09/03/2009 - 10:29h Obama quiere el petróleo de Lula

Washington pretende poner fin a su dependencia energética de Venezuela

Lula, con las manos manchadas de crudo

FRANCHO BARÓN – Río de Janeiro – El País

Brasil y EE UU mantienen contactos informales con el objetivo de cerrar un futuro acuerdo comercial que aumente el flujo de petróleo y derivados desde el gigante suramericano hacia su vecino del norte. La recién estrenada Administración de Barack Obama ya ha dejado clara su voluntad de incrementar considerablemente las importaciones de crudo brasileño. De concretarse el pacto comercial, algo que hoy por hoy parece muy probable y que depende únicamente de Brasil, la consecuencia más directa sería el desplazamiento de Venezuela del mercado energético estadounidense, donde actualmente consigue colocar entre el 40% y el 70% de su producción petrolífera.

Varias fuentes diplomáticas y gubernamentales de Brasilia han confirmado a EL PAÍS el interés del Gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva en aumentar la presencia brasileña en el mercado norteamericano de hidrocarburos, aunque ello implique una colisión frontal con los intereses venezolanos. Todo ello dependerá de la cantidad de crudo que la compañía estatal brasileña Petrobras consiga bombear en los próximos años de los pozos perforados frente a los litorales de los Estados de Río de Janeiro y São Paulo, así como del marco jurídico que Washington y Brasilia suscriban.

Desde Brasilia se insiste en que el primer objetivo del Gobierno es abastecer totalmente su mercado interno y dejar de depender de las importaciones de crudo. Una vez que alcance esta meta, Petrobras entrará en la pelea a cara de perro por los mercados mundiales de hidrocarburos y sus derivados. Por su cercanía geográfica y la fluidez del diálogo político que ya se ha establecido con su nuevo presidente, EE UU se convierte en el gran comprador natural del oro negro brasileño.

Del total de las importaciones norteamericanas de hidrocarburos, el 11% proviene de Venezuela. La empresa estatal venezolana PDVSA no sólo vende a EE UU petróleo pesado y extra pesado, sino que también mantiene sus propias refinerías en suelo estadounidense y una amplia red de estaciones de servicio que distribuye sus derivados. Para Washington, una relación comercial estable con Venezuela en el terreno energético es importante. Sin embargo, y pese a sus frecuentes amenazas de cerrar el grifo del crudo, para el régimen de Chávez la venta de petróleo a su enemigo número uno se ha convertido en una cuestión de vida o muerte ya que le supone una caja diaria de unos 80 millones de dólares (64 millones de euros).

Es este contexto el Gobierno de Washington tiene el ojo puesto desde hace meses en las recién descubiertas megabolsas brasileñas de crudo. Según los estudios preliminares realizados por Petrobras, se encuentran frente a las costas de Brasil, en la capa denominada presal, es decir, bajo una gruesa capa de sal que puede alcanzar los dos kilómetros de espesor. Es de una calidad excelente. Se trata de petróleo ligero, que en comparación con el pesado y el extrapesado (los extraídos en Venezuela), requiere menos trabajo e inversión para ser refinado y transformado en derivados.

Fuentes diplomáticas brasileñas recuerdan que el Departamento de Defensa norteamericano decidió reactivar el pasado julio su Cuarta Flota para el Caribe y América del Sur, compuesta inicialmente por 11 buques, entre ellos un portaviones y un submarino nuclear. “Esta decisión no es casual. Ahora más que nunca estamos en el radar de los estadounidenses, ya que existe una cierta preocupación en algunos sectores de ese Gobierno por lo que suceda en esta zona de producción petrolífera”, apunta una fuente cercana al presidente brasileño.

Las mismas fuentes señalan que, para EE UU, Venezuela es un motivo de preocupación más que de sosiego o estabilidad regional. Obama mira al Gobierno de Brasilia como su aliado natural en Suramérica. Brasil es un país políticamente estable, de gran potencial económico, con una inmensa riqueza natural y humana. “Si Brasil continúa en su línea de fortalecimiento institucional, respeto a los principios de la democracia y al medio ambiente, seguridad jurídica y disminución de la desigualdad social, seremos un país productor de petróleo único en el mundo. Y esto es muy atractivo para EE UU”, asegura una fuente gubernamental brasileña experta en política energética.

