16/04/2008 - 17:04h Escribir para superar el dolor

Entrevista con la escritora estadounidense Helen Epstein, autora de Tras la historia de mi madre (El Ateneo)

epstein.JPG

Por Loreley Gaffoglio

De la redacción de LA NACION

Entronizado en la nómina de libros notables por The New York Times cuando se publicó en 1997, Tras la historia de mi madre , la saga biográfica de tres generaciones de mujeres judías checas antes y después del Holocausto, es un relato intimista inquietante que combina de manera rigurosa el género de las memorias con la crónica histórica sobre la evolución de la identidad de la mujer judía en Europa Central.

Recientemente editado por El Ateneo y presentado en el país por su autora, el libro de la periodista estadounidense Helen Epstein, nacida en Praga en 1947 y criada en Nueva York, cautiva por su originalidad y por la distancia narrativa desde la que se sitúa la autora para reconstruir su propia –y aciaga– historia familiar.

Tras una rigurosa investigación, en la que entrevistó a sobrevivientes del genocidio nazi, Epstein hilvana el derrotero de su madre Frances, rehén en el ghetto de Terezín primero y luego en Auschwitz, con el de su abuela, Pepi, a la que nunca conoció porque los nazis la fusilaron cuando la deportaron a Riga, en Latvia. Y se remonta aún más atrás en el tiempo para retratar también a su bisabuela, Thérèse, la responsable de introducir la costura como fructífero modo de subsistencia familiar.

Une así dos siglos de historia centrados en el rol de la mujer en los que se reviven la misoginia del Imperio austrohúngaro; la supervivencia femenina durante la Primera Guerra Mundial; el nacimiento de Checoslovaquia; la implosión de la II Guerra Mundial y el avance del comunismo hasta llegar a la Revolución de Terciopelo, cuando la mujer conquista la igualdad de derechos al hombre luego de la instauración de la República Checa. El resultado es un fresco histórico, sociológico y humano que también destaca la trascendencia de las labores textiles como forma de emancipación femenina.

Docente y ex periodista freelance para The New York Times, donde escribía extensos perfiles para la revista dominical, Epstein se especializa en libros de no ficción, “el género que eligen mayoritariamente los lectores estadounidenses” –sostiene– en un intento por asir lo inextricable y complejo de la realidad. Epstein tiene publicados otros tres libros, traducidos a varios idiomas pero no en español: Children of the Holocaust (1979), Music Talks (1988) y Joe Papp. An American Life (1996).

De paso por Buenos Aires, donde días atrás presentó en la AMIA Tras la historia de mi madre , la autora, residente en Boston, revela que su libro fue una personal forma de duelo y una manera de darle visibilidad a los antepasados familiares que la sinrazón de la historia y el orden cronológico le impidieron conocer.

–¿De qué manera la escritura del libro fue una forma solapada de duelo?

–Mi madre amenazaba todo el tiempo con suicidarse, pero murió repentinamente de un aneurisma, a los 69 años, en Nueva York, ciudad a la que emigró finalizada la Segunda Guerra. No tuve tiempo de prepararme para su muerte. Entonces reconstruir su historia, que ella nunca me contó completa porque no hablaba de su vida, adquirió la forma ritual del duelo que tienen las familias tradicionales judías.

–¿Fue un proceso lacerante?

–Fue liberador. Y, curiosamente, las continuas interrupciones de mis hijos mientras escribía fueron como recreos del trauma que me ayudaron a tolerar el dolor. Pienso que muchos de los procesos creativos nacen a partir de una herida y que la escritura puede ser un modo de curación tanto para el autor como para los lectores que se identifican con la historia. En este caso, creo que es más doloroso para el lector leerlo, de lo que para mí fue escribirlo.

–¿Por qué?

–Porque cuando uno lee está pasivamente experimentando esos sucesos. Y cuando uno escribe, el autor se concentra en la eficacia sobre cómo comunicar mejor la historia; está obligado a tomar distancia. Lo que quizás sea difícil para el lector entender es que la mayoría de las personas normales tiene parientes, pero mientras yo crecía todos en mi familia estaban muertos. Eran como dioses; personajes no reales. No hubo una abuela que me contara cómo era mi madre de chica. Y así uno no tiene a nadie para “contextualizar” a sus parientes. Además, mis padres casi nunca hablaban de sus padres porque era muy traumático. Mis abuelos eran como un lienzo en blanco. Tuve que “crear” a mi abuela Pepi y fue maravilloso: construír una persona allí donde antes no había nada. Ni recuerdos, ni confidencias, ni relatos orales de la infancia.

