10/06/2009 - 18:27h Sociedades raras


Sociedades raritas
Es cierto, como estipuló Carlos Marx, que los impulsos y conflictos económicos son aquellos que hacen girar las ruedas de la historia. Pero tampoco la plata es todo. Los que así lo creen, intuyó Voltaire, “suelen estar sujetos a hacer cualquier cosa por dinero”. Las razones del corazón -y las de otros órganos, un poco más a mano- hacen también lo suyo. Hasta historia.
Que lo diga si no Silvio Berlusconi -por no hablar del postrer juego sexual del actor David Carradine-, cuya última broma la estrenó el lunes, durante una recepción oficial, acercándose a algunos de los invitados y preguntándoles: “¿Eres menor? Si es así, podemos hablar”. Lo que se toma con tan buen humor el primer ministro italiano es una acusación gravísima por parte de su mujer, quien tramita el divorcio sosteniendo que “Il Cavaliere” se dedica a las muy chicas, especialmente a una que acaba de cumplir 18 años.
La prueba del escándalo ha sido la publicación de fotos tomadas en su villa de Cerdeña, donde el poderoso caballero solía hacer fiestas en las que numerosas lolitas ejercían el top less.
Increíblemente, estas inclinaciones hormonales -por así llamarlas- no hacen mella en la popularidad del gobernante que, furioso, niega todo y le echa la culpa a ¡un complot de izquierda! Lo cual habla quizá más del estado de la sociedad italiana que de Berlusconi mismo.
El que ya no quiere ni oir del tema es Bill Clinton, que anduvo por estos barrios la última semana. Al ex jefe del imperio americano una relación con una jovencita que de pura sólo tuvo el célebre episodio del puro en el Salón Oval, le hizo una espantosa mella en su popularidad y casi le cuesta la presidencia.
Pero la que sabe de amores bien asimétricos es Moria Casán, quien le explicó a una revista: “¿Cómo no voy a tener un novio de 25 años si me siento de 22?”. Abuela y todo, quiso razonar: “Para ellos represento una clase de historia. Me cuentan de pibes que se mueren por mí y yo no lo puedo creer. (…) Algunas que generaron deseo, se les termina la juventud y se vuelven patéticas y decadentes. La gente las ve y reflexiona: ‘Pensar que ésta era una bomba’. A mí no me ocurrió. Estoy en otra dimensión.” Quizá efectivamente no le haya pasado; lo que está fuera de duda es lo de la otra dimensión.
Y allende la Cordillera, Cecilia Bolocco -que no pudo ser primera dama argentina a pesar de haberse casado con alguien que casi podría haber sido su abuelo- se toma venganza de las inclemencias del calendario, noviando a los 44 años, con un joven de 28.
De la asimetría al delito hay bastante más que un paso. Y aunque en muchos distritos de la Argentina esté prohibido fumar en bares, manejar con dos copas de más o cultivar plantas de marihuana, está permitido, en cambio, cometer relaciones sexuales con los hijos, siempre y cuando sean consentidas y los perjudicados hayan cumplido la mayoría de edad.
El incesto no es delito en la Argentina y quizá eso pese en lo ocurrido con el llamado Chacal de Mendoza. Que semejantes monstruosidades no causen una conmoción similar a la que desató en el mundo el monstruo de Amstetten, resulta extraño. Y más raro, porque este caso pinta peor.
Ya han salido hijas de matrimonios anteriores de Lucero confesando que también abusó de ellas. Y su víctima principal -con quien tuvo siete hijos nietos- parece aún bajo el poder psicológico del victimario: sostiene que ya lo perdonó y no se presentará como querellante en su contra.
Todo lo cual habla más de la sociedad que del espanto mismo de los hechos. Sobre todo por estos días de frío medular y luz tímida en que nuestra linda Argentina sólo parece enfrascada en dilucidar si castigará o premiará en las urnas a un matrimonio nada asimétrico pero por demás singular.
(Marcelo A. Moreno, publicado en la columna Disparador de Clarín el domingo 7 de junio del 2009)










