06/11/2009 - 18:29h “entre aspas”

Arte Photographica


Man Ray, Rayography Film strip & sphere, 1922
© Man Ray Trust

O ajudante de farmácia pediu para falar com o senhor doutor, gostaria que o senhor doutor lhe dissesse se tinha, sobre a doença, uma opinião formada, Não creio que se lhe possa chamar, em sentido próprio, uma doença, começou por precisar o médico, e depois, simplificando muito, resumiu o que investigara nos livros antes de ter cegado. Algumas camas adiante, o motorista escutava com atenção, e quando o médico terminou o seu relato, disse de lá, Aposto que o que sucedeu foi terem-se entupido os canais que vão dos olhos até aos miolos, Forte besta, resmungou indignado o ajudante de farmácia, Quem sabe, o médico sorriu sem querer, na verdade os olhos não são mais do que umas lentes, umas objectivas, o cérebro é que realmente vê, tal como na película a imagem aparece (…)

Ensaio sobre a cegueira, José Saramago

29/10/2009 - 18:48h Rosto de ti

Mario Benedetti

Tenho uma solidão
tão concorrida
tão cheia de nostalgias
e de rostos teus
de adeuses faz tempo
e beijos bem vindos
de primeiras de troca
e de último vagão.

Tenho uma solidão
tão concorrida
que posso organizá-la
como uma procissão
por cores
tamanhos
e promessas
por época
por tato e sabor.

Sem um tremer de mais
me abraço a tuas ausências
que assistem e me assistem
com meu rosto de ti.

Estou cheio de sombras
de noites e desejos
de risos e de alguma maldição

Meus hóspedes concorrem
concorrem como sonhos
com seus rancores novos
sua falta de candura
eu lhe ponho uma vassoura
atrás da porta
porque quero estar só
com meu rosto de ti.

Porém o rosto de ti
olha a outra parte
com seus olhos de amor
que já não amam
como vives
que buscam a sua fome
olham e olham
e apagar a jornada.

As paredes se vão
fica a noite
as nostalgias se vão
não fica nada.

Já meu rosto de ti
fecha os olhos.

E é uma solidão
tão desolada.

(Tradução de Maria Teresa Almeida Pina)


Rostro de vos

Mario Benedetti

Tengo una soledad
tan concurrida
tan llena de nostalgias
y de rostros de vos
de adioses hace tiempo
y besos bienvenidos
de primeras de cambio
y de último vagón.

Tengo una soledad
tan concurrida
que puedo organizarla
como una procesión
por colores
tamaños
y promesas
por época
por tacto y por sabor.

Sin un temblor de más,
me abrazo a tus ausencias
que asisten y me asisten
con mi rostro de vos.

Estoy lleno de sombras
de noches y deseos
de risas y de alguna maldición.

Mis huéspedes concurren,
concurren como sueños
con sus rencores nuevos
su falta de candor.
Yo les pongo una escoba
tras la puerta
porque quiero estar solo
con mi rostro de vos.

Pero el rostro de vos
mira a otra parte
con sus ojos de amor
que ya no aman
como víveres
que buscan a su hambre
miran y miran
y apagan la jornada.

Las paredes se van
queda la noche
las nostalgias se van
no queda nada.

Ya mi rostro de vos
cierra los ojos.

Y es una soledad
tan desolada.

19/10/2009 - 19:00h “entre aspas”

Arte Photographica


© Time Inc.

Devo dizer-te que pressenti o que estava para acontecer; ou melhor, percebi que estava para acontecer qualquer coisa, que não ia exactamente favorecer os intentos da Eve e, por isso, não fiquei tão espantado como a minha filha. A Lorraine irrompeu em lágrimas, a Doris disse ‘Saia desta casa’, e o Ira e eu levantámos a Eve do chão, levámo-la para o patamar e depois pela escada abaixo, e conduzimo-la à estação de Penn. O Ira ia sentado à frente, ao meu lado, e ela ia sentada atrás como se esquecida de tudo o que se tinha passado. Durante o trajecto para a estação conservou sempre o mesmo sorriso, o que fazia para as câmaras, e por baixo daquele sorriso não existia absolutamente nada, nem a sua personalidade, nem a sua história, nem sequer a sua infelicidade. Ela era apenas o que tinha estampado no rosto. Não estava sequer sozinha. Não havia ninguém para estar sozinha. Fossem quais fossem as origens vergonhosas de que tinha passado a vida a fugir, o resultado tinha sido este: alguém de quem a própria vida tinha fugido.

Casei com um Comunista, Philip Roth

15/10/2009 - 20:18h O fantasma do bairro judeu

Paul Lepinn -  Blog Carmensabes

Mary Jane Ansell
  • Queridos amigos, hoy os mostraré un cuento del autor checo: Paul Leppin.
  • Un escritor fructífero y brillante que cultivó no solo el arte de escribir cuentos, también fue un extraordinario autor teatral, poeta y novelista excelente.
  • Nació en la ciudad de Praga el 27 de noviembre de 1878 y murió el 10 de abril del año 1945.
  • Nos logra sumergir en el ambiente de su ciudad a través de las sensaciones de una mujer llamada Johanna.
  • La descripción del ambiente es exquisita y la forma de escribir del autor nos introduce rápidamente en el justo instante que nos quiere mostrar.
  • Espero que os guste.
Jared Joslin
  • “En el centro de Praga, donde ahora forman anchas calles las altas y aireadas casas de alquiler, existía aún hace diez años el barrio judío.
  • Un retorcido y lóbrego laberinto del que ninguna tormenta lograba barrer el olor a moho y paredes húmedas, y donde en verano las abiertas puertas despedían un aliento venenoso.
Prague Sunrise: Scott Burdick
  • La suciedad y la pobreza apestaban a cual más, y en los ojos de los niños que allí crecían titilaba una indolente y cruel perversidad.
  • A veces, el camino conducía a través de la panza de una casa, en forma de bajo y abovedado pasadizo, o daba una brusca vuelta para terminar de repente ante un muro.
  • Los vendedores, que apilaban sus baratijas en el desigual adoquinado, delante de las tiendas, llamaban a los transeúntes con cara de astucia.
  • En las entradas de las casas permanecían apoyadas las rameras de pintados labios, que reían con ordinariez, susurraban cosas a los oídos de los hombres y se levantaban la falda para enseñar las medias amarillas o verdosas.
  • Viejas alcahuetas de blancas greñas y temblequeante mandíbula saludaban desde las ventanas, golpeaban el alféizar, llamaban con las manos y producían guturales sonidos de afán y satisfacción cuando algún individuo caía en la red y se aproximaba.
George Bellows
  • Reinaba allí la lascivia y, una vez anochecido, invitaba a una visita con sus farolillos rojos.
  • En algunos callejones había en cada casa un prostíbulo, cuchitriles donde el vicio se acostaba en un mismo lecho que el hambre, donde mujeres tuberculosas de marchitos encantos tenían establecido su mísero negocio; secretos tugurios en los que, entre murmullos y guiños, más de una chica en edad escolar era desflorada y su indefensa virtud terriblemente malvendida.
Fabián Pérez
  • También había mancebías de postín, amuebladas con lujo, donde el pie sólo pisaba alfombras y las rollizas meretrices aparecían luciendo sedeños vestidos de cola.
  • El salón Aaron se hallaba en un edificio de dos pisos, no lejos de la sinagoga y tocando a las destartaladas chozas del callejón de los gitanos.
  • Dado el pobre aspecto de los alrededores, aquella casa casi producía un aspecto pulcro, pese a que el revoque de las paredes se había desprendido en parte y el polvo y la lluvia embadurnaban los vidrios de las encortinadas ventanas.
  • De día dominaba el silencio.
Jeremy Lipking
  • Sólo raras veces subía un cliente los gastados peldaños que conducían a la oscura entrada y, al cabo de una hora, volvía a salir rápidamente, vergonzoso y con el cuello subido. Pero de noche brotaba allí, como de pozos escondidos, una vida vibrante, ruidosa y llena de luz.
  • Encendíanse las ventanas, y las risas aleteaban dentro como un pájaro encerrado en una jaula.
  • Entre ellas sonaba la de Johanna; una especie de cálido arrullo, insinuante y sensual, que se distinguía claramente de las voces de las demás, y que en ocasiones ya se oía en medio del silencio matutino, como el canto de una alegre alondra enamorada.
  • A Johanna le complacía que los hombres acudiesen a ella.
Fabián Pérez
  • Estaba más solicitada que sus compañeras, porque a cada cliente le daba algo de esa dulzura apocada, torturadora e inquieta que llenaba su ser, y que los perezosos cuerpos de las otras mujeres no poseían. La propia Johanna se asombraba de ello.
  • La profesión que para tantas rameras resultaba una aburrida y desagradable carga, despertaba en su persona un estático anhelo de amor, un acicate que sentía en su carne y que confería a sus ojos un brillo juvenil.
Gustav Klimt
  • Con unos labios agrietados y heridos de tanto besar, bebía de la boca de los hombres, siempre invadida por la virginal voluptuosidad que acompañara su primer abrazo.
  • En los descansos que le dejaba su pecaminoso trabajo, que le parecían insoportablemente largos y desiertos, escuchaba los pasos de los transeúntes, y si sonaba la campanilla, se le iluminaba el rostro y suspiraba.
Fabián Pérez
  • Había muchos días en que saboreaba el amor hasta la saciedad, pero cuando por fin yacía en su cama con la cabeza atontada y los miembros doloridos, su memoria recorría aún todos los hombres conocidos, abandonándose al goce del recuerdo, y Johanna sonreía en la oscuridad.
Fabián Pérez
Zhaoming Wu
  • A veces, sobre todo en verano, cuando se acostaba próxima ya la madrugada, su excitación aumentaba ya hasta el tormento.
  • Entonces se asomaba en camisón a la ventana para observar el gueto. Extendía los desnudos brazos y sentía en su piel cual gotas de sangre la templada lluvia.
  • Lo que tenía a sus pies, era su mundo.
Anna Bocek
  • La ciudad donde parpadeaban las soñolientas luces de las casas de citas, donde en las callejuelas de mala reputación se acurrucaban pesadas sombras y, a lo lejos, un gimoteante violín o el duro tecleteo de un artefacto musical invitaba todavía a la diversión…
  • Entonces una soñadora melancolía bañaba de lágrimas su cara.
  • La brisa nocturna acariciaba suavemente sus senos, Johanna echaba la cabeza hacia atrás, y sus labios besaban el aire.”

  • Paul Leppin
  • El fantasma del barrio judío, fragmento
Oskar Kokoschka, Praga

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Fotos e textos escolhidos e publicados por carmensabes, um blog indispensavel

29/08/2009 - 17:06h Amor tardio, amor perdido

Carlos Eduardo Esmerion

Numa terra distante vivia uma princesa encerrada em sua torre que assomava ao centro de uma grande floresta. Diziam que ela era uma feiticeira poderosa e que havia abandonado sua família para viver só com seus pássaros e seus lobos na floresta. Os animais a amavam, pois ela cuidava de todos eles e até as árvores lhe prestavam reverencia por que ela as protegia dos lenhadores, expulsando-os com feitiços assustadores. E por tantos anos usou seus poderes para isso que a floresta se tornou livre dos homens, pois ninguém ousava nela penetrar com medo da princesa e muitas a chamavam de bruxa.

Numa tarde um jovem pastor adentrou na floresta para buscar uma de suas ovelhas que havia se desgarrado do rebanho e logo a que ele mais prezava. A despeito de todas as coisas que já tinha ouvido sobre o lugar não temeu e seguiu em frente disposto a sair de lá só quando encontrasse a ovelha desgarrada. Ele foi longe e nada, de repente se viu rodeado por árvores altas cujas copas elevadas impediam que os raios de sol chegassem ao chão. Ficou desesperado, não conseguia achar direção e as mesmas árvores pareciam se fechar cada vez mais a sua volta. Mas de súbito ouviu uma doce voz entoando uma canção tão bela que lhe arrancou lágrimas dos olhos. Ele seguiu a voz e depois de um tempo se viu diante da torre e lá em cima vislumbrou a mais bela mulher que se podia imaginar: seus olhos brilhavam mais do que as estrelas e sua pele reluzia como o marfim precioso: Era a princesa que cantava e olhava para ele com olhos penetrantes.

- Ali esta a sua ovelha jovem pastor, pegue-a. Dei ordem para meus lobos não a machucarem e também para nada fazerem com você, pois é homem de bom coração como poucos que andam neste mundo. Pode partir se quiser, vá em paz e siga com Deus, mas se quiser também pode ficar um pouco e descansar. Não tema a chegada da noite, quando quiser um de meus pássaros te guiara para os limites da minha floresta para não se perder. – disse ela com uma voz tão meiga e delicada que convenceria até mesmo uma pedra.

- Como recusar tão bela companhia? Obrigado minha senhora, certamente ficarei. Olhando para sua beleza extrema vejo o quão mentirosos são os homens que deturpam tão alta princesa com histórias de bruxaria e coisas semelhantes. – Disse o pastor.

- Sim, sei bem o que falam de mim, meus pássaros me contam tudo. Mas não ligo, sou o que sou e tudo que faço é para defender minha floresta da ganância dos outros e da maldade das pessoas. Se todos que entrassem em meus domínios tivessem seu coração não precisaria mover um dedo para defender o que é meu. Mas, meu trabalho é duro, a anos o faço sozinha e vivo aqui isolada sem companhia pois todos me temem e ninguém me ama, salvo meus animais.

Depois dessas palavras o pastor ficou comovido e desde então ia todos os dias passar a tarde com a princesa, mas nunca entrava na sua torre apenas ficavam conversando de longe. Ela debruçada do alto da única janela que existia na construção e ele sentado numa pedra abaixo, por anos eles se encontraram todos dias e ficavam juntos até o anoitecer quando então uma coruja guiava o pastor para fora, pois todo dia os caminhos mudavam sob as árvores. Durante esse mesmo tempo o pastor foi tomado de amor pela princesa que o correspondia também e igualmente dizia que o amava e lhe prometia que ficariam juntos. Ela lhe fazia canções e jogava lenços com seu perfume. Todo encontro ela lhe enchia de esperanças e com sua magia o fazia ter sonhos onde os dois estavam juntos e se amavam em lugares belíssimos. Os anos passavam e nada de suas promessas se concretizarem, nem mesmo na torre ele podia entrar.

- Por que não posso subir até você minha amada? Se não tem escadas eu trago uma corda e escalo as paredes, deixe-me ir te abraçar e te beijar. Já faz tantos anos que nos encontramos e nunca lhe toquei, nunca lhe abracei. Meu coração dói por isso, deixe-me ir até você! – Implorava ele diariamente.

- Não! Ainda não é hora meu amado, essa torre é encantada e nenhum homem pode subir até mim enquanto perdurar esse feitiço que eu mesma coloquei para me proteger, mas todos os dias trabalho para desfazê-lo e o farei em breve, fique tranqüilo. Contudo, enquanto não o desfaço você não pode subir, se o fizer certamente morrerá.

Mas as palavras da princesa eram mentirosas por que não havia nenhum feitiço e bem prezo a sua cintura estava a chave que abria uma passagem que conduzia ao alto da torre, mas ela não lhe dava. Ao invés disso alimentava o pastor com mais e mais esperanças e os anos passavam e as coisas continuavam como sempre: ele na pedra, ela no alto da torre e os dois, mesmo depois de dez anos jamais haviam se tocado.

O coração do pastor estava já despedaçado por tudo aquilo, porém a despeito da sua imensa vontade de estar com a princesa ele a respeitava e jamais tentou ir contra a sua palavra. Porém, o desespero o atormentava, ele não mais vivia em paz com aquele amor que não se realizava, o que mais lhe machucava o peito era ter sua amada tão perto e não poder tocá-la. A princesa, mesmo diante de todo sofrimento do pobre pastor não amolecia seu coração e mantinha firme em não permitir que o pobre homem apaixonado subisse em sua torre. Ela o seduzia, enchia seu coração de esperança, mas no seu íntimo ainda não tinha vontade de realizar nenhuma delas. Por que fazia isso? Somente Deus o sabe…

Ocorreu que numa tarde o camponês não veio ao seu encontro. Era a primeira vez depois de dez anos que isso acontecia. Ela o aguardou e ele não veio. – Certamente amanhã virá, algo deve ter impedido de o fazer hoje – pensou. E veio o dia seguinte e ele também não apareceu. O terceiro e o quarto dia e nenhuma notícia. A princesa já estava apreensiva e desesperada, agora com a ausência do jovem ela teve a certeza que precisava dele, com a sua ausência ela percebeu que o amava. – Meu Deus eu o amo, sim eu o amo! Quando ele vier eu abrirei a minha porta e permitirei que entre e me abrace e me beije, pois só agora vejo que preciso disso. Eu o amo! – Disse ela cheia de alegria no coração.