Aunque aún se desconocen las reservas exactas, sí se sabe que el petróleo hallado en el litoral brasileño es abundante: si se cumplen las previsiones, Brasil pasará a ser el octavo o noveno productor del planeta. Además, su transporte hasta EE UU es casi tan sencillo como desde las costas venezolanas. “Washington entiende que las reservas del presal son la salvación de su dependencia de Venezuela”, se insiste en Brasilia.

Para Petrobras, la viabilidad del pacto comercial dependerá de las cantidades de crudo que se logren extraer. La previsión es que haya petróleo para exportar no sólo a EE UU, sino a otros países del mundo que ya han mostrado interés, como China y Japón.

Brasil insiste en que está más interesado en la venta de derivados, como gasolina, ya que le resultará mucho más rentable que la venta de barriles de crudo. Esto explica que Lula haya decidido apostar por una gran inyección de capital en Petrobras para la construcción de cuatro nuevas refinerías y la ampliación de otras tantas que ya existen. Brasil aumentó sus exportaciones de petróleo y derivados en casi un 10% en 2008, y el 40% de esas ventas fueron a parar a EE UU. El negocio está en marcha.

02/12/2008 - 09:18h Obama anuncia nova política externa

Ao confirmar Hillary e Gates em sua equipe de governo, presidente eleito promete volta ao multilateralismo

Patrícia Campos Mello – O Estado SP

Prometendo “uma nova aurora para a liderança americana”, o presidente eleito Barack Obama anunciou ontem a indicação de Hillary Clinton, sua maior rival nas primárias democratas, como a secretária de Estado e a manutenção de Robert Gates como secretário de Defesa.

link Confira o time de Barack Obama

“Vamos renovar velhas alianças e construir novas e duradouras parcerias”, disse Obama em entrevista coletiva para apresentar sua equipe de política externa.

O anúncio reforça o objetivo de Obama de traçar uma volta ao multilateralismo e se engajar em diplomacia enérgica para recuperar a imagem dos EUA no mundo. “Precisamos fazer uma diplomacia vigorosa para construir um futuro com mais parceiros e menos adversários,” disse Hillary.

Obama declarou ter “confiança total” em sua “querida amiga”. Os dois deixaram a entrevista de braços dados. Essa imagem era inimaginável apenas alguns meses atrás. Durante a campanha, Obama disse que a experiência de Hillary em política externa se limitava a “tomar chá com embaixadores”. Hillary acusou Obama de ser “ingênuo”.

Questionado se sua estratégia de reunir um time de rivais não poderia se transformar em um choque de rivais, Obama disse que acredita em personalidades fortes e opiniões firmes e alfinetou o governo George W. Bush. “Um dos perigos na Casa Branca é você ser dominado por um pensamento único, com o qual todos concordam, e não há visões divergentes”, disse.

“Vou receber bem o debate vigoroso dentro da Casa Branca, mas estarei determinando as políticas. Serei responsável pela visão desse time e espero que eles implementem essa visão. Em ultima instância, a responsabilidade é minha, como dizia Harry Truman.”

Obama disse ainda que a indicação de Hillary era uma prova de “seriedade em renovar a diplomacia americana e restabelecer as alianças dos EUA”. Além da senadora e de Gates, ele anunciou a governadora do Arizona, Janet Napolitano, como secretária de Segurança Interna; Eric Holder, como secretário de Justiça; o general reformado Jim Jones, como conselheiro de segurança nacional; e Susan Rice, como embaixadora dos EUA na ONU. Para reforçar seu compromisso com o multilateralismo, Obama vai elevar o cargo de Susan para uma posição dentro do gabinete, como era no governo de Bill Clinton.

Joe Biden, cuja pouca visibilidade vinha demonstrando sua falta de poder, finalmente teve sua oportunidade de falar. Ao referir-se aos novos desafios em política externa, mencionou a emergência de China, Índia, Rússia e Brasil.

Obama também se referiu à situação no Afeganistão e na Índia, onde os EUA estão em uma situação delicada. A Casa Branca tem ótimas relações com a Índia e sempre confiou no apoio do Paquistão na luta contra o terrorismo. Agora, Washington terá de resolver a crise entre os dois países, agravada pelos atentados que deixaram cerca de 200 mortos em Mumbai.

“Eu acho que nações soberanas têm o direito de se proteger”, disse Obama quando questionado se a Índia teria o mesmo direito que os EUA têm de atacar suspeitos de terrorismo dentro do Paquistão. “A maior ameaça para o povo americano hoje são os santuários terroristas no Afeganistão e em algumas partes do Paquistão”, afirmou.

