22/06/2008 - 11:52h “Es peligroso confundir cultura con información”


La filósofa francesa Bárbara Cassin advierte sobre los peligros de confiar ingenuamente en el recorte de la realidad que realizan los buscadores de Internet, y señala que la educación y el ejercicio crítico de la filosofía son cada vez más importantes en la tarea de dar sentido a la existencia humana

Foto: Gustavo Cherro

Hay una frase sobre la verdad, en el libro Conversaciones , de Deleuze, que me gusta mucho: “Las nociones de importancia, de necesidad y de interés son mil veces más determinantes que la noción de verdad. No porque la reemplacen, para nada, sino porque miden la verdad de lo que digo”. Esto es lo que hay que tener en cuenta al pensar en un criterio para distinguir posturas. La idea de una verdad universal que domina el mundo, tanto si es vehiculizada por un filósofo como si es vehiculizada por un dios, es una idea insoportable para mí.

Por Gustavo Santiago
Para LA NACION

Barbara Cassin (París, 1947) es una de las principales filósofas francesas contemporáneas. Directora de investigación en el Centre National de la Recherche Scientifique, sus trabajos se caracterizan por un marcado esfuerzo por encontrar en los textos filosóficos algunas claves que permitan pensar el mundo actual. En su reciente paso por la Argentina, la filósofa participó de varios debates sobre filosofía, política y estética, y presentó dos de sus últimos libros: Googléame . La segunda misión de los Estados Unidos y El efecto sofístico , que acaban de ser editados en nuestro país por el Fondo de Cultura Económica. En diálogo con adn CULTURA recorrió los aspectos centrales de su producción reciente, evocó experiencias personales de Mayo del 68 y se refirió, entre otros temas, a la actualidad de la filosofía y a la relación entre cultura e información.

-¿Cómo vive su relación con la filosofía?

-Adoro leer libros filosóficos. Y me parece algo muy extraño que plantearse preguntas fundamentales, como hacemos los filósofos, sea un oficio. Que a alguien le paguen por preguntarse si Dios existe es genial.

-¿Cuáles son los autores que le interesa leer?

-Leo mucho y de filósofos diversos. Pero hay escansiones indispensables: los griegos, Spinoza, Descartes, Kant, Hegel, Nietzsche, Marx, Arendt. Lógica del sentido y Diferencia y repetición , de Gilles Deleuze, son para mí muy buenos libros. También La diferencia , de Lyotard, es un gran libro, un texto que me ha aportado mucho. Se trata de libros cuya lectura nos cambia, nos marca. En lo personal, los libros de los filósofos recién mencionados me han marcado, transformado. Pero, por otra parte, son libros que olvido una y otra vez. Y entonces, necesito releerlos continuamente. Haciendo un recorrido por mi historia personal, tendría que decir que yo vengo de una generación filosófica que fue educada por Heidegger. Incluso participé en el seminario de Le Thor dictado por Heidegger en 1969. A partir de entonces me interesé por los griegos, por los filósofos presocráticos. Lo que yo quería era ver cómo se podía ser presocrático de una manera distinta de la planteada por Heidegger; cómo poder ser presocrático sin ir en busca de lo “originario”, en ese sentido casi nazi del término. También me interesé en los griegos por su lengua. La lengua griega me resultó extraordinaria, como a Heidegger.

-Deleuze dice que es necesario preguntarse “¿Qué es la filosofía?” y responde: “La disciplina encargada de crear conceptos”. ¿Se hizo usted esa pregunta? ¿Comparte la respuesta de Deleuze?

-Creo que no hay que tomar esa respuesta como de Deleuze, sino como la de uno de sus personajes conceptuales. A mí me interesan, particularmente, los bordes de la filosofía, pero no pensados como fronteras. Algunas veces me sucede que escribo simultáneamente de muchas maneras. En realidad, yo creo que conforman una única manera, pero los editores piensan que se trata de tipos de textos diferentes. Entonces tengo que ponerme a pensar cuáles son las fronteras entre filosofía, ciencias humanas, poesía, literatura. No estoy nunca de acuerdo con esas fronteras, ni con las definiciones excluyentes.

-¿Cómo vivió Mayo del 68?

-En ese momento era una estudiante, tenía veinte años. El primer efecto que me produjo fue percibir que las relaciones de autoridad no existían como tales. Que hay relaciones de saber, de inteligencia, de creación, pero no relaciones de autoridad. Hubo otros efectos muy marcados, algunos de los cuales siguen vigentes. Cuando uno escucha a Sarkozy decir que es necesario enterrar Mayo del 68, se da cuenta de que algo de aquello se ha mantenido, puesto que todavía hay quienes intentan borrarlo. Uno de esos efectos fue, para mí, el descubrimiento de que se puede hacer cosas con palabras. En aquel momento se hablaba mucho, y todo el mundo podía hablar; había otra forma de instituir la palabra.

-¿La comunicación virtual mejora las posibilidades de diálogo o acentúa más las distancias?

-Las dos cosas. Por eso es importante cuidar lo que ocurrió en Mayo del 68, pero también es necesario adaptarse. No se puede volver al pasado. Hay que tratar de mantener aquello en lo que uno creyó y tratar, al mismo tiempo, de transformarlo.

-En una sociedad como la nuestra, ¿cómo encontrar un sentido en una maraña de información que parece infinita? ¿Puede un buscador como Google cumplir con la función de organizador del sentido?

-Mucha información mata la información. Es real que estamos sumergidos en ella y que es necesario orientarse. Google nos permite elegir, pero en función de palabras clave. La selección está bien hecha en general, pero no es más que eso: una selección de información a través de palabras clave. Y no se puede confundir eso con la estructuración de un sentido. Eso no tiene nada que ver con la cultura. La información y la cultura no están sobre el mismo plano. Creo que lo perjudicial para la cultura es la confusión. Y es también peligroso confundir lo que uno encuentra a través de un motor de búsqueda con información confiable. Esto no es así, y por supuesto es peligroso, especialmente para los jóvenes, confundir cultura con información. Para mí, sin dudas, la cultura está mejor caracterizada por Hannah Arendt que por Google. Arendt dice que la cultura tiene que ver con la obra de arte y que el gusto es una facultad política. Yo estoy de acuerdo con esas dos premisas.

-En su libro Googléame, si bien reconoce las virtudes de Google como buscador, expone su temor en relación con cierto imperialismo que podría esconderse allí. ¿Esto es así?

-Sí, es un temor al imperialismo de una suerte de “misión universal” que se esconde en dos de sus lemas: “Nuestra misión es organizar toda la información del mundo” y “No seas malo”. En realidad se trata de una “misión” que en los hechos simplemente consiste en la búsqueda de un beneficio económico, pero que se presenta disfrazada de moral y de democracia. Google nos hace creer que su información se organiza con el mecanismo “un clic igual un voto”, pero, en realidad, si una página importante envía a un link, éste automáticamente sube de lugar en el ranking . Al mismo tiempo, se muestra como ajeno a lo comercial, porque no acepta dinero a cambio de mejorar la posición de una página, pero esto le permite hacer enormes negocios con las publicidades que aparecen al costado de la información. Es esa pantalla moral, universal y humanística lo que me preocupa. Es imposible no relacionarla con la cruzada de Bush en defensa de la democracia y de la lucha “del bien contra el mal”. También es preocupante la reducción de la calidad a la cantidad. Google nos hace creer que algo es bueno porque es mencionado muchas veces.

-¿Una manera de enfrentar ese peligro es la mejora de la educación?