No entanto os dias se seguiram e ele não veio. Depois de algum tempo um de seus pássaros trouxe a notícia de que o camponês havia sido morto pelos aldeões, pois estes acreditavam que ele havia feito pacto com ela e lhes passaram a atribuir a causa dos infortúnios que aconteciam na vila. – Eles o mataram minha senhora, por que o pobre a amava e todos diziam que era seu lacaio e que as coisas más eram obras sua e dele. Ele não virá nunca mais, nunca mais.

Ao ouvir aquilo a princesa caiu em prantos e tão grande foi a sua dor que não pode suportar. Tão grande foi seu arrependimento que seu coração deixou de bater. A torre ruiu e toda floresta morreu em seguida: as árvores secaram, os animais partiram e nenhuma planta, ou erva, ou mesmo capim, cresceu naquele lugar. Tudo se tornou árido como um deserto. À noite, os mercadores que agora cruzavam as areias sem vida daquele lugar diziam ainda poder ouvir os lamentos da princesa e seu choro: Ela não parava de repetir “ele não virá mais, nunca mais e eu o amava…”

Carlos Eduardo Esmerion (1981) é advogado, nascido e morador na cidade do Rio de Janeiro. Tem muitas obras escritas, mas ainda não publicadas. Desde cedo foi leitor voraz, sentindo-se atraído pelos temas de ficção, fantasia e grandes épicos. Seus escritos, na sua totalidade, são épicos fantásticos, pois tem uma certa facilidade para imaginar e criar esses mundos de fantasia, contudo, sem uma quebra brusca com a realidade. De todos os livros que leu até hoje, três o marcaram profundamente: “O Senhor dos Anéis” de J.R.R Tolkien; o monumental romance “Ana Karenina”, de Tolstoi, e o grandioso “Dom Quixote” de Cervantes, o qual considera o maior dos três citados. Fonte Releituras

E-mail: eduardoesmerion@gmail.com

20/08/2009 - 17:58h OS AMANTES

Julio Cortazar

Tradução de José Jeronymo Rivera

Quem os vê andar pela cidade
se todos estão cegos?
Eles se tomam as mãos: algo fala
entre seus dedos, línguas doces
lambem a úmida palma, correm pelas falanges,
e acima a noite está cheia de olhos.

São os amantes, sua ilha flutua à deriva
rumo a mortes na relva, rumo a portos
que se abrem nos lençóis.
Tudo se desordena por entre eles,
tudo encontra seu signo escamoteado;
porém eles nem mesmo sabem
que enquanto rodam em sua amarga arena
há uma pausa na criação do nada
o tigre é um jardim que brinca.

Amanhece nos caminhões de lixo,
começam a sair os cegos,
o ministério abre suas portas.
Os amantes cansados se fitam e se tocam
uma vez mais antes de haurir o dia.

Já estão vestidos, já se vão pela rua.
E só então,
quando estão mortos, quando estão vestidos,
é que a cidade os recupera hipócrita
e lhes impõe os seus deveres quotidianos.

 

 

 

LOS AMANTES

¿Quién los ve andar por la ciudad
si están todos ciegos?
Ellos se toman de la mano: algo habla
entre sus dedos, lenguas dulces
lamen la húmeda palma, corren por las falanges,
y arriba está la noche llena de ojos.

Son los amantes, su isla flota a la deriva
hacia muertes de césped, hacia puertos
que se abren entre sábanas.
Todo se desordena a través de ellos,
toda encuentra su cifra escamoteada;
pero ellos ni siquiera saben
que mientras ruedan en su amarga arena
hay una pausa en la obra de la nada,
el tigre es un jardín que juega.

Amanece en los carros de basura,
empiezan a salir los ciegos,
el ministerio abre sus puertas.
Los amantes rendidos se miran y se tocan
una vez más antes de oler el día.

Ya están vestidos, ya se van por la calle.
Y es sólo entonces
cuando están muertos, cuando están vestidos,
que la ciudad los recupera hipócrita
y les impone los deberes cotidianos.

Fonte Antonio Miranda

25/07/2009 - 15:35h Olhos Secos

LIVROS

Crítica/”Olhos Secos”

Memória move livro de Ajzenberg Ao falar de sua geração, livro do escritor, que foi ombudsman da Folha, auxilia na construção de identidade brasileira

MOACYR SCLIAR
COLUNISTA DA FOLHA

Escritor e jornalista, o paulista Bernardo Ajzenberg tem feito uma bela carreira em ambas as áreas, ficção e jornalismo. Trabalhou na revista “Veja” e nos jornais “Última Hora”, “Gazeta Mercantil” e Folha, onde foi secretário de Redação e ombudsman. Paralelamente, publicou contos em revistas e coletâneas, os romances “Carreiras Cortadas” (1989), “Efeito Suspensório” (1993), “Goldstein & Camargo” (1994), “Variações Goldman” (1998), “A Gaiola de Faraday” (2002, prêmio de ficção da Academia Brasileira de Letras) e o livro de contos “Homens com Mulheres” (2005, finalista do Prêmio Jabuti) -os três últimos saíram pela Rocco. Ao completar 50 anos, Bernardo Ajzenberg dá-nos o seu sexto romance, “Olhos Secos”. Uma obra que se lê, antes de mais nada, com interesse. Ajzenberg sabe usar a experiência jornalística na ficção: o resultado é uma prosa fluente, objetiva. São duas narrativas paralelas, uma na primeira pessoa, outra na terceira. A primeira é um diário de viagem: acompanhamos o jovem Leon Zaguer, primeiro em Israel, onde, como muitos jovens de sua geração, ele foi fazer um estágio num kibutz, colônia socialista, e, depois, no clássico périplo mochila-às-costas pela Europa. Na segunda narrativa, Zaguer, adulto, casado e pai de uma filha, trabalhando num cartório, está às voltas com um sério problema: alguém quer que ele oficialize, mediante documentação, uma falcatrua.

Figura do pai
Ao longo da história, Zaguer evoca seu passado, sobretudo a figura do pai, Adolpho Zaguer, o protótipo do judeu comunista, homem autoritário que acusa o filho de fraqueza (o discurso que faz para Leon no hospital parece a “Carta ao Pai”, de Kafka, ao contrário) e o amigo Moti, que também funciona como uma figura paterna e que classifica Leon como “quarentão trabalhador, honesto e grande cagão”. A narrativa é pontilhada de diálogos com várias pessoas, diálogos esses que contribuem para situar o personagem numa realidade que, até certo ponto, é paradigmática quanto ao judaísmo brasileiro e quanto à geração que agora chega à maturidade. Mas a questão da memória desempenha aí um papel fundamental: “A memória nunca nos abandona, eis o problema”, suspira o personagem. “Olhos Secos” é o romance da memória. Pode ser também classificado como um romance de trajetória. O título define o problema do personagem: olhos secos são olhos que não se umedecem pelas lágrimas da emoção. O Leon adulto não é capaz de assumir suas emoções e não é capaz de virar a mesa, pelo menos até o -até certo ponto inesperado- final. Nesse sentido, as duas linhas narrativas evidenciam as contradições do personagem: o jovem aventureiro, que fez de uma viagem pelo exterior um momento de descobertas, é substituído por um adulto convencional, paralisado por suas indecisões. O livro aparece num momento importante. O Brasil está em busca de sua identidade, em busca de respostas para perguntas do tipo: quem somos nós? Ao narrar uma história que certamente fala muito de sua geração e de seu background cultural, Ajzenberg dá uma bela contribuição para esse debate e confirma a sua posição de destaque entre os novos ficcionistas brasileiros.


OLHOS SECOS

Autor: Bernardo Ajzenberg
Editora: Rocco
Quanto: R$ 28 (184 págs.)
Avaliação: bom

12/07/2009 - 10:33h Vida de escritor

Com dois livros recém-lançados na França e um filme a caminho sobre seu trabalho, Gilles Lapouge submete a aventura literária e o jornalismo aos prazeres do bom texto

Laura Greenhalgh -O Estado SP

O olhar curioso de quem passa pela calçada da Rue Fondary, altura do número 25, no XVème arrondissement de Paris, certamente flagrará pelas janelas um jovial senhor de cabelos brancos teclando ao computador, entre pilhas e pilhas de papéis. Jovial senhor porque as maneiras são ágeis, a camisa, esportiva, a cabeleira, revolta, e nota-se ainda um arrojado par de tênis contestando os 85 anos de idade do portador. Ultrapassadas duas portas do edifício, uma no plano da rua e outra interna, chega-se enfim ao bureau do escritor e jornalista francês Gilles Lapouge. “Eis onde passo os meus dias. De 8 às 18 você me encontra neste escritório. Faço uma pausa rápida só para o almoço”, diz o anfitrião, em tom meticuloso.

A aparente desordem é o avesso de um caos criativo. Os livros se espalham por todos os cantos (inclusive pelo chão), lotam estantes e a vasta coleção de caixotes para garrafas de vinho – madeirame raro na era das embalagens de papelão e dos engradados de plástico. E espalham-se também as fotografias, as lembranças de viagens, os cartões-postais, uma miríade de objetos esparsos, os quadros, os mapas, os recortes de jornal, enfim, marcadores do tempo para alguém que considera a vida um percurso. Um itinerário. Uma geografia.

Gilles Lapouge tem sido muito solicitado a falar de si nos últimos tempos. Só neste ano, foram lançados dois livros na França, ambos com feitio biográfico, nos quais ele repassa a travessia intelectual, em geral ligada aos movimentos familiares e profissionais. Em La Maison des Lettres (Éditions Phébus), tem-se em forma de livro a longa entrevista que concedeu ao jornalista francês Christophe Mercier. É conversa de vida inteira, recuperando a infância feliz na Haute Provence, o período de maior isolamento social na Argélia, para onde o pai militar foi transferido, a juventude em Paris, a descoberta do Brasil através de um convite de trabalho do jornal O Estado de S. Paulo, as múltiplas influências literárias e todas as errâncias de um intelectual que se desloca para entender o mundo e a si mesmo. O outro livro, La Légende de la Géographie (Éditions Albin Michel), traz o escritor desvendando ao público sua geografia pessoal em uma bela coleção de ensaios sobre assuntos que sempre o intrigaram: as fronteiras, os mapas, a neve, os planisférios, as estradas de ferro, e por aí vai. Fora isso, Lapouge virou tema de um documentário dirigido pelo cineasta francês Joel Calmette, em fase de produção. “Lapouge adora flanar para então se perder. Por toda a vida cultivou esse gosto pela errância, pela escapada, pela digressão”, diz dele o jornalista e escritor Bernard Pivot, com quem partilhou incontáveis debates culturais na televisão francesa.

Nesta entrevista, concedida numa tarde de primavera em Paris, Gilles Lapouge confessa algumas de suas paixões. Uma delas, pode-se dizer sem margem de erro, vem do prazer da escrita – ali, na Rue Fondary, lapidam-se frases. Outra revela seu amor pela geografia, ciência que o move, o educa e ainda o faz sonhar. Chega a dizer que “todo evento, antes de ser histórico, é geográfico”, enveredando por um labirinto de reminiscências que perpassa uma notável geração de escritores e artistas franceses da qual fazem parte, entre muitos de seus amigos, Maurice Nadeau, lendário editor do jornal Combat, o poeta Claude Mettra e o historiador Jacques Le Goff.

O que parte dos franceses não sabe é que Gilles Lapouge mantém, há quase seis décadas, uma atividade jornalística regular no Estado – inicialmente como articulista econômico e, desde muito tempo, como correspondente e comentarista internacional. “Você acredita que há quem ainda se surpreenda com isso aqui, na Europa?”, indaga com incredulidade. Pergunto, com aquela impertinência só possível entre colegas de trabalho, por que ele sempre se refere ao Estado como “mon journal brésilien”. Lá vem a resposta: “É meu porque jamais o deixei. E porque, não fosse por ele, eu seria um francês normal, sem graça, de uma família francesa desde sempre.” Gilles Lapouge, laureado duas vezes com o Prix Femina e o Grande Prêmio da Língua Francesa, concedido pela própria Academia Francesa, mantém com o Brasil um diálogo intenso, amoroso e, até por isso, difícil. Perturba-o a violência brasileira, “escamoteada por uma cordialidade que nada tem de cordial”.

Os dois livros que saíram este ano na França são distintos na forma, mas nem tanto no conteúdo: o primeiro revela o ensaísta e o segundo traz a longa entrevista que você concedeu a um jornalista francês. Mas você concorda que ambos são, no fundo, biográficos?

Sim, eles atravessam o que fiz e pesquisei nestes anos todos. Em La Légende de la Géographie, eu me detenho sobre temas que me marcaram e sobre os quais tenho pensado. No outro, falo dos meus pais, da família, da infância, da juventude, conto a minha vida numa linguagem bastante direta. Apesar de diferentes na forma, é bem verdade, os dois livros sublinham o meu gosto por escrever. Jamais deixei de cultivar o estilo da escrita, algo que anda em baixa na França, infelizmente.

Por quê?

A educação das pessoas mudou muito e a internet tem tido uma influência tremenda na maneira como andam escrevendo. Fora isso, existe uma nova ideia de cultura, expressa inclusive em novas manifestações artísticas. A minha ideia baseia-se na cultura escrita. Só que hoje tudo é cultura. Uma geleia, um filé, um filme, uma canção, tudo é encarado como cultura, o que leva a uma tremenda dispersão de interesses. Nesse contexto, sou um arcaico que ainda escreve com zelo e carinho.

Como você começou a escrever?

Comecei pela poesia, na juventude. Cheguei rapaz a Paris decidido a ser poeta, como tantos outros companheiros da minha geração. Talvez até pelos militares que tinha na família e pelo que passamos na guerra, cheguei a dedicar poemas “a todos os soldados do mundo”. Mais tarde, ao me aventurar pelo texto narrativo, incorporei um tanto de poesia na escrita. Ainda sou muito ligado na musicalidade do texto, na cadência da frase. O problema é que escritores como eu tendem a ser vistos como “preciosistas” hoje em dia. Meu prazer, e meu esforço, é alcançar um texto de fatura simples e ao mesmo tempo sofisticado. Trata-se de harmonizar contrários. É fazer o refinado dialogar com o popular, até mesmo com o vulgar, se preciso.

Por que nos dois livros você exalta a geografia?

Porque amo geografia sem nunca ter sido bom nela (ri). Sou nulo nesse campo.

Mas você passou por um curso superior de geografia na mocidade.

Sim, numa faculdade em Aix-en-Provence. Estudei a geografia formal. A verdade é que criei uma geografia pessoal: sou alguém que decididamente viaja para se perder. Se penso no norte, é porque estou no sul, se olho para o leste, sinal de que vejo o oeste, e assim por diante. Entrou para o folclore familiar uma viagem que fiz com meus filhos e minha mulher pela Áustria, há muitos anos. Quando chegamos a uma certa cidade, encasquetei que era Innsbruck, me senti em Innsbruck, reconheci Innsbruck. Meus filhos diziam que não havia relação entre o que víamos e o que estava no guia turístico que eles consultavam a todo momento. Eu disse que era culpa do guia, velho, malfeito. Enfim, só fui me convencer de que não estávamos em Innsbruck no dia seguinte, pela minha filha, uma menina de 12 anos! (ri) Os primeiros geógrafos eram pessoas como eu, gente que se perdia. Saíam de suas grutas, de suas pequenas moradias, e se perdiam. Daí passaram a rabiscar croquis para entender a situação. Assim a ciência começou. Imagine se os homens primitivos tivessem GPS? Eles não se perderiam jamais, o que seria catastrófico. Sem que nos percamos, não somos capazes de ver a paisagem.

Paraíso terrestre não existe. Nem mesmo no Brasil

Lapouge revê o mito do país cordial, pacífico, mas que é capaz de camuflar relações ferozes e brutais

Gilles Lapouge, numa tarde de conversa em seu escritório parisiense, lembra do dia em que o pai quase foi fuzilado, critica as utopias e os militantes do “mundo sem fronteiras”, e ainda fala de projetos literários que vem desenvolvendo. Entre eles, o Dicionário Amoroso do Brasil, organizado segundo um olhar particularíssimo sobre “o país que o livrou da matriz francesa”. Autor de duas dezenas de livros, foram editados no País A Missão das Fronteiras (ed. Globo), Os Piratas (ed. Antígona) e Equinocial – Viagem pelos Confins do Brasil (ed. Pontes). Lapouge deverá vir a São Paulo em setembro, para participar de um ciclo de conferências na USP sobre as relações Brasil-França. Será acompanhado pela equipe de cinema que produz o documentário sobre sua obra e trajetória. Várias tomadas já foram feitas, entre elas, a habitual participação do autor de La Légende de la Géographie no Festival de Saint-Malo, dedicado à literatura de viagem.

Você faz uma interessante comparação entre os “marcadores de fronteiras” e os profetas, porque desenham o futuro, ao se referir a seu avô, um general francês que saía em missões demarcatórias. Hoje, há fronteiras instáveis pelo mundo e o próprio sentido de globalização parece atenuar o conceito de demarcação. Como você vê esse fenômeno?

