27/05/2008 - 18:57h Programa vip para colecionadores de arte, em Buenos Aires

Mientras los mercados financieros se desmoronan por la llamada crisis de las hipotecas, el mercado de arte contemporáneo atraviesa uno de sus mejores momentos, superando en ventas a obras de período moderno, situación realmente inédita.

Grupo%20Rice%20University-%20houston%202007%20II.JPG
Coleccionistas extranjeros disfrutando del programa Vip

arteBA, la feria de arte contemporáneo de Buenos Aires y la más importarte de América Latina, se inaugura oficialmente mañana mientras lanza sus armas para que el fenómeno mundial tenga eco aquí en el sur.

Mari%20Carmen%20Ramirez-%20Houston%20Group.jpg
Más coleccionistas

Desde estel jueves que abre al público y hasta el 2 de junio, galeristas y artistas esperan con ansias y una descollante puesta en escena, la llegada de los coleccionistas locales y extranjeros. Todos quieren recibir el calor de este maravilloso verano.

Pero a qué se debe este fenómeno. En un excelente suplemento publicado el último fin de semana por el Financial Times llamado “Collecting”, el periodista y escritor Peter Aspden, entrevistó al responsable europeo de la prestigiosa casa de subastas Christie’s, Jussi Pylkkanen, y le preguntó sobre este peculiar fenómeno.

Se encontró con esta respuesta. Cito: “El mercado de arte no sigue generalmente lo que sucede en el mercado financiero o en otras inversiones del mercado y, frecentemente, cuando hay síntomas de baja en ciertas economías, el mercado de arte es el lugar en el que los inversores buscan esconderse con el capital líquido que todavía poseen”. La entrevista no tiene desperdicio y si te interesan estos vericuetos del mercado, podés leerla entera aquí.

Desde el comienzo de la década del 90 se esperaba un fenómeno como este y es quizá por eso que arteBA inventó su llamado programa VIP de Coleccionismo , un tour para coleccionistas y compradores de museos guiado por especialistas. Exactamente se trata de esto:

Para mimar y hacer que conozcan a fondo el mundo del arte contemporáneo argentino, arteBA creó este programa que terciariza a través de la empresa de gestión cultural Maravillarte* dirigida por Kenia Mihura y Marina Reynal, no sólo expertas en markenting sino también laureadas en historia del arte. Un combo perfecto y probablemente imbatible.
(more…)

24/05/2008 - 16:16h “Tengo una idea cada dos años”

http://www.mikael-cabon.com/wp-content/uploads/Sophie_calle2.jpg

La controvertida artista plástica francesa visitó Buenos Aires para asistir al estreno de Dolor exquisito, una pieza dramática, basada en su obra que, a su vez, se inspiró en una experiencia personal: la ruptura de una relación amorosa

Calle suele recurrir a sus propias experiencias vitales para alimentar la creación Foto: Guillermo Monteleone
http://farm1.static.flickr.com/103/367165826_f3338f91c7.jpg?v=0
“Le Téléphone”, Sophie Calle

Por Raquel San Martín
De la Redacción de LA NACION

La encuentro mientras desayuna sola en un coqueto hotel de Palermo Soho. Sophie Calle parece salida de una escena de los años 70: grandes anteojos negros, vestido corto de estampado pop, cabello carré, respuestas ambiguas y provocadoras, aire despreocupado. La mujer pequeña y sonriente que sigue desayunando durante la entrevista filmó los siete últimos minutos de agonía de su madre y los mostró en la Bienal de Venecia; contrató un detective privado para que la siguiera y expuso esas fotografías; siguió y fotografió a un desconocido en Venecia, y consiguió un puesto de mucama en un hotel para tomar imágenes de las habitaciones cuando sus huéspedes no estaban. Son “historias banales” -me dirá dentro de un momento, encogiéndose de hombros, como quien responde lo evidente- que disparan obras de arte tan celebradas (lo que reconoce) como criticadas (de lo que se niega a hablar).