-La educación me parece un tema muy interesante. Lo he estudiado especialmente a partir de la paideia griega, que es una educación a la vez de la lengua y de las obras, y de la manera en que alguien se convierte en un hombre. Y la información no es paideia , por eso no debe confundirse con la cultura. Ahora bien, es complicado comparar la sociedad griega con la nuestra. La sociedad griega no puede tomarse como un modelo de la nuestra porque la democracia griega era una democracia “hasta donde llega la voz”, como decía Aristóteles. Era, además, una democracia en la que las mujeres y los esclavos no votaban. Sin embargo, creo que trabajando sobre los griegos se aprenden cosas sobre la educación o, por ejemplo, sobre la política.

-¿Qué enseñan los griegos sobre política?

-Que la política es fundamentalmente una creación de discurso y el hombre es un animal político porque habla. Y una segunda cosa: que la política no depende de nada más. Eso lo aprendí por Aristóteles, no por Platón. Para Platón la política, como para Heidegger, depende del ser. Mientras que para Aristóteles, la política es arquitectónica; en cierta manera traza el espacio. Y ese espacio es un espacio de discurso, un espacio donde hay una manera de procesar lo múltiple.

-¿Quién es el sujeto de la política hoy?

-Ésa es una pregunta enorme. Hay una respuesta muy bien articulada, la de Toni Negri, que dice que el sujeto de la política es la multitud. Se trata de una multitud diferenciada. Es una respuesta que no me parece nada tonta. No estoy muy segura de estar completamente de acuerdo con el libro Imperio de Negri, pero, en cambio, encuentro que la noción de multitud que él plantea, incluso en relación con Internet, es muy interesante.

-Si, para usted, todo lenguaje y especialmente el lenguaje político, es creador y no un reflejo del ser, ¿qué sucede con la noción de “verdad”?

-No creo en la verdad universal ni en el filósofo rey. Y pienso que es peligroso creer en eso. Creo que es peligroso desde Platón hasta Heidegger. Y ahí pienso con Arendt, que veía en Sócrates un discurso que representa un modelo de unidad que no es, sin embargo, unicidad, sino una unidad que se constituye por singularidades diferenciadas, con lo que la pluralidad es la condición de lo político. O con los sofistas, que le extraen la mayúscula a la verdad y la modulan comparativamente. Ellos sostienen que hay algo más verdadero y algo menos verdadero, pero no una verdad universal. Como dice Sócrates, en defensa de Protágoras, en el libro Teeteto de Platón: “No se puede hacer pasar a alguien de una opinión falsa a una verdadera, pero sí se puede hacer pasar a alguien de un estado no tan bueno a uno mejor”. Ese alguien puede ser una persona, una ciudad o un Estado.

-¿Y desde qué criterio podemos distinguir construcciones mejores que otras? ¿Comparando los efectos que una ficción produce, como en el perspectivismo nietzscheano?

-Absolutamente. Eso es lo que se propone desde la sofística. Hay una frase sobre la verdad, en el libro Conversaciones , de Deleuze, que me gusta mucho: “Las nociones de importancia, de necesidad y de interés son mil veces más determinantes que la noción de verdad. No porque la reemplacen, para nada, sino porque miden la verdad de lo que digo”. Esto es lo que hay que tener en cuenta al pensar en un criterio para distinguir posturas. La idea de una verdad universal que domina el mundo, tanto si es vehiculizada por un filósofo como si es vehiculizada por un dios, es una idea insoportable para mí.

-¿En qué está trabajando en este momento?

-Estoy haciendo un libro sobre Homero como filósofo. Es una lectura de un Homero vestido con el ropaje de un filósofo y, a la vez, de lo que Homero les aporta a los filósofos. Por ejemplo, no sé si usted sabe que las palabras que emplea Parménides para describir el ser son exactamente las mismas palabras que Homero utiliza para describir el paso de Ulises a través del mar de las sirenas. Sobre ese tipo de cosas quiero reflexionar. Otra cuestión que me interesa es cómo se hacen cosas con las palabras; la performance , lo performativo. Veo, en la escena de la Odisea en que Ulises se encuentra con Nausícaa, el nacimiento de lo performativo. Cuando Ulises, que está desnudo y sucio, ve a Nausícaa con las otras jóvenes y piensa en pedirle auxilio, él dice: “¿Voy a tocarle las rodillas como un suplicante o voy a hablarle?” Y Ulises se decide por el discurso. Es el discurso el que gana. Entonces dice: “Yo te tomo por las rodillas, mujer o diosa, porque temo tomarte por las rodillas”. Esto es magnífico, porque él no la toca sino que le dice que la toca. Dicho de otra forma, la toca con las palabras. …stas son las cosas sobre las que estoy reflexionando.

-¿Cuál cree que es hoy el lugar de la filosofía?

-La filosofía es muy importante. Su lugar es el de una toma de distancia crítica en relación con la sociedad, entendiendo “crítico” como la búsqueda de criterios. En cambio, me parece peligroso creer que su función es la de conducir la sociedad, al estilo del filósofo rey de Platón

19/05/2008 - 19:16h Rolling Stones:”Street fighting man”

L'image “http://content.answers.com/main/content/wp/en/thumb/6/6f/200px-Fightingmanstones.jpg” ne peut être affichée car elle contient des erreurs.
Pochette du disque des Rolling Stones

Ce titre des Rolling Stones n’est certainement pas un appel à la révolution, d’ailleurs le groupe s’est toujours gardé de toute forme de militantisme. Cela dit, les Stones se font ici l’écho de l’agitation de la jeunesse du monde entier. En effet, “le temps est venu de se battre” dans de nombreuses régions du monde et si les Stones regrettent l’apathie de Londres qu’il faudrait réveiller, il s’agit plutôt d’une anomalie en Europe.

C’est l’occasion de dresser un tour d’horizon rapide de la contestation tout au long de cette année 1968.
(mais…)

13/05/2008 - 08:16h Mai 68: Dominique Grange:”A bas l’Etat policier”.


Gilles Caron: le 6 mai à Paris, dans le quartier de la Sorbonne.Depuis la fin mars 1968, une profonde remise en question de la société française se fait entendre et va en s’amplifiant. Au cours des premiers jours de mai, C’est l’éclatement des revendications politiques, sociales et culturelles de toute une génération. La révolte embrase le quartier latin.Dominique Grange (née à Lyon en 1940) est une chanteuse française auteur-compositeur depuis le début des années soixante. Les événements de mai sont une révélation pour la jeune femme qui décide de s’engager avec les mouvements libertaires. Elle fait partie du Comité Révolutionnaire d’Action Culturelle (CRAC) créé par des artistes à la Sorbonne, qui entend mettre la culture au service de la révolution en marche. Elle se met à composer des chansons que lui inspirent les évènements. Si bien, que ses couplets sont entonnés dans les manifestations.


Encore un cliché de Gilles Caron illustrant la violence des CRS.

Sollicitée par les les comités de grève pour soutenir les luttes, elle anime les meetings dans les usines occupées.

Début juin, le mouvement prend fin. Les ouvriers reprennent le travail. Le mouvement étudiant est moribond. Le gouvernement interdit les organisations gauchistes. Une répression importante s’abat sur les organisations d’extrême gauche. C’est alors que Dominique Grange assure l’enregistrement de ses chansons (les chansons ne sont pas signées par crainte de la répression). Les disques sont vendus à prix coûtant hors des circuits commerciaux.

Dominique Grange dénonce ici, la répression aveugle orchestré par l’Etat. Les événements du mai parisien sont replacés dans le contexte plus large de l’agitation estudiantine mondiale (”nous sommes de Paris / De Prague et de Mexico / Et de Berlin à Tokyo”).

