08/04/2008 - 04:25h Descoberta uma versão reduzida do Sistema Solar

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foto de Saturno realizada pela espaço-nave Cassini

Planetas encontrados são semelhantes a Júpiter e Saturno

O Globo

BELFAST. Astrônomos já identificaram mais de 300 planetas fora do nosso Sistema Solar. São dezenas os sistemas planetários revelados. Mas agora, pela primeira vez, os cientistas encontraram um sistema planetário similar ao nosso. Ele fica a 5 mil anos-luz (um ano-luz equivale a 9,5 trilhões de quilômetros) da Terra. Martin Dominik, da Universidade de St. Andrews, na Escócia, autor da descoberta, disse que o novo sistema tem dois planetas parecidos com Júpiter e Saturno.

Dominik acredita que existam mais sistemas semelhantes ao nosso. É só uma questão de tempo antes que sejam identificados.
Esses sistemas seriam lugares adequados para a busca de vida extraterrestre.

— Encontramos um sistema com dois planetas com as mesmas funções de Júpiter e Saturno.

Eles têm massa, raio de órbita e período de órbita similares — disse o cientista, que apresentou a descoberta no encontro da Sociedade Real de Astronomia do Reino Unido, em Belfast, na Irlanda do Norte.

Cientistas procuram astro similar à Terra Segundo o cientista, parece que eles se formaram da mesma forma que os planetas do Sistema Solar. Isso pode significar que o Sistema Solar não é o único no Universo e poderia haver outros com planetas como a Terra. O novo sistema planetário orbita ao redor da estrela OGLE-2006-BLG-109L.

— É uma espécie de versão reduzida do Sistema Solar. A estrela na qual os planetas orbitam têm metade da massa do Sol. Eles ficam a uma distância de sua estrela que é a metade da existente entre Júpiter e Saturno e o Sol — acrescentou Dominik.

Ele explicou que os planetas foram descobertos com o uso de uma técnica chamada microlente gravitacional. O objetivo dos astrônomos é descobrir planetas como Marte ou habitáveis como a Terra. Eles acham que isso poderá ser alcançado a curto prazo porque houve grandes avanços tecnológicos.

— Nos próximos anos vamos ter eventos muito emocionantes — afirmou.

Por enquanto, Dominik não sabe se há alguma chance de descobrir um planeta com as mesmas características da Terra no OGLE-2006-BLG-109L.

O sistema é muito distante para ser estudado com as atuais técnicas de investigação.

13/03/2008 - 10:34h A pedido de Gustavo, o Eternauta em seu devido lugar

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Das minhas compras em Buenos Aires, não podia faltar uma história em quadrinhos. Depois de ouvir falar por anos e nunca ter achado, consegui comprar um álbum do Eternauta. É um clássico argentino de 1957 que conta a história de um homem, seus amigos e família enfrentando uma invasão extraterrestre que nada mais é do que a metáfora do mundo pós-guerra, com suas ameaças atômicas e superpotências que decidem o futuro do planeta sem se importar com países periféricos. Ganhou continuações, revisões, polêmicas e fez aniversário no ano passado. Mas eu falo disso melhor quando terminar de ler tudo. Do Blog de Alexandre Maron

Los cincuenta años de la aparición de El Eternauta y los treinta de la desaparición de su guionista, Héctor Germán Oesterheld, imponen una nueva, necesaria visita a la historieta que logró convertirse en un relato clave de la narrativa argentina

Por Pablo de Santis

Para LA NACION, Buenos Aires – 2007

Sobre Buenos Aires ha caído a menudo la lluvia de la imaginación, con su amenaza de cambios y catástrofes. Leopoldo Marechal excavó, bajo la ciudad, un infierno llamado Cacodelphia; en el “Informe sobre ciegos”de Sabato es la Secta Sagrada de los Ciegos la que domina las profundidades. En los cuentos de Cortázar, Buenos Aires se conecta de improviso con el imperio azteca o con París; en Invasión , la película de Hugo Santiago, la ciudad se recibe de mito, la bautizan Aquilea y la visitan tecnócratas de traje. También Héctor Germán Oesterheld imaginó la invasión, pero extraterrestre. En la secuencia inicial de El Eternauta -de cuya publicación se cumple medio siglo-, un guionista de historietas recibe la visita de Juan Salvo, un hombre del futuro, que llega para advertirle que la ciudad será invadida. Toda la historieta, con sus 350 y pico de páginas, es un largo racconto : la promesa de la nevada mortal y de los horrores que seguirán.