Considerada la más célebre artista conceptual francesa, de 54 años, vino a Buenos Aires -”sí, la ciudad es linda”, dice-por primera vez para asistir al estreno de la obra teatral Dolor exquisito , montada sobre la base de una obra plástica y textual suya, de 2004, que relata su experiencia de una ruptura sentimental. Sophie Calle dice que tiene una generosa hora de tiempo, habla en español, ofrece café y se presta a las fotos, pero el resto no lo hace fácil. Repite “sí”, “no”, “nada” y “de eso no quiero hablar”, niega algo para afirmarlo enseguida, dice que no usa su vida como tema. Me corrige: usa el arte para tomar distancia de las situaciones que se le vuelven insoportables.

Con dirección de Emilio García Webhi y actuación de Maricel Álvarez, Dolor exquisito se presenta todos los sábados, a las 21, en la Sala Beckett. Calle, que se resistió a saber algo de la obra o a asistir a los ensayos -”Si es buena, muy bien, y si es mala, no es mi culpa”, justifica-, sí estuvo en el estreno, y se la vio satisfecha. Pero es difícil saber qué habrá pensado. “Esta obra ya la hizo un grupo de teatro inglés, un grupo absolutamente loco pero que con este texto hizo una lectura muy sencilla: dos personas sobre la escena. Me sorprendí porque pensaba que iban a cambiarlo. De alguna manera esperaba que lo cambiaran más, que lo trataran mal, que lo desarmaran, y no que lo leyeran. Me gustó mucho, pero era demasiado respetuoso”, dice.

Dolor exquisito parte, como suele hacer Calle, de una experiencia personal: fue abandonada por un hombre mediante un llamado telefónico que recibió mientras estaba de viaje en Japón, en 1985. De regreso en París, Calle decidió exorcizar “el día más infeliz de toda mi vida” contando la historia incansablemente y pidiendo a sus amigos que le relataran sus más dolorosas experiencias. Todo eso mostró en fotos y textos.

 

L'image “http://www.lacritique.org/local/cache-vignettes/L320xH240/Exposition-Sophie-Calle-tru-f66e0.jpg” ne peut être affichée car elle contient des erreurs.
Exposition Sophie Calle « True Stories », Galerie Emmanuel Perrotin, Miami
6 septembre-25 novembre 2006

-¿Cómo es verse a una misma en una escena? Hay un personaje que es usted.

-No, ya no. Es una obra. El texto que escribí es una ficción, no soy yo. Sí es algo que ha pasado, no es falso, pero cuando hice Dolor exquisito no se trataba para mí de decir la verdad sino de hacer una obra. Aunque haya pasado así y no de otra manera, no es la realidad. Hay una distancia siempre. Yo nunca tengo la sensación de mostrarme en mi intimidad.

-Pero siempre se usa a sí misma en sus obras.

-Sí, pero escribo algo, doy un paso al costado, miro la situación, la describo. No estoy llorando en los brazos de una amiga, estoy haciendo algo que puede servir.

-El arte fue catártico o terapéutico en esta obra.

-Sí, pero como motor, al principio. -Se ha dicho que los motores principales de su obra son el dolor o la pérdida. ¿Usted lo vive así?

-En la mitad de mi trabajo, sí, pero no siempre. Cuando trabajé sobre los ciegos preguntándoles sobre la belleza, o a los guardianes de museos sobre los cuadros robados, no se trataba de mí. Cuando contraté a un detective para que me siguiera no venía de ningún dolor, cuando hice los hoteles no venía de ningún dolor. Se puede decir que el tema muchas veces es el dolor, pero no siempre es el mío.

-¿Y qué hay entonces en común en sus obras?

-La ausencia. La ausencia de alguien en la muerte, alguien que no puedo tocar, alguien que sigo sin conocer, de un cuadro robado.