Aujourd’hui, la chanteuse poursuit son militantisme en faveur des luttes sociales et contre les inégalités. Parallèlement elle est aussi traductrice et scénariste de bande dessinée. Mariée au dessinateur Jacques Tardi, ils ont récemment sorti un disque-bande-dessinée qui reprend ses principaux titres (voir ci dessus et en lien).
A BAS L’ÉTAT POLICIER

Puisque la provocation
Celle qu’on n’a pas dénoncée
Ce fut de nous envoyer
En réponse à nos questions
Vos hommes bien lunettés
Bien casqués bien boucliés
Bien grenadés bien soldés
Nous nous sommes mis à crier
A bas l’état policier
A bas l’état policier
A bas l’état policier

Parce que vous avez posté
Dans les cafés dans les gares
Des hommes aux allures bizarres
Pour ficher pour arrêter
Les Krivine les Joshua
Au nom de je n’sais quelle loi
Et beaucoup d’autres encore
Nous avons crié plus fort

A bas l’état policier
A bas l’état policier
A bas l’état policier

Mais ce n’était pas assez
Pour venir à bout de nous
Dans les facs à la rentrée
Vous frappez un nouveau coup
Face aux barbouzes, aux sportifs
Face à ce dispositif
Nous crions assis par terre
Des Beaux-arts jusqu’à Nanterre

A bas l’état policier
A bas l’état policier
A bas l’état policier

Vous êtes reconnaissables
Vous les flics du monde entier
Les mêmes imperméables
La même mentalité
Mais nous sommes de Paris
De Prague et de Mexico
Et de Berlin à Tokyo
Des millions à vous crier

A bas l’état policier
A bas l’état policier
A bas l’état policier

Liens:
- “N’effacez pas nos traces”.
- La page Myspace de Dominique Grange.

12/05/2008 - 17:20h L’année 1968 en photographies

A Saïgon, le 1er février 1968, alors que débute “l’offensive du Têt”, le chef de la police sud-vietnamienne exécute d’une balle dans la tête un officier communiste. Cette photo vaut à son auteur, Eddie Adams, le prix Pulitzer.

Le 31 janvier 1968, la nuit du Nouvel An lunaire, les soldats nord-vietnamiens communistes du Front national de libération se lancent à l’assaut des villes du Sud-Vietnam et encerclent les principales bases américaines à Huê et Khe Sanh. C’est un échec militaire pour le FNL, mais une victoire politique. Les Américains se rendent compte qu’une victoire rapide au Vietnam est hors de portée.

(mais…)

11/05/2008 - 13:58h Maio 68: A revolução que não houve… e mudou tudo

Talvez a geração de 1968 não tenha chegado aonde queria, mas mesmo assim deixou suas marcas na História, o que é uma outra maneira de vencer

 

Le 13 mai 1968
A manifestação do 13 maio 1968. A greve geral começou

Luiz Zanin Oricchio – O Estado de São Paulo

O número de adjetivos opostos que se podem aplicar a 1968 é praticamente inesgotável. Diz-se que foi o último suspiro do espírito coletivo, mas preparou o caminho para o individualismo contemporâneo. 68 falou em paz e amor mas teria praticado a guerra e levado à aventura da luta armada. Foi em essência anticapitalista e de esquerda, mas teria preparado terreno para o capitalismo global e consumista do mundo de hoje. Esse ano mítico, que teve seu epicentro em Paris durante o mês de maio, desperta até hoje reações e opiniões contraditórias, com pouco acordo possível entre elas. Tanto assim que, a cada dez anos, nos sentimos convocados a fazer reavaliações sobre tudo aquilo que aconteceu durante os 12 meses especiais de uma década toda particular. Foi um avanço? Um recuo? Uma aceleração da História? Símbolo da luta contra os autoritarismos, ou, pelo contrário, o mais radical e intolerante dos anos? Tudo cabe em 68. Ou quase tudo.

Revendications salariales

E por quê? Porque, provavelmente, cada um projeta sobre 1968 o que bem entende, segundo suas inclinações pessoais (políticas, ideológicas, e mesmo psicológicas). Por exemplo, quem apoiava o general De Gaulle na França, ou o governo militar no Brasil, tem poucos motivos para lembrar com carinho de 1968. Já quem, mesmo após a queda do Muro de Berlim, conserva o coração à esquerda, pode evocar 68 como uma espécie de idade de ouro da contestação. Quem ama a ordem acima de todas as coisas vê poucos motivos para admirar uma época em que tudo era questionado e posto de pernas para o ar. Quem prefere a instabilidade à injustiça lança outro olhar sobre o mesmo período. Espíritos clássicos tendem a evitar sobressaltos. Românticos os toleram melhor. E assim por diante. Nossa atitude em relação a 68 diz muito a respeito de quem somos.

Les salariés ne sont pas à vendre

No entanto, apesar desse subjetivismo de julgamento (o passado muda segundo os olhos que o enxergam), 1968 pode ser visto como um conjunto de fatos bem definido e que envolve uma efervescência fora do comum da juventude, sobretudo universitária. Fala-se muito em Paris e nas barricadas do Quartier Latin, mas as revoltas pipocaram em toda parte. No arco de alguns meses, os distúrbios passaram por Paris, Praga, Cidade do México, San Francisco, Varsóvia, Rio, São Paulo e outras cidades. O mundo parecia revirado pelo avesso e nenhuma das venerandas instituições ficou ao abrigo de petardos, morais ou físicos – Estado, Família, Igreja, Exército, Polícia, Educação, Partido. Tudo podia e devia ser contestado – e essa era a palavra de ordem comum.

http://cache.eb.com/eb/image?id=61239&rendTypeId=4

Contestado em nome de quê? De um bem tão concreto quanto abstrato chamado liberdade. Se em Paris exigia-se o fim de um governo de velhos, em Varsóvia e Praga o alvo era o stalinismo. Praga vivia a sua primavera particular, sob o governo de Alexander Dubcek e sua proposta de socialismo com rosto humano. No Brasil, o alvo era bem visível – o governo militar, instalado quatro anos antes. Aqui, a tensão teve seu ponto alto após o assassinato do estudante Edson Luiz, e na posterior Passeata dos Cem Mil, que reuniu universitários, intelectuais, artistas e padres no centro do Rio. As manifestações se sucederam e o enfrentamento atingiu o clímax em São Paulo na luta entre os estudantes da USP e os do Mackenzie, que ocupavam lados opostos na ideologia e nas calçadas da Rua Maria Antônia. O conflito deixou um morto, um rastro de destruição e posições cada vez mais radicais de lado a lado. Dez dias depois, ‘caía’ o clandestino 30º Congresso da UNE em Ibiúna e as principais lideranças estudantis eram presas. O desfecho do ano rebelde brasileiro veio na forma de um radical fechamento do governo militar com o AI-5, decretado a 13 de dezembro, data que marca o fim de 1968 no País.

A vaga de 68 (porque, de fato, foi uma onda) mostra contornos particulares em cada país onde se quebrou. Nem poderia ter sido diferente, dada a diversidade de condições entre Praga e São Paulo, Paris e Cidade do México, por exemplo. Mas havia um aspecto comum. As lutas de 68 foram sempre antiautoritárias. Quer fosse um governo democrático mas sentido como ‘antiquado’, quer fosse uma ditadura militar ou a opressão de um império comunista – e lá estavam os jovens para se opor e, nas ruas, mostrar seu inconformismo.

Foi também uma época de invenções, que se multiplicavam sob a forma de frases, grafites, músicas, filmes, teatro, performances. A idéia era que tudo deveria ser jovem e ‘novo’, uma ideologia, na verdade, dos anos 60 mas que, como todas, em 68 se intensifica. Experimentou-se, em arte e na vida, como poucas vezes antes. Aliás, arte e vida passaram a ser tratadas como se fossem uma só. Viver artisticamente – essa era uma das utopias. Criar na rua, enquanto se vive. Abolir limites entre agir e pensar. Precisava-se mudar a sociedade, como queria Marx, e mudar a vida, como desejava Rimbaud.

Se isso não era possível na prática, parecia bem tangível no desejo. Por isso, 68 foi uma época de entrega generosa, pois sentia-se que todas as possibilidades estavam abertas. E, também por isso, viveu-se um voluntarismo que às vezes beirava a insanidade.