Meu avô demarcou fronteiras, é verdade. Eu não o conheci, mas sua trajetória sempre me fascinou. A começar pela figura dele: era um homem muito pequeno e se deslocava num imenso cavalo. Acho que nunca houve um general tão baixinho no exército francês! E ele detinha esse poder de dizer “aqui é França, aqui não é”. Falar de fronteiras, hoje, é outro capítulo. Tudo anda tão mexido no mundo, mas não podemos perder de vista o jogo dialético que existe entre a fronteira e o fim dela. Sentimos uma espécie de pressão para juntar as coisas, seja pelo comércio, pelos deslocamentos humanos, pelas tecnologias. Mas já vimos que é insuportável a ideia de “mundo sem fronteiras”, como pregam os ativistas do altermundialismo. É um troço horrível e explica em parte o recrudescimento dos nacionalismos. Temos necessidade de demarcações, porque o ser humano não vive sem fronteiras. Por outro lado, depois dos atentados em Nova York, em setembro de 2001, veio a doutrina Bush passando por cima de fronteiras. Ali se perdeu a noção do limite, provocando um traumatismo mundial do qual ainda estamos nos recuperando. Mas, não se engane: mundo sem fronteiras é mundo sem forma.

E a proliferação dos muros separando mexicanos de americanos, israelenses de palestinos, isolando os saauris…?

Muros, gostemos ou não, têm uma razão de existir, assim como as fronteiras. Qual foi o primeiro grande muro da era moderna? Foi o da URSS em relação ao resto do mundo. Lenin e Trotski pensaram a universalização dos direitos, daí vem o stalinismo transformando concepções ideais num separatismo feroz e autoritário. Pense nos muros decorrentes das guerras coloniais. Pense nos independentistas tunisianos e argelinos, a França ergueu um muro abominável, empilhou milhares de cadáveres, cercou aquela população com muros eletrificados, uma barbaridade. Hoje vemos este muro horrendo separando israelenses de palestinos. Mas, por que ele está lá? Porque é impensável juntar israelenses e palestinos, essa é a verdade. Não vão se entender jamais. Em tese, os muros são abomináveis, mas acabam existindo para delimitar espaços.

São tão necessários quanto as fronteiras?

Conforme a situação, sim. Há um fenômeno interessante: fronteiras, mesmo quando são retiradas, apagadas ou transformadas, não desaparecem. Veja o caso da Iugoslávia: ao se dividir, ela o faz justamente onde havia fronteiras anteriores a 1914, nas linhas divisórias entre o império austríaco, o turco-otomano e o império russo. Por isso digo que qualquer evento histórico é, antes de sê-lo, um evento geográfico. Napoleão foi sobretudo um grande geógrafo. Antes de mandar tropas para a Rússia, o que marcaria o começo da sua derrocada, ele pediu a seu embaixador em São Petersburgo para roubar a cartografia que o czar havia mandado fazer. Pois o embaixador de Napoleão teve que se virar para consumar o roubo dos mapas e despachá-los a Paris. Já no exílio em Santa Helena, nos últimos anos de sua vida, Napoleão se dedica a pensar questões da geografia. Naquele momento, ele se interessa particularmente pelo estudo dos ventos.

Quanto há de geografia no seu trabalho jornalístico?

Muito. O tempo todo. Claro, não posso ficar chateando meus leitores com uma infinidade de detalhes nem com meu interesse pelos palimpsestos. Mas também não posso escrever sobre o conflito entre israelenses e palestinos sem ter a cabeça voltada para as coordenadas da região. Os jornalistas dizem com muita facilidade que, em algum lugar, atacaram uma mesquita, sem se perguntar quando aquele lugar foi construído, sob que condições… Fernand Braudel, ao escrever sua belíssima história mediterrânea, reservou um volume da obra para tratar só de geografia. Euclides da Cunha, autor formidável, dedica as primeiras 150 páginas de Os Sertões à geografia, porque é impossível compreender Canudos sem refletir sobre o solo, o curso dos rios, o clima, etc.

Por falar em Braudel, ele foi encarregado de promover o seu encontro com o Brasil nos anos 50, não foi?

Sim, já se ouvia falar dele por aqui. Era um historiador conhecido. Em 1935, partira para o Brasil com um grupo de franceses para fundar a Universidade de São Paulo. Eu o reencontrei em 1948, quando retornou à França. Naquela época, Julio de Mesquita Filho, diretor do Estado, havia lhe dito: “Encontre um jovem jornalista francês para vir trabalhar no meu jornal.” Soube então que Braudel procurava essa pessoa por intermédio do serviço cultural do Quai d?Orsay. Eu me apresentei, pedi a ajuda de um amigo para montar alguns textos e levá-los a Braudel, afinal, eu não era jornalista, e acabei sendo escolhido. O Brasil tem uma importância capital na minha obra, até porque 3/4 da minha vida estão ligados ao País. Graças ao Brasil eu me interessei pelo mundo e comecei a viajar. Não fosse por isso eu seria um francês normal, sem graça, de uma família francesa desde sempre.

Quando você chegou?

Em 1950, ainda na presidência Dutra. Não tinha ideia do que era o Brasil. A França saía da guerra, portanto, eu estava impregnado de um país cinza, sombrio. Ainda sentíamos os efeitos da administração Pétain, da perseguição aos judeus, etc. Deixei tudo isso para trás, porque no Brasil as cores mudaram. Foi uma revelação extraordinária do ponto de vista da beleza, da sensualidade, da capacidade de estar aberto ao outro, enfim, da joie de vivre. Com a vantagem de que não cheguei na condição de turista, mas para trabalhar.

Sua família sofreu bastante após o final da Segunda Guerra, como você conta no La Maison des Lettres.

Deixei para trás um mundo marcado pela delação e mesquinharia. Meu pai, que lutou na Primeira Guerra, serviu na Argélia, comandou batalhões pela França, acabou denunciado como colaboracionista, sendo que jamais foi um homem de Pétain. Havia muito disso naquele tempo: numa cidadezinha, as pessoas aproveitavam-se da caça aos colaboracionistas para fazer um ajuste de contas em torno de um problema qualquer. Brigas de vizinhos eram “resolvidas” com delações terríveis. Meu pai havia sido um oficial destacado, mas alguém resolveu dizer às autoridades que ele ajudara os nazistas. Como? Ele já estava fora da vida militar quando os nazistas ocuparam a França. Eu me lembro de ver, numa noite muito triste, minha mãe preparando a farda de meu pai porque ele iria para o pelotão de fuzilamento no dia seguinte. Eu tinha 15 anos, aquilo foi horrível. Felizmente, alguém da Resistência passou em nossa casa para checar as providências e viu que meu pai não poderia ser condenado, daí pediu que seu nome fosse retirado da lista de fuzilamentos.

Afinal, como é que seu pai ficou depois de quase ter sido fuzilado?

Esse episódio o quebrou para sempre. Ser acusado de alta traição à pátria foi demais para ele. Decaiu física e intelectualmente, por sorte pudemos contar com minha mãe, que era uma mulher forte. A França carregou o estigma de ser um vasto cemitério. Devo dizer que tive uma infância feliz em Aix-en-Provence, cercado de pessoas interessantes, afetivas. Não éramos nem pobres, nem ricos, éramos uma pequena burguesia que vivia bem. Mas quando saíamos de nossa casa no campo para ir a alguma cidade próxima, deparávamos com monumentos que haviam sido feitos em memória aos mortos da Primeira Guerra. Eu me detinha a contar os nomes de uma mesma família que tombaram em conflito. Famílias inteiras dizimadas.

Mas depois a belle époque veio para resgatar a alegria, a esperança.

Sim, mas havia o odor de morte por trás das canções, das festas, daqueles anos loucos. E, já em 1934, formava-se a noção de que uma nova guerra seria feita. Foi uma alegria efêmera, algo muito traumático à minha geração.

Quando você começou a viajar pelo Brasil?

Passei três anos na redação, período em que pude trabalhar perto de Julio de Mesquita Filho, que não era tão somente o dono e diretor do jornal, mas era tudo: redator-chefe, revisor, impressor, conselheiro, editorialista, tudo! Ele foi decisivo para mim àquela altura da vida, ou seja, aos 20 e tantos anos. Depois voltei à França porque meu pai estava doente, abri a sucursal do Estado em Paris e por aqui fiquei, liderando um pequeno grupo de jornalistas. Em 1975, quando do centenário do jornal, voltei ao Brasil para comemorações, daí consegui prolongar minha estada por seis meses, para viajar. Fui aos sertões, ao Nordeste, cheguei à Amazônia. O diferencial dessa viagem: passei cinco meses rodando o País de ônibus.

De ônibus?

De ônibus comum. Eu poderia ter arrumado um carro, até mesmo um motorista, o jornal me ajudaria. Mas queria seguir de ônibus, para sentir a gente, os lugares. Havia aprendido português a ponto de entender o que as pessoas falavam no ônibus. E elas não imaginavam que eu fosse jornalista, supunham-me um gringo qualquer, portanto se abriam comigo. Foi uma viagem extenuante. Muitas vezes tinha que pegar o ônibus de uma cidade para a outra às 5 horas da manhã, fazia um calor terrível, as estradas eram péssimas, eu me alimentava mal e dormia onde era possível. Em resumo, do ponto de vista físico, foi uma maratona. Do ponto de vista cultural, uma maravilha.

Que autores brasileiros você leu antes de partir?

Nenhum. Nem Guimarães Rosa. Só havia lido alguma coisa do Jorge Amado. Aliás, foi nessa viagem que o conheci em Salvador, junto com o etnólogo Pierre Verger. Meu grande encontro se deu, de fato, com o Verger. Foi ele quem me falou intensamente do Brasil, quem me abriu os olhos para o candomblé, para a herança cultural dos negros. Amado era um homem muito engajado, dizia besteiras, não o entendi bem. Um amigo comum dizia que ele era mesmo um tanto raso, mas havia um anjo que escrevia por ele (ri). Amado deixou uma obra imensa, tornou-se adorado na França, como sabemos, e, já no final da vida, comprou um apartamento no pior quartier de Paris. Perguntei qual a razão da escolha, afinal ele tinha em Salvador uma casa magnífica no Rio Vermelho, por que enfiar-se num pedaço tão feio de Paris? E ele me disse: para ser anônimo e escrever. Continuei sem entendê-lo. Mas guardo na memória as festas que o casal Amado dava na casa do Rio Vermelho: havia artistas, escritores, putas, embaixadores, uma quantidade incrível de empregados domésticos…

Você conta que na viagem até a Amazônia leu obras de Rainer Maria Rilke. Que relação a sua aventura poderia ter com a obra deste escritor?

Nenhuma. Quando viajo levo comigo leituras que nada tenham a ver com o lugar visitado. Foi uma experiência magnífica ler A Canção de Amor e Morte do Alferes Christoph Rilke numa estação de trem nos confins do Brasil. Quando você deslocaliza um texto, daí ele ganha mais força.

Você se enquadra na modalidade “écrivain-voyageur”?

Não. Sou escritor. E jornalista. O escritor-viajante é um tipo que não me agrada. Por ser alguém que só pensa em andar, em chegar ao fim do mundo, ou seja, seu objetivo é o movimento. Ele não para para olhar, para sentir as coisas. É o oposto do que busco: quando estou em São Luís do Maranhão, uma cidade da qual gosto imensamente, consigo me transformar para aquela França equinocial. Para mim as viagens interessam desde que possam ser metamorfoseadas pela literatura.

Seu livro Utopie et Civilization deu o que falar, afinal, nele você propõe uma nova interpretação para as utopias. O resultado é que foi criticado tanto por intelectuais de esquerda quanto de direita…

E não foi culpa minha! Em geral, meus livros são encomendados e escrevo para pagar as contas (ri). Encomendado o livro, comecei a estudar o tema, juntando elementos que configuravam a seguinte ideia: utopia é o contrário do que se diz dela. Não se trata de um mundo onírico, livre, onde todos partilham tudo. Trata-se de um mundo feroz. Ao pretender que sejamos iguais, o que é impossível, os utopistas suprimem a história. E, ao fazerem isso, suprimem o humano. Eu me preparei muito para escrever este livro. Tive uma tuberculose, passei um ano internado num sanatório e, ao longo desse tempo, mergulhei na obra de Platão, Thomas More, Campanella, Fourier. Você poderia pensar: os acontecimentos de maio de 1968, em Paris, faziam parte de uma grande utopia? Digo que não. O movimento da juventude era voltado para a liberdade, o amor, o romantismo. E os utopistas foram mentes que prefiguraram autoritarismos, como o nazismo e o stalinismo.

Por exemplo, Thomas More era um autoritário?

Ele foi bastante criticado por suas ideias, mas depois seria reabilitado pela Igreja. More concebia que, numa certa cidade, as mulheres deveriam ter quatro filhos. Aquelas que tivessem seis filhos deveriam entregar duas crianças excedentes para mulheres que não tinham filhos. Como catalogar as pessoas dessa forma? Os utopistas pregaram a igualdade ao preço do desaparecimento da individualidade.

Nos seus textos, inclusive os literários, você lida com divisões político-ideológicas como “esquerda”, “direita” e “extrema direita”. Estas categorias ainda funcionam?

No Brasil, está tudo muito misturado, mas creio que na França elas ainda estão funcionando. Sarkozy também mistura um pouco as coisas, é verdade. Quando ele era ministro do Interior, praticou políticas autoritárias do ponto de vista de segurança pública. Agora, nas eleições europeias, retomou o padrão antigo colocando policiais por toda parte. Deu um golpe de esperteza política: ao mostrar-se como um líder duro, atraiu a extrema direita que hoje anda sem voz de comando, pois Le Pen está velho e doente. Quer dizer, na França, a extrema direita vem se fundindo à direita.

E a “gauche” francesa? O que acontece com a esquerda?

Abre espaço para a “ultra gauche”. A esquerda clássica anda tão nula, tão vazia, que acaba cedendo aos ultraesquerdistas. O partido de Sarkozy saiu vitorioso nas últimas eleições, mas perceba que, no cômputo geral, ele perde para a soma de todos os partidos de esquerda, impulsionados por setores extremistas.

Como você vê o Brasil hoje?

O Brasil parece consolidar sua importância regional. É o país mais relevante da América Latina. Não há outro, nem México, nem Argentina. É um país de dimensões continentais, com uma população imensa e uma inteligência política considerável, construída após o fim da era dos generais. Embora haja gente que não goste dele, Lula é o vencedor dessa reconstrução democrática. Não sei o quão inteligente ele é, mas tem uma intuição política formidável. Tem até lances geniais, como o de não renunciar à sua infância triste, miserável, ou seja, sabe que não deve esconder o passado. Tem também demonstrado discernimento ao não cair nas ciladas de Hugo Chávez. Mas o Brasil precisa resolver um problema sério a meu ver: transformou-se num lugar muito violento. Volto ao livro de Stefan Zweig, Brasil, País do Futuro, e me dou conta de que o tipo de interpretação que ele fez se tornou completamente idiota. O Brasil é um país inteligente, tolerante e até mesmo educado, mas camufla seu potencial de violência e egoísmo. Existe uma cultura brasileira que se interessa pelos outros apenas no plano das superficialidades.

Como assim?

Diz-se que o Brasil é um lugar sem racismo, no entanto, há comportamentos racistas por toda a parte. Essa camuflagem é perniciosa, perversa, porque a tal cordialidade brasileira disfarça relações brutais. Veja o caso americano, e não estou falando especificamente de Barack Obama: aquela sociedade enfrentou o racismo a ponto de hoje vermos cidadãos negros em altas posições, nos mais diferentes setores. No Brasil, raros são os negros que ascendem a posições de destaque. Recentemente, retomei um texto do Cláudio Abramo, Meu País Trágico, e encontrei uma ótima reflexão: esse Brasil gentil, feliz, despojado, guarda uma tragédia no seu interior, porque permite que se morra de fome, de abandono, etc. Mesmo a burguesia brasileira, afável no trato, cria obstáculos a que a verdade social possa emergir. Quando me dizem aqui na França que o Brasil é um paraíso na Terra, contesto. Além do que, francamente, paraísos terrestres não existem.

Quais são seus próximos projetos literários?

Normalmente, eu trabalho em mais de um projeto ao mesmo tempo. Hoje estou me divertindo ao escrever um livro sobre dois animais, a abelha e o asno, relacionando-os. São bichos que acompanham desde sempre a história humana, trabalhando sem cessar. Outro projeto que me mobiliza é o Dicionário Amoroso do Brasil. Faz parte de uma bela coleção, com dicionários amorosos sobre tudo: o vinho, a mitologia, a amizade, etc. Tem a forma de um dicionário mesmo, cujos verbetes são organizados e selecionados por mim. Por exemplo, um dos tópicos chama-se “caravela”. Porque ela teve um papel fundamental na descoberta do Brasil. Pela primeira vez os navegadores utilizavam uma embarcação que também se deslocava contra os ventos, e não só a favor deles. Lugares terão entradas específicas no dicionário. Por exemplo, falo muito de São Paulo, pouco do Rio, que não conheço bem, e particularmente São Luís do Maranhão, que adoro. Ao longo desse dicionário completamente particular, vou alinhavando minhas recordações.