-¿Qué aprendió del dolor a medida que sus allegados le contaban sus sufrimientos?

-Nada. -¿La sorprendió algo?

-No. Es todo muy banal. Mi historia era muy banal.

-Entonces, ¿cuál fue el sentido de la obra?

-Mi intención fue hacer una obra de arte. ¿Es demasiado poco? Soy artista, mi intención es esa. No es una obra sociológica, no la hice como libro de autoayuda.

-Usted escribió que “el arte es el acto por el cual el artista se conoce a sí mismo”. ¿Qué aprendió sobre usted a través del arte?

-He aprendido pero no sé de dónde. El arte, un hombre que te deja, tu madre que se muere… no puedo definir momentos que me enseñaron algo. Aprendí porque he cambiado, pero no sé de dónde viene lo que aprendí.

-Pensaba en esa intención de tomar las cosas que le pasan y transformarlas en obras de arte.

-Es utilizar mi vida cuando las cosas están en mi contra, para tomar control sobre ellas y superarlas. El arte sí me permitió hacer eso. Cuando me sucede algo que no soporto, mi manera es ver si puedo darlo vuelta, enfrentar la situación pero dando un paso al costado, para poner distancia entre la situación y yo.

-Muchos artistas usan la propia vida de alguna manera en sus obras…

[Interrumpe] -Marcel Proust, Victor Hugo… -¿Usted la usa de manera distinta?

-No sé, no es mi trabajo hacer comparaciones, es el tuyo. Yo hago el trabajo, tú haces la crítica.

-¿Usted se convirtió en su propia obra?

-No, porque esto del Dolor exquisito me pasó hace veinte años, hice algo dieciséis años después. No vivo en los recuerdos de ese momento. Tengo una idea más o menos cada dos años. Algo me pasa, pero hay miles de horas en las que nada me está pasando. Pienso en la idea, pero luego es trabajar, ir a ver gente, fotografiar. No estoy llorando todo el tiempo. Estoy en la obra misma porque estoy contando un episodio que duró tres meses, pero después hubo dieciséis años.

-¿Por qué pasó todo ese tiempo?

-Porque al principio, el hecho de tomar distancia y la terapia eran parte de la idea, que era contar la historia a punto de aburrirme por repetición. Iba a hacer eso hasta ya no sufrir. La terapia era la regla del juego. Pero como funcionó, me dio miedo regresar, leer los textos, escribir, me sentía frágil todavía. Entonces dejé el proyecto, pensando que iba a ser por un año, luego hubo otras cosas y quedó allí. Y en un momento dado me gustó el hecho de dejarlo porque era como una protección contra el miedo de no tener más ideas. Era algo que me protegía, como un paracaídas. Hasta que se acercó el año 2000 y una superstición me hizo pensar que si no lo hacía ya, no lo iba a hacer nunca.

A Calle le gusta hablar de la obra que tiene en marcha. Dedica largos minutos a detallar “una idea abandonada que está apareciendo de nuevo y una idea que sigue”. La primera, que empezó hace cuatro años, tiene que ver con “la gente que desaparece, que se va y no regresa”. Con una amiga periodista, se dedicaron a entrevistar a familiares de unas 20 personas desaparecidas y, mientras no acertaban a dar coherencia a una idea, la propia vida se metió en la obra: la periodista, de cobertura en Irak, fue secuestrada durante cinco meses y Sophie Calle, en París, organizó un grupo para reclamar por su aparición. “Ella desapareció y yo me convertí en familiar. Finalmente regresó, pero todavía no lo hemos retomado”, dice.

La otra idea vuelve a sumar viajes y fotografías. Una vidente le tira las cartas -”no creo en el tarot y eso lo hace más interesante”, dice- y le aconseja emprender un viaje a un lugar preciso. Ella lo hace y, permanentemente comunicadas, la clarividente va dirigiendo sus pasos a distancia, mientras la artista fotografía el tránsito azaroso. En París, me cuenta, mostrará en septiembre las fotos de sus dos primeros viajes.