–¿Cuál fue el motivo que la llevó a destacar el rol de las mujeres de su familia?

-Busqué el ángulo más original posible ya que como escritora me interesa escribir cosas que nadie más ha escrito antes. Siempre busco lo “invisible”. Y en este caso, había muchas cosas que eran invisibles: las vivencias de las mujeres en Europa Central, por ejemplo. Además, a lo largo de la historia han sido siempre las mujeres las que se animaron a contar y retrasmitir los dramas de su época. Los hombres por lo general no quieren aparecer como víctimas; soslayan los trances dolorosos, y se los guardan. Las mujeres, en cambio, sí se animan a ahondar con muchos detalles en los episodios más tristes, sin miedos. No tuve dudas, entonces, de que el énfasis debía situarse en ellas.

–¿Se valió de licencias ficcionales para reconstruir la historia?

–No. Este es un libro de no ficción escrito en base a un larga investigación. A mi madre no la pude entrevistar porque cuando empecé a escribir el libro, ya estaba muerta. Los testimonios centrales fueron de gente de Praga, amigos de mi madre, que también conocieron a mis abuelos. Fue la mejor amiga de mi madre, la que me contó detalles de ella que yo desconocía. Por ejemplo, que de adolescentes bailaban tango en los salones. Otra persona importante fue Kitty, que permaneció en los campos de concentración junto a mi madre durante toda la guerra. Ambas fueron liberadas por los ingleses en Bergen-Belsen –el mismo campo donde murió Ana Frank–, enfermas de tifus y al borde de la muerte. Fue muy doloroso enterarme que en ése campo de concentración, por ejemplo, mi madre se abocaba a escribirles largas cartas a sus padres, cuyo paradero desconocía. En realidad, ya estaban muertos. Lo hacía en una libreta que un comandante le obligó a quemar en una estufa. Pero en el libro evité ahondar en la parte cruenta de la guerra: las vejaciones, el hambre, los ultrajes de los nazis, todo eso que se conoce bien, porque en los años ´60 mucha gente escribió sus memorias y yo leí muchas de ellas.

–¿Cómo fue la odisea de la reclusión?

-Mis abuelos y mi madre, entonces de 22 años, y su primer marido fueron deportados de Praga al ghetto de Terezín, un campo de tránsito a una hora de Praga. Al día siguiente de arribar, a sus padres los deportaron a Riga, en Latvia. Los bajaron del tren, los obligaron a alinearse y ahí nomás los exterminaron. Los tiraron a todos en una fosa común. Pero mi madre no sabía a dónde los habían enviado ni qué había sido de ellos. Mi madre permaneció junto a su marido en Terezín, lo cual fue bueno porque el centro estaba manejado por los checos, que eran bastante contemplativos con los judíos. Recibían correo de la gente en Praga y podían contrabandear toda clase de cosas. En 1943 los nazis intentaron matar a la mayor cantidad posible de personas, y enviaron a mi madre y a su prima Kitty a Auschwich. Pero lograron salir vivas de allí ya que los alemanes necesitaban trabajo esclavo. A mi madre, en realidad, la salvó una mentira. En un relato que ella escribió, contó que la pusieron frente al doctor Menguelle y que éste le preguntó si poseía alguna aptitud especial. Su padre había sido ingeniero eléctrico y ella había aprendido a arreglar artefactos de sólo observarlo. Cuando estuvo frente a Menguelle junto a otro montón de mujeres, pensó que todas las demás dirían que sabían coser. Y aunque ella era modista, para destacarse, dijo que era electricista. Se salvó arreglando radios y aparatos durante tres años. Lo más curioso era que improvisaba y que el miedo a morir la empujaba a hacer las cosas bien. Pero de toda esa historia terrible lo que más me llamó la atención fue que tanto hombres como mujeres aseguraron que la clave de la supervivencia radicaba en las relaciones humanas, la amistad, los vínculos que se establecían. En la fuerza que infundía el contacto con el otro.

