época en la que el español dejó de pintar y se dedicó exclusivamente a sus poesías.

Maar, sin embargo, no sólo lo inspiró para algunos de sus mejores retratos femeninos. La convencida comunista también lo inspiró para sus cuadros “políticos”.

Era la única que podía estar cerca de él cuando trabajaba en el famoso “Guernica”. Picasso incluso le encargó una documentación fotográfica del proceso de creación de la monumental obra, que refleja las atrocidades de la guerra civil española. Con esas imágenes, ella debía mostrar cómo “la pesadilla se manifiesta en la realidad del proceso creativo”. Sus magistrales fotografías son también de gran importancia porque permiten una mirada a la forma de trabajar de Picasso.

“No podía pintar ningún cuadro de ella en el que riera”, dijo y añadió que no era por sadismo o placer que la dibujaba en formas tan distorsionadas, sino que eso era consecuencia de una visión que ella le imponía. Ese aura de sufrimiento fue eternizado por Picasso en una serie de retratos, entre ellos, la obra maestra “La mujer que llora”.

Esos retratos femeninos contrastaban fuertemente con los retratos de la rubia Marie-Thérèse Walter, a la que casi siempre pintaba en colores claros y brillantes. Con su anterior amante, con la que Picasso tuvo a su hija Maya, Dora Maar tuvo que luchar constantemente por el favor del artista. “No tenía interés en tomar una decisión. Les dije que lo arreglaran entre ellas”, dijo el pintor sobre la rivalidad entre ambas mujeres.

La relación entre Dora Maar y Picasso fue de un amor entre dos personalidades excéntricas y fuertes, que conocían todas las cumbres y abismos de una pasión vertiginosa. El amor se rompió en 1944 cuando Picasso conoció a Francoise Gilot, de 21 años. Tras la separación, Dora Maar, que por amor a Picasso cambió la fotografía por la pintura, presentó algunas de sus obras en exposiciones. Eran cuadros que parecían sin fuerza, como si toda la energía y la vitalidad hubieran abandonado a su creadora.

ADNcultura