-¿Por qué cree que sus obras son exitosas?

-Ese es el trabajo del crítico. -¿Por qué algunas son polémicas y hay gente que las critica?

-No sé nada de eso [se ríe]. -¿Qué le pasa cuando escucha críticas?

-No me importa. Hace ocho días, por pura causalidad, alguien me dijo que había leído algo sobre mí en un blog . Entré allí y vi cosas horrorosas sobre mí, escritas por una artista que no tiene éxito, por cierto. No me importa, es una artista que tiene amargura, ¿por qué voy a leer eso? Hay gente que me insulta pero también pasa lo contrario. Van, pagan la entrada, algo les interesa. Puedo imaginar por qué les gusta y por qué no.

-¿Por qué será?

-¿Por qué no les gusta? -Sí.

-No quiero entrar en eso. -¿Y por qué les gusta?

-Hay un público de arte que va a ver este tipo de obras. Pero cuento situaciones muy banales, que le han pasado a todo el mundo, y esto es un plus, una entrada más psicológica. Son situaciones comunes, de una banalidad absoluta. Por eso no tengo la impresión de que es mi vida; ella, ella, ella [señala a la camarera; a una pasajera que desayuna en la mesa de al lado y la mira, extrañada; me señala a mí] lo han vivido.

Su última ruptura amorosa fue, justamente el tema de la obra que llevó al pabellón francés de la 52° Bienal de Venecia: en Prenez soin de vous (”Cuídese”), 107 mujeres “reinterpretaron” un e-mail de despedida que Calle había recibido en su celular.

-¿Piensa en el espectador cuando hace una obra?

-Pienso cómo lo van a entender, en el estilo, en la lengua. La Bienal de Venecia es un caso particular porque es un público internacional y yo escribo en francés. El hecho de la comprensión entró en la obra, por eso hay tantas actrices, cantantes y bailarinas, porque necesitábamos interpretaciones que no se redujeran al texto. En este caso, el público ha cambiado la obra totalmente.

-La fotografía se destaca en su obra…

-Por primera vez ahora, pero no tanto. Es más bien la idea lo central, y el texto. Cuando la fotografía es parte de la acción, sí. Cuando yo seguía a la gente y la fotografiaba, era parte de la excitación, de estar cerca. Pero en otros trabajos, cuando es un objeto muerto que hay que fotografiar, no lo hago, porque no soy buena en eso.

-¿Cómo se da cuenta de que una obra está terminada?

-Muchas veces es evidente. En el caso de los ciegos, uno de ellos me dijo: “Odio la belleza porque no la entiendo”. Es difícil seguir después de eso. En el caso de los cuartos de hotel, me habían tomado por un mes. En el caso del hombre al que seguía en Venecia, cuando regresé a París. En la Bienal de Venecia, hay una fecha tope, hay que estar listo. En el caso de Dolor exquisito el final estaba anunciado al principio: el día que me desperté de buen humor, ese día paré. A veces se siente el final, y a veces es la vida la que lo impone.

-La describen como una artista conceptual. ¿A usted eso le dice algo?

-No. También me llaman artista narrativa. Creo que el arte conceptual es un poco frío, lo que yo hago es más sentimental, más emocional.

Sophie Calle afirma que no usa su vida en su arte. Pero cuando la dejo terminando otro cappuccino , después de casi una hora de conversación, me pregunto si no acabo de ser parte de una de sus obras.

23/05/2008 - 14:09h Artistas callejeros en el Tate


Pintura del artista conocido como JR, de París Foto: EFE


El graffiti tiene ahora su espacio en el Tate Modern de Londres: seis artistas pintaron la fachada que da al Támesis

Varios paseantes que caminan por el puente Millennium Footbridge observan en la fachada del Tate Modern Foto: EFE

LONDRES (EFE).- El graffiti, arte de la calle, tiene desde hoy un hueco en la Tate Modern de Londres, cuya emblemática fachada que mira al río Támesis muestra los trabajos de seis artistas “callejeros” internacionalmente reconocidos.