Conte uma, por favor.

Naquela viagem que fiz de ônibus, chego de madrugada à cidade de João Pessoa, na Paraíba, com pouco dinheiro no bolso, um cansaço enorme, e não havia hotel ou pensão abertos para me receber àquela hora. Decido dormir na praia, era o jeito. Jogo minha mochila na areia, me acomodo precariamente, mas, ainda assim, logo pego no sono. Acordo, horas depois, com uma meninota de origem bem humilde ao meu lado, segurando um guarda-sol para me proteger. Disse que estava preocupada comigo, afinal, eu poderia ter uma insolação. Jamais esqueci aquele despertar, o gesto da menina, sem me pedir nada…

Que verbete dará para essa história?

Ternura, certamente.

03/07/2009 - 19:31h A luz é como a água

Por Gabriel García Márquez

“(…) mergulharam como tubarões mansos por baixo dos móveis e das
camas e resgataram do fundo da luz as coisas que durante anos
tinham-se perdido na escuridão.”

 

No Natal os meninos tornaram a pedir um barco a remos.

— De acordo — disse o pai —, vamos comprá-lo quando voltarmos a Cartagena.

Totó, de nove anos, e Joel, de sete, estavam mais decididos do que seus pais achavam.

— Não — disseram em coro. — Precisamos dele agora e aqui.

— Para começar — disse a mãe —, aqui não há outras águas navegáveis além da que sai do chuveiro.

Tanto ela como o marido tinham razão. Na casa de Cartagena de Índias havia um pátio com um atracadouro sobre a baía e um refúgio para dois iates grandes. Em Madri, porém, viviam apertados no quinto andar do número 47 do Paseo de la Castellana. Mas no final nem ele nem ela puderam dizer não, porque haviam prometido aos dois um barco a remos com sextante e bússola se ganhassem os louros do terceiro ano primário, e tinham ganhado. Assim sendo, o pai comprou tudo sem dizer nada à esposa, que era a mais renitente em pagar dívidas de jogo. Era um belo barco de alumínio com um fio dourado na linha de flutuação,

— O barco está na garagem — revelou o pai na hora do almoço.— O problema é que não tem jeito de trazê-lo pelo elevador ou pela escada, e na garagem não tem mais lugar.

No entanto, na tarde do sábado seguinte, os meninos convidaram seus colegas para carregar o barco pelas escadas, e conseguiram levá-lo até o quarto de empregada.

— Parabéns — disse o pai. — E agora?

— Agora, nada – disseram os meninos. — A única coisa que a gente queria era ter o barco no quarto, e pronto.

Na noite de quarta-feira, como em todas as quartas-feiras, os pais foram ao cinema. Os meninos, donos e senhores da casa, fecharam portas e janelas, e quebraram a lâmpada acesa de um lustre da sala. Um jorro de luz dourada e fresca feito água começou a sair da lâmpada quebrada, e deixaram correr até que o nível chegou a quatro palmos. Então desligaram a corrente, tiraram o barco, e navegaram com prazer entre as ilhas da casa.

Esta aventura fabulosa foi o resultado de uma leviandade minha quando participava de um seminário sobre a poesia dos utensílios domésticos. Totó me perguntou como era que a luz acendia só com a gente apertando um botão, e não tive coragem para pensar no assunto duas vezes.

— A luz é como a água — respondi. — A gente abre a torneira e sai.

E assim continuaram navegando nas noites de quarta-feira, aprendendo a mexer com o sextante e a bússola, até que os pais voltavam do cinema e os encontravam dormindo como anjos em terra firme. Meses depois, ansiosos por ir mais longe, pediram um equipamento de pesca submarina. Com tudo: máscaras, pés-de-pato, tanques e carabinas de ar comprimido.

— Já é ruim ter no quarto de empregada um barco a remos que não serve para nada.
— disse o pai — Mas pior ainda é querer ter além disso equipamento de mergulho.

— E se ganharmos a gardênia de ouro do primeiro semestre? — perguntou Joel.

— Não – disse a mãe, assustada. — Chega. O pai reprovou sua intransigência.

— É que estes meninos não ganham nem um prego por cumprir seu dever — disse ela —, mas por um capricho são capazes de ganhar até a cadeira do professor.

No fim, os pais não disseram que sim ou que não. Mas Totó e Joel, que tinham sido os últimos nos dois anos anteriores, ganharam em julho as duas gardênias de ouro e o reconhecimento público do diretor. Naquela mesma tarde, sem que tivessem tornado a pedir, encontraram no quarto os equipamentos em seu invólucro original. De maneira que, na quarta-feira seguinte, enquanto os pais viam O Último Tango em Paris, encheram o apartamento até a altura de duas braças, mergulharam como tubarões mansos por baixo dos móveis e das camas, e resgataram do fundo da luz as coisas que durante anos tinham-se perdido na escuridão.


Na premiação final os irmãos foram aclamados como exemplo para a escola e ganharam diplomas de excelência. Desta vez não tiveram que pedir nada, porque os pais perguntaram o que queriam. E eles foram tão razoáveis que só quiseram uma festa em casa para os companheiros de classe.

O pai, a sós com a mulher, estava radiante. — É uma prova de maturidade — disse.

— Deus te ouça — respondeu a mãe.

Na quarta-feira seguinte, enquanto os pais viam A Batalha de Argel, as pessoas que passaram pela Castellana viram uma cascata de luz que caía de um velho edifício escondido entre as árvores. Saía pelas varandas, derramava-se em torrentes pela fachada, e formou um leito pela grande avenida numa correnteza dourada que iluminou a cidade até o Guadarrama.

Chamados com urgência, os bombeiros forçaram a porta do quinto andar, e encontraram a casa coberta de luz até o teto. O sofá e as poltronas forradas de pele de leopardo flutuavam na sala a diferentes alturas, entre as garrafas do bar e o piano de cauda com seu xale de Manilha que agitava-se com movimentos de asa a meia água como uma arraia de ouro. Os utensílios domésticos, na plenitude de sua poesia, voavam com suas próprias asas pelo céu da cozinha. Os instrumentos da banda de guerra, que os meninos usavam para dançar, flutuavam a esmo entre os peixes coloridos liberados do aquário da mãe, que eram os únicos que flutuavam vivos e felizes no vasto lago iluminado. No banheiro flutuavam as escovas de dentes de todos, os preservativos do pai, os potes de cremes e a dentadura de reserva da mãe, e o televisor da alcova principal flutuava de lado, ainda ligado no último episódio do filme da meia-noite proibido para menores.

No final do corredor, flutuando entre duas águas, Totó estava sentado na popa do bote, agarrado aos remos e com a máscara no rosto, buscando o farol do porto até o momento em que houve ar nos tanques de oxigênio, e Joel flutuava na proa buscando ainda a estrela polar com o sextante, e flutuavam pela casa inteira seus 37 companheiros de classe, eternizados no instante de fazer xixi no vaso de gerânios, de cantar o hino da escola com a letra mudada por versos de deboche contra o diretor, de beber às escondidas um copo de brandy da garrafa do pai. Pois haviam aberto tantas luzes ao mesmo tempo que a casa tinha transbordado, e o quarto ano elementar inteiro da escola de São João Hospitalário tinha se afogado no quinto andar do número 47 do Paseo de la Castellana. Em Madri de Espanha, uma cidade remota de verões ardentes e ventos gelados, sem mar nem rio, e cujos aborígines de terra firme nunca foram mestres na ciência de navegar na luz.


Dezembro de 1978.


Gabriel García Márquez
nasceu em 1928 na pequena cidade de Aracataca, na Colômbia. Cresceu ao lado de seu avô materno, um coronel da guerra civil no princípio do século. Estudou num colégio jesuíta e posteriormente iniciou o curso de Direito, logo abandonado em virtude de seu trabalho como jornalista. Em 1954 foi para Roma, como correspondente do jornal onde escrevia, e desde então tem vivido em cidades como Paris, New York, Barcelona e México, em um exílio mais ou menos compulsório. Apesar de seu talento como ficcionista e premiado escritor, continua exercendo a profissão de jornalista.

No dia 21 de outubro de 1982 foi agraciado com o Prêmio Nobel de Literatura, quinze anos depois de ter escrito “Cem Anos de Solidão”, seu maior sucesso, traduzido em 35 idiomas e com venda calculada em mais de 30 milhões de exemplares.

Em nossos dias circula pela Internet um texto cuja autoria foi atribuída a García Márquez, um tipo de “carta de despedida”, pois estaria o autor prestes a falecer em virtude de um câncer linfático. Segundo a “Crônica do falso adeus” de Orlando Maretti, “Gabriel García Márquez, ou Gabo, para os amigos, … não apenas negou, pela imprensa, que estivesse em estado terminal como também espinafrou a pieguice do texto e seu autor, identificando-o como um subliterato latino-americano. Em recente entrevista ao jornal espanhol El País, o escritor colombiano lamenta a repercussão do texto.”

Orlando Maretti acrescenta: “…a primeira pista para duvidar da autoria é a insistência na citação vocativa de Deus. Pelo que se sabe, García Márquez é um escritor de esquerda, simpatizante do marxismo, amigo de Fidel Castro, militante de causas sociais. Enfim, um humanista engajado, mas nem de longe seu perfil lembra um religioso.”

BIBLIOGRAFIA:

· Folhas mortas
· Ninguém escreve ao coronel
· Cem anos de solidão
· Doze contos peregrinos
· O general em seu labirinto
· O amor nos tempos do cólera
· A aventura de Miguel Littin clandestino no Chile
· Cheiro de Goiaba: Conversas com Plinio Apuleyo Mendoza
· Como Contar um Conto
· Crônica de uma Morte Anunciada
· Do Amor e Outros Demônios
· O Enterro do Diabo: A Revoada
· Entre Amigos
· Os Funerais da Mamãe Grande
· A Má Hora (o Veneno da Madrugada)
· A Incrível e Triste História da Cândida Erêndira e sua Avó Desalmada
· Olhos de Cão Azul
· O Outono do Patriarca
· Relato de um Náufrago
· Textos do Caribe – Volume 1 e 2
· Oficina de Roteiro de Gabriel García Márquez: Me Alugo Para Sonhar
· Notícias de um seqüestro
. Viver para contá-las (memórias)


Texto extraído do livro “Doze contos peregrinos”, Editora Record – Rio de Janeiro, 1999, pág. 215, tradução de Eric Nepomuceno.

Ilustração: Orlando Pedroso

Orlando Pedroso, paulistano, nasceu em 14 de fevereiro de 1959.

Em 1978, publica pela primeira vez, já na época da abertura política, no jornal esquerdista “Em Tempo”. Morou na Europa por três anos e meio. De volta, em 85, passa a colaborar com o jornal Folha de São Paulo e com as melhores e piores publicações da cidade, entre elas, Playboy, Capricho, Carícia, Istoé, Exame, Claudia, Marie Claire, Elle, Quatro Rodas, Atrevida, Veja, Você s/a, além de ilustrações e capas para editoras como Moderna, Ática, Senac, Scippione, Nova Cultural, Ediouro e Salamandra.

Em sua empresa, a CO2 Gráficos, desenvolve projetos gráficos para empresas e peças de teatro. É co-autor do “Livro dos Segundos Socorros” dos Doutores da Alegria, além de ser responsável pela criação de suas peças de comunicação.

Em 97 expôs nos espaços Unibanco de Cinema de São Paulo e Rio os desenhos de “Como o Diabo Gosta” e em 2001, no espaço Ophicina, em São Paulo, “Olha o Passarinho!”.

Em 2002, organizou o livro “Dez na área, um na banheira e ninguém no gol”, lançado pela Via Lettera.

Prêmio HQMix de melhor ilustrador de 2001.

E-MAIL: orla@uol.com.br

17/06/2009 - 18:59h Lo que me gusta de tu cuerpo…

Lo que me gusta de tu cuerpo es el sexo.
Lo que me gusta de tu sexo es la boca.
Lo que me gusta de tu boca es la lengua.
Lo que me gusta de tu lengua es la palabra.

Julio Cortázar

traducido del francés por Aurora Bernárdez
publicado en Papeles inesperados – editora Alfaguara

13/06/2009 - 20:32h O amor é uma companhia

Fernando Pessoa

O amor é uma companhia.
Já não sei andar só pelos caminhos,
Porque já não posso andar só.
Um pensamento visível faz-me andar mais depressa
E ver menos, e ao mesmo tempo gostar bem de ir vendo tudo.
Mesmo a ausência dela é uma coisa que está comigo.
E eu gosto tanto dela que não sei como a desejar.

Se a não vejo, imagino-a e sou forte como as árvores altas.
Mas se a vejo tremo, não sei o que é feito do que sinto na ausência dela.
Todo eu sou qualquer força que me abandona.
Toda a realidade olha para mim como um girassol com a cara dela no meio.

Alberto Caeiro, um dos heterónimos de Fernando António Nogueira Pessoa (n. em Lisboa a 13 Jun. 1888 — m. em Lisboa a 30 de Nov. de 1935). Fonte Nothingandall

13/06/2009 - 18:00h Um dia cheio

Blog Nothingandalle

13 de Junho – Um dia cheio: Santo António, Fernando Pessoa, Eugénio de Andrade, Álvaro Cunhal, etc.

Pintura de Vieira da SilvaLissue Lumineuse
Vieira da Silva (n. em Lisboa 13 Jun 1908 -m. Paris 6 Mar. 1992)

13 de Junho é feriado em Lisboa (e noutras localidades portuguesas: Aljustrel, Cascais, Vila Nova de Famalicão e Vila Real), porque é Dia de Santo António de Lisboa (ou de Pádua) dia em que o santo português Santo António (Fernando de Bolhões) faleceu no ano de 1231.

Há 121 anos (13.06.1888) nasceu o grande poeta português Fernando Pessoa… tão grande que não coube em si próprio e teve de criar vários:
«Para ser grande, sê inteiro: nada
Teu exagera ou exclui.
Sê todo em cada coisa.
Põe quanto és
No mínimo que fazes.
Assim como em cada lago a lua toda
Brilha, porque alta vive»

«(Come chocolates, pequena;
Come chocolates!
Olha que não há mais metafísica no mundo senão chocolates.
Olha que as religiões todas não ensinam mais que a confeitaria.
Come, pequena suja, come!
Pudesse eu comer chocolates com a mesma verdade com que comes!
Mas eu penso e, ao tirar o papel de prata, que é de folha de estanho,
Deito tudo para o chão, como tenho deitado a vida.)»

Excerto de Tabacaria

Há quatro anos atrás 13.06.2005 morreu outro grande poeta português Eugénio de Andrade, de quem transcrevemos de seguida o poema Adeus:

Já gastámos as palavras pela rua, meu amor,
e o que nos ficou não chega
para afastar o frio de quatro paredes.
Gastámos tudo menos o silêncio.
Gastámos os olhos com o sal das lágrimas,
gastámos as mãos à força de as apertarmos,
gastámos o relógio e as pedras das esquinas
em esperas inúteis.

Meto as mãos nas algibeiras e não encontro nada.
Antigamente tínhamos tanto para dar um ao outro;
era como se todas as coisas fossem minhas:
quanto mais te dava mais tinha para te dar.
Às vezes tu dizias: os teus olhos são peixes verdes.
E eu acreditava.
Acreditava,
porque ao teu lado
todas as coisas eram possíveis.

Mas isso era no tempo dos segredos,
era no tempo em que o teu corpo era um aquário,
era no tempo em que os meus olhos
eram realmente peixes verdes.
Hoje são apenas os meus olhos.
É pouco mas é verdade,
uns olhos como todos os outros.

Já gastámos as palavras.
Quando agora digo: meu amor,
já não se passa absolutamente nada.
E no entanto, antes das palavras gastas,
tenho a certeza
de que todas as coisas estremeciam
só de murmurar o teu nome
no silêncio do meu coração.

Não temos já nada para dar.
Dentro de ti
não há nada que me peça água.
O passado é inútil como um trapo.
E já te disse: as palavras estão gastas.

Adeus. »

Neste dia 13 de Junho mas do ano de 1908 nascia em Lisboa a pintora mais tarde naturalizada francesa, Maria Helena Viewira da Silva.

Há 51 anos (com 60 de vida) faleceu Vasco Santana, figura ímpar do nosso cinema.

Mas este é um dia de poetas Al berto outro poeta e editor português faleceu neste dia do ano de 1997. No mesmo dia da morte de Eugénio de Andrade (13.06.2005) falecia também o político português Álvaro Cunhal. Também em 13 de Junho mas de 1984 desaparecia António Variações e nove anos mais tarde a grande fadista Hermínia Silva. Há onze anos anos desapareceu o arquitecto brasileiro Lúcio Costa. Há treze o músico americano Benny Goodman e um ano depois a actriz americana Geraldine Page.

Mas muito mais ocorreu neste dia podendo saber (quase tudo) o que aconteceu aqui On this day in History

Seja ou não feriado para si, tenha um bom dia, com sorrisos, flores, e … poesia!

