22/07/2009 - 17:16h Traducción simultánea

En otro ejemplo de apoyo al diálogo cultural con la Argentina, Brasil aloja una muestra sobre nuestro arte contemporáneo, mientras continúa en su embajada porteña una exposición de artistas de ambos países

Traducción simultánea
FLAVIA DA RIN. Creó un jardín artificial, en el hall de entrada del edificio, para ubicar sus obras con hadas

Por Raquel San Martín
Enviada especial – San Pablo, 2009

¿Cómo se dice habitación en portugués?” Leandro Erlich buscó ayuda con la mirada, parado frente a su obra ante un grupo de visitantes, en su mayoría brasileños. Siguió explicando en perfecto español su instalación El vecino , un cuarto en el que, al mirar el interior, el espectador se ve a sí mismo. Todos lo entendieron.

Esa traducción sin idiomas que permite el arte se repite en cada una de las obras que componen la muestra Argentina hoy , inaugurada la semana pasada en el Centro Cultural del Banco do Brasil paulista, que busca trazar un panorama del arte contemporáneo argentino y a la vez batallar contra el desconocimiento que sobre esa producción todavía se mantiene aquí.

Ambiciosa -la exposición reúne 60 obras de 33 artistas, en formatos y técnicas diversas, realizadas entre 2000 y 2009-, la muestra se exhibirá en San Pablo hasta el 30 de agosto y luego seguirá viaje rumbo a Río de Janeiro, para presentarse del 14 de septiembre al 22 de noviembre.

Con el empuje y la producción de Marlise Jozami, la curaduría binacional de Franklin Espath Pedroso y Adriana Rosenberg, la exhibición y toda la movilización que la rodea están financiadas por el Banco do Brasil, motivado en esta iniciativa por la ley de mecenazgo que, con éxito, rige en este país desde 1991.

Las obras de los artistas argentinos, que tienen entre 28 y 53 años, ocupan cada rincón de las cinco plantas de su centro cultural, un edificio construido en 1901, ex sede bancaria, que está ubicado en el cruce de dos calles peatonales del centro antiguo de la ciudad y conserva toda la majestuosidad de la arquitectura de principios del siglo XX.

Hay obras en salas de exhibición más tradicionales -Res, Nicola Costantino, Dino Bruzzone, Gian Paolo Minelli, Esteban Pastorino-, pero también en el hall de entrada -Flavia Da Rin, Fabiana Barreda-, en los pasillos que balconean el centro del edificio -Tomás Espina, Max Gómez Canle, Leandro Erlich- y hasta en la bóveda, donde Marina de Caro recreó su instalación Entre paréntesis , una habitación que hay que recorrer sin zapatos y que propone reflexionar sobre la inmigración y la memoria.

Mientras algunas obras parecen volverse parte del edificio -como el mural de Leila Tschopp en la planta baja-, otros claramente intervienen el espacio para cambiarlo: la noche de la inauguración, los visitantes deambulaban sobre el “pasto” de la instalación de Flavia Da Rin, en el hall de entrada circular, y parecían no advertir cómo la artista había rodeado una columna del antiguo edificio para convertirla en un árbol.

“En los últimos años me ha sorprendido la presencia de la figuración en el arte argentino contemporáneo, aún con toda la tradición que la abstracción tiene en el país. Así que elegí artistas que trabajan con la figuración, y los dividí en dos grupos: los que arman un mundo propio y los que se inspiran en el tema de la ciudad”, explicó Espath Pedroso a adn cultura, que en el catálogo habla de artistas “con un pensamiento coherente, propio, en busca de un trabajo riguroso”. “El concepto central siempre fue mostrar la mirada de un extranjero sobre la Argentina”, dijo.

Hay, si así se mira, una variedad estética importante en las obras, que enriquece la figuración prometida como eje y que lleva a pensar si la “argentinidad” no será solamente un accidente geográfico en común. Las obras, a su manera, reflexionan sobre el tiempo, el espacio, el azar y la experiencia urbana.