Como para mostrar que existe um abismo entre o desejo e sua realização, todas essas lutas terminaram, do ponto de vista prático, em derrotas inquestionáveis. No Brasil, o AI-5; na França, a volta de De Gaulle; em Praga, os tanques soviéticos; no México, o massacre da praça Tlatelolco; nos EUA, a eleição de Nixon, etc..

No entanto, do aparente fracasso, muita coisa ficou. Talvez mais no campo comportamental que no político. Apesar de a grande maioria das lideranças estudantis serem masculinas, deu-se um impulso vital ao feminismo e à igualdade entre os sexos. O autoritarismo foi questionado e cedeu em diversos níveis, nas famílias e nas escolas. Mesmo em instituições fechadas, como hospitais psiquiátricos, passou-se a questionar o ‘lugar do poder’ com os movimentos antimanicomiais. A ordem era duvidar de tudo e o argumento de autoridade perdeu a razão de ser.

Quando se relembra a cronologia de 1968, pode-se perguntar como tanta coisa pôde acontecer em tão pouco tempo. Vivia-se como numa febre, em estado de exaltação permanente. Uma espécie de embriaguez política e cultural, que não deixou de fabricar a sua própria ressaca. O day after de 68 foi menos ameno em algumas praças do que em outras. Se o voluntarismo se associa à crença de que os métodos violentos devem ser empregados em algumas circunstâncias históricas, então 68 pode estar na origem das lutas armadas que ocorreram na América do Sul e na Europa. No Brasil, o AI-5 fechou as válvulas de escape da política e abriu caminho para as tentações da ação direta, que já existiam de forma embrionária (a guerrilha do Caparaó é de 1966). A Itália e a Alemanha tiveram de enfrentar grupos armados como as Brigadas Vermelhas e a Baader-Meinhoff. E o fizeram sem abdicar das liberdades democráticas, é bom que se diga.

Outro ’subproduto’ de 68, a apologia das drogas como forma de expansão da consciência, deve ser relativizado. Quem viveu aquele tempo sabe que as esquerdas brasileiras eram em geral muito ‘caretas’ a esse respeito. As drogas circulavam mais na cultura 68 americana que nas outras. Depois sim, espalhou-se para outros países e generalizou-se nos anos 70. A droga foi mitificada como a chave para as portas da percepção (lembrando que o livro de Aldous Huxley, com esse título, é de 1954) e o seu potencial destrutivo e as implicações sociais quando ligadas ao crime organizado não eram percebidos ainda.

Talvez por tudo isso, mas também por propor uma sociedade menos hierarquizada em todos os níveis, 1968 seja permanente má referência para conservadores. Não por acaso, o atual presidente francês Nicolas Sarkozy, durante a campanha eleitoral, afirmou que havia chegado a hora de enterrar de vez o legado de 68. Responsabilizou o maio parisiense por um sem número de males como a confusão entre o bem e o mal, o verdadeiro e o falso, o belo e o feio. Disse até mesmo que 68 havia promovido o culto ao dinheiro, à especulação e ao lucro fácil. Só faltou culpar 68 pela cabeçada de Zidane em Materazzi. No entanto, em pesquisa da revista Le Nouvel Observateur, a maior parte dos seus compatriotas sustenta o contrário. A imensa maioria (77%) afirma que em 68 teria ficado com os estudantes e apenas 14% ao lado das forças da ordem. Os franceses entendem que 68 teve efeitos positivos sobre vários aspectos da vida social como a repartição de tarefas entre homens e mulheres, os direitos sindicais, a sexualidade, relações entre pais e filhos, costumes, a vida política, a relação entre professores e alunos.

Seja como for, parece que durante 1968 a História pisou fundo e acelerou. Em ritmo febril, muitas lutas foram perdidas e outras ganhas, num balanço ainda por fazer. Por isso, voltamos a 68 a cada data redonda. Dez anos atrás, a mesma revista Le Nouvel Observateur revisitava a primavera parisiense com um título que talvez a defina muito bem: ‘La fausse révolution qui a tout changé.’ A falsa revolução que tudo mudou.

Em 1968, nos jogos no Mexico, dois atletas norte-americanos Tommie Smith et John Carlos levantam o punho fechado durante a entrega das medalhas

04/05/2008 - 09:30h AMANTES CONSTANTES

BUSCA POR LIBERDADE E IGUALDADE SEXUAL É HERANÇA A VALORIZAR

Leila Diniz
http://i193.photobucket.com/albums/z241/edilsonpnl/leila.jpg

MIRIAN GOLDENBERG

ESPECIAL PARA A FOLHA – CADERNO +mais

Os eventos do Maio de 68 na França podem ser interpretados como o estopim de uma série de transformações políticas e comportamentais ocorridas na segunda metade do século 20 e que tiveram como eixos centrais: o desejo de liberdade, a busca do prazer sem limites, a recusa de qualquer forma de controle e de autoridade, a explosão da sexualidade e a defesa da igualdade entre homens e mulheres.

A feminista francesa Simone de Beauvoir, muito antes de maio de 1968, havia defendido que a questão existencial básica era a luta pela liberdade, e não a busca da felicidade.

Em “O Segundo Sexo”, publicado em 1949, Beauvoir dizia que, mesmo pagando o preço do sofrimento ou da solidão, “não há, para a mulher, outra saída senão a de trabalhar pela sua libertação”. Já para os jovens estudantes franceses, protagonistas do Maio de 68, liberdade, felicidade e prazer eram elementos inseparáveis de uma revolução cujo lema era: “É proibido proibir”.

No final da década de 60, quando no Brasil muitos jovens estavam preocupados em combater o regime militar, outros, como os jovens franceses, lutavam contra a repressão sexual, a repressão familiar e a repressão internalizada em cada indivíduo.


Ícone revolucionário

Esse anseio por liberdade, igualdade e, sobretudo, felicidade e prazer parece ter sido um elemento fundamental para o surgimento de um ícone de mulher revolucionária no Brasil, talvez a mais perfeita tradução do espírito irreverente, debochado e apaixonado do Maio de 68: Leila Diniz.

Na geração Leila Diniz estavam em disputa diferentes modelos de ser mulher: o religioso, que exigia da mulher a negação de sua sexualidade ou seu exercício apenas nos limites do casamento, e outro, que pode ser pensado como mais próximo do difundido pelo feminismo, pela contracultura e pela psicanálise, que buscava a igualdade entre homens e mulheres nos mundos público e privado.

E por que Leila Diniz, entre tantas outras mulheres que viveram intensamente esse momento histórico, se tornou um mito? É a própria Leila quem responde à questão: “Sobre minha vida, meu modo de viver, não faço o menor segredo. Sou uma moça livre. A liberdade é uma opção de vida”.

Sendo uma atriz famosa e uma personalidade pública bastante polêmica, pode-se pensar que a elaboração que Leila fez de sua própria vida não apenas tenha atingido as pessoas mais próximas, mas também contribuído para legitimar idéias e práticas consideradas revolucionárias para a época em que viveu.

Ao escolher ter um filho fora do casamento, rompeu com o estigma da mãe solteira. Sua fotografia grávida, de biquíni, foi estampada em inúmeros jornais e revistas por ser a primeira mulher a exibir a gravidez.


Barriga grávida

As grávidas de então escondiam suas barrigas em batas escuras e largas, mesmo quando iam à praia. As fotos da barriga grávida, na praia de Ipanema, mostraram que a maternidade sem o casamento não era vivida como um estigma a ser escondido, mas como uma escolha feliz e consciente. Leila Diniz fez uma revolução simbólica ao revelar o oculto -a sexualidade feminina vivida de forma livre e prazerosa- em uma barriga grávida ao sol.