05/02/2008 - 14:02h Les élèves britanniques iront visiter le camp d’Auschwitz

 

Pour que les élèves britanniques n'ignorent pas l'Histoire, deux voyages vont être organisés par le ministère du Royaume-Uni pour visiter le camp d'Auschwitz, en Pologne. | ANTONIO REAL/GAMMA
ANTONIO REAL/GAMMA
Pour que les élèves britanniques n’ignorent pas l’Histoire, deux voyages vont être organisés par le ministère du Royaume-Uni pour visiter le camp d’Auschwitz, en Pologne.

Pour que les jeunes générations n’ignorent rien du génocide des juifs perpétré par les nazis, le ministère de l’éducation du Royaume-Uni a annoncé, lundi 4 février, le financement d’un voyage pour deux lycéens de chaque établissement scolaire au mémorial d’Auschwitz-Birkenau, à Oswiecim (Pologne). Accompagnés de survivants des camps d’extermination, les élèves de “sixth form” - équivalent de première et terminale - se rendront pendant une journée dans ce lieu où furent exterminées un million de personnes. Pour les 6 000 à 8 000 lycéens sélectionnés chaque année, la visite comprendra l’obligation de participer à des conférences préparatoires, puis à des comptes rendus devant les autres élèves. Le ministre adjoint de l’éducation, Jim Knight, s’est engagé à prendre en charge les deux tiers du coût du voyage, soit environ 260 euros par personne, la différence restant à la charge des établissements scolaires. Le dispositif, qui fonctionnait à titre expérimental depuis 2006, sera financé au moins jusque 2011.

En France, l’association Le Mémorial de la Shoah emmène chaque année plusieurs milliers de lycéens de première et de terminale à Auschwitz, sélectionnés en fonction du projet pédagogique de leur établissement. Vingt-quatre classes prennent part à l’opération en Ile-de-France, et neuf académies de province y participent par roulement. LE MONDE

27/01/2008 - 16:32h Holocausto: “Unidos para evitar a conspiração do esquecimento”

Discurso do presidente da República, Luiz Inácio Lula da Silva, na cerimônia alusiva ao Dia Internacional em Memória das Vítimas do Holocausto

Palácio do Itamaraty - Rio de Janeiro (RJ), 25 de janeiro de 2008

 

Foto de Monumento al Holocausto

 

Monumento as vítimas do Holocausto, Berlim

Meus amigos, minhas amigas,

Eu acho que se nós tivéssemos encerrado este ato na fala do brigadeiro Ruy Moreira Lima, já estaria de bom tamanho o ato, porque é a testemunha viva do que aconteceu lá. Eu ainda não tinha nascido. Portanto, Deus o preserve por mais algumas décadas para contar essas histórias em outros dias 25 de janeiro.

Minhas amigas, meus amigos, jornalistas aqui presentes. Agradeço o honroso convite da comunidade judaica do Rio de Janeiro para participar deste ato. Meu reconhecimento à Conib por estabelecer este encontro como uma referência para a comunidade judaica brasileira. Dessa forma, agradeço as lideranças e os rabinos que se deslocaram de seus estados para prestigiar o evento. Finalmente, minha homenagem à ONU por instituir, com total apoio do Brasil, o dia 27 de janeiro, como a data para relembrar em todo mundo, a tragédia e as vítimas do Holocausto.

Senhoras e senhores,

Participo desta cerimônia pelo terceiro ano consecutivo. Faço-o por ter a dimensão do que significa rememorar o terror e as iniqüidades cometidas pelo aparato do estado nazista contra o povo judeu. Aparato voltado também contra socialistas, social-democratas, comunistas, homossexuais, negros, testemunhas de Jeová, ciganos e portadores de doenças físicas. Lembranças tristes e trágicas como a do Holocausto, não devem e não podem ser apagadas, como não podem ser esquecidas todas as formas de intolerância, especialmente aquelas alçadas à condição de política de Estado.

Temos a responsabilidade e o dever de transmitir para todas as gerações que o anti-semitismo, o racismo, o preconceito e a intolerância atentam contra a dignidade humana e todos os valores mais profundos e sagrados da nossa civilização.