22/11/2008 - 14:02h Obama Tilts to Center, Inviting a Clash of Ideas

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By DAVID E. SANGER – The New York Times

WASHINGTON — President-elect Barack Obama won the Democratic nomination with the enthusiastic support of the left wing of his party, fueled by his vehement opposition to the decision to invade Iraq and by one of the most liberal voting records in the Senate.

Now, his reported selections for two of the major positions in his cabinet — Senator Hillary Rodham Clinton as secretary of state and Timothy F. Geithner as secretary of the Treasury — suggest that Mr. Obama is planning to govern from the center-right of his party, surrounding himself with pragmatists rather than ideologues.

The choices are as revealing of the new president as they are of his appointees — and suggest that, from its first days, an Obama White House will brim with big personalities and far more spirited debate than occurred among the largely like-minded advisers who populated President Bush’s first term.

But the names racing through the ether in Washington about the choices to follow also suggest that Mr. Obama continues to place a premium on deep experience. He is widely reported to be considering asking Mr. Bush’s defense secretary, Robert M. Gates, to stay on for a year; and he is thinking about Gen. James L. Jones, the former NATO commander and Marine Corps commandant, for national security adviser, and placing Lawrence H. Summers, the former Treasury secretary whom Mr. Obama considered putting back in his old post, inside the White House as a senior economic adviser.

“This is the violin model: Hold power with the left hand, and play the music with your right,” David J. Rothkopf, a former Clinton official who wrote a history of the National Security Council, said on Friday, as news of Mrs. Clinton’s and Mr. Geithner’s appointments leaked. “It’s teaching us something about Obama: while he wants to bring new ideas to the game, he is working from the center space of American foreign policy.”

The reason, several of Mr. Obama’s transition team members say, is that they believe that the new administration will have no time for a learning curve. With the country facing a deep recession or worse, global market turmoil, chaos in Pakistan and a worsening war in Afghanistan, “there’s going to be no time for experimentation,” a member of the Obama foreign policy team said.

That explains Mr. Obama’s first selection: Rahm Emanuel, another centrist Democrat and former member of the Clinton White House, as his chief of staff.

In some ways, the choices made so far are reminiscent of the way the last senator to be elected president, John F. Kennedy, chose a cabinet. As president-elect, Kennedy soon picked three top officials significantly more conservative than he was: Dean Rusk as secretary of state, Robert S. McNamara as secretary of defense and C. Douglas Dillon, a Republican, as secretary of the Treasury. They helped him navigate the Cuban missile crisis, but also got him bogged down in Vietnam.

Of all the choices Mr. Obama has made so far, it is the selection of Mrs. Clinton that appears the biggest gamble, in part because she has never had to engage in the give-and-take of high-stakes diplomacy, and in part because no one really knows how she will mesh with the Obama White House.

In her discussion with the president-elect, several members of his transition team said, Mrs. Clinton expressed no doubt that she could be a loyal member of the Obama team — though she was reportedly deeply conflicted about giving up her Senate seat and the independent power base it afforded her.

During the battle for the Democratic presidential nomination, Mr. Obama and Mrs. Clinton went out of their way to point out their foreign policy differences, with Mrs. Clinton portraying herself as a hawkish Democrat and defending her decision to vote in favor of the 2002 resolution that Mr. Bush later considered an authorization to use military force against Saddam Hussein. (Later, she said she fully expected Mr. Bush to use diplomacy first — and was shocked that he did not.)

Now the question is less one of ideological differences than whether a Clinton State Department could become something like Colin L. Powell’s: an alternative, though weak, power center that made little secret of its differences with the White House.

“Anyone who tells you they really know how this is going to work out,” one senior transition official said Thursday, “is telling less than the truth.”

If Mrs. Clinton is taken from the “Team of Rivals” model, Mr. Geithner, president of the Federal Reserve Bank of New York, is from the Team of Neutrals.

“He’s no liberal,” said a former colleague at the Treasury Department, where he managed the American response to the Asian financial crisis in the 1990s.

At the time Mr. Geithner developed a reputation as the ultimate pragmatist, putting together a package of more than $100 billion in aid to halt the financial contagion. That turned out to be a training session for his role, a decade later, in the bailouts of Bear Stearns, A.I.G. and the injection of nearly $350 billion in Congressionally authorized money, whose exact use has become something of a political football.

Mr. Geithner grew up in Asia — in Tokyo, New Delhi and Bangkok — and keeps his ego well in check. He asks a lot of questions, but does not have Mr. Summers’s overwhelming — some say overbearing — personality.

“He clicked with Obama,” one outside adviser said. “If you think about it, their sort of cool, distant styles are alike.”