Ela fazia e dizia o que muitos tinham o desejo de fazer e dizer. Com os inúmeros palavrões na clássica entrevista a “O Pasquim”, com uma vida sexual e amorosa extremamente livre e prazerosa, com o seu corpo grávido de biquíni, trouxe à luz do dia comportamentos, valores e idéias já existentes, mas que eram vividos como estigmas, proibidos ou ocultos.

Não à toa, ela é apontada como uma precursora do feminismo no Brasil: uma feminista intuitiva que influenciou, decisivamente, as novas gerações.


Condição feminina

Ao afirmar publicamente seus comportamentos e idéias a respeito da liberdade sexual, ao recusar os modelos tradicionais de casamento e de família e ao contestar a lógica da dominação masculina, passou a personificar as radicais transformações da condição feminina (e também masculina) que ocorreram no Brasil no final da década de 60.

Em minha pesquisa atual, com 1.279 homens e mulheres das camadas médias da cidade do Rio de Janeiro, quando perguntei “o que você mais inveja em um homem?”, as mulheres responderam, em primeiríssimo lugar: liberdade.

Quando perguntei aos homens “o que você mais inveja em uma mulher”, a quase totalidade respondeu, categoricamente: nada. Será que é realmente possível dizer, como na música de Rita Lee, que hoje “toda mulher é meio Leila Diniz”, quando as brasileiras continuam invejando a liberdade masculina? Será que a utopia do Maio de 1968, com o desejo de liberdade e igualdade entre os gêneros, ainda está longe de ser realizada?

MIRIAN GOLDENBERG é antropóloga e professora do programa de pós-graduação em sociologia e antropologia da Universidade Federal do RJ e autora de “Os Novos Desejos” (Record).

02/05/2008 - 18:35h Avoir 20 ans en 1968, à New York, par Paul Auster

Le Monde

En cette année terrible, délirante, de feu et de sang, je venais d’avoir 21 ans et, comme tout le monde, j’avais la rage. Cinq cent mille soldats américains s’enlisaient au Vietnam, Martin Luther King venait d’être assassiné, l’Amérique s’embrasait comme une traînée de poudre, le monde entier semblait à la veille de l’apocalypse. La rage était pour moi la seule réaction saine face au sort qui, en 1968, attendait ma génération. A peine sorti de l’université, j’allais être enrôlé dans un conflit qui me faisait horreur et auquel je refusais de prendre part. Mes seules perspectives d’avenir : la prison ou l’exil.

Je n’étais pas un violent. Je me revois plutôt comme un jeune homme discret et studieux, s’appliquant à devenir écrivain, tout entier absorbé par les cours de littérature et de philosophie à Columbia (université à New York). J’avais bien manifesté quelquefois contre la guerre, mais sans adhérer à aucun groupe politique. Je n’avais pour autant jamais assisté à aucune réunion ni distribué le moindre tract. Je m’en tenais à lire mes livres, à écrire mes poèmes, et à traîner avec mes amis au West End Bar.

Il y a tout juste quarante ans, sur le campus de Columbia, se tint un grand rassemblement, qui n’avait cependant rien à voir avec la guerre : il s’agissait de s’opposer à la construction d’un gymnase universitaire à Morningside Park. Comme ce parc était un espace public, il était prévu d’y ménager une entrée séparée pour les riverains (principalement des Noirs). Or ce projet était considéré comme injuste et raciste. Tel était aussi mon sentiment, mais ce n’est pour ça que je suis allé à la manifestation.

J’y suis allé parce que j’avais la rage, parce que j’étais empoisonné par le Vietnam. Et les centaines d’étudiants sur le campus ce jour-là, eux non plus, n’étaient pas vraiment venus protester contre la construction du gymnase : ils voulaient exprimer leur rage, s’en prendre à quelque chose, à n’importe quoi. Nous étions étudiants à Columbia : autant jeter nos pavés contre cette université qui, en menant des projets lucratifs de recherche pour le compte des industries militaires, contribuait à l’effort de guerre au Vietnam.

Après une série de discours enflammés, applaudis par la foule en délire, un mot d’ordre improvisé se propage : tous sur le chantier, on va abattre la palissade ! Dans l’enthousiasme, une masse d’étudiants enragés et vociférants s’élance au pas de charge. Et moi aussi, j’en suis ! Où était donc le gentil garçon qui rêvait de passer le restant de ses jours sagement assis à son bureau, à écrire des livres ? Le voilà parti à l’assaut d’une barricade, emporté par une horde déchaînée, démolissant, arrachant, piétinant – et je dois avouer qu’il a pris un immense plaisir à cet acte de destruction rageuse.

Après ce premier assaut, les bâtiments du campus ont été occupés une semaine entière. Pour ma part, je me suis retrouvé à squatter le pavillon des mathématiques. Les étudiants de Columbia s’étaient mis en grève et, pendant que nous tenions posément nos assemblées dans les locaux, le campus retentissait de clameurs sauvages qui ponctuaient les bagarres sans merci entre partisans et opposants du blocage. Le 30 avril au soir, l’administration mit le holà et fit intervenir la police. Au cours des émeutes qui suivirent, au milieu de plus de 700 personnes, je finis par être interpellé, c’est-à-dire tabassé et traîné par les cheveux jusque dans un fourgon. Je ne regrette rien. J’étais fier d’avoir accompli ce que je croyais être mon devoir. J’étais fier, et j’avais la rage.

Tout ça pour quoi ? Le projet de gymnase fut abandonné, certes, mais le vrai enjeu était la guerre du Vietnam ; or la guerre allait encore durer sept terribles années. On ne change pas la politique d’un gouvernement en s’en prenant à une institution privée. En France, où les universités étaient publiques et dépendaient du ministère de l’éducation nationale, les étudiants se sont confrontés directement à l’Etat : leur révolte de Mai 68 a ainsi provoqué des changements réels dans la société française. Nous, à Columbia, étions impuissants, notre petite révolution restait symbolique. Mais les gestes symboliques ne sont quand même pas vains et, dans les circonstances qui étaient les nôtres, nous avons fait tout ce que nous pouvions. J’hésite à dresser des parallèles avec la situation présente, et je ne conclurai donc pas ces quelques souvenirs en évoquant l’Irak. J’ai aujourd’hui 61 ans, mais je n’ai pas tellement changé depuis cette année de feu et de sang : assis à mon bureau, la plume à la main, je sais que la rage, je l’ai toujours. Peut-être plus encore que jamais.

Traduit de l’anglais par Myriam Dennehy © Paul Auster/The New York Times Syndicate

19/04/2008 - 05:30h MAIO 68 – Contestação mundial

L'image “http://www.elpais.com/recorte/20080418elpepucul_5/XLCO/Ies/20080418elpepucul_5.jpg” ne peut être affichée car elle contient des erreurs.

JOSEP RAMONEDA – El País

La efervescencia revolucionaria de 1968 terminó con diferentes derrotas, pero dejó la prevalencia de la cultura de la sospecha y la autonomía del individuo. Cuarenta años después de aquella revuelta civil protagonizada por los jóvenes, el reto de la sociedad global es recuperar las actitudes que permitan enfrentarse a las nuevas formas de autoritarismo.

1 La efervescencia revolucionaria

El 68 fue en diversos lugares del mundo un año de efervescencia revolucionaria. La expresión es de Claude Lefort y me parece que define mucho mejor la realidad de los hechos que la palabra revolución. Ni en Berkeley, ni en Tokio, ni en Roma, ni en Berlín, ni en París, ni en Varsovia, ni en México, por citar los principales escenarios de aquella movida, estuvo en juego el poder político ni su ocupación entraba realmente en las expectativas de quienes llenaban las calles con sus protestas. La única excepción fue Praga, pero no se trataba de un proyecto revolucionario sino de un proceso de cambio desde el poder. Y fue la contrarrevolución ?la ocupación del país por los tanques del Pacto de Varsovia, dirigida desde el Kremlin la que echó a los que pretendían que el socialismo evolucionara hacia formas democráticas, en sintonía con los ciudadanos.

