02/10/2008 - 19:40h Terremoto en Versalles y piratas en Wall Street

por Marcelo A. Moreno*
Entrar en la magnificencia tan suntuosa como untuosa, de un refinamiento tan rebuscado que termina en grosera ostentación y encontrarse, en medio de esos salones recargargados de un rococó extenuante y pesadamente opresivo y encontrarse con una escultura símil plástico en color que representa a la Pantera Rosa abrazando a una rubia con las tetas al aire y gesto de eterno asombro depara, sin duda, una sorpresa mayor.

La llamada intervención en el palacio de Versalles es obra de uno de los llamados artistas más cotizados del mundo, Jeff Koons, hoy escandaliza a Francia, empezando por el mismísimo diario “Le Monde” que como otros, más conservadores, ha puesto el grito en el cielo por la irreverencia.

Es que contemplar los salones ornados por el genial Veronese o por los intrascendentes artistas de la corte de Luis XIV y sus inútiles sucesores y toparse con un cangrejo de plástico gigante o un conejo plateado hecho al estilo globo o salvavidas con forma de tortuga parece un chiste sobre un chiste. Porque grotesco era ese lujo espejado hasta el infinito o la náusea, que terminó con cabezas rodando con justicia en la Revolución Francesa y una vuelta más sobre ese grotesco es que Jeff Koons -para más datos, ex marido de la Cicciolina- coloque dos brillantes aspiradoras en medio del boato injuriante en el que vivían los últimos reyes de Francia. O que el itinierario de la muestra termine con un enorme corazón kitsch con un moño pendiendo sobre las alfombradas escalinatas de mármol.
Pero como la ironía atraviesa con la facilidad de un cutter los despiadados días de la posmodernidad, azorados asistimos cómo al borde de un anunciado debacle, los predicadores globales del liberalismo a ultranza, encabezados el mismísimo George W. Bush, que se agotaron propinando lecciones de libre mercado al mundo y alrededores, hoy claman a grito pelado por una intervención estatal para regular los mercados diseñada, vaya casualidad, por los máximos pedagogos de las burbujas libérrimas.
Hace unos días un hombre en Wall Street apareció con un cartel que decía “socialismo para los ricos, liberalismo para los demás”, refiriéndose al plan de salvataje para muchos destinado a socorrer a pistoleros, sinvergüenzas y estafadores. No era Jeff Koons pero podía serlo. Y todo esto podría ser exactamente lo del plástico norteamericano, un chiste sobre un chiste, sólo que en este caso los tambores de la catástrofe atronan el planeta y la riqueza de los magnates que fabricaron el desquicio es extraordinariamente más obscena que la de los antiguos monarcas franceses. También su destino es mejor: sabemos que cuando las cosas se desploman no son los gerentes de las multinacionales los que pagan los platos rotos sino los que la pasan peor entre los que menos tienen.
Sin embargo las hoy trémulas economías del Primer Mundo son las que rigen sobre todo el mundo y no se avizora alternativa alguna con algún viso de seriedad y chances para reemplazarlas.
Por eso quizá el presidente francés Sarkozy llamó con cierta desesperación a fundar un nuevo capitalismo basado -¿como en alguna edad dorada?- en el esfuerzo y el trabajo.
Quizá habría que empezar con algún método -no diseñado por Jeff Koons- que permitiera diferenciar tajantemente a un capitalista de Wall Street de, por ejemplo, un pirata somalí, de los que hoy cunden las costas de Africa. Eso seguramente sería más efectivo que pontificar sobre moral y buenas costumbres.
(Columna Disparador publicada en Clarín el miércoles 1° de octubre del 2008)
Publicado por Marcelo A. Moreno

Em “Os Tigres de Mompracem”, de 1900 -obra reeditada agora numa edição que reproduz as ilustrações originais-, acompanhamos as aventuras extraordinárias de Sandokan, um terrível pirata que tem seu “covil” na ilha de Mompracem, na Malásia, de onde sai com sua inesgotável tripulação de foras-da-lei, sempre prontos a morrer por ele a um estalar de dedos, para raptar a amada Marianna, a “Pérola de Labian”.