“En muchas hay referencias a algo profundo de la cultura argentina, ironías sobre la historia del arte y temas de la cultura popular”, matizó Rosenberg. Eso aparece en las fotografías de las banderas de River y Boca de Bruzzone, en la relectura de la Conquista del Desierto y las marchas de protesta de Leonel Luna, en las referencias a la historia del arte de Res y en la instalación auditiva de Leandro Tartaglia, en la que se escuchan textos periodísticos y literarios.

Sin embargo, los propios artistas -trece de ellos viajaron para la inauguración de la muestra- comentaban la dificultad de encontrar un arte “argentino”, o de adjudicar una identidad nacional a cualquier producción artística en la actualidad.

Difícil hacerlo, por ejemplo, con el mural de Pablo Siquier, en vinilo contra el muro, que él mismo explicaba a los visitantes inaugurales como “la experiencia de las grandes urbes”. “Mi trabajo celebra la diversidad y el caos de las ciudades, con los intentos fallidos de orden. Esas imperfecciones me fascinan”, dijo. Perfecto para esta ciudad desbordante y construida en desnivel, que fue integrando las localidades cercanas sin dar con un trazado que las organizara bajo una identidad común.

Tampoco hay referencias solamente argentinas en la instalación de Silvia Rivas, que mediante videos recrea “las cualidades del tiempo y la urgencia”, como ella misma contó. Ni en la obra de Mariano Sardón, Libro de arena , en la que la arena devela un texto si el espectador proyecta su sombra sobre ella.

Con el espacio colmado de curadores, críticos, galeristas, coleccionistas y gestores culturales brasileños y argentinos en la noche de la apertura, los creadores de las obras comentaban los beneficios de acceder a una vidriera en Brasil, aunque varias galerías locales ya albergan artistas argentinos. Parece, sin embargo, más un movimiento individual que el resultado de una política; en Brasil, el apoyo a los diálogos culturales bilaterales, como el de esta muestra, es una decisión. Otro ejemplo se encuentra en estos días en Buenos Aires, con Transitorio-Permanente , también curada por Espath Pedroso, que hasta el 9 de agosto reúne a artistas brasileños y argentinos en la embajada de Brasil (ver Diálogo en dos idiomas , en la edición de adn cultura del 20 de junio de 2009).

Para recordar la procedencia de las obras, se eligió como emblema de la muestra una escarapela celeste y blanca, que se repite en el catálogo y en las paredes del centro cultural. Quizá sea esa la razón por la que, en una vitrina, se acomodaban cajas de los argentinísimos alfajores Havanna. Y no era una instalación.

© LA NACION

13/04/2008 - 10:27h A máquina do rumo e do sentido do mundo

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Flavia Da Rin

Por Daniel Molina – Para LA NACION – BUENOS AIRES

En sí misma, la vida es informe y repetitiva. Abandonada a su propia dinámica, conduce al callejón sin salida del absurdo. Para no sucumbir en el nihilismo, los hombres aprendieron a inventarle sentidos al mundo. A veces, la máquina que puso en movimiento el sentido del mundo fue la religión (como en la Europa de la Edad Media). Otras, la máquina fue movida por la política (como durante la Revolución francesa o las guerras americanas de Independencia). En las últimas décadas, es el arte el que pone en movimiento la gran máquina del sentido del mundo.

A pesar de los enfrentamientos religiosos y políticos que hay en el planeta, todo lo que hoy sucede ocurre sobre el amplio escenario de la libertad, la patria del arte. Danza de las apariencias y las transformaciones, el arte es siempre un fluyente estado mental que se condensa en una obra. Manifestación visible de este estado de la mente es la sofisticada producción que presentan en paralelo Flavia Da Rin y Leo Estol.