20/11/2008 - 19:22h Sarkozy plan for another economic conference annoys some diplomats

President Nicolas Sarkozy of France on Wednesday in Paris. (Pool photo by Eric Feferberg)

By Mark Landler – Herald Tribune

Published: November 20, 2008

French officials said the gathering Jan. 8 and 9, for which the former British prime minister, Tony Blair, was to be co-host, would be merely a conference, designed to bring together political leaders and prominent thinkers to discuss issues like globalization and the values of capitalism.

The surfeit of high-level meetings reflects what has become a tense trans-Atlantic contest over the global economy. Much of this is posturing by ambitious leaders, but it also reflects a genuine philosophical debate about how best to fix the fractured global markets.

On one side is Sarkozy, the supercharged French leader, determined to keep the initiative on what many in Europe regard as a long-overdue discussion of the excesses of American-style capitalism.

On the other is Bush, playing out his final weeks in office but unwilling to allow Europeans, especially the French, to dominate the debate on how to overhaul international financial regulations.

Certainly, the two leaders had sharply different interpretations of what happened in Washington. Sarkozy portrayed it as a shift in power, saying, “Europe for the first time expressed its clear determination.” Americans had “never, ever” been willing to negotiate these kinds of regulatory changes, he said.

Bush agreed that the meeting had been productive. But he noted that the leaders had reaffirmed the value of free markets, free trade and the primacy of national regulation – all hallmarks of American capitalism.

The timing of Sarkozy’s January meeting has ruffled feathers, even more than its agenda has, because the Group of 20 industrialized and emerging nations set out a detailed process for tackling regulatory reform. It assigned working groups to develop proposals on 47 issues, to be taken up later by the leaders, possibly in London.

At that meeting, the U.S. president-elect, Barack Obama will have a seat at the table. Obama will not, however, be in office during the Paris meeting, ensuring that the participants discuss the future of capitalism when the world’s leading practitioner of it is still in a transition.

Though the Élysée Palace, Sarkozy’s office, announced the meeting as an international summit meeting, his aides emphasized that it would be an informal gathering not connected to the G-20.

Among those planning to attend are two Nobel Prize-winning economists, Joseph Stiglitz and Amartya Sen. Blair is making contact with world leaders, aides said, adding that it was too soon to say which ones would attend.

“It’s a joint idea of Tony Blair and Nicolas Sarkozy; they have had it on their minds for a while,” said a French official, who, like other officials, spoke on condition of anonymity because he was not authorized to speak publicly.
WASHINGTON: President Nicolas Sarkozy of France left the summit meeting on the financial crisis here last weekend in a triumphal mood, declaring that it had tamed the animal spirits of American capitalism.

Then he went home and announced that he would hold his own summit meeting in a few weeks in Paris – on the same topic.

That has raised hackles in diplomatic circles, not just because the meeting appears to compete with a planned gathering of 20 world leaders next April. Sarkozy’s aggressive statements have put U.S. officials on edge, with some saying that he seems determined to turn the global crisis into a referendum on the ills of untrammeled capitalism.

“Sarkozy claimed he put a bell on the American cat,” said Simon Johnson, a former chief economist of the International Monetary Fund. “He said the U.S. had agreed to a whole range of negotiations on regulations. But he didn’t actually come in and negotiate any of these things.”

Making matters worse, Sarkozy said nothing about his plans to convene a meeting to President George W. Bush or the 18 other leaders while he was in Washington. A senior European diplomat said he found the French proposal “amazing,” while an American official said that would be a charitable description of it.

Sarkozy has had many ideas. He proposed the meeting last weekend, though Bush rejected his idea of holding the talks in New York. American officials said it was Bush’s idea to expand the guest list to 20 countries, rather than the usual gathering of seven or eight.

The common ground between Europe and the United States is greater than these public statements suggest. The United States has shown a willingness to accept regulation of a wide range of institutions and markets, including credit default swaps – a form of bond insurance – and possibly private equity firms and hedge funds, that are not now regulated.

“People may have been surprised by the U.S. willingness to cooperate on issues,” said David McCormick, undersecretary of the Treasury for international affairs.

Although the French favor a strong state role in the economy and are partial to regulatory agencies with cross-border authority, they did not propose such measures at the talks in Washington. That was mainly because Britain and Germany had earlier resisted a supranational regulator.

Katrin Bennhold contributing reporting from Paris.