Ese comienzo es ejemplar. El guionista se empeña en trabajar en medio de la noche, en una casa de las afueras. El lector se siente cómodo en esa noche fría y estrellada, con el rasguido de la pluma contra el papel como único sonido. Esa escena, en la que es precisamente un guionista de historieta el testigo del largo relato, ha hecho de El Eternauta un símbolo y un umbral de la historieta argentina. Nuestra literatura -como señaló Juan Sasturain- se alimentó siempre de libros heterogéneos, raros, imprevisibles, como el Facundo de Sarmiento o la Operación masacre de Rodolfo Walsh. También debe su vitalidad a la capacidad de poner en el centro del interés y del prestigio géneros como el fantástico y el policial. Nacida en una revista barata, la Hora Cero Semanal , de formato apaisado y tapa a dos colores, El Eternauta también pasó a formar parte de nuestros grandes relatos.

Oesterheld volvió a la invasión en una nueva versión que hizo para la revista Gente en 1969; para entonces, la gráfica experimental de Alberto Breccia y los cambios ideológicos del guionista -ya los malos no eran solo los extraterrestres, sino también las grandes potencias, que entregaban América Latina al invasor- hicieron que la historieta fuera insostenible en ese medio. Los autores tuvieron que compactar el argumento en pocas páginas. El Eternauta tuvo una segunda parte y luego la tercera (a la que se le agregó en años recientes una cuarta), pero la historia esencial sigue siendo la primera. Umberto Eco -pionero en este asunto de hablar de historietas bajo el rótulo de la semiología- señaló, a propósito de la serie de Charlie Brown, que el genio es aquel que convierte los condicionamientos en posibilidades. Oesterheld trabajó así, convirtiendo el formato episódico – El Eternauta se publicaba por entregas- en un potenciador de la historia. Sus invasores, a diferencia de los de tantas otras películas, novelas e historietas, se renuevan: después de la nieve, cascarudos y gurbos, y los manos, y esa especie de zombis Los defensores, en cambio, siempre son los mismos, aunque van cambiando: algunos temerosos se convierten en valientes, otros hacen el camino inverso. Nadie saca para siempre el carnet de héroe; todos lo tienen en sus manos por un rato.

Los dibujos de Francisco Solano López se convirtieron en imágenes imborrables para todos los lectores. Como ocurre con Chester Gould, el autor de Dick Tracy , en los dibujos de Solano López la sencillez y el despojamiento le han permitido seguir encantando a las sucesivas camadas del lectores. Un dibujo más complejo hubiera perdido su eficacia con los años. Solano López, frontal y directo, inventó caras inolvidables y postales definitivas de una Buenos Aires arrasada.

Una curiosidad dentro de la bibliografía de Oesterheld es El Eternauta y otros cuentos de ciencia ficción , que forma parte de una colección que Juan Sasturain dirigió para la editorial Colihue hace más de diez años, y que se proponía rescatar la obra literaria de Oesterheld. Ese volumen incluye unos fragmentos narrativos (quiero decir: pura prosa, sin dibujos) que el autor ensayó en los años sesenta sobre su memorable invasión y también algunos de los cuentos que publicó en revistas de ciencia ficción.

El Eternauta fue leída por varias generaciones: los primeros lectores fueron los de Hora Cero Semanal , la revista que Oesterheld publicaba en su propia editorial Frontera; después vino la edición en libro a color, más distintas versiones en las páginas de la revista Skorpio o como fascículos coleccionables. En los últimos años hubo un par de ediciones que se propusieron devolverle a la historieta el blanco y negro original, alejándola del color intrusivo (al que muchos lectores nos habíamos acostumbrado: después de todo, para cada lector la versión original es la primera que cayó en sus manos, no la que anotan las cronologías).