Con el título El misterio del niño muerto , Flavia Da Rin muestra una serie de fotografías y dibujos que la tienen como protagonista excluyente e intérprete de todos los papeles: tanto del niño convaleciente como de las hadas negras. El coro doliente que retrata Da Rin escenifica, a la vez, una pérdida y la frivolidad que forma parte ineludible de la conducta humana. Si el fasto mortuorio es antes que nada una teatralización (”un entierro- vernissage “, dice Inés Katzenstein en el catálogo), eso se debe a que toda acción humana es esencialmente ridícula.

“La muerte y la masturbación son los últimos tabúes que nos quedan: se trata de situaciones ridículas que no pueden verse sin sonrojarse. No encajan en esa estetización total que promueve nuestra cultura de la imagen”, decía Philippe Ariès en el prólogo de su monumental obra El hombre ante la muerte . Sin embargo, estas imágenes de Da Rin ponen en duda que la muerte todavía siga siendo un tabú. Perfumada y maquillada, la máscara mortuoria se ha transformado ahora en una metáfora del arte. Con ironía crítica, esta obra pop no cuestiona solo el mundillo frívolo que circula en torno a la producción estética y que tiene como ceremonia central el vernissage (el velorio), sino que expone hasta el hueso la propia práctica artística. La asociación poética entre arte y muerte no olvida que la tarea de producir sentido siempre es un poco falsa; tal vez porque debe creer en sí misma: creérsela. Para no morir (para no dejar de imaginar mundos nuevos), el arte llega al límite de celebrar su propio velorio.

En la otra sala de la galería, Leo Estol presenta su instalación La mañana del mundo . Aunque es una obra independiente, la instalación de Estol puede leerse en íntima relación con El misterio del niño muerto . Mientras que Da Rin presenta el resultado final, Estol muestra el proceso artístico en sí mismo.

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Recorrer lo que a primera vista se presenta como un basurero posmoderno es una experiencia intensa: a través de las interacciones que el artista establece entre cientos de objetos diversos (desde trozos de tela hasta un teclado electrónico), frases aisladas, obras de otros artistas, fragmentos dispersos y citas literarias (más o menos reconocibles), se tiene una primera visión -no totalizadora, pero sí profunda- de la mente artística.

La instalación de Estol es un caos: presenta la materia cuando todavía no tiene forma. Nos permite entrar en la mente creativa para fisgonear el momento mismo en el que se establecen las conexiones y las desconexiones entre cosas y conceptos. Esas conexiones y desconexiones, tal como las muestra Estol, son dinámicas y están abiertas. Por eso, La mañana del mundo no acaba nunca (es una imagen acotada del infinito). Ese proceso en busca del sentido es un camino múltiple que puede ser recorrido en todos los sentidos.

26/03/2008 - 21:46h Olhos e olhares de Flavia da Rin

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Entrevista Flavia da Rin

1. Elija una obra que lo/la represente, descríbala haciendo referencia a su formato y materialidad, su relación con el tiempo y el espacio, su estilo y su temática; detalle su proceso de producción

S/ título (autorretrato 2004). Obra bidimensional de aproximadamente 50 x 60 cm. Fotografía montada sobre fibromadera, aerosol, acrílico, lapiceras, lápices, purpurina, etc. Hacía meses que había hecho la foto (un autorretrato tipo barroco) y todavía no me convencía. Por esa época había comenzado a intervenir una serie anterior de fotos con aerosoles y marcadores escribiendo y dibujando pero sin saber bien (como siempre) para qué o hacia dónde iba eso. Con el tiempo esa intervención naif-vandálica comenzó a tener resultados que me parecieron interesantes por ser diferentes a mis obras anteriores. Inclusive esa intención de “auto-gaste” me gustaba. Entonces usé esa “técnica” recientemente adquirida con el retrato que mencionaba. El puñal se convirtió en un secador de pelo (objeto que se repite en muchas obras), el peinado cambió por dos rodetes rubios a lo Sailor Moon, la calavera que asomaba en sombras en el fondo del original ahora aparecía acompañada de cosméticos, la penumbra barroca incorporó un arco iris fluo, nube y estrellitas y sobre la falda aparece un comic y una referencia a la canción de Nancy Sinatra citada en kill Bill Vol 1: These boots are made for walking, otras inscripciones aparecen también a los costados de la figura. Elegí esta obra porque creo que representa un modo de trabajar, donde a veces me muevo en forma circular revisitando un mismo punto una y otra vez pero desde diferentes lugares y en cierto modo pone en juego a partir de donde se va construyendo.