En un momento dorado para el arte urbano, que goza de prestigio cultural y ha entrado en las más cotizadas galerías y casas de subastas, este museo contemporáneo ha puesto sus muros a disposición de los artistas del aerosol.

Hasta el próximo 25 de agosto, quienes acudan a ese centro, uno de los museos contemporáneos más visitados del mundo, o aquellos que den un paseo por el río Támesis no se quedarán indiferentes al ver las seis pinturas de 50 metros de altura cada una que prácticametne cubren la fachada de la Tate Modern.

Se trata de la iniciativa “Street Art at Tate Modern”, una nueva apuesta del museo londinense por nuevas técnicas artísticas urbanas, la mayor de las veces contestatarias y más libres por el hecho de que las calles no imponen los límites de un lienzo.

Entre los seis artistas que participan en esta muestra, algunos de los cuales estaban pintando aún sus graffitis la pasada noche, se encuentra el barcelonés Sixeart y los brasileños Os Gêmeos y Nunca.

En declaraciones a Efe, el comisario de esta iniciativa, Cedar Lewisohn, explicó que Londres es un lugar idóneo para mostrar el “interesante” arte desarrollado en los ambientes urbanos, pues por toda la ciudad pueden verse trabajos de “graffiteros” anónimos, entre ellos los del famoso Banksy.

Por esta razón, indicó, se ha elegido a seis artistas no británicos para tomarle el pulso a las diferentes tendencias de arte callejero en el mundo.

Aparte de los brasileños y el español, muestran sus diseños en la Tate Modern Blu, de Italia, Faile, de Nueva York y JR, de París.

Cientos de colores decoran la fachada de la Tate en murales que van desde lo abstracto a lo surrealista, pasando por lo psicodélico y la denuncia social más directa, algo que ha caracterizado históricamente al trabajo de los “graffiteros”.

Así, Sixeart crea, a partir de figuras geométricas que recuerdan a Miró, un ser abstracto que sostiene a un tierno osito mientras es rodeado por corazones.

JR utiliza el blanco y negro para dibujar a un “guerrillero” que apunta desafiante con su cámara de vídeo y Faile recurre a la estética del cómic para mostrar a un indio luchador.

Os Gemêos pintan a un hombre desnudo de color amarillo sólo cubierto por un burka y “Nunca” opta por un pirata poco corriente con pulseras de perlas y delicadeza a la hora de tomarse una taza de té.

Por último, Blu recurre a la crítica social para denunciar la muerte y la destrucción de la sociedad occidental, conceptos que aparecen en decenas de viñetas que ocupan la mente de un hombre.

Lewisohn aseguró que los autores españoles de este tipo de arte están entre los mejores del mundo, por lo que decidió que un grupo de artistas asentados en Madrid crearan una serie de trabajos en los alrededores del museo, lo que se ha llamado “Walking Tour”.

Se trata de Spok, El Tono and Nuria, Nano 4814 y 3TTMan, quienes llevan años llenando de arte las calles madrileñas.

El comisario de esta iniciativa sostuvo que artistas como Pablo Picasso o Jean-Michel Basquiat ya utilizaron recursos del arte callejero y que influyeron en su desarrollo, que fue rápido desde los años 70 del siglo pasado.

Cuando termine la iniciativa “Street Art”, la fachada de la Tate Modern volverá a mostrar su aspecto habitual, conocido por sus característicos ladrillos industriales de color marrón.

Lewisohn explicó que, aunque el arte callejero sea una técnica pictórica que tengan que albergar los museos, su carácter es “efímero” y como tal los dibujos serán borrados en agosto.