Las analogías entre El Eternauta y la desgracia personal de Oesterheld (desaparecido desde 1977, igual que sus cuatro hijas) resultan cansadoras; en cada homenaje se compara a los extraterrestres con la represión de los años setenta. Esa lectura quiere quitarle a la aventura su alegría y energía. Porque lo cierto es que, si prescindimos de alegorías y premoniciones, vamos a disfrutar como se debe de la persecución implacable, de la destrucción y el horror de la historieta, tanto como de los rasgos humanos de los personajes. Toda historia cuenta un secreto y ese secreto es, sobre todo, el porqué nos importan cosas que sabemos irreales, imposibles. Ese secreto nunca lo descubrimos del todo y por eso seguimos leyendo.

05/11/2007 - 13:52h Extraterrestres, l’impossible contact

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Représentation artistique de planète

AP

Représentation artistique de planète “de type terrestre habitable”,
capable d’abriter une vie extraterrestre, détectée par une équipe d’astronomes.

L‘Univers porte en lui l’espérance de la vie. En douze ans, plus de 200 planètes ont été découvertes en dehors de notre système solaire. Parmi elles : Gliese 581c, décelée il y a quelques mois et potentiellement habitable (Le Monde du 26 avril). “Notre seule galaxie – et il en existe des milliards – contient 200 à 300 milliards d’étoiles, et tout laisse penser que nombre d’entre elles sont, comme notre Soleil, environnées de planètes”, ajoute Yves Sillard. Ancien directeur général du CNES et ancien directeur général de l’armement, il souligne que “l’objectif du satellite français Corot lancé fin 2006, qui sera suivi, dans deux ans, du satellite américain Kepler, est de mettre en évidence l’existence de telles planètes autour des étoiles les plus proches de notre galaxie”. Autant de nouveaux espoirs pour ce scientifique, qui n’a pas craint de diriger récemment un ouvrage collectif sur les phénomènes aérospatiaux non identifiés. En effet, ce serait bien le diable si l’une de ces planètes ne portait pas, au moins, quelques traces de vie passée…

Pour les exobiologistes comme André Brack, une telle découverte marquerait une étape décisive. “L’existence d’un deuxième exemple d’apparition de la vie dans l’Univers suffirait pour démontrer que ce processus n’est pas unique”, souligne-t-il. Mais de quelle vie s’agira-t-il ? Sera-t-elle plus ou moins évoluée que sur Terre ? Saurons-nous la reconnaître, pourrons-nous communiquer avec elle ?

La création de l’Univers remonte à 13,7 milliards d’années. Notre système solaire, lui, est né il y a 4,4 milliards d’années. “Entre ces deux dates, de nombreuses planètes équivalentes à la nôtre ont pu être le siège de l’apparition de bactéries capables d’évoluer vers des systèmes intelligents”, poursuit le chercheur. De plus, la vie sur Terre n’est pas apparue tout de suite, mais environ un milliard d’années après sa formation. L’existence de civilisations très avancées car très antérieures à la nôtre est donc plausible. “Il n’est pas impossible d’imaginer que la vie soit apparue sur quelques-unes des planètes extrasolaires avec dix siècles, cent siècles, voire mille siècles d’avance sur ce qui s’est passé sur Terre”, renchérit Yves Sillard. Pour favoriser une rencontre du troisième type, deux pistes s’offrent alors à nous. Chacune présentant toutefois quelques obstacles.

La première concerne la recherche active d’une intelligence extraterrestre aussi supérieure que lointaine. L’étoile extra-solaire la plus proche de nous étant située à 4,4 années-lumière de la Terre, et celle dont dépend Gliese 581c à 20,5 années-lumière, un message émis par radio (se propageant donc à une vitesse proche de celle de la lumière) mettrait respectivement 4,4 et 20,5 années pour atteindre la civilisation qui s’y trouverait. Au mieux, la réponse arriverait donc neuf ans après la question.

Ces difficultés n’ont pas découragé les promoteurs de plusieurs projets, tel le programme américain SETI (Search for Extra-Terrestrial Intelligence) qui guette les manifestations extraterrestres depuis le radiotélescope portoricain d’Arecibo. Mais sans résultat pour le moment. On rêve aux premières phrases de cette nouvelle d’Italo Calvino, tirée de Cosmicomics (1965) et intitulée Les Années-lumière : “Une nuit, j’observais comme d’habitude le ciel avec mon télescope. Je remarquai que d’une galaxie distante de cent millions d’années-lumière se détachait un carton. Dessus, il était écrit : JE T’AI VU…”