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2. En líneas generales, ¿cuál sería la forma en que sugeriría leer su obra?

Me interesa cómo se construye la subjetividad, y la construcción sujeto como artista (por eso la constante referencia de la historia del arte a la vida afectiva, la música, TV, lo que leo, lo que escucho en la calle, las palabras de mis maestros, de mis amigos, muestras que visito, msn, etc.). No pido al espectador ningún tipo de actitud o competencia especial para leerla, prefiero variedad de los abordajes y acercamientos. A lo sumo puedo pedirle cintura.


3. En relación a su obra y su posición en el campo artístico nacional e internacional, ¿en qué tradición se reconoce? ¿Cuáles serían sus referentes contemporáneos? ¿Qué artistas le interesan de las generaciones anteriores y posteriores?

Me reconozco entre aquellos que reconocen las tradiciones e que incluyen la historia del arte en la obra y la toman como propia. Apropiación y cita. Consumo de todo y mis preferencias van cambiando. En cuanto a referentes internacionales contemporáneos que miro en los últimos meses: Janet Cardiff, Tracey Emin, Marcel Dzama, Henry Darger (no es contemporáneo pero ahora lo están redescubriendo), Raymond Pettibon, Mike Kelley, Wayne White, Wolfgang Tillmans. De cada uno me interesan aspectos específicos como si de cada uno intentara aprender una asignatura distinta. Por ejemplo, el montaje de Tillmans y los dibujos de Kiki Smith. De los nacionales y de generaciones anteriores me interesan Diana Aisenberg, Guillermo Kuitca, Roberto Jacoby, Marina de Caro, Daniel Joglar, Feliciano Centurión, Fernanda Laguna. De mi generación: Matías Duville, Oligatega Numeric, Eduardo Navarro, Carlos Huffmann, Nahuel Vecino, Nicolás Domínguez Nacif, Catalina León, entre otros.

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4. Pensando en los últimos diez o quince años elija obras o muestras a su criterio fuertemente significativas de otros artistas de Argentina y explique por qué.

Estas muestras y obras fueron significativas para mí por diversas razones artísticas o extra artísticas sin que esto les quite valor de forma alguna: – El gato visita, Juana de Arco 2000, primera muestra del grupo Oligatega Numeric (videos, dibujos y laser). – Combo Diana Aisenberg, Centro Cultural Borges 2003 (pinturas, vajilla y amoblamiento). – Proyecto Venus – Belleza y Felicidad – ramona


5. ¿Cuáles son los agrupamientos o tendencias que percibe en el arte argentino de los últimos diez o quince años a partir de elementos comunes?

Si tuviese que puntear aquellas cosas que veo fácilmente identificables en los ultimos 15 años : frenzi de “nuevas tecnologías” / “multimedia-experimental” durante los 90, explosión de la fotografía, el abandono de la pintura y la vuelta a la pintura. Multiplicación de “colectivos”, grupos e “iniciativas de artistas”, propagación de clínicas de obra, encuentros, debates, coloquios organizados por y para artistas, rebrote de la oposición arte social-político vs. arte x el arte (encarnado en el debate Rosa light rosa Luxemburgo en el MALBA), auge de galerías y artistas emergentes con su posterior deflación, resistencia de los artistas a definirse por un medio , aparición del Net Art y proyectos en red, etcétera. Fonte Bola de Nieve