13/06/2009 - 17:33h Caminhar lembra Pessoa

Blog Caminhar

O dia do Santo e de Pessoa

Fernando lembra:Há 121 anos (13.06.1888) nasceu o grande poeta português Fernando Pessoa.
Dia de Santo Antônio, simpático, acolhedor,com o menino no colo. Dizem que se fizermos pedidos para ele trará um par qualquer, se for súplica a São José virá um par melhor. Melhor apelar para São José. Para ser grande, sê inteiro: nada

Para ser grande, sê inteiro: nada
Teu exagera ou exclui.

Sê todo em cada coisa. Põe quanto és
No mínimo que fazes.

Assim em cada lago a lua toda
Brilha, porque alta vive.

Ricardo Reis. Odes 14-2-1933

” É por ser mais poeta

Que gente que sou louco?

Ou é por ter completa

A noção de ser pouco?

Tudo é verdade e caminho.”

Fernando Pessoa

Para mim, ele é o maior poeta que eu conheço. Múltiplo, extraordinário.

Postado por Diz no Blog Caminhar

13/06/2009 - 16:58h O registro de uma era de excessos

http://www.livrariacultura.com.br/imagem/capas1/489/2788489.jpg

Pornopopéia, de Reinaldo Moraes, tem protagonista amoral e fala de racismo, vaidade, mesquinhez e crueldade emocional

 

 

http://ego.globo.com/Portal/entretenimento/especiais/flip/img/foto_reinaldo.jpgUbiratan Brasil – O Estado SP

Há algo de réptil em Zeca, principal personagem de Pornopopéia (Objetiva, 480 páginas, R$ 59,90), livro que marca o retorno de Reinaldo Moraes ao romance depois de 14 anos ( o último foi Abacaxi). É um vilão da cabeça aos pés – ex-cineasta marginal, ele é obrigado a filmar um vídeo promocional sobre embutidos de frango para ganhar alguns trocados. Mas, sem saber ao certo por onde começar, Zeca acaba entrando em uma espiral de sexo, bebida e drogas.

“Trata-se de um homem cafajeste, sexista, machista, politicamente incorreto, que criei sem enfrentar nenhuma censura (pessoal ou de terceiros)”, confessa Moraes, 59 anos, que conversa com o Estado em um de seus pontos de encontro mais queridos, a Mercearia São Pedro, na Vila Madalena. Será ali a festa de lançamento, no dia 29.

Um evento para festejar algo marcante. Escrevendo em sua própria voz, Moraes não se sente mais constrangido a fazer as vontades do leitor. Ele retorna a seu velho modo de escrever como se o leitor fosse um hóspede não convidado, chegando na noite errada em casa escura. Pornopopéia traz uma jornada desregrada, de proporções quase épicas e narrada com texto fluido, inquieto – como o personagem.

Zeca é a união de tipos que povoam a sociedade atual, com seu individualismo atroz e a insaciável busca pelo prazer imediato. Pornopopéia é um livro de excessos típico de uma era de excessos, algo como um potente e cuidadoso coquetel servido gelado. Afinal, fala sobre racismo, aversão a mulheres, vaidade, mesquinhez e (mais desolador) retrata a crueldade emocional que ele dirige aos semelhantes.

Apesar de amoral, ele, no entanto, desperta a piedade do leitor, uma vez que revela todas as contradições sofridas pelo homem. “Todo mundo tem ao menos um dos defeitos do Zeca, ou praticou atos ilícitos como ele”, conta Moraes, ex-economista que se tornou cultuado em 1981, com o lançamento de Tanto Faz, logo tornado bíblia de um momento literário contracultural e intimista. Fora de catálogo durante vários anos, a obra voltou às livrarias em 2003, pela Azougue Editorial, mas, cumprindo sua função de maldito, novamente só é encontrada em sebos.

Em meio às suas obsessões (gosta tanto de reescrever que, brincam os amigos, é capaz de corrigir o livro em vez de autografá-lo), Reinaldo Moraes entabulou uma animada conversa com o Estado na terça-feira. A seguir, os principais pontos.

INDIVIDUALISMO EXACERBADO

“O romance era para ser mais cômico, picaresco. Com o tempo, percebi que o personagem começou a ganhar densidade – afinal, eu não estava contando uma piada de 100 páginas. Foi quando entraram minhas experiências com casamento, amigos. Zeca, assim, ganhou contornos perigosos: tornou-se um personagem amoral. Até então, ele se recusava a pactuar com o mundo administrado, com o trabalho, mas era um cara ético, que valorizava a amizade e o amor. Resultou em um personagem canalha, autor de atos deploráveis como, por exemplo, roubar uma prostituta. Comecei a pensar em uma contradição lógica mas civilizatória: para ser socialmente livre, é preciso livrar-se do passado, das ligações afetivas (até com mulher e filhos) e fazer uma tábula rasa dos valores que recebeu: uma deflação total dos sentimentos e uma anulação dos valores. Isso criou um monstro moral. Mas é a única forma de ser essencialmente livre. O destino, no entanto, muda a vida desse cara: amoral, ele fica sem tapete. Por isso, paga o preço até por atos que não comete.”

ESPANTO COM A CRIAÇÃO

“Tive terríveis embates, especialmente à noite: estou criando um monstro! Que encara o sexo como fliperama! O herói moderno tem vários defeitos e uma qualidade. Já o vilão moderno tem um monte de qualidades e um defeito. É o caso do Zeca, que ajuda a salvar uma criança, mesmo que nem se importe com isso. Ele é acusado de assassinato e de ser traficante sem, de fato, isso ser verdade. Mas Zeca é tão inescrupuloso, tão facilmente acusável de egoísmo que é como se fosse culpado. Isso cria uma situação ambígua: ele é acusado injustamente mas merece ser punido.”

NARRATIVA EM PRIMEIRA PESSOA

“O maior desafio é criar situações que contradizem o narrador. Também é preciso não parecer chata para o leitor aquela situação que o personagem não suporta. Zeca participa de uma orgia que ele considera um porre, mas não posso, como autor, deixar isso transparecer. A solução é criar contextos que contradizem o narrador.”

INFLUÊNCIA DA REALIDADE

“Tem o fator idade: completo 60 anos em 2010 e sinto não ter tido uma carreira sólida. Fiz ciências sociais, estudei na Fundação Getúlio Vargas, quase virei tecnoburocrata. Até ir para a França, onde consegui escrever Tanto Faz. Na volta, ajudei a escrever novelas (Helena, O Campeão, Bang Bang) e seriados (Ô, Coitado!), que me transformaram em freelancer. Essa ideia de não pertinência acabou prevalecendo. Assim, sou obrigado a enobrecer os sintomas, como disse, em tom de brincadeira, meu amigo poeta Armando Freitas. Isso explica um pouco essa área eticamente pantanosa de Zeca – ele também faz o que pode, só se preocupa com os próximos 15 minutos.”

BEAT PAULISTA

“Essa fama sempre me incomodou. Fiz uma única experiência com essa linguagem, em um livro sobre Burroughs, que hoje renego, pois é recheado de maneirismo que não tem nada a ver comigo. Li Kerouac muito tempo depois de virar hit, nos anos 1980. Adorei On the Road, mas preferia Charles Bukowski, que não era beat. Eu vibrava com sua obra, marcada por personagens que reapareciam, uma narrativa sem o fluxo tradicional. Também não tinha aquele toque poético preparado – a poesia se formava à sua revelia, enquanto admirava a lua vomitando. Era a não-literatura que eu buscava. Um mar revolto em que tudo pode acontecer.”

http://www.thebooksonthetable.com.br/figurasLoja/TANTOFAZLV49.jpg

 

Tanto Faz pregava ócio como meta, e não alvo

Tínhamos sede de encrenca e o livro foi nosso mau exemplo

Jotabê Medeiros – O Estado SP

Tanto Faz foi o On the Road da minha geração. Portanto, Reinaldo Moraes foi o Kerouac que nós fizemos por merecer. Em junho de 1982, éramos majoritariamente monoglotas e estávamos começando a vida exatamente no ponto em que o Brasil saía de uma ditadura. Em Londrina, naquela época, ainda havia uns malucos que patrulhavam quem usava camiseta com símbolos imperialistas (um logotipo da Coca-Cola, uma etiqueta importada, uma Levi?s 501) – tinha até um sujeito que andava com uma tesoura pela universidade para cortar as etiquetas à força.

Os melhores livros desbundados estavam fora de catálogo, e a gente os lia em cópias xerox que passavam de mão em mão: Paranóia, do Roberto Piva; Panamérica, do José Agrippino de Paula; Alegria Alegria, do Caetano Veloso; e Deus da Chuva e da Morte, de Jorge Mautner. Não tínhamos Salinger como baliza.

Nova York, Paris e São Francisco eram tão factíveis para a gente quanto o passeio de Yuri Gagarin pela órbita do planeta. São Paulo era nosso maior sonho contracultural (e São Paulo, hoje sabemos, é uma cidade careta; “Nos anos 70 era pior”, lembrou o Reinaldo Moraes). Foi no final dessa década que ele escreveu Tanto Faz, o livro que, publicado em 1981, nos faria eleger o ócio como uma meta, quando não um alvo.

Tanto Faz foi o nosso bom mau exemplo (tinha quem preferisse Feliz Ano Velho, do Paiva, ou Morangos Mofados, do Caio F.), mas nós tínhamos sede de encrenca, não de lirismo ou memorialismo. Jogávamos sinuca a tarde toda e, em dia de assembléia do movimento estudantil, a gente marcava jogo de futebol no câmpus. Chegamos a acampar na universidade. Quando a TV baixou ali para saber qual era a pauta de reivindicações, o Careca disse: “Uma soneca depois do almoço.” Combatíamos o professor de Semiótica e ironizávamos a juventude “revolucionária” de Ulysses Guimarães.

O livro virou raridade, coisa de sebo. Foi reeditado pela Azougue há alguns anos, mas foram só mil exemplares. Ainda assim, virou uma bíblia. Todos sabemos de cor a história: um funcionário público paulistano de nome comum, Ricardo de Mello, ganha uma bolsa para fazer mestrado em Paris. Chegando lá, ele manda o mestrado para as cucuias e passa a vadiar, biritar, fumar e correr atrás de todo rabo-de-saia que vê pela frente.

O Reinaldo disse que seu personagem era o resultado “de uma fratura no sistema”. Um garoto que simplesmente se insurge contra a peremptoriedade da sociedade produtiva. Farrear é sua meta. Não era tão nobre para se tornar um punk, nem tão sem princípios a ponto de fazer carreira na política.

O livro ajudou a destravar uma geração que chegava traumatizada pelo cinto de castidade aplicado às consciências durante a ditadura. Ao mesmo tempo, uma lição de anarquia formal, antimanual literário, um relato amoral, apolítico, agnóstico, anárquico e que não tinha a pretensão de levar ninguém a lugar algum. Ok, tanto faz, porque nós o levamos conosco.

05/06/2009 - 19:18h Acorrentados

Paulo Mendes Campos

Quem coleciona selos para o filho do amigo; quem acorda de madrugada e estremece no desgosto de si mesmo ao lembrar que há muitos anos feriu a quem amava; quem chora no cinema ao ver o reencontro de pai e filho; quem segura sem temor uma lagartixa e lhe faz com os dedos uma carícia; quem se detém no caminho para ver melhor a flor silvestre; quem se ri das próprias rugas; quem decide aplicar-se ao estudo de uma língua morta depois de um fracasso sentimental; quem procura na cidade os traços da cidade que passou; quem se deixa tocar pelo símbolo da porta fechada; quem costura roupa para os lázaros; quem envia bonecas às filhas dos lázaros; quem diz a uma visita pouco familiar: Meu pai só gostava desta cadeira; quem manda livros aos presidiários; quem se comove ao ver passar de cabeça branca aquele ou aquela, mestre ou mestra, que foi a fera do colégio; quem escolhe na venda verdura fresca para o canário; quem se lembra todos os dias do amigo morto; quem jamais negligencia os ritos da amizade; quem guarda, se lhe deram de presente, o isqueiro que não mais funciona; quem, não tendo o hábito de beber, liga o telefone internacional no segundo uísque a fim de conversar com amigo ou amiga; quem coleciona pedras, garrafas e galhos ressequidos; quem passa mais de dez minutos a fazer mágicas para as crianças; quem guarda as cartas do noivado com uma fita; quem sabe construir uma boa fogueira; quem entra em delicado transe diante dos velhos troncos, dos musgos e dos liquens; quem procura decifrar no desenho da madeira o hieróglifo da existência; quem não se acanha de achar o pôr-do-sol uma perfeição; quem se desata em sorriso à visão de uma cascata ; quem leva a sério os transatlânticos que passam; quem visita sozinho os lugares onde já foi feliz ou infeliz; quem de repente liberta os pássaros do viveiro; quem sente pena da pessoa amada e não sabe explicar o motivo; quem julga adivinhar o pensamento do cavalo; todos eles são presidiários da ternura e andarão por toda a parte acorrentados, atados aos pequenos amores da armadilha terrestre.

Texto extraído do livro “O Anjo Bêbado”, Editora Sabiá – Rio de Janeiro, 1969, pág. 105. Fonte Releituras

04/06/2009 - 20:25h Auto-retrato com a musa

Vasco Graça Moura

1.

vejo-me ao espelho: a cara
severa dos sessenta,
alguns cabelos brancos,
os óculos por vezes
já mais embaciados.

sobrancelhas espessas,
nariz nem muito ou pouco,
sinal na face esquerda,
golpe breve no queixo
(andanças da gilette).

ia a passar fumando
mais uma cigarrilha
medindo em tempo e cinza
coisas atrás de mim.
que coisas? tantas coisas,

palavras e objectos,
sentimentos, paisagens.
também pessoas, claro,
e desfocagens, tudo
o que assim se mistUra

e se entrevê no espelho,
tingindo as suas águas
de um dúbio maneirismo
a que hoje cedo. e fico
feito de tinta e feio.

2

quem amo o que é que pode
fazer deste retrato?
nem sabê-lo de cor,
nem tê-lo encaixilhado,
nem guardá-lo num livro,

nem rasgá-lo ou queimá-lo,
mas pode pôr-se ao lado
e ter prazer ou pena
por nos achar parecidos
ou não achar. quem amo

não fica desenhado,
fica dentro de mim
e é quando mais me apago
e deixo de me ver
e apenas me confundo,

amador transformado
na própria coisa amada
por muito imaginar.
assim nem john ashberry,
nem o parmegianino,

nem espelho convexo,
nem mesmo auto-retrato.
só uma sombra que é
na sombra de quem amo
provavelmente a minha.

3

quem amo tem cabelos
castanhos e castanhos
os olhos, o nariz
direito, a boca doce.
em mais ninguém conheço

tal porte do pescoço
nem tão esguias mãos
com aro de safira,
nem tanta luz tão húmida
que sai do seu olhar,

nem riso tão contente,
contido e comovente,
nem tão discretos gestos,
nem corpo tão macio
quem amo tem feições

de uma beleza grave
e música na alma
flutua nas volutas
de um madrigal antigo
em ondas de ternura.

é quando eu sinto a musa
pousando no meu ombro
sua cabeça, assim
me enredo horas a fio
e fico a magicar.

(mantida a grafia original)

Vasco Graça Moura nasceu na Foz do Douro (Porto), Portugal, em 1942. Formou-se pela Faculdade de Direito da Universidade de Lisboa, em 1966. Depois de ter exercido advocacia, desempenhou vários cargos públicos: foi membro de dois Governos Provisórios em 1975, diretor do Primeiro Canal da RTP (1978), administrador da Imprensa Nacional-Casa da Moeda (1979-1989), comissário-geral para as comemorações dos Descobrimentos Portugueses (1989-1995). A partir de 1996, dirigiu o Serviço de Bibliotecas e Apoio à Leitura da Fundação Calouste Gulbenkian. É colaborador de jornais, revistas e de canais de televisão. Tem muitas das suas obras traduzidas para italiano, francês, alemão, sueco e espanhol. É autor de numerosos ensaios, alguns deles premiados, e de excelentes traduções literárias. Em 1999 foi eleito deputado ao Parlamento Europeu. Já publicou mais de 60 títulos, tendo numerosa colaboração dispersa em jornais e revistas. Foi distinguido com vários prêmios, entre os quais o Prêmio Pessoa (1995), o Prêmio de Poesia do PEN Clube (1997) e o Grande Prêmio de Poesia da Associação Portuguesa de Escritores.(1999). Em 1997 foi-lhe atribuída a Medalha de Ouro da Cidade de Florença pelas suas traduções de Dante. Em 2004, ganha a Coroa de Ouro do Festival de Poesia de Struga (Macedônia), sendo o primeiro poeta português a ser distinguido com este galardão. É membro efetivo da Académie Européenne de Poésie (Luxemburgo).

Alguns destaques na obra de Vasco Graça Moura:

Poesia:

Modo Mudando (1963);

O Mês de Dezembro e Outros Poemas (1976);

A Sombra das Figuras (1985);

Sonetos Familiares (1994);

Uma Carta no Inverno (1997);

Testamento de VGM (2001);

Antologia dos Sessenta Anos (2002).