Podrán morir estos dibujos, pero seguro que otros vendrán para despertar sonrisas o conciencias en el lugar más inesperado de la ciudad.

Violeta Molina

31/03/2008 - 11:48h “No quiero hacer el edificio más bonito, sino el lugar más hermoso”

jean_nouvel.jpg

Autor de edificios emblemáticos como la Fundación Cartier de París o la Torre Agbar de Barcelona, el arquitecto francés ha ganado el considerado Nobel de la Arquitectura por su “búsqueda continua”

ANATXU ZABALBEASCOA - Madrid - El País

Va a perder su aire de maldito. Jean Nouvel (Fumel, Francia, 1945) ha ganado el Premio Pritzker. Famoso desde que firmara un edificio junto al Sena, que abre y cierra sus ventanas como los objetivos de las cámaras fotográficas (el Instituto del Mundo Árabe, 1989) ha recorrido un largo camino inventando tipologías, como las viviendas Nemausus en Nimes, o construyendo iconos como la Torre Agbar de Barcelona o la exquisita Fundación Cartier de París. Una trayectoria tan insaciable a la hora de experimentar le ha reportado, naturalmente, proyectos más y menos acertados. Pero llama la atención que en plena expansión americana (tras el Teatro Guthrie en Minneapolis levanta la Tour Verre junto al MOMA) le haya llegado un premio al que parecía que iba a ser eterno candidato. Al otro lado del teléfono, un satisfecho Nouvel resta importancia a esa coincidencia. “No es EE UU, es mi edad. Cuando un arquitecto con ideas cumple 60 años, llega su edad de oro”. Desde ese momento dulce, se muestra incapaz de decidir qué edificio le ha dado el premio. “El jurado ha dicho que valoraba mi actitud: la búsqueda continua. Y yo me siento retratado. No soy capaz de destacar un edificio”, declara. Cuenta que un edificio es como una ciudad. “No sabría decir si es mejor Venecia, París o Nueva York. De las ciudades me gustan sus diferencias, como de las personas. Las hay con defectos, claro, pero si te gustan, te gustan en conjunto. Mi trabajo es como una familia, y una familia no es perfecta”.

Museu do Louvre em Abu Dabi

jean_nouvelmuseo_louvre_abu_dabi.jpg

Ha firmado casi 200 proyectos y sigue evolucionando porque, insiste, su único estilo es su actitud. “Cada proyecto es una aventura. Nunca sé si haré algo blanco o negro. Y esa incertidumbre me gusta”, asegura. Sin embargo, acostumbrados a sus negros metálicos, es difícil creer que vaya a pasarse al blanco… “Pues en el Museo Branly de París, he usado mucho el color”, bromea. “Claro que he hecho edificios sin color, como la Fundación Cartier, pero allí juegan los reflejos que ceden el protagonismo al contexto”. Lo que busca Nouvel investigando con sus edificios es “encontrar la pieza que le falta al puzzle. Mis edificios no quieren ser los más bonitos, quieren contribuir a formar el lugar más hermoso”. Lo llama la “política de la situación”: los vecinos son importantes. “Se debe aprender a convivir con ellos, aunque molesten. La arquitectura tiene que ser respetuosa con el contexto”.

Es el Pritzker número 30 y en 30 años de carrera ha dado muchos tumbos. La búsqueda no ha sido sólo profesional; personalmente, también ha sido un hombre revuelto: ha cambiado de socios, de estudio, de organización, y hasta de pareja tres veces. “Mi trabajo, por su naturaleza investigadora, está sujeto al cambio. Soy ambicioso, lo reconozco, pero uno debe serlo cuando construye. Un arquitecto debe trabajar a gusto. Y si me gustan las situaciones inesperadas debo aceptar los cambios que ofrece, o fuerza, la vida”.