Faut-il alors se rendre sur place ? “Pour un être humain, il est envisageable dans un avenir à moyen terme, en touchant les limites imposées par la physique, d’atteindre une vitesse dix fois inférieure à celle de la lumière, soit 30 000 km par seconde”, précise Yves Sillard. D’où un voyage de 44 ans pour rejoindre la planète extrasolaire la plus proche, et deux siècles pour rallier Gliese 581c. “Bien sûr, la durée des missions dépassera celle de la vie humaine”, ajoute ce polytechnicien, que le défi ne semble pas du tout rebuter. “Ce seront les descendants des membres des équipages qui parviendront à destination. Mais ce n’est pas du tout impossible.” A condition, bien sûr, de vraiment le vouloir.

La seconde option inverse la contrainte du voyage. Des extraterrestres, dont la civilisation serait très largement en avance sur la nôtre, pourraient avoir réussi à aller plus vite que la lumière, ou bien à courber l’espace-temps – les deux seuls moyens que nous puissions imaginer, dans l’état actuel de nos connaissances théoriques, pour réduire la durée des vols spatiaux. Dès les années 1950, le physicien Enrico Fermi avait énoncé le paradoxe découlant de cette hypothèse : si des extraterrestres sont en mesure de venir jusqu’à nous, nous devrions les voir. Or nous ne les voyons pas… Et l’existence même des vaisseaux spatiaux qui les auraient menés sur Terre reste très hypothétique.

Non pas que les témoignages fassent défaut. Au contraire. Depuis que le CNRS a créé en 1977, malgré le scepticisme de la communauté scientifique, le Groupe d’études et d’informations sur les phénomènes aérospatiaux non identifiés (Geipan), ils ne cessent d’affluer. Jacques Patenet, directeur actuel du Geipan, note que 2 600 cas d’observations ont été enregistrés en France dans les trente dernières années, dont 460 sont considérés comme des phénomènes aérospatiaux non identifiés. Parmi eux, dans 10 à 20 cas, il y a selon ces experts une “très forte présomption” de l’intervention d’un objet matériel tel qu’un vaisseau. Cela se traduit par des traces sur le sol et la végétation qui pourraient avoir été laissées par un atterrissage, la détection de l’objet sur les écrans des radars, ou encore l’observation, par des pilotes, de comportements “intelligents” de l’ovni.

Pourquoi, alors, aucune trace physique de ces visiteurs n’a-t-elle jamais été retrouvée ? “Avec nos moyens actuels d’analyse, nous serions pourtant en mesure de certifier – ou non – l’origine extraterrestre de ces phénomènes”, regrette André Brack. Le sociologue Pierre Lagrange, spécialiste des parasciences, stigmatise l’anthropomorphisme qui marque souvent les investigations en matière d’ovnis. Alors qu’on les imagine petits, verts, ou plus ou moins monstrueux, les extraterrestres, s’ils existent, sont peut-être infiniment différents de nous…

“Plus ils seront capables de maîtriser leur environnement, plus ils seront éloignés de nous à la fois par la culture, la science, la biologie et sans doute le physique”, estime-t-il. Cela ne les empêcherait pas forcément de prendre l’initiative et, forts de leur avance, de trouver le moyen de communiquer avec nous. Mais encore faudrait-il qu’ils trouvent un intérêt quelconque à ce dialogue… “Nous pouvons très bien être le babouin de quelque anthropologue extraterrestre, dont nous ne sommes pas près de comprendre le programme de recherche !”, suggère le sociologue. Nos scientifiques eux-mêmes ont-ils véritablement envie de communiquer avec les abeilles ou les fourmis, ou seulement de les étudier ?

Si nous voulons espérer, à l’avenir, nous sentir moins seuls dans l’Univers, sans doute faut-il donc compter avant tout sur nos propres facultés d’observation. Et les développer. “Sur Terre, chaque fois que nous avons été confrontés à d’autres civilisations, nous ne les avons pas comprises”, rappelle Pierre Lagrange. Il existe pourtant bien peu de différences entre nous et les Aborigènes d’Australie ou les Indiens d’Amazonie. Dans ce contexte, se demande-t-il, “serait-on capable de voir et de reconnaître des civilisations issues de formes de vie pouvant avoir pris des directions totalement différentes de la nôtre ?” C’est là toute la question.

Michel Alberganti – Le Monde