Ensaio:

Luís de Camões: Alguns Desafios (1980);

Camões e a Divina Proporção (1985);

Sobre Camões, Gândavo e Outras Personagens (2000).

Romance:

Quatro Últimas Canções (1987);

A Morte de Ninguém (1998);

Meu Amor, Era de Noite (2001).

Enigma de Zulmira (2002)

Diário e Crônica:

Circunstâncias Vividas (1995);

Contra Bernardo Soares e Outras Observações (1999).

Poema extraído da revista “Inimigo Rumor” nº 12, editora 7Letras – Rio de Janeiro, 1º semestre de 2002, pág. 03. Fonte Releituras

04/06/2009 - 17:11h 1° Encontro Nordestino de Literatura de Cordel em Brasília

Abrindo o 1° ENCONTRO NORDESTINO DE LITERATURA DE CORDEL EM BRASÍLIA, aproveitamos para lançar a segunda edição do livro LULA NA LITERATURA DE CORDEL.

Naquele dia, na estrofe 17 do nosso discurso, dizíamos:

1
Mas quem é mesmo esse Lula
Que é tão cantado em Cordel?
É terror de coronel,
Pancada em quem especula,
É teimosia profética
É força e garra com ética
É Cristo, É Gandhi e Guevara,
Que enfrenta parada dura,
Sem perder nunca a ternura…
Por isso que ele é O CARA.
2
Lula é a quintessência
Dos levantados do chão
De quem venceu no Sertão
A seca e a prepotência;
É quem não teme perder
Porque aprendeu vencer…
É essa energia rara
Que herdou de Dona Lindu
Num Sertão tostado e cru
Por isso que ele é O CARA.
3
Lula driblou o destino
Com coragem e luta vasta,
Quebrou a casca da casta
Reservada ao nordestino
Que não herdou sesmaria
Nem veio da academia
Que ao descer do pau-de-arara
Em vez de ser delinquente
Transformou-se em presidente…
Por isso que ele é O CARA.
4
Lula é quem reescreveu
A cartilha do ABC,
Soletrou greve e PT
Cresceu e apareceu…
Reescreveu a história
Dando glória pra os sem glória
Quebrando outro pau-de-arara
Que é o símbolo da tortura
E enterrou a ditadura…
Por isso é que ele é O CARA!
5
Depois nós vimos Luis
Na Caravana que ia
Parir a cidadania
Das entranhas do País
Peitando soba e alcaide
Dando um chute no apartheid,
A estupidez que separa
Brasil de fêmea e de macho,
Brasil de cima e de baixo…
Por isso que ele é O CARA
6
Depois foram as eleições,
Factóides e firulas,
Fabricaram os anti-lulas
Ganharam três votações;
Quanto mais Lula perdia
Mais o Brasil sucumbia
Num berço “esplêndido”, de vara
Depois que Lula ganhou
O gigantão acordou
Por isso que ele é O CARA.
7
Lula ganhou, assumiu
Começou a juntar caco,
Danou-se a tapar buraco
Levantando o que caiu…
Deu um basta nos desleixos
Botou o Brasil nos eixos
Apagou muita coivara
Provou de maneira incrível
Que outro Brasil é possível
Por isso que ele é o cara
8
Criou o SAMU urgente
Remédio barateado,
Fez o SUS humanizado
Fez o Brasil Sorridente
Combatendo as endemias
Evitando as pandemias
Saneamento dispara
Que é obra que não faz foto
Que dá saúde e não voto…
Por isso Lula é o cara.
9
Universidade Aberta
ProUni em todas cidades
Novas universidades
E muita extensão aberta,
Brasil Alfabetizado
Mais professor concursado,
FUNDEB, nem se compara…
Mesmo sem diplomação
‘Stá diplomando a nação
Por isso Lula é o cara
10
Fez os Pontos de Cultura
Respeitando a identidade
Forjando a diversidade
Promovendo Mais Leitura
Folclore, Vídeo e cinema
A Música, a Dança, o Poema,
Está tudo mais odara…
Exclusão virou insulto
Hoje o Brasil é mais culto…
Por isso Lula é o cara.
11
Pra quem lavra a terra dura
Temos mais assentamentos
Pronaf tem mil aumentos
Melhorando a agricultura
E para acabar engodos
Lula fez o Luz pra Todos
A casa rural ’stá clara
O campo está produzindo
E a fome se esmilingüindo
Por isso Lula é o cara.
12
Leva o seu discurso afoito
Sem temer fama ou acinte
Tornou viável o G-20,
Ajoelhou o G-8
Soma-se à Rússia e à China,
Dá apoio à Palestina
Aos donos do mundo, encara;
Ao Mercosul não desfalca
Fez o enterro da ALCA
Por isso que ele é o cara
13
Não fala russo, alemão,
Nem francês e nem inglês
Fala mesmo o Português
Falado pelo povão
Fala com crânio e com alma
Só sai debaixo de palma
Sapatos ninguém dispara.
E embaixador sem sapato,
Isso acabou-se de fato
Por isso Lula é o cara
14
Veio a crise mundial
Disseram estamos de esmola
Lula disse: Isso é marola
Ninguém perca o alto astral
Quem disse que o Brasil quebra,
Quebra a cara e não celebra
O caos e se desmascara…
E hoje o Brasil está aí
Credor do FMI
Por isso que ele é o cara
15
O petróleo do Pré-Sal,
Os gringos tiveram um troço
Pois Lula disse que é nosso
Pra redenção nacional
Na de novos ‘iraques’
Muito menos Patrobrax
E há dias Lula declara
Que não ta nem aí
Pra os bestas da CPI…
Por isso que ele é o cara

E, por fim para não dizerem que vim só falar do presidente, vamos à pauta de reivindicações dos poetas que aqui se encontram:
16
Mas agora meu caro presidente
Vamos mesmo falar sobre o Cordel,
Esta arte do humilde menestrel
Que retrata o valor da nossa gente,
Um saber que cresceu e que é semente
Do mais amplo espectro da cultura,
Que é folheto e que é xilogravura;
Que é jornal e que é dramaturgia,
Que é cinema, que é música e poesia
E é suporte à melhor Literatura!
17
A primeira das reivindicações
É o Cordel PATRIMÔNIO CULTURAL
Da nação no modelo IMATERIAL
E do repente nas manifestações,
Coco, aboio e as demais inspirações…
Mas também nós queremos conquistar
Um projeto que está a tramitar
No Congresso pra o crivo do poder
Finalmente poder reconhecer
A profissão de POETA POPULAR!
18
Precisamos que a nossa inteligência
Tenha amparo na hora que cansar
Que o poeta possa se aposentar
Tendo, assim o direito à PREVIDÊNCIA
E que o Congresso aprove com urgência
O Projeto que existe de uma emenda
2, 3, 2, que esse número a gente aprenda
Pois com ele se alguém patrocinar
Um folheto que a gente publicar
Tem desconto no IMPOSTO DE RENDA!
19
Nós queremos Cordel em toda Escola
Com projetos que levem os cordelistas
E apresente na classe os repentistas
Com o folheto, o romance e a viola
Que esse ato transforme-se numa mola
Propulsora da arte da poesia
E que além de palestra e cantoria
Cada escola possua a CORDELTECA
Reforçando a sua BIBLIOTECA
Dando a todos, cultura e alegria!
20
Que o governo adquira a produção
De folhetos, romances e CDs,
Cordelivros, de xilos, DVDs,
Reforçando a ação da educação,
MEC e MINC levando essa lição
De casar o ensino com as artes
Com mais aprendizado em todas partes
Reforçando a Didática e o saber
E fazendo as pazes do poder
Com João Grilo, Cancão e Malazartes!
21
Que a Caixa Econômica possa ter
Uma linha de crédito pra o Cordel
Que o poeta que deve é bem fiel
Paga a conta pra outra receber.
É dinheiro para livro e pra fazer
O folheto, o romance e pra comprar
A viola com que irá cantar
E o som pra fazer divulgação
Dessa forma poema e a canção
Vai vender e o poeta vai ganhar!
22
Nós queremos também meu presidente
Um horário na nossa TV pública
Que é preciso que toda essa República
Reconheça o que é nosso repente
Que o poeta feliz e consciente
Tenha vez como a bola, o rap e o roque
Que o Brasil reconheça o nosso estoque
Do cordel e o repente, essa ciência
Pra podermos gozar de audiência
Do extremo Chuí ao Oiapoque!
23
Que as campanhas que são educativas
De estatais e também dos ministérios
Possam ter nossos versos sempre sérios
Carreando as mensagens puras, vivas
Nossas rimas são muito criativas
E já chega de ver os marqueteiros
Contratando uns atores sem roteiros
Que imitam o cordel de um jeito feio
Acabando o emprego em nosso meio
E acabando a imagem dos violeiros!
24
Que se apóie outras feiras de cordéis
Com estrutura daqui para melhor;
Cada feira se torne bem maior
Dando espaço pra todos menestréis
Que em vez de sofremos um revés
Outras feiras incluem o poema
Nossa música, o teatro e o cinema,
Cordelivros e livros e CDs
Pra o Brasil finalmente ter a vez
De entender o valor do nosso tema.
25
Editais para Cordel e pra Repente,
Do IPHAN, da FUNARTE, Petrobrás
Que dê prêmios, dê luz e dê cartaz
Pra o sucesso total da nossa gente.
Finalmente, meu caro presidente,
Meu querido ministro da Cultura
Já é hora da rima rica e pura
Ocupar seu lugar, sua cadeira,
Seu espaço na cena brasileira
Com o status de ser LITERATURA!

Crispiniano Neto

http://www.defato.com/crispiniano.php

30/05/2009 - 18:46h Ler

W. H. Auden

O livro é um espelho: se um asno o contempla,
não se pode esperar que reflita um apóstolo.

C. G. Lichtenberg

Só se lê bem aquilo que é lido com algum propósito pessoal.
Pode ser até com a intenção de adquirir poder.
Pode ser até mesmo com ódio do autor.

Paul Valéry

 

Os interesses do escritor e do leitor jamais são os mesmos e se ocasionalmente chegam a coincidir, trata-se de mero acaso.

No que tange ao desempenho do escritor, a maioria dos leitores adota critérios diferenciados: o leitor pode trair o escritor quanto desejar, mas o escritor não pode jamais, em hipótese alguma, trair o leitor.

Ler é traduzir, pois a experiência de cada pessoa com o texto é exclusiva. Um mau leitor é como um mau tradutor: interpreta literalmente quando deveria parafrasear, e adota a paráfrase quando deveria interpretar literalmente. Para aprendermos a ler de uma forma mais crítica, a erudição, embora bastante útil é menos importante que o instinto; há grandes eruditos que, como tradutores, mostram-se fracos.

Com freqüência enriquecemos com a leitura de um livro percorrendo caminhos diferentes daqueles que o autor previu, mas (uma vez ultrapassada a infância) tal enriquecimento ocorrerá apenas se tomarmos consciência desta discrepância.

Enquanto leitores, a maioria de nós, até certo ponto, é como aqueles moleques que desenham bigodes nos rostos das modelos fotografadas em anúncios.

Um sinal de que um livro tem valor literário é que o mesmo aceita diversas leituras. Em contrapartida, a prova de que a pornografia não tem valor literário é que, se tentarmos uma leitura por um ângulo que não seja o de estímulo sexual, por exemplo, se tentarmos abordar o texto como veículo de liberação psicológica das fantasias sexuais do autor, chegaremos a bocejar de tanto tédio.

Embora uma obra literária permita leituras diversas, o número de tais leituras é finito e pode ser organizado em ordem hierárquica; algumas leituras são obviamente mais “verdadeiras” que outras; algumas, duvidosas; algumas certamente falsas; e outras, como quem lê um romance de trás para frente, absurdas. É justamente por isso que, para uma ilha deserta, devemos levar um bom dicionário, em lugar da maior obra-prima literária que se possa imaginar, pois em relação ao leitor, o dicionário é totalmente passivo e pode legitimamente ser objeto de um número infinito de leituras possíveis.

Não podemos ler um escritor principiante da mesma forma que lemos o último livro de um autor já consagrado. Com relação a um escritor principiante, nossa tendência é perceber apenas as qualidades ou os defeitos e, mesmo que possamos enxergar a ambos, somos incapazes de perceber as devidas inter-relações. No caso de um autor consagrado, se é que ainda conseguimos ler sua obra, sabemos que não é possível apreciar as qualidades que nele admiramos sem tolerar-lhe os defeitos deploráveis. Além disso, nosso julgamento sobre um escritor renomado nunca é meramente estético. A despeito de qualquer mérito literário, um novo livro de tal escritor possui para nós um valor histórico, tratando-se de obra de autoria de um indivíduo pelo qual há muito nos interessamos. Tal autor não é apenas um poeta ou um romancista; é também um personagem em nossa biografia.

Um poeta não é capaz de ler a poesia de outro poeta, nem um romancista lê o trabalho de outro romancista, sem comparar a obra daquele com a sua. A avaliação que faz, à medida que lê a obra alheia, é expressada através de interjeições do tipo: “Meu Deus! Meu pai! Minha mãe!”

Em literatura, a vulgaridade é preferível à nulidade, assim como o vinho do porto é preferível à água destilada.

Bom gosto é mais uma questão de discriminação que de exclusão, e quando por razões de bom gosto somos levados a excluir, isso é feito com pesar, não com prazer.

No processo de seleção do que se lê, o prazer não constitui absolutamente um valor crítico infalível; contudo, é menos falível.

A leitura de uma criança é comandada pelo prazer, embora seu gosto não tenha capacidade discriminadora. A criança não consegue distinguir, por exemplo, entre o prazer estético e o prazer de aprender ou de sonhar acordada. Na adolescência damo-nos conta de que há diversos tipos de prazer, alguns dos quais não podem ser sentidos simultaneamente, e precisamos do auxílio de outras pessoas no processo de definição desses prazeres. No que tange a questões de gosto relativas à comida e à literatura, por exemplo, o adolescente busca um preceptor em cuja autoridade possa confiar. O jovem passa a comer ou a ler aquilo que o preceptor recomenda e inevitavelmente há ocasiões em que tem de enganar a si próprio; finge, por exemplo, que gosta de azeitonas ou de Guerra e Paz mais do que de fato gosta. Entre os 20 e os 40 anos vivemos o processo da descoberta do que somos, processo esse que envolve a percepção da diferença entre as limitações acidentais, as quais temos o dever de superar, e as limitações necessárias da nossa própria natureza, as quais não podemos superar impunemente. Poucos de nós chegam a tal percepção sem cometerem erros, sem tentar nos tornar mais universais do que nos é permissível. É exatamente durante esse período que um escritor pode facilmente ser desviado por outro escritor ou por alguma ideologia. Quando alguém na faixa dos 20 aos 40 anos diz com respeito a uma obra de arte: “Eu sei do que gosto”; está na verdade dizendo: “Não tenho um gosto pessoal mas aceito o gosto do meu meio cultural”; isto porque entre os 20 e os 40 anos a indicação mais precisa de que um indivíduo possui um gosto autêntico e pessoal é a própria incerteza a respeito do assunto. Após os 40 anos, caso não tenhamos perdido totalmente a autenticidade, o prazer pode voltar a funcionar como funcionava quando éramos crianças: como valor crítico que determina o que devemos ler.

Embora o prazer que obtemos da apreciação de obras-de-arte não deva ser confundido com outros tipos de prazer, ele está relacionado com todos os tipos pelo simples fato de constituir um prazer nosso e não de outra pessoa. Todas as avaliações estéticas e morais que fazemos, não importa quanto nos empenhemos em ser objetivos, são por um lado uma racionalização e por outro uma ação disciplinar imposta sobre nossas aspirações subjetivas. Enquanto um indivíduo escreve poesia ou ficção, seu sonho do que constitui o Éden é assunto que somente diz respeito a si próprio mas, no momento em que o mesmo passa a escrever crítica literária, por questões de honestidade deve descrever seu Éden para os leitores, de maneira que os mesmos tenham condições de julgar as avaliações do crítico. Com efeito, passo a responder um questionário, por mim mesmo elaborado, que fornece as informações que eu mesmo gostaria de ter antes de ler o trabalho de outros críticos.

W. H. Auden nasceu em York, Inglaterra, em 1907. Mudou-se para Birmingham na infância e estudou no Christ’s Church, em Oxford. Quando jovem, era influenciado pelas poesias de Thomas Hardy, Robert Frost, William Blake e Emily Dickinson.

Em 1928, Auden publicou seu primeiro livro de versos e sua coleção “Poemas”, publicada em 1930, o que o colocou no topo da nova geração de poetas. Era admirado pela sua técnica e habilidade em escrever poemas em todas as formas imagináveis, pela incorporação em suas obras de elementos cultura popular e eventos atuais e também por seu vasto intelecto. Sua poesia freqüentemente reconta, literal ou metaforicamente, uma jornada ou aventura, e suas viagens acabaram servindo como rico material para seus versos.