Parque Central Diagonal Mar em Barcelona

jean_nouvelparque_central_diagonal_mar_barcelona.jpg

Si estuviera en sus manos conceder el Pritzker, apunta que se lo daría al minimalista suizo Peter Zumthor. Y, entre los premiados, cree que Frank Gehry fue el que más lo merecía. No sabe si Sarkozy se convertirá en el próximo Mitterrand. Pero cuenta que reunió a 12 arquitectos para contarles que quería a la arquitectura en el centro de su mandato. Y ya ha organizado un concurso de ideas para ordenar los suburbios del Gran París. “La clave es si considerará la arquitectura una cuestión política. Eso, más que las obras ostentosas, puede cambiar la ciudad y la vida de las personas. Veremos”. No responde a preguntas políticas. Dice estar a la izquierda, pero cree que la política se hace también diseñando.

En 2012 concluirá el Louvre de Abu Dabi. Construye en tres continentes. Ya era una estrella antes del premio. ¿Qué será después? “Siempre digo que es importante que mis edificios sean más famosos que yo. Si soy famoso no debe ser por ser calvo, sino porque he construido edificios que interesan a la gente y hacen preguntas. Quiero seguir investigando”.

01/10/2007 - 13:39h Pensar la contemporaneidad: arte, burbujas y tinieblas en Buenos Aires

Ayer se inauguró oficialmente uno de los eventos de arte más importantes de Argentina, la semana de las artes.

Una suma imbatible las gallery nights + la noche de los museos.

hartu_arte_kontra_ha.jpg

Así es, hasta el sábado 7 de octubre, se llevará por cuarto año consecutivo un evento que convoca a casi cien galerías de arte, cien museos y centros culturales que conformarán a lo largo de una semana, un circuito para trasitar visitas guiadas, ciclos de conferencias y diversas actividades vinculadas a la expresión artística.

El objetivo es claro: acercar al público a espacios de expresión artísticas concurridos, casi exclusivamente, por quienes frecuentan un circuito que podría tener mucho más convocatoria que la usual, desmoronar la idea de que el arte es para unos pocos y entendidos.

Un modo de que todos puedan pensar el arte, vivir la creación, acceder a donde antes no habían pisado o volver sobre espacios que hace tiempo no recorrían.

Esta semana festiva incluirá también una serie de conferencias. Dos de ellas plantean un pregunta que delinea y enfatiza la contemporaneidad del evento. Aquí van, para que bocetemos una respuesta:

Mitos Y Verdades De Invertir En Arte: ¿Tendencia, moda, negocio o pasión?
Galerías de Arte: ¿Espacios comerciales o reductos de experimentación? ¿Cómo es la relación de los artistas jóvenes con el circuito de exposición y ventas?

Y esta última pregunta la agrego yo: la realización de esta semana de arte a puertas abiertas es producto de la gestión del actual gobierno de la ciudad.
A quienes nos preocupa el arte, también nos inquieta no saber qué pasará con la cartera de cultura de nuestra ciudad donde su cabeza visible -el coleccionista Ignacio Liprandi- durante la campaña del futuro intentente, Mauricio Macri, fue borrada de un plumazo y dicen quienes saben que porque se atrevió a defender públicamente la unión civil de los homosexuales.

¿Seguirá el próximo gobierno con estas políticas de arte para todos?

O también con el arte habrá tolerancia cero (es decir, intolerencia hacia la diferencia).

Mientras la fiesta sucede, y los invito a celebrarla, también el mundo el arte trastabilla: otra nueva mudanza le espera al Museo de Arte Moderno -con sede aún incierta y lo peor, con su patrimonio de aquí para allá- y el Museo del Cine está muy cerca de convertirse en una ruina.

Esas son las dos caras de esta semana: burbujas pero también tinieblas.

Entonces: ¿tolerancia cero, pura demagogia o verdadera construcción?

El programa completo de esta semana del arte, si elegís las burbujas, lo podés consultar aquí.