Un argentino que nació en San Martín de los Andes que ahora vive en México y que estudió cine en La Habana es el encargado de enlazar dos mundos aparentemente antagónicos a través de un ritmo musical, el Hip Hop. Lo hace a través de un documental, Havanayork, que comenzó a rodar con vaguedad y ansia en 2001 en La Habana y que continuó, luego de mucha fatiga, dos años después en Nueva York.
El Bronx se cruza con las calles tumultuosas de Centro Habana; la Plaza de la Revolución con la Estatua de la Libertad, mulatos de aquí y de allá prestan sus voces en dos lenguas que parecen traducidas sin leerse, dos mundos que generan sus propios márgenes de protesta y descontento. Allí donde las fronteras se borran y hermanan con la palabra “revolución” declinada: de qué manera.
Estoy hablando de la obra de Luciano Larobina, el director que sumó empeño y talento para este documental que conocerá el mundo en el próximo Festival de Cine de Tribeca, ese capricho inventado por Robert de Niro.
Así me contó Luciano la gesta de su película de la que me entero mientras yo misma transito las calles de La Habana, luego de dar mis clases de verano en la escuela de cine (la EICTV) donde él y yo estudiamos con algunos años de distancia.
-¿Cómo llega esta idea de cruce musical entre La Habana y Nueva York?
La idea llegó como un pretexto que me permitió filmar en La Habana y releerla con nuevos ojos después de ocho años de no visitarla. Yo viví en la Cuba de 1993 a 1995 y esta idea surgió hacia finales del 2001. El Hip Hop nació en esta ciudad en 1995 con temas de un grupo llamado “Los Reyes de la Calle” y todo eso coincidió con el final del ciclo de mis estudios en Cuba, así que esa historia fue algo que no me tocó vivir y me generaba una curiosidad muy grande saber qué pasó, cómo nació y de dónde vino el Hip Hop. La premisa era simple: quedarme en La Habana el mayor tiempo posible para retratar y comprender el Hip Hop de la Isla con todas sus raíces para crear un puente que lo conecte con su lugar de origen en Nueva York.
¿Por qué tanto empeño con esta idea?
Me sonaba muy seductora la idea de un país como Cuba que enarbola la “Revolución” desde hace 50 años y un género musical que en su origen fue una voz “revolucionaria” que habló desde los márgenes de Nueva York soñando con la emancipación de la marginación. Aunque el documental es más musical que político, los antagonismos de ambos países crean conflictos y dilemas muy interesantes que pueden ser puntos de partida parte la realización de un documental que los haga “dialogar”.
¿De qué modo pudiste producir en un país y otro? ¿Encontraste trabas en tu trabajo?
La primera etapa de producción fue financiada con mis recursos porque sentía una necesidad visceral de documentar La Habana y aún no tenía claro qué estaba haciendo realmente, pero sabía que necesitaba filmar todo lo posible sobre el movimiento en las calles, las casas, los clubes y otros lugares. De manera que viajé ligero y con el equipo técnico mínimo. Casi siempre fuimos dos personas las que filmamos y grabamos todo, eso nos permitió meternos casi hasta la cocina sin ser realmente invasivos, tratábamos de ser livianos, Me tocó filmar en Cuba justo antes de las nuevas leyes que son mucho más estrictas sobre las cámaras y las filmaciones en la calle, así que puedo decir que fui totalmente libre de meterme en todos lados y filmar todo lo que me diera la gana, hasta logramos filmar en la Plaza de la Revolución que es un lugar muy custodiado y vigilado por la seguridad del estado. La única dificultad que tuve en Cuba es que cuando terminé de filmar en La Habana no pude viajar de regreso porque mi visa había expirado hacía más de un mes, entonces presencié con angustia como despegaba mi vuelo mientras agentes de la seguridad del estado y policías me escoltaban en una patrulla a una comisaría. Después de charlar con el jefe a cargo de la comisaría y pasar por un ligero interrogatorio me dieron la luz verde para regresar a México y me escoltaron nuevamente hasta el aeropuerto al otro día.
En México organicé lo grabado y filmado, me puse a escribir y aterricé las cosas con más elegancia, concursé por una y la conseguí y así pude seguir trabajando.
¿Cómo fue esa segunda etapa, la de New York?