Visitou a Alemanha, China, serviu na guerra civil espanhola e em 1939 mudou-se para os Estados Unidos, tornando-se, mais tarde, cidadão americano. Manteve um relacionamento aberto com Chester Kallman, nada fazendo para ocultar sua homossexualidade.

Suas crenças mudaram muito entre o período de sua jovem carreira na Inglaterra (onde era adepto do socialismo e da psicanálise Freudiana) e sua fase posterior, na América, quando sua principal preocupação passou a ser o cristianismo e a teologia do protestantismo.

Auden era também dramaturgo, editor e ensaísta. Considerado o maior poeta inglês do século XX, seu trabalho influenciou as gerações seguintes, dos dois lados do Atlântico.

Foi Chancellor da Academia de Poetas Americanos de 1954 a 1973 e dividiu a segunda parte da sua vida nas residências de Nova York e Áustria. Faleceu em Viena, em 1973.

”Quando o processo histórico se interrompe… quando a necessidade se associa ao horror e a liberdade ao tédio, a hora é boa para se abrir um bar.” A citação de W. H. Auden pareceu apropriada a Antônio Callado para usar como epígrafe de seu livro “Bar Don Juan”, lançado em 1971.

Poesia:

Poems (1930)
The Orators prose and verse (1932)
Look, Stranger! in America: On This Island (1936)
Spain (1937)
Another Time (1940)
The Double Man (1941)
The Quest (1941)
For the Time Being (1944)
The Sea and the Mirror (1944)
Collected Poetry (1945)
The Age of Anxiety: A Baroque Eclogue (1947)
Collected Shorter Poems 1930-1944 (1950)
Nones (1952)
The Shield of Achilles (1955)
The Old Man’s Road (1956)
Selected Poetry (1956)
Homage to Clio (1960)
About the House About the House (1965)
Collected Shorter Poems 1927-1957 (1966)
Collected Longer Poems (1968)
City without Walls (1969)
Academic Graffiti (1971)
Epistle to a Godson (1972)
Thank You, Fog: Last Poems (1974)
Selected Poems (1979)
Collected Poems (1991)

Prosa:

Letters from Iceland (1937) com L. MacNiece.
Journey to a War (1939) com C. Isherwood.
Enchaféd Flood (1950)
The Dyer’s Hand (1962)
Selected Essays (1964)
Forewords and Afterwords (1973)

Antologia:

Selected Poems, por Gunnar Ekelöf (1972)

Drama:

Paid On Both Sides (1928)
The Dance of Death (1933)
The Dog Beneath the Skin: or, Where is Francis? (1935) com C. Isherwood.
The Ascent of F.6 (1936) com C. Isherwood.
On the Frontier (1938)


Ensaio publicado no livro “A mão do artista”, Editora Siciliano – São Paulo, 1993, pág.400, tradução de José Roberto O’Shea. Extraído da Revista Bibliográfica e Cultural, primorosa publicação da Oficina do Livro Rubens Borba de Morais, dezembro de 2002, pág. 3. Fonte Releituras

23/05/2009 - 17:47h Benedetti, o poeta suave e indignado

Escritor uruguaio, autor de mais de 80 livros, deixa órfã uma legião de leitores

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Eric Nepomuceno – O Estado SP

O domingo 17 de maio foi um dia de céu encapotado e rajadas de chuva e ventania em Montevidéu, que ele chamava de ‘cidade de todos os ventos’. Se tivesse olhado pelas amplas janelas de seu apartamento na Avenida 18 de Julho, Mario Benedetti constataria uma vez mais que nesta época do ano Montevidéu é um mundo de terna melancolia.

Mas ele não saiu da cama. Passou o dia todo alternando o sono sossegado com períodos de um despertar calado, distante. Pelo fim da tarde sua respiração tranqüila foi se fazendo mais suave, mais suave, até que, quando faltavam cinco para as 6, parou de vez. Assim, dormitando na penumbra e sem nenhum olhar de despedida, foi-se embora esse poeta cálido e bondoso, tímido e cordial como corresponde aos uruguaios de velha estirpe. Um homem de resistência e compromisso permanente, num tempo em que isso já não significa quase nada. Continuou sendo o militante de sempre, contra ventos e marés. “As causas nas quais creio me dão impulso, e por defendê-las durmo tranquilo. Não me sinto derrotado em minhas crenças ideológicas e vou continuar lutando por elas. Sem êxito, já sei”, dizia.

Se tivesse ficado por aqui até o dia 14 de setembro, cumpriria 89 anos. Não quis esperar. Na verdade, Mario começou a ir embora em abril de 2006, quando morreu Luz López, com quem foi casado durante 60 anos. Continuou escrevendo, mas a vida já não tinha graça. Dizia ele, nesses últimos tempos: Acontece a noite e estou sozinho/ a duras penas carrego meu próprio peso/ a morte levou o bom amor/ e já não sei para quem continuar vivendo.

Deixou desolada uma multidão de leitores, e, nos amigos, um vazio sem fim. “Que será de nós sem sua bondade inexplicável?”, escreveu Eduardo Galeano. “Mario foi, sobretudo, um homem bom”, assegura o poeta argentino Juan Gelman, outro companheiro de longas jornadas. Ao saber de sua morte, o espanhol Fran Sevilla disse: “Há dias que não deveriam amanhecer.” A lista de amigos que amargam essa dor é enorme, se espalha pelos mapas, vai de pintores a músicos, de escritores a poetas, de jovens esperançosos a velhos lutadores das causas perdidas, ou quase, nesta América Latina. Em silêncio, abrumados pela própria dor, ficam milhões de leitores em todo o mundo. De certa forma, saber dessa amplidão de gente que se deixou embalar e acalentar pela sua poesia serve de consolo aos amigos. “Mario ocupava um lugar muito maior do que ele mesmo achava”, diz um deles, o escritor português José Saramago.

Foram mais de 80 livros publicados ao longo de 63 anos. Alguns, como os romances La Tregua e Gracias por el Fuego, tiveram mais de cem edições. Escreveu contos, romances, ensaios, crítica literária e obras de teatro. Mas foi sua poesia que fez dele um dos latino-americanos mais lidos nos últimos muitos anos. Seus versos estão em camisetas, bolsas, cartões-postais, xícaras, cartazes, e foram transformados em canções cantadas por gerações. Muitos desses versos, copiados por milhares de jovens que fingiam uma autoria imaginada, venceram amores esquivos. Cada vez que alguém dizia a Mario que tinha conquistado o grande amor graças aos seus poemas roubados, ele sorria feliz.

Seu livro de estréia, La Víspera Indeleble, vendeu exatamente nove exemplares. Foi seu presente de casamento para Luz, em março de 1946. Dez anos e cinco livros mais tarde, publicou Poemas de la Oficina. E com esses ?poemas de escritório? ganhou prestígio. Não foi nenhum êxito de vendas, mesmo porque a tiragem era de 500 exemplares. Mas ele se tornou conhecido. Naquela altura, fazia parte do mítico semanário Marcha, dirigido por Carlos Quijano, e integrava a mais importante geração literária de seu país, a de 1945, ao lado da poeta Idea Villariño e de um mestre absoluto, Juan Carlos Onetti.

Filho de um farmacêutico e de uma dona de casa, foi batizado seguindo a estranha tradição italiana de nomes longuíssimos: Mario Orlando Hamlet Hardy Brenno Benedetti. Tinha 4 anos quando a família saiu de Paso de Los Toros e foi para Montevidéu viver uma infância de privações, que se estenderam adolescência afora. Trabalhou como vendedor de peças de automóvel, depois foi taquígrafo, mensageiro, contador, gerente de imobiliária, jornalista e funcionário público, entre muitas outras atividades.

Em seus contos e romances, estendeu sempre um olhar solidário e compreensivo para a pequena classe média uruguaia – a aridez da vida dos burocratas, a rotina amarga de um cotidiano de pouco horizonte e sonhos restritos. Traçou as distâncias entre esperança e realidade, e seus personagens eram gente comum, encontrados nos mergulhos na alma humana que Mario soube fazer tão bem. Com o romance La Tregua, de 1960, chegou ao grande público. O livro teve 150 edições em 24 países. Cinco anos depois, com Gracias por el Fuego, veio a consagração definitiva entre os escritores latino-americanos da segunda metade do século 20.

Sua poesia assegurou a ele a legião de leitores que desde o domingo, 17 de maio, ficaram órfãos. Foram 36 livros, sem contar antologias e compilações, de poemas em linguagem simples, espontânea, coloquial, ele que foi o poeta dos sentimentos, das emoções e das idéias, versos vivos que eram como conversas numa varanda entardecida.

Sua vida foi a de um homem de esquerda, de compromisso com seu tempo e sua gente – um compromisso que custou perseguições e ameaças, exílio, desterro, as dores das separações e das perdas. Acreditava num outro mundo possível. Foi um suave indignado, um doce iracundo. Aliou sempre o rigor da palavra escrita – “como escritor, meu primeiro compromisso é com a literatura” – com sua visão de mundo: “Como cidadão, tudo que afeta o homem me diz respeito, e se o cidadão é escritor é natural que a preocupação política apareça em sua obra”, dizia.

Galeano nos apresentou na Buenos Aires de 1973, onde eu morava e ele chegou exilado. Ao longo desses anos todos o mundo rodou e nós também, e nos encontramos em Lima e Madri, no México e em Havana, em Paris e em Manágua, e dele guardo a memória de um humor ingênuo e tímido, uma esperança tranqüila e permanente, um olhar límpido, guardo a certeza de ter sido amigo de um homem bom, generoso e solidário. O tempo e as distâncias diminuíram nosso convívio mas não nos afastaram jamais. E o que mais me dói agora é nunca ter dito a Mario quanto eu gostava dele.

Um de seus poemas dos últimos tempos pede: quando me enterrem/ por favor não se esqueçam/ da minha caneta. Na manhã da terça-feira, dia 19, Mario Benedetti foi enterrado em Montevidéu. Milhares de pessoas o acompanharam ao longo de 30 quarteirões, seu derradeiro passeio pela cidade. Nenhuma delas jamais esquecerá sua caneta, nem as palavras que escreveu.



21/05/2009 - 19:18h Secretamente


Virgínia Schall

Seus olhos estão perigosamente dentro
de mim
aqui fizeram morada
e estão como Deus
em toda parte
se interpondo
entre a paisagem mais próxima
entre a fresta de luz e a imagem
tangenciando meu olhar
que não sabe olhar puro
que se trai a cada segundo.

Seus olhos estão perigosamente pousados
sobre mim
como borboleta em flor
cobrindo minha pele em ternura
suaves como seda
a farfalhar sobre os poros
e os pelos.
Luzes que incendeiam
em sublime música
meu corpo aceso em sede
Sombras sobre minha noite
embalam meu sono
devassando meus sonhos
onde secretamente me assombram
estando fora e sendo dentro
espelhos de amor intenso
e imenso.

Nossos olhos estão perigosamente
em comunhão
a despeito da separação
que a vida nos impõe.
E nossas vidas
sob risco
entre sermos felizes
ou tristes
e nossos destinos
por um triz
entre sucessos
e desatinos.
Secretamente
espreitamos-nos
como caminhos
à beira
de atraentes abismos.

20/05/2009 - 19:23h Versos Íntimos

 

Augusto dos Anjos

Vês! Ninguém assistiu ao formidável
Enterro de tua última quimera.
Somente a Ingratidão – esta pantera -
Foi tua companheira inseparável!

Acostuma-te à lama que te espera!
O Homem, que, nesta terra miserável,
Mora, entre feras, sente inevitável
Necessidade de também ser fera.

Toma um fósforo. Acende teu cigarro!
O beijo, amigo, é a véspera do escarro,
A mão que afaga é a mesma que apedreja.

Se a alguém causa inda pena a tua chaga,
Apedreja essa mão vil que te afaga,
Escarra nessa boca que te beija!


Augusto de Carvalho Rodrigues dos Anjos nasceu no Engenho Pau d’Arco, Paraíba, no dia 20 de abril de 1884. Aprendeu com seu pai, bacharel, as primeiras letras. Fez o curso secundário no Liceu Paraibano, já sendo dado como doentio e nervoso por testemunhos da época. De uma família de proprietários de engenhos, assiste, nos primeiros anos do século XX, à decadência da antiga estrutura latifundiária, substituída pelas grandes usinas. Em 1903, matricula-se na Faculdade de Direito do Recife, formando-se em 1907. Ali teve contato com o trabalho “A Poesia Científica”, do professor Martins Junior. Formado em direito, não advogou; vivia de ensinar português. Casou-se, em 04 de julho de 1910, com Ester Fialho. Nesse ano, em conseqüência de desentendimento com o governador, é afastado do cargo de professor do Liceu Paraibano. Muda-se para o Rio de Janeiro e dedica-se ao magistério. Lecionou geografia na Escola Normal, depois Instituto de Educação, e no Ginásio Nacional, depois Colégio Pedro II, sem conseguir ser efetivado como professor. Em 1911, morre prematuramente seu primeiro filho. Em fins de 1913 mudou-se para Leopoldina MG, onde assumiu a direção do grupo escolar e continuou a dar aulas particulares. Seu único livro, “Eu“, foi publicado em 1912. Surgido em momento de transição, pouco antes da virada modernista de 1922, é bem representativo do espírito sincrético que prevalecia na época, parnasianismo por alguns aspectos e simbolista por outros. Praticamente ignorado a princípio, quer pelo público, quer pela crítica, esse livro que canta a degenerescência da carne e os limites do humano só alcançou novas edições graças ao empenho de Órris Soares (1884-1964), amigo e biógrafo do autor.

Cético em relação às possibilidades do amor (”Não sou capaz de amar mulher alguma, / Nem há mulher talvez capaz de amar-me”), Augusto dos Anjos fez da obsessão com o próprio “eu” o centro do seu pensamento. Não raro, o amor se converte em ódio, as coisas despertam nojo e tudo é egoísmo e angústia em seu livro patético (”Ai! Um urubu pousou na minha sorte”). A vida e suas facetas, para o poeta que aspira à morte e à anulação de sua pessoa, reduzem-se a combinações de elementos químicos, forças obscuras, fatalidades de leis físicas e biológicas, decomposições de moléculas. Tal materialismo, longe de aplacar sua angústia, sedimentou-lhe o amargo pessimismo (”Tome, doutor, essa tesoura e corte / Minha singularíssima pessoa”). Ao asco de volúpia e à inapetência para o prazer contrapõe-se porém um veemente desejo de conhecer outros mundos, outras plagas, onde a força dos instintos não cerceie os vôos da alma (”Quero, arrancado das prisões carnais, / Viver na luz dos astros imortais”).

A métrica rígida, a cadência musical, as aliterações e rimas preciosas dos versos fundiram-se ao esdrúxulo vocabulário extraído da área científica para fazer do “Eu” — desde 1919 constantemente reeditado como “Eu e outras poesias” — um livro que sobrevive, antes de tudo, pelo rigor da forma. Com o tempo, Augusto dos Anjos tornou-se um dos poetas mais lidos do país, sobrevivendo às mutações da cultura e a seus diversos modismos como um fenômeno incomum de aceitação popular. Vitimado pela pneumonia aos trinta anos de idade, morreu em Leopoldina em 12 de novembro de 1914.


O poema acima foi incluído no livro “Os Cem Melhores Poemas Brasileiros do Século
“, organizado por Ítalo Moriconi para a Editora Objetiva – Rio de Janeiro, 2001, pág. 61. Fonte Releituras

18/05/2009 - 18:49h O primeiro dia

Miguel Sousa Tavares

O que o acordou foi o silêncio. Primeiro, o do despertador que não tocou à hora combinada todas as manhãs. Depois, o de outra respiração, que devia ouvir e não ouvia. Estendeu a mão para o quente do outro lado da cama e encontrou o frio. Apalpou e encontrou vazio. Então, sim, despertou completamente.

Um prenúncio de tragédia desceu por ele abaixo, como um arrepio. O que acabara de se lembrar era que não acordara só por acaso ou por acidente: aquele era o primeiro dia, a primeira manhã da sua separação — o primeiro de quantos dias? — em que acordaria sempre sozinho, com metade da cama fria, metade do ar por respirar.

Era Abril, sábado e chovia. Sentado na cama, lembrou-se das instruções que dera a si mesmo para aquela manhã: fazer peito forte à desgraça. Nada é inteiramente bom, mas nada é inteiramente mau – pensou. Posso ler à noite até me apetecer sem me mandarem apagar a luz, posso dormir atravessado na cama, posso-me livrar daquele rol de cobertores com o qual ela me esmagava, fizesse sol, chuva ou frio, porque as mulheres são mais friorentas que eu sei lá, posso usar a casa-de-banho todo o tempo que quiser, posso espalhar as roupas, os jornais e os papéis pelo quarto à vontade e até – oh, suprema liberdade — posso fumar à noite na cama.