A lo sumo podría hablarse de revolución cultural, como hizo Fernand Braudel, en la medida en que los tres ámbitos principales de la cultura ?la familia, los media y la enseñanza sufrieron una sacudida que les cambiaría profundamente. La gran movida fue breve y en la mayoría de los lugares se impuso el retorno al orden, la reacción restauradora. De forma brutal en Polonia y en Checoslovaquia, de forma democrática en Occidente: basta recordar que en junio el general De Gaulle arrasó en las urnas y en noviembre, Nixon gana las elecciones en Estados Unidos. La revuelta por tanto se saldó con un fracaso. Pero se había puesto en marcha un proceso, lento pero imparable, de cambio de costumbres y modos de vida, cuyos efectos políticos y legales se fueron concretando lentamente. Hoy todavía se está dando cuerpo jurídico (en España en la pasada legislatura, por ejemplo) a derechos y libertades que tienen su origen en aquel impulso. El año 1968 fue el inicio de la transición liberal que culminaría en el año 1989 con la caída de los regímenes de tipo soviético. Después vino la revolución conservadora que ha hecho de la supuesta herencia de mayo el enemigo a batir. Con la cristalización de una nueva hegemonía autoritaria se cierra, a los cuarenta años de su inicio, el paradigma que entonces se abrió.

2 La dimensión universal

Aquella efervescencia revolucionaria mundial tenía obviamente peculiaridades específicas en cada lugar. En plena guerra fría, con el mundo dividido en dos bloques, la gran contestación se enfrentaba a dos formas de poder, el imperialismo americano y el imperialismo soviético. De modo que distintas eran las formas de opresión contra las que se movilizaban unos y otros y distintas eran las condiciones en que la agitación se producía. El periodista polaco Adam Michnick, en una entrevista en Le Monde, lo explicaba así: Los eslóganes que se gritaban en La Sorbona o en Berlín oeste estaban dirigidos contra el capitalismo, la sociedad de consumo, la democracia burguesa y también contra Estados Unidos y la guerra de Vietnam. Para nosotros era una lucha por la libertad en la cultura, en las ciencias, en la memoria histórica, por la democracia parlamentaria y, en fin, especialmente visible en Checoslovaquia, contra el imperialismo soviético, no el americano.

Muchas de aquellas movidas tuvieron su origen en el mundo universitario. Así fue en Berlín, donde desde el año anterior se habían producido múltiples acciones estudiantiles por la reforma de la Universidad, contra la gran coalición que gobernaba Alemania y contra la guerra de Vietnam. Un grave incidente, la muerte de Benno Ohnesorg a tiros de un policía, durante una manifestación, el 2 de junio de 1967, radicalizó el proceso. Los estudiantes lanzaron una dura campaña contra los medios de comunicación del grupo Springer a los que acusaron de manipular los hechos: la prensa entraba en el campo de visión de los contestatarios. Un año más tarde, en abril de 1968, el principal líder del movimiento, Rudi Dutschke, sufrió un atentado perpetrado por un joven ultraderechista, Josef Bachman.

En México, también fueron los estudiantes con voluntad de liberalizar el mundo universitario los que protagonizaron las movilizaciones que acabarían trágicamente el 2 de octubre del 68 con la matanza de la plaza de Tlatelolco, en vigilias de los Juegos Olímpicos. Nunca se ha sabido el número de personas que murieron allí, cuando un Batallón Olimpia progubernamental empezó a disparar contra la multitud. También en Estados Unidos, los estudiantes del campus de Berkeley tuvieron un protagonismo destacado en una movida de carácter contracultural. Pero la guerra de Vietnam y la cuestión de los derechos civiles desbordaron en mucho el ámbito universitario. En 1964, bajo la presidencia de Lyndon Jonson, se aprobó la Civil Rights Act, que reconocía a los negros los derechos de los que estaban desposeídos. Fueron años en que las organizaciones proderechos civiles adquirieron mucha fuerza en la lucha por los derechos de las minorías. Pero el 4 de abril de 1968, Martin Luther King fue asesinado por James Earl Ray en Memphis, un atentado que nunca ha quedado plenamente esclarecido. El 17 de octubre, en los Juegos Olímpicos de México, los atletas americanos Tommie Smith y John Carlos, medallas de oro y bronce en doscientos metros lisos, al subir al podio levantaron el puño con un guante negro, mientras sonaba el himno americano para manifestar su pertinencia al Black Power.

Por supuesto, en París fue la Universidad, Nanterre, concretamente, el motor de la movida por cuestiones que tenían que ver con la liberalización de las costumbres. Las primeras protestas fueron contra la separación de sexos en las habitaciones de la residencia de estudiantes. El 22 de marzo la ocupación de la Universidad acabó con una acción disciplinaria contra algunos líderes estudiantiles. Ante un tribunal universitario, según ha relatado Alain Touraine, que ejerció de defensor, se dio este diálogo entre el presidente y Daniel Cohn-Bendit:

¿Estaba usted el 22 de marzo en la Facultad?

No, no estaba en la Facultad.

¿Dónde estaba entonces?

En mi casa.

¿Y que hacía usted en su casa a las tres de la tarde?

Hacía el amor, señor presidente, algo que a usted seguramente no le ha ocurrido nunca.

Después el movimiento iría creciendo, ocupó La Sorbona, se hizo fuerte en las calles y callejuelas del Barrio Latino, consiguió la alianza con los trabajadores que dio lugar a una huelga general sorpresa y a la gran manifestación del 13 de mayo.

L'image “http://www.elpais.com/recorte/20080419elpepucul_2/XLCO/Ies/20080419elpepucul_2.jpg” ne peut être affichée car elle contient des erreurs.

Incluso en Polonia, el origen de las movilizaciones estuvo en los estudiantes y los intelectuales. Fue la suspensión de la representación teatral de una obra de Adam Mickiewicz, el más reconocido de los autores polacos, en el Teatro Nacional de Varsovia, la que desencadenó un movimiento contra la dictadura comunista que fue liquidado en tres semanas con una fuerte represión.

Pero con todas sus peculiaridades y diferencias, había un doble factor común a casi todas estas contestaciones, que es el que permite hablar de una gran contestación liberal: la crítica al autoritarismo y el antisovietismo. Y una doble novedad: el protagonismo de los jóvenes y el carácter civil alejado de las estructuras de poder de la revuelta.

3 El nuevo sujeto político

Por primera vez, los jóvenes, en diversos lugares del mundo asumían el papel de sujetos del cambio social. Sin duda, tiene ello que ver con el bienestar de los años de posguerra, con la demografía que consolidaba la juventud como un periodo singularizado de la vida y con la extensión social de la enseñanza superior. Casi todas las movidas del 68 tienen en las universidades su punto de partida. Casi todas ellas eran la reacción frente a formas cristalizadas de autoritarismo.