Precisamos nos manter vigilantes pois, infelizmente, alguns seres humanos foram capazes, são capazes, e ainda hoje ousam cometer todas as formas de violência contra esses valores. Sabemos que, frente à violência, os limites do ser humano são testados: de um lado, o da insanidade, da perversidade e da crueldade; do outro, a solidariedade, o altruísmo, a entrega e a compaixão. Penso que só seremos capazes de rejeitar, combater e aplacar todo tipo de intolerância, se formos sábios o suficiente para semear nos corações e mentes a repulsa ao ódio, à violência e à desumanidade. Reiterar com vigor os valores democráticos, o respeito inarredável à vida, à dignidade, à diversidade e aos direitos humanos.

Minhas amigas e meus amigos,

Com a memória da dor, aprendemos que é necessário lembrar e eternizar os heróicos exemplos de resistência à barbárie. É preciso lembrar e extrair lições dos momentos em que a justiça se impôs à estupidez, pela ação destemida de pessoas de bem, resgatar os ideais dos que resistiram (inaudível) daquele tempo. É preciso recordar. Aqui e em todo o mundo, homens e mulheres têm que estar unidos para impossibilitar a conspiração do esquecimento. É importante fazer a sociedade se lembrar sempre que o esquecimento está cheio de uma memória sufocada.

Hoje é dia de reverenciar todas as pessoas de coragem, que arriscaram suas vidas. E, por estarmos no Itamaraty, homenageio, na figura do embaixador brasileiro na França ocupada, Luís Martins de Sousa Dantas, os diplomatas e servidores de representações brasileiras que ousaram desafiar o III Reich, e salvaram centenas de judeus. Mais do que reverenciar os heróis, é preciso incorporar à nossa atuação cotidiana as lições que eles nos legaram. Só assim será possível impedir que se repitam os horrores da 2ª Guerra Mundial.

Com felicidade, podemos registrar que o Brasil é, hoje, uma das poucas democracias do mundo em que não há prescrição e nem fiança para crimes de racismo. Essa conceituação revela o objetivo do Estado, em respeito aos valores do povo brasileiro, de não aceitar e, ao mesmo tempo, combater qualquer espécie de discriminação.

O meu governo se empenha em fazer avançar a garantia dos direitos humanos. Para isso, tem se comprometido com ações práticas, no plano interno e no externo. Aproveitando que em 2008 o mundo comemora os 60 anos da Declaração Universal dos Direitos Humanos, o Brasil levou às Nações Unidas a proposta, aprovada no final do ano passado, de construir consensos em torno de metas mundiais referentes ao tema dos direitos humanos, repetindo o êxito da iniciativa em torno das Metas do Milênio. Por minha determinação, a Secretaria Especial dos Direitos Humanos, comandada pelo meu companheiro, ministro Paulo Vannuchi, aqui presente, realizará em 2008 um grande mutirão de debates por todo o País, visando atualizar nosso Programa Nacional dos Direitos Humanos. Um dos propósitos do governo no campo dos direitos humanos é, precisamente, atrair para esse grande mutirão nacional a reflexão de toda a sociedade, contando com o envolvimento de três importantes setores da vida brasileira: a universidade, o Poder Judiciário e a mídia. As propostas que serão pactuadas terão, e espero que tenham, grande repercussão e efetividade, contando também, é claro, com as organizações da sociedade civil, entre elas, as da comunidade judaica.

Somos um país de índole pacífica e tolerante, e o caminho na luta contra todas as violências passa por reconhecer o problema e atacá-lo pela raiz. Reconhecer que a educação, com o seu papel emancipatório, pode criar o ambiente ideal para que a paz floresça num longo prazo, mudando a história, avançando na direção de um mundo mais justo, humano e solidário.

Para concluir, quero reafirmar que exemplos como este são profundamente educativos. Eles nos chamam a atenção para os grandes erros do passado, nos apontam alternativas possíveis e nos indicam que um futuro diferente é possível, desde que sejamos capazes de sonhá-lo e construí-lo juntos. Sei que enquanto faço o meu discurso, minhas palavras vão sendo registradas pela imprensa e certamente repercutirão, de alguma forma, na sociedade. Se fosse possível, o presidente da República bateria na porta de cada lar brasileiro, de cada escola, para fazer um apelo: que todos sejamos tolerantes, que deixemos a violência de lado. É possível construir um país mais pacífico, com cada um contribuindo com pequenos gestos no dia-a-dia e acreditando na utopia da paz.

Muito obrigado.