Fue un poco más complicada porque la embajada de los Estados Unidos en México me negó el visado en dos ocasiones y tenía mucho miedo de pedir la visa por tercera vez y que me la negaran porque eso implicaba no poder viajar a Nueva York en 5 años… así se estancó la producción durante dos años y comencé a pensar cómo darle la vuelta a la historia. Una amiga me llamó un día y me dijo que el embajador adjunto de la Embajada estaría en una fiesta, así que me puse las pilas y llegué a la fiesta a conocerlo con la firme determinación de conseguir mi visado y el fue la llave maestra para ello, redactó una carta de recomendación que presenté en la Embajada y eso funcionó como magia, los oficiales hicieron el trámite como robots y salí del lugar con luz verde y sonrisa en el alma. Para la suerte del proyecto en paralelo lo propusieron para concursar por la beca Rockefeller de Nueva York y nos ganamos el apoyo justo antes de viajar a los Estados Unidos. Así que después de dos años de espera y sufrimientos nos bendijo la sincronía y llegamos a Nueva York en el marco del festejo de los 20 años del nacimiento del Hip Hop. Logramos contactar a los “pioneros” y “fundadores” del inicio de todo el movimiento, entrevistamos a los Fantasics Aleems, míticos gemelos guitarristas de Jimmy Hendrix, grabamos al DJ Tony Tone que tocaba con los famosos Cold Crush Brothers, protagonista del primer documental de Hip Hop llamado “Wild Style”, entrevistamos a Umar y Abiodun de la agrupación The Last Poets, considerados los verdaderos padrinos del Hip Hop, herederos de las luchas civiles de los Black Panthers y activistas políticos que iniciaron en los 70’s la crítica política y la voz consciente usando como herramienta la poesía “spoken word” y la música, estuvimos con Dani Hoch que es un reconocido activista del Hip Hop contemporáneo, asistimos a la fiesta de Zulu Nation y conocimos a Afrika Bamabata y muchos pioneros de los barrios del Bronx que festejaban 20 años de resistencia y contra cultura. Nos bendijo el buen timming y logramos entrevistar a la gente correcta justo a tiempo.
En Nueva York no pedimos permiso para filmar porque no usamos nunca trípodes y siempre viajamos ligeros, únicamente en una ocasión un oficial me preguntó mientras entrevistaba en Central Station a un sacerdote musulmán Hip Hopero muy llamativo si tenía permiso para hacerlo, mi reacción instantánea fue decir “Of course”!!! y eso nos salvó de tener un problema mayor, usamos los recursos de las Becas para terminar de filmar en Nueva York y regresamos a México con mucho material para editar y trabajar.
Países con gobiernos enemigos, pero con músicos y ciudadanos afines. ¿Cuáles son las afinidades que encontraste?
Hay muchas afinidades y contrastes, siento que son dos ciudades que están prohibidas entre sí por sus gobiernos y sus sistemas, pero en lo profundo siento que se desean… Son dos puertos cosmopolitas llenos de magnetismo musical y si soy honesto creo que hay muchas más diferencias que afinidades.
En Cuba la gente tiene mucho tiempo libre y eso les da chance de “dialogar” consigo mismos de una manera muy profunda, entonces te encuentras en La Habana personajes únicos y originales que no se parecen a nadie; en Nueva York la gente no tiene casi tiempo para nada, el valor del tiempo está muy relacionado con el dinero y la gente tiene una gran presión para poder vivir y salir adelante, en cambio en Cuba casi nadie tiene dinero y no existe esa gran presión de tener que pensar en cubrir la renta, comprar la comida básica, pagar la educación y la salud; en Nueva York todo está saturado de publicidad y hay muchos “modelos” que la gente usa para pertenecer a tal o cual grupo, ese “modelo” permite que la gente use códigos de vestimenta para reconocerse y juntarse, mientras que en Cuba es tan cara la ropa que se valora muchísimo un pantalón o unos buenos zapatos, en la Isla solo hay unos cuantos carteles con publicidad y mensajes políticos de tanto en tanto y no hay un concepto claro de mercado.
En Nueva York existen miles de celulares encendidos en todos lados y los ciudadanos pueden tener acceso a Internet si pagan el servicio, Cuba es otro mundo, el Internet es algo que aún está filtrado y protegido por razones políticas y económicas y poca gente puede tener acceso total al servicio, en Nueva York se respira una especie de “concentrada distracción” que no se detiene, cada cual vive en su canal, escuchando su iPod o sumergido en los jueguitos que le ofrece su servicio celular mientras que en Cuba existe una “distracción concentrada” y hay muchas menos “distracciones”, hay muy pocos canales de televisión, en uno solo se habla de béisbol y deportes y en los otros hay noticias, películas nocturnas y política, las relaciones sociales son muy distintas por estos motivos y ambos modelos generan patologías y singularidades totalmente distintas.
¿Qué significan para vos estas las fronteras geopolíticas en ese mundo que pintas sin fronteras?
Las fronteras para mi significan control, guerra, comercio, sueños, límites, divisiones… Pero la música es tan fuerte y poderosa que nunca ha respetado ninguna frontera, la siento como un factor que erosiona todo mapa geopolítico con su canto lleno de magia, historia, cultura, ritmo y armonía. Para mi es uno de esos “genes culturales” que hacen mutar la dirección y el pulso de las sociedades, ayudando a barrer las barreras que se levantan para contener lo que nos contiene y nos da identidad.
La música es una especie de DNA todopoderoso que viaja en espiral y se alimenta de todos en todas latitudes, así que el mundo que pinto sin fronteras hace alusión a ese mundo musical… Es complicado realmente entender las fronteras, porque inclusive dentro de Cuba hay fronteras que separan a los distintos tipos de Cubanos, de igual forma que hay muchas fronteras en los Estados Unidos y en cada uno de nuestros países que nos dividen, inclusive hay fronteras dentro de las familia y los individuos. No se realmente que significan las fronteras, son quizás como grandes diques para contener toda la energía potencial que humanamente podemos compartir, pero existen tantas regulaciones y divisiones haciéndonos pensar que somos de tal o cual lugar que al final nos olvidamos que todos somos humanos y formamos parte de la tierra, la tierra no nos pertenece, somos tan solo una especie más un poco más depredadora que todas las demás.