Hay cierta tradición filosófica que explica la sociedad como un compuesto de tres partes: el ámbito familiar (la vida privada); el espacio intermedio en que los individuos tejen relaciones e intercambian mercancías e ideas (lo que se acostumbra a denominar como sociedad civil) y el ámbito del poder político (el espacio público por antonomasia). La contestación del 68 fue un intento, desde este espacio civil intermedio, de romper la presión asfixiante de un espacio familiar y un espacio político claramente retardatarios, que empezaban a ser un obstáculo para el desarrollo de las sociedades modernas. Estados Unidos y Europa vivían momentos de expansión económica. Una generación de jóvenes se encontraba ante la posibilidad de pensar en algo más que los problemas de subsistencia, pero chocaba con una cultura y unas costumbres muy rígidas a derecha e izquierda (la moral de la cultura comunista, incluso en Europa occidental, no era menos restrictiva que la moral de la cultura conservadora). Las universidades crecían y se masificaban y el choque entre los estudiantes y el viejo orden académico era inevitable. La sociedad cambiaba pero el mundo familiar y el mundo político se regían por normas cada vez más obsoletas. Los estudiantes buscaban crear espacios libres donde romper los esquemas de la moral dominante. El Barrio Latino parisino se convertía así en una metáfora topológica: un lugar común en el que cada cual pudiera actuar con plena autonomía. La contestación terminó mal en todas partes, pero la liberalización de las costumbres, la desjerarquización de las relaciones sociales y la consolidación de los movimientos en defensa de los derechos civiles no dejaron de hacer camino desde aquel momento.

Es verdad que en las movidas europeas había un importante componente anticapitalista en el discurso y una empanada ideológica en la que coincidían los acentos libertarios con diversas familias de extrema izquierda, desde el trotskismo hasta el maoísmo, con discursos situacionistas y con muchas dosis de espontaneísmo crítico. Pero el principal elemento común era el antiautoritarismo, en todos los ámbitos: familiar, social y político. Lo que se traducía en una desconfianza en las instituciones, empezando por el Estado. Naturalmente, en los países comunistas el antiautoritarismo apuntaba directamente a los regímenes de tipo soviético y el marco de la contestación era la respuesta desesperada a la opresión totalitaria. Pero en Europa occidental, donde la revolución, como dijo Raymond Aron, tenía algo de quermés, el antisovietismo acompañaba al discurso anticapitalista, especialmente en aquellos países en que los partidos comunistas eran muy fuertes como Italia y Francia y se les consideraba parte del mismo establishment retardatario contra el que iban las movilizaciones. En ambos países, los partidos comunistas jugaron un papel fundamental en la restauración del orden.

4 Las derrotas

La contestación terminó mal en todas partes. Si de una revolución convencional se hubiese tratado, habría que decir que la derrota fue total y absoluta. Puesto que distintas eran las circunstancias, distintas fueron las derrotas y sus consecuencias.

En los países del Este se impuso la represión. Pero en Varsovia, aunque el movimiento fue desmantelado en sólo tres semanas, aquellas movilizaciones están en el inicio de lo que después sería el sindicalismo cristiano tan decisivo en la caída del régimen comunista. En Checoslovaquia, el retroceso fue extraordinario. La sustitución de Dubcek por el colaboracionista Husak un año después de la entrada de los tanques impuso una brutal normalización que hundió al país en una especie de purgatorio. Pero Checoslovaquia era realmente diferente de los demás porque allí sí que lo que estaba en juego era el poder, el intento de transformar el socialismo iniciado por un grupo de dirigentes comunistas.

L'image “http://www.elpais.com/recorte/20080418elpepucul_9/XLCO/Ies/20080418elpepucul_9.jpg” ne peut être affichée car elle contient des erreurs.

En Estados Unidos, la tensión se desplazó a la guerra de Vietnam. 1968 fue el año de la matanza de My Lai. La tremenda herida, todavía hoy no suturada, del desastre de Vietnam marcó un par de generaciones americanas. La movilización universitaria perdió fuerza y los movimientos de derechos civiles también. La victoria electoral de Nixon cerró las esperanzas de una década que había empezado con el optimismo kennedyano. Los setenta fueron años muy amargos en Norteamérica.

Los acuerdos entre el Gobierno y los sindicatos dinamitaron Mayo del 68 en Francia al sacar a los trabajadores de la movida. La derecha ganó arrolladoramente las elecciones, después de una masiva manifestación de apelación al orden en cuya primera fila resulta todavía hoy llamativa la presencia de un rebelde convertido al gaullismo como André Malraux. De Gaulle, herido de muerte, se fue un año más tarde. Y con él quizás el símbolo más imponente de la vieja cultura social y política. Una parte de los jóvenes de Mayo alimentó a los partidos de extrema izquierda, que todavía hoy tienen presencia electoral en Francia. Algunos grupúsculos desaparecieron pronto, como los encuadrados en el delirio maoísta, pero nos dejaron la imagen de Sartre inculpado por vender La Cause du Peuple y una frase memorable del general De Gaulle: ?No se puede condenar a Voltaire?. Otros buscaron la ruptura con la sociedad en el mundo rural, donde todavía quedan restos de las comunas de la época. La violencia política no cuajó. Action Directe, el grupúsculo terrorista más importante, tuvo vida efímera. La mayoría se incorporó paulatinamente a la normalidad democrática.

Donde el día después resultó más doloroso fue en Alemania y, especialmente, en Italia. En Alemania, la Baader-Meinhoff puso el terrorismo en escena, aunque fue un fenómeno limitado a un número pequeño de personas. Italia viviría la experiencia de los años de plomo, en que la violencia de extrema izquierda y de extrema derecha hizo estragos en una espiral que degradó profundamente la vida civil y alcanzó las tripas del Estado italiano, ya por sí muy corrupto.

La matanza de la plaza de las Tres Culturas de México fue en cierto modo el anuncio de una enorme contracción autoritaria en América Latina.

5 Las herencias

La gran contestación del 68 fue una sorpresa. Había una cierta sensación de estancamiento, de inmovilismo, en la Europa de las treinta gloriosas, un balneario protegido por el paraguas nuclear de la guerra fría. De maneras distintas, Daniel Bell y Herbert Marcuse habían advertido sobre la capacidad del sistema de integrar sus contradicciones. El desenlace de la efervescencia revolucionaria del 68 confirmó sus hipótesis. El sistema fue perfectamente capaz de asumir, trillar y triturar aquella negatividad que por unos meses alimentó el sueño del gran cambio. Y el proceso de liberalización que se puso entonces en marcha siguió caminos a veces contradictorios y, a menudo, lejanos de aquel impulso inicial. El discurso del 68 tenía mucho de libertario y de crítico con el Estado, más tarde la crítica del Estado, en manos de los liberales conservadores que pusieron en marcha la revolución de los ochenta y noventa ésta sí que concernía directamente a la conquista del poder se convirtió en desprestigio y debilitación del Estado en lo económico y en despliegue del control social en lo político.

La amalgama ideológica era tal que se hace difícil establecer los referentes ideológicos de aquellas movidas. Las apelaciones al marxismo, al trotskismo y al leninismo eran abundantes. Pero fue significativo el énfasis en la relación entre sexo, psicología y política que llevó a nombres como Freud o Reich. También el situacionismo tuvo su voz. Y en América cuajó la vía contraculturalista que acompaña a la cultura hippy. Herbert Marcuse por sus análisis de la relación entre economía, tecnología, cultura y subjetividad y por su crítica al marxismo ortodoxo fue considerado uno de los referentes. Raymond Aron habla de Les heritiers, de Pierre Bourdieu, como libro de cabecera de la movida francesa. También de la noción de grupo de fusión de la Crítica de la razón dialéctica, de Sartre. En cualquier caso, los filósofos de la sospecha, el trío Marx-Freud-Nietzsche, articularon, especialmente en Francia, buena parte del pensamiento de la época.

Aquella experiencia marcó a la generación de los que el año 1968 rondábamos la veintena. Por un lado, pesó sobre nosotros lo digo así, porque es mi generación el habernos autoungido como la generación moderna por excelencia. Ha costado entender que el tiempo pasa para todos y que la patente de modernidad no tiene dueño. Por otra parte, la pulsión antiautoritaria probablemente la mejor herencia de aquellos años también generó monstruos. He dicho, a veces, que fuimos mucho mejores hijos en la medida en que supimos plantar cara a nuestros padres, que padres, en la medida en que no hemos osado plantar cara a nuestros hijos. Con nuestra actitud y la potencia integradora de las contradicciones que el capitalismo tiene, les hemos dejado sin espacio para la transgresión. Otros perdedores, víctimas de cierta frivolidad que acompañó a la contestación, de los que nunca se habla, son la generación de la droga, los que pensaron que la fiesta continuaba en la heroína y lo pagaron con la vida.

