08/12/2008 - 15:47h Inspirados en la fuente

La más influyente. El efecto de Fuente, de 1917, llega hasta el diseño actual: Brook (izq.) y Chambers (der.) privilegian el concepto sobre la forma Foto: Fernanda Corbani
Dos creativos británicos, el director de la revista Wallpaper y el número uno del estudio de diseño Spin, coincidieron en Buenos Aires para la apertura de la nueva Proa, en La Boca, y dialogaron con adnCULTURA acerca del efecto Duchamp
Por Alicia de Arteaga
Para LA NACION
El sol pega fuerte sobre el puente Nicolás Avellaneda y descubre sus entrañas de mecano gigante que inspiró el alfabeto de Proa creado por Tony Brook, director creativo de Spin, el mejor estudio de diseño del mundo, según los catadores más refinados. Brook, un muchachón grandote nacido en Halifax, está sentado a la mesa con otro Tony, de apellido Chambers, nacido en Liverpool, menudo y sonriente como el protagonista de The Full Monty , cuyo último logro es haber tomado las riendas de Wallpaper , la biblia del diseño contemporáneo.
Urge decir que Wallpaper nació en 1996 de la mano de Tyler Brûlé, que ha ganado todos los premios, que agotó su edición aniversario y esgrime la categoría propia de las grandes publicaciones: ser un “coleccionable”. Los dos Tony trabajan en el mismo campo. Ambos se nutren del universo duchampiano al privilegiar el concepto sobre la forma; la idea activa una operación mental que produce nuevos contenidos y asociaciones. Nadie explicó mejor los alcances del desplante duchampiano que significó Fuente , en 1917, que Waldemar Januszczak, crítico del Sunday Times . En 2004, un panel de quinientos notables del arte mundial dictaminó que el mingitorio resignificado era la obra más influyente del arte contemporáneo. Sin él, no existirían ni la Tate Modern ni Charles Saatchi, Damien Hirst, el polémico Turner Prize, la estanterías escandinavas, los lofts. Incluso, dice Waldemar, “no existiría Ikea”, el megamercado del hogar inventado por un sueco en el garaje de su casa.
El cambio de actitud, que implica quitar en lugar de añadir, está presente en el inconfudible diseño de Wallpaper . Su estilo modernista escandinavo la convirtió en espejo de su tiempo, hasta el punto que la gente dice de algo “es muy Wallpaper “. También el efecto Duchamp incide sobre la creación de imágenes visuales para instituciones, especialidad de la agencia de Tony Brook. Por ejemplo, antes de definir el alfabeto de Proa, por encargo de Adriana Rosenberg, Brook estudió La Boca, analizó en detalle más de mil fotos hasta hacer propia la historia del barrio y la carga cultural de sus habitantes descendidos de los barcos.
La relación de Proa con el puente Avellaneda, inmortalizado por Esteban Pastorino en una imagen memorable, guió el diseño tipográfico: “Una letra reconocible, de aplicación flexible y por momentos loca”, en la definición del director de Spin. Su letra preferida es la B, con una panza asimétrica. En cambio, Tony Chambers prefiere la S, por la forma perfecta como se cierra sobre sí misma en una secuencia sin fracturas. La conversación avanza por el carril lógico: las revistas, los diarios, el rediseño genial de The Guardian , el cambio de hábitos de lectura y el futuro del papel en la era de Internet.
Para estar a tono con los temas del mundo del diseño, estamos sentados en las sillas Silver, con los brazos cruzados sobre la mesa Quadrato, todas creadas por el italiano Vico Magistretti, autor de muebles de alta gama. El ámbito es el bello espacio que en su proyecto el arquitecto milanés Beppe Caruso destinó al restaurante: un prisma vidriado que se prolonga en un deck-mirador con vista al Riachuelo y al puente que fue altri tempi transbordador, inaugurado en 1914 y uno de los pocos que quedan en el mundo.
Brook y Chambers coinciden en su obsesión por el buen diseño. Integraron la nutrida troupe de personalidades que se dieron cita en Buenos Aires para la apertura de Proa, junto con el curador del Moderna Museet de Estocolmo -que acompañó el traslado de El gran vidrio desde Suecia-, el director de la influyente revista de arquitectura Domus , y Gloria Moura, la crítica y curadora española que montó una recordada muestra de Duchamp en Barcelona. Los ecos de esta visita explican por qué Proa ya está en el mapa global de las instituciones del arte como un atractivo más de Buenos Aires.
Tony Chambers termina su ristretto servido por los exitosos Petersen y resume su imagen de la ciudad: “Hay muchas ciudades en una y me encanta la gente”. El director de Wallpaper y su colega de la agencia Spin forman parte de la generación de profesionales británicos globalizados avant la lettre . “Londres no es una ciudad, es el mundo”, define Brook. Árabes, chinos, indios, irlandeses, escoceses, polacos, latinos, ingleses y rusos conviven para crear el sustento de una cultura macerada por muchas etnias, olores y sabores. Nadie pone el grito en el cielo porque Harrods, la ultratradicional tienda de Knightbridge, fuera comprada por Al-Fayed, padre de Dodi, la última pareja de Diana de Gales. Ni porque el club de fútbol Chelsea sea propiedad del ruso Abramovich. La diversidad es una forma de libertad.
Desde 2007, Chambers, que fue diseñador de GQ y de la Sunday Times Magazine , es el editor en jefe de Wallpaper . Este cambio de posición explica una tendencia en alza, según la cual “el diseño es el mensaje”, parafraseando a McLuhan. “Para una revista eminentemente visual, resulta casi natural el paso de la dirección de arte a la edición. En la actualidad hay un deslizamiento de las categorías tradicionales y de la brecha entre creación de contenidos e imagen visual. Somos un equipo. Hay 50 personas obsesionadas por hacer las cosas muy bien. Eso es todo.”
Un éxito de Chambers fue colocar en el mercado las guías Phaidon. Tamaño bolsillo, se permiten el gesto duchampiano de vender la ciudad sin mostrarla en la tapa. Sólo color y tipografía. Los textos son cortos; pura información, la que el lector subraya cuando lee una guía tradicional. La fórmula es manejar datos de primera mano: “Mandamos un reportero para que descubra el alma de una ciudad, aunque necesite meses de estadía”. Ocurrió con la guía de Buenos Aires, que además de hoteles y comidas recomienda Proa como “el” lugar para no perderse.