Levantou-se para se olhar ao espelho da casa-de-banho. Sorriu à sua própria imagem, ensaiou-a calma, tranquila, confiante. Imaginou mentalmente o texto que poderia redigir sobre si mesmo para a secção de anúncios pessoais do jornal: “Divorciado, 40 anos, bom aspecto, licenciado, rendimento médio-alto, casa própria e espaçosa, desportos, ar livre, terno e com sentido de humor”. Mulheres compatíveis? Deus do céu, dezenas delas! Sou um partidão — concluiu para o espelho.

Calmo, tranquilo e confiante, passou aos outros aposentos da casa para dar uma vista de olhos ao resultado da partilha dos móveis, aliás feita sem grandes problemas, como é próprio de gente civilizada. Por alto, entre o living, o hall, o escritório, a cozinha, o quarto de casal e as duas casas-de-banho, estimou nuns setecentos contos o preço da reposição das coisas em falta. Mais metade dos livros e dos CD’s, quase todas as fotografias dos últimos dez anos das suas vidas e algumas outras coisas cujo verdadeiro valor era o vazio que encontrava se olhasse para o lugar onde elas costumavam estar.

“Até agora vou-me aguentando”, considerou ele. Entre perdas e danos e a certeza adquirida de que nada dura para sempre, restavam-lhe várias razões e objectos e sentimentos para olhar em frente sem um sobressalto.

Enquanto fazia, com um prazer insuspeitado, o seu primeiro pequeno-almoço de homem só, passou à fase seguinte do que chamara o “plano de sobrevivência”: desfolhar a agenda de telefones em busca de amigos igualmente sós com quem fazer “programas de homens” ou de antigas namoradas, que se tinham separado ultimamente ou outras que achava acessíveis mas que nunca tivera a coragem e a oportunidade de aproximar. A primeira desilusão foi com os amigos: de A a Z, realizou que só tinha dois amigos sem mulher e, para agravar as coisas, com nenhum deles lhe apetecia sair e entrar numa de “anda daí e mostra-me lá como é o mundo lá fora”. Quanto às mulheres que julgava sortables, sempre eram cinco, mas o resultado foi quase patético. Duas já não moravam naqueles telefones, outra tinha-se casado entretanto, e o marido estava ao lado a ouvir a conversa, o que o deixou completamente idiota a inventar pretextos absurdos para o telefonema. Do número da quarta atendeu uma criancinha e ele desligou e foi só na última da lista que finalmente teve sorte: sim, a Joana morava ali, era ela própria ao telefone. Não, não estava casada nem, pelo que, esforçadamente, percebeu, tinha namorado. Sim, ok, por que não irem jantar logo, para falar do projecto que ele tinha e onde ela poderia caber. “Ah, a tua mulher não vem? Separados? Não, não sabia. Recente? Pois, essas coisas são tão chatas, mas ainda bem que reages e tens projectos novos e tudo! Ok, às oito e meia vens-me buscar”. Ele teria desligado quase em êxtase, não fosse a frase final dela, à despedida, que o deixou verdadeiramente abalado. “Olha, vais-me achar uma grande diferença. A idade não perdoa a ninguém, não é?”

Enfim, sempre era um date. O primeiro, certamente, de uma longa lista. O que interessa se for um flop — achas que ias encontrar uma mulher super logo ao virar da esquina? É preciso é entrar no circuito, pá, começar a sair, a ser visto, fazer com que as pessoas saibam que estás disponível. O resto vem por arrasto.

Passeou-se pela casa, pensativo, fumando o primeiro cigarro do dia. De repente lembrou-se que ainda não tinha visto o quarto do filho. A cama e a escrivaninha tinham ido, assim como praticamente todos os brinquedos. Sobrava um boneco de peluche, três ou quatro carrinhos semi-partidos, uns legos e um quadro para fazer desenhos, com os respectivos marcadores, pousados, à espera de uma mão de criança. A mesa-de-cabeceira ficara e parecia absurda no meio do quarto, sem a cama nem os outros móveis, com um retrato dele e do filho numa praia do Algarve, sorrindo, abraçados um ao outro. Sem saber porquê, sentou-se no chão encostado à parede, muito devagar, a olhar para a fotografia. Duas grossas lágrimas escorregaram-lhe pela cara abaixo e caíram na madeira do chão, entre as pernas. Foi só então que ele percebeu que estava a chorar.

(foi mantida a grafia original)


Miguel Sousa Tavares
nasceu no Porto, Portugal. Abandonou a advocacia pelo jornalismo, até se entregar à escrita literária. Colunista do jornal Público e da revista Máxima, é comentarista da Rádio e Televisão de Portugal (RTP). Jornalista famoso e controvertido, é dono de opiniões fortes, trava polêmicas em vários campos: política, literatura, esportes e outros. Seu primeiro livro lançado no Brasil foi “Equador”, que obteve enorme receptividade entre o público leitor. O autor é filho da grande poeta portuguesa Sophia de Mello Breyner Andresen, falecida em 2004.

Obras:

Equador
Anos Perdidos
Não te Deixarei Morrer, David Crockett
Sul – Viagens
Sahara – A república da areia
O Segredo do Rio
Um Nómada no Oásis
O Dia dos Prodígios
Rio das Flores

Texto extraído do livro “Não te deixarei morrer, David Crockett”, Editora Nova Fronteira – Rio de Janeiro, 2005, pág. 23. Fonte Releituras

17/05/2009 - 18:14h Dia dos namorados

Marçal Aquino

O rapaz e a moça entraram na pousada e, de um jeito tímido, ele perguntou o preço da diária. O velho Lilico informou e o rapaz e a moça trocaram um olhar em que faiscaram jóias de diversos tamanhos. A maior delas era a cumplicidade.

Enquanto o rapaz preenchia a ficha de entrada, a moça se afastou um pouco para examinar melhor o quadro na parede — e pude vê-la por inteiro.

Era muito bonita. Tinha os cabelos e a pele claros. Alta, magra, ossos salientes nos ombros. Estava no mundo há pouco mais de uma década e meia e, com certeza, alguém que recusara já havia escrito poemas desesperados pensando nela. Ou cortado os pulsos — o que é quase a mesma coisa.

Embora não merecesse, o quadro recebeu toda sua atenção por alguns instantes. Era uma pintura ordinária. Eu já tivera a oportunidade de analisá-la durante as longas tardes em que a chuva me impedia de sair para caminhar pela cidade. Uma cidade habitada, fora da temporada turística, por velhos, aposentados e hippies extemporâneos. Gente que tentava, de um jeito ou de outro, ser esquecida.

O quadro: penso que o artista havia experimentado um momento de genuína felicidade ao contemplar, em algum canto do país, aquelas montanhas, aquele prado, aqueles cavalos. E, generoso, decidira compartilhar esse momento com o resto da humanidade. Mas a verdade é que fracassara. A arte não é feita de boas intenções.

O olhar com que a moça se despediu — para sempre — daquela obra continha um pouco de piedade. E, com isso, ela me conquistou em definitivo.

O velho Lilico entregou a chave ao rapaz, que se voltou e sorriu para a moça. Seu ar era de alguém vitorioso. Mas sou capaz de apostar que a mão que ele juntou à dela, antes de subirem a escada de madeira, tinha a palma molhada de suor. Havia um princípio de rubor no rosto dela. Eram muito jovens e estavam vivendo um grande momento, mas não sabiam disso ainda. Essas coisas a gente só compreende depois.

Lilico deixou o balcão da recepção e foi até a copa, onde falou alguma coisa para Jair, um de seus empregados. Em seguida veio até a mesa que eu ocupava.

“Gosto de gente que chega para hospedar-se sem nenhuma bagagem”, ele comentou.

“E a felicidade que eles carregam, não conta?”, eu perguntei.

Ele examinou o tabuleiro, como se estivesse tentando rememorar a jogada que pretendia fazer antes de ser interrompido pela chegada do casal.

“Mandei o Jair levar uma garrafa de champanhe para eles. Cortesia da casa”.

“Fez bem”, eu disse.

“Gozado, sabe quem essa moça me lembrou?”

Eu disse: “Sei”.

“Acho que foram os olhos dela”, ele falou. “Muito parecidos.”

Retomamos o jogo e não falamos mais do casal. Eu, porém, continuei pensando neles. Num dia como aquele, anos antes, uma mulher, que entrava comigo num hotel bem diferente daquela pousada, me dissera: “Hoje eu vou te dar um presente muito especial”.

Um pouco depois da meia-noite interrompemos o jogo e o velho Lilico recolheu as peças e guardou o tabuleiro. E eu já estava no meio da escada, a caminho do meu quarto, quando ele perguntou:

“Você ainda pensa nela?”

“De vez em quando eu penso.”

“E por que você não vai atrás dela? Vocês dois ainda têm alguns anos pela frente.”

“A mágica não acontece duas vezes”, eu disse.

O velho Lilico balançou a cabeça.

“Você sabe que só em filme francês antigo o herói termina seus dias em hotéis vagabundos, escrevendo livros que nunca irá publicar”.

Eu me limitei a sorrir. Então ele me desejou “boa noite” e voltou para a recepção.

Eu subi a escada e, ao chegar ao corredor, parei diante da porta do quarto que o casal ocupava e tentei ouvir alguma coisa. Mas tudo estava silencioso. Entrei nó meu quarto e, enquanto me despia, pensei no velho Lilico. Ele tinha razão: ainda me restavam alguns anos pela frente. E essa era a pior parte da história.

Marçal Aquino nasceu em 1958 na cidade de Amparo (SP). Jornalista, trabalhou como revisor, repórter e redator nos jornais “O Estado de S.Paulo” e “Jornal da Tarde”. Atualmente, trabalha como jornalista free-lancer. Escreve ficção adulta e juvenil, faz roteiros para o cinema, tendo atuado como consultor no IV Laboratório de Roteiros Sundance/RioFilme, a convite do Sundance Institute, dos E.U.A., em 2002.

Alguns dos trabalhos do autor:

Prosa:

O invasor.

Faroestes.

O amor e outros objetos pontiagudos
(Prêmio Jabuti 2000).

As fomes de Setembro
(Prêmio V Bienal Nestlé de Literatura – Conto (1991).

Miss Danúbio
(Prêmio do Concurso de Contos do Paraná).

Cabeça a prêmio.

Famílias terrivelmente felizes.

Eu receberia as piores notícias dos seus lindos lábios

Poesia:

Abismos – Modo de usar.
Por bares nunca antes naufragados.

Juvenis:

O mistério da cidade-fantasma.
O jogo do camaleão.
O primeiro amor e outros perigos.
A turma da rua Quinze.
Coleção Sete Faces.

Roteiros de cinema:

Os matadores.
Ação entre amigos.
O invasor.
Nina.
O texto acima foi extraído do livro “Geração 90: manuscritos de computador”, Boitempo Editorial – São Paulo, 2001, pág. 18. Fonte Releituras

15/05/2009 - 18:47h Jorge Luis Borges


Aqui. Hoje.

Jorge Luis Borges

Já somos o esquecimento que seremos.
A poeira elementar que nos ignora
e que foi o ruivo Adão e que é agora
todos os homens e que não veremos.
Já somos na tumba as duas datas
do princípio e do término, o esquife,
a obscena corrupção e a mortalha,
os ritos da morte e as elegias.
Não sou o insensato que se aferra
ao mágico sonido de teu nome:
penso com esperança naquele homem
que não saberá que fui sobre a Terra.
Embaixo do indiferente azul do céu
esta meditação é um consolo.

(Tradução: Charles Kiefer)

O labirinto

Este é o labirinto de Creta. Este é o labirinto de Creta cujo centro foi o Minotauro. Este é o labirinto de Creta cujo centro foi o Minotauro que Dante imaginou como um touro com cabeça de homem e em cuja rede de pedra se perderam tantas gerações. Este é o labirinto de Creta cujo centro foi o Minotauro, que Dante imaginou como um touro com cabeça de homem e em cuja rede de pedra se perderam tantas gerações como Maria Kodama e eu nos perdemos. Este é o labirinto de Creta cujo centro foi o Minotauro, que Dante imaginou como um touro com cabeça de homem e em cuja rede de pedra se perderam tantas gerações como Maria Kodama e eu nos perdemos naquela manhã e continuamos perdidos no tempo, esse outro labirinto.

(Atlas – tradução de Miguel Angel Paladino)

Jorge Luis Borges nasceu em 1899 na cidade de Buenos Aires, capital da Argentina. O Projeto Releituras presta aqui uma singela homenagem a este que foi um dos maiores escritores latino-americanos na data em que completaria 100 anos de idade. Borges faleceu em Genebra, no ano de 1986.

“Seu texto é sempre o de uma pessoa que, reconhecendo honestamente a fragilidade e as limitações do ser humano, nos coloca diante de reflexões nas quais, com freqüência, está presente o nosso próprio destino.” (Miguel A. Paladino).

Algumas obras do autor:

- Fervor de Buenos Aires
- Lua de frente
- Inquisições (renegado pelo autor)
- O Aleph
- Ficções
- História Universal da infâmia
- O informe de Brodie
- O livro de areia
- O livro dos seres imaginários
- História da eternidade
- Nova antologia pessoal
- Prólogos
- Discussão
- Buda
- Sete noites
- Os conjurados
- Um ensaio autobiográfico (com Norman Thomas di Giovanni)
- Obras completas (4 volumes)
- Elogio da sombra

Fonte Releituras

14/05/2009 - 19:27h O fim é lindo

Fabrício Carpinejar

Minha casa é estranhamente regulada. Quando uma lâmpada queima, as outras vão junto. É um boicote que aumenta em minutos para testar a paciência. O gás da cozinha falta bem no momento da janta, e logo de madrugada, com o objetivo de me constranger ao telefone com uma lista infindável de entregadores. Se o computador estraga, o chuveiro também e o microondas sofre problemas de circuito. Confio que os aparelhos se imitam e conversam entre si. Devem reivindicar melhores condições de trabalho e uso, cobrar insalubridade, ou estão cansados das extensões e da sobrecarga indevidas. O certo é que minha casa é grevista. Insurgente. Nunca acontece de algo quebrar isoladamente.

Cheguei a minha residência depois de uma série de viagens. E mal acendi a luz, puf, puf, puf. Meu dedo estalou em cada interruptor. Teve até choque. Foi patético, para não dizer desanimador. Corredores mexendo as sombras, as paredes escorrendo a cegueira.

Mas, um pouco antes de explodirem, as lâmpadas aumentaram sua fosforescência. Puxaram todo o resto de força para refulgirem a extinção. Estenderam seus aros como nunca antes, com a potência de um refletor.

O mesmo ocorreu com o gás de cozinha, a chama das bocas subiu com perigosa curiosidade. Poderia ouvir o fogo gemer. Ele escurecia as bordas das panelas com sua assinatura. Quase formava os dedos de uma mão.

Conclui que o fim é lindo.

Assim como as luzes da casa e do fogão, o amor perto do desastre não se economiza. Não mais se contém. É desesperadamente transparente.

Um casal diante do fim terá a grande noite de sua vida por não prever uma próxima. Sairá do esconderijo porque não se vê mais seguro. Mostrará do que é capaz. Queimará o que guardou, não fará mais nenhum jogo, esquecerá a sedução e os conselhos dos amigos. Mais intensidade do que intenção.

É o escândalo da verdade. Tímidos se transformam em terroristas, calmos ficam enervados, pacientes se portam como histéricos. Por um instante, não há medo de fazer as propostas mais desvairadas, confessar palavras reprimidas, estender os olhos como um lençol limpo.

O fim é lindo. Do crepúsculo, de uma vela, de uma chuva. O fim é esperançoso, exigente. Pancadas de beleza. O som e o sol pulam como um suicida ao avesso para dentro da vida.

Fabrício (Carpi Nejar) Carpinejar nasceu em Caxias do Sul – RS, em 23 de outubro de 1972, filho do poeta Carlos Nejar. É mestre em Literatura Brasileira pela Universidade Federal do Rio Grande do Sul.

Livros publicados:

- As solas do sol

- Cinco Marias

- Como no céu / Livro de visitas

- O amor esquece de começar

- 30 segundos

- Meu filho, minha filha

- Um terno de pássaros ao sul

- Porto Alegre e o dia em que a cidade fugiu de casa – Ilustrações de Eduardo Nasi.

- Filhote de Cruz Credo

- Terceira sede

- Biografia de uma árvore

- Caixa de sapatos – Antologia

- Canalha!

Foi agraciado com os seguintes prêmios:

- Prêmio Fernando Pessoa, da União Brasileira de Escritores (1998)
- Prêmio Destaque Literário da 46º Feira do Livro de Porto Alegre (2000)
- Prêmio Açorianos de Literatura (2001)
- Prêmio Marengo D’Oro – Itália (2001)
- Prêmio Cecília Meireles, da União Brasileira de Escritores (2002)
- Prêmio Açorianos de Literatura (2002)
- Prêmio Nacional Olavo Bilac, da Academia Brasileira de Letras (2003)


O poema acima foi extraído do livro “Canalha!”, Ed. Bertrand Brasil – Rio de Janeiro, 2008, pág. 314. Fonte Releituras