El paradigma que se abrió hace cuarenta años con la contestación de las formas de autoridad dominantes, a uno y otro lado de la guerra fría, se ha agotado. La transición liberal culminó con el hundimiento de los sistemas de tipo soviético y con la fantasía de que el triunfo de la democracia liberal significaba el fin de la historia. Después vino la restauración conservadora que se estrelló en la guerra contra Irak tras imponer el discurso de la seguridad como forma del autoritarismo en la sociedad de la información. Como ha escrito Fred Halliday, la invasión norteamericana de Irak en 2003 supuso para los ideales y para la legalidad de la intervención humanitaria lo mismo que supuso la invasión de Hungría en 1956 y de Checoslovaquia en 1968 para el comunismo internacional?. Un ciclo se cierra.

Para mí, lo mejor de la herencia del 68 es la cultura de la sospecha, la actitud que consiste en poner siempre en cuestión cualquier enunciado que se nos ponga por delante y no dar nunca por definitivas las ideas recibidas; y el acento libertario, la autonomía del individuo frente a todas las promesas comunitaristas, culturales o religiosas. Cuarenta años después estas dos actitudes se echan de menos a la hora romper las nuevas formas de autoritarismo basadas en el triángulo que forman la seguridad como ideología, la competitividad como principio de vida y el sálvese quien pueda como destino.

21/03/2008 - 02:18h Nuit 68 : «Enragez-vous»

par Agnès Giard

«2008. Esprit de contestation, es-tu là ?» Vendredi 21 mars, au Lieu Unique, à Nantes, entrez librement dans un centre d’art reconverti en usine à penser : conférences, projections de films, lectures, discussions, musique… Et beaucoup de cul —il en faut—, pour redonner aux gens le goût du plaisir.

Nuit68

Le plaisir librement pris, le plaisir sans entraves, sans tabous, sans honte, n’est-il pas plus que jamais d’actualité ? «68 ne fait que commencer», affirme François Cusset. Enseignant de l’histoire intellectuelle à Sciences Po, auteur de Queer Critics et French Theory, il n’a pas la dent tendre avec les soixante-huitards : «On a l’impression d’avoir trop entendu parler de mai 68, une overdose soixante-huitarde, que ça soit pour ou contre. C’est que ce sont toujours les mêmes qui s’en font les représentants, qui nous en éloignent comme d’une préhistoire et nous repassent toujours les mêmes clichés évitant de penser. Alors que tout ce qui fait la singularité de mai 68 est toujours d’actualité.»
A 19h, au Lieu Unique, François Cusset inaugure les débats avec un coup de gueule bien mordant. Non, Mai 68, ça n’était pas qu’un feu de paille. Oui, le combat continue. Vous voulez être heureux ? Alors, au boulot.

Organisée par Virginie Pringuet, la Nuit 68 est une invitation à faire la fête mais, surtout à retrousser les manches. Bien que nous vivions dans un des pays les plus libres au monde, il y a encore tellement de choses à changer. Certains vieux slogans conservent toute leur charge explosive : “Déboutonnez votre cerveau aussi souvent que votre braguette”, “Faites l’amour et recommencez”, “Enragez-vous”, “Je décrète l’état de bonheur permanent”, “Inventez de nouvelles perversions sexuelles”, “Consommez plus, vous vivrez moins”, “Sous les pavés, la plage”, “Il est interdit d’interdire”, “Je prends mes désirs pour la réalité car je crois en la réalité de mes désirs”, “Jouissez sans entraves, baisez sans carotte”, “La liberté d’autrui étend la mienne à l’infini”, “Faites l’amour, pas la guerre”, “Dieu, c’est moi”, “Aimez-vous les uns les autres”, “Plus je fais l’amour, plus j’ai envie de faire la révolution. Plus je fais la révolution, plus j’ai envie de faire l’amour”, “La vie est ailleurs”, “L’imagination au pouvoir” et mon préféré : “Zelda, je t’aime ! À bas le travail !”.

Naïfs, foutraques, enthousiastes, frénétiques oui et alors. Ces slogans ont au moins le mérite de proposer une alternative. Et c’est que la Nuit 68 propose aussi, avec notamment une programmation de films consacrée au “cinéma insurrectionnel” bourrée de pépites historiques : le SCUM manifesto, par exemple (de Carole Roussopoulos et Delphine Seyrig, 1976), incroyable mise en scène du livre de Valerie Solanas. Née en 1936, violée par son père, abandonnée à 15 ans par des parents qui avaient divorcé, survivant grâce à la mendicité et la prostitution, Valérie Solanas est considérée comme une des leaders les plus radicales du mouvement féministe aux USA. Et pour cause. En 1968, elle publie un tract à la violence défoulatoire, qui prône l’éradication des hommes. Il s’intitule S.C.U.M. (racaille) et certains l’on traduit : “Société pour Castrer les Mâles” (Society for Cutting Up Men). Valerie Solanas y écrit : “Vivre dans cette société, c’est au mieux y mourir d’ennui. Rien dans cette société ne concerne les femmes. Alors, à toutes celles qui ont un brin de civisme, le sens des responsabilités et celui de la rigolade, il ne reste qu’à renverser le gouvernement, en finir avec l’argent, instaurer l’automation à tous les niveaux et supprimer le sexe masculin.»

Son texte est drôle, fou-furieux, plein d’une rage libératrice, mais dans la vie, hélas, Valerie Solanas accumule les bêtises. Toxicomane et meurtrière, elle finira par mourir prématurément dans un hôpital public de San Francisco. Qu’importe. Son manifeste a le mérite d’agiter violemment l’opinion. En 68, la révolution sexuelle est en marche. En 2008, qui la fera aboutir ? Kantuta Quiros et Aliocha Imhoff, qui sélectionnent les films les plus agit-pro-cul de Nuit 68 ont bien l’intention de reprendre le flambeau. “Nous ne commémorons pas 68, nous n’avons pas connu 68. Nous n’avons que la nostalgie du futur. Happening et art total, militantisme insurrectionnel et front homosexuel révolutionnaire, black power et féminisme radical composeront un journal contre-culturel cinématographique «des années 68», qui entraînèrent dans leur sillage un profond bouleversement des rapports entre art et politique, à la force inaliénable, contradictoire, et toujours vivante.”
 Toujours vivant, l’esprit de la révolte ? C’est ce qu’on va voir au Lieu Unique.

Nuit 68 : vendredi 21 mars, de 18 heures à 5 heures du matin.

«Dans son discours du 29 avril 2007, Nicolas Sarkozy fustige l’héritage du mail 68. La pensée anti-68 n’est pas nouvelle, elle s’est déjà exprimée dans les années 80, notamment dans le livre écrit par Alain Renaut et Luc Ferry, “La Pensée 68”. 40 ans après, faudrait-il envoyer aux oubliettes tous les changements profonds qui se sont opérés dans notre société, illustrés par les fameux événements ? L’héritage serait-il à ce point négatif ? Et qu’en pensent aujourd’hui les enfants de 68 ? La forme de naïveté, l’élan, la joie qui ont permis la révolte, existent-ils aujourd’hui ? Nuit 68 n’est pas une commémoration ni un rassemblement nostalgique de soixante-huitards, plutôt quelques aperçus de l’esprit de contestation dans notre société d’un point de vue artistique, social, médiatique… Au cours de cette nuit particulière, il y aura des conférences, discussions, lectures, projections… Avant que la soirée ne se cloture en musique !»

Le lieu unique : 2 rue de la biscuiterie, 44013 Nantes.