16/11/2008 - 11:41h Lula: ‘Já sabemos que o G-8 não tem mais razão de ser’

http://oglobo.globo.com/fotos/2008/11/15/15_CHA_LULa_Summit.jpg

Presidente afirma que, depois da crise financeira, países ricos tomaram ‘chá de humildade’

Marilia Martins – O GLOBO

Enviada especial

WASHINGTON. O presidente Luiz Inácio Lula da Silva considera que o fortalecimento do G-20 como fórum internacional privilegiado, ocupando o lugar do G-8, já é um primeiro resultado da reunião de cúpula. Lula sentouse ao lado do presidente George Bush, elogiou a iniciativa do anfitrião em convocar o encontro, mas foi o primeiro a criticá-lo, acusando-o de vacilar na tomada de medidas ousadas.

Lula participou da cúpula acompanhado do ministro da Fazenda, Guido Mantega, enquanto o chanceler Celso Amorim mantinha encontro reservado com a representante de Comércio dos EUA, Susan Schwab, para tentar avançar nas negociações da Rodada de Doha. Amorim reuniuse ainda com Madeleine Allbright, exministra do Exterior do governo Bill Clinton, designada por Barack Obama como observadora no encontro.

— Já sabemos que o G-8 não tem mais razão de ser. Ninguém pode ignorar economias emergentes no mundo globalizado de hoje — afirmou Lula, declarando-se contente com a confirmação do G-20 como um fórum global. — Agora eu vejo que depois dessa crise todo mundo tomou um chá de humildade.

O presidente brasileiro disse que o G-8 vai continuar apenas “como um clube de amigos” e que o mundo assistiu a um momento histórico “porque há seis meses ninguém poderia imaginar que chegaríamos a um consenso para cuidar coletivamente da economia mundial”.

Ele também criticou os elevados ganhos dos executivos de fundos de investimento com a especulação: — Eu disse ao Bush que, quando eu era metalúrgico, tinha de trabalhar 40 ou 60 horas extras por mês para comprar uma TV. Eu tinha de me matar de trabalhar e não é justo que alguém fique bilionário sem produzir um único papel, um único emprego, um só salário.

Lula reafirmou que serão tomadas todas as medidas para garantir a expansão da economia brasileira em 2009, ressaltando que o governo vai “criar as condições para irrigar o nosso sistema financeiro”, e prometeu manter todos os investimentos do Programa de Aceleração do Crescimento (PAC). Mas admitiu estar preocupado com um possível aprofundamento da crise e alertou que a desaceleração econômica estava transformando-se perigosamente em recessão.

Mantega saiu do encontro otimista: — Conseguimos estabelecer o G-20 como fórum privilegiado da crise. Vamos retomar a Rodada de Doha e chegar a um acordo comercial até o fim do ano. Esta é uma oportunidade histórica que permite uma resposta diferente da dos anos 30, e todos concordaram que é a única forma de impedir o alastramento da crise — disse o ministro.

15/11/2008 - 18:00h Da secessão… à consagração

Abraham Obama, painel do artista Ron English, em Boston, sobrepõe as imagens de Abraham Lincoln e Barack Obama

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Eleições de Lincoln, em 1860, e de Obama, em 2008, mostram um Sul dos EUA ainda avesso à mudança

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Flávio Henrique Lino – O Globo

Ambos têm nomes bíblicos e vieram de famílias de classe média.

Ambos foram os primeiros a chegar à Casa Branca nascidos em estados fora do corpo histórico principal do país e fizeram carreira política no Illinois. Ambos pegaram uma nação em crise profunda e marcaram época com sua eleição. Ambos libertaram os negros americanos — um de grilhões reais; o outro, de grilhões mentais. Numa dessas curiosas ironias da História, são muitas as semelhanças que traçam uma linha do tempo direta entre Abraham Lincoln e Barack Obama. Uma delas, no entanto, chama a atenção por transcender a mera coincidência. Quase um século e meio decorridos desde que Lincoln tornou-se o primeiro republicano eleito presidente, em 1860, e Obama, o primeiro negro, em 2008, tanto um quanto o outro foram rejeitados pelo Sul dos Estados Unidos, num recorte regional de votos que delimita não somente diferenças geográficas, mas, sobretudo, de mentalidades.

Nos 11 estados que declararam a secessão após a eleição de Lincoln e formaram os Estados Confederados da América, baluarte da escravidão nos EUA, Obama ganhou somente em três: Virgínia, Carolina do Norte e Flórida. Um desempenho certamente melhor que o de Lincoln, cujo nome sequer apareceu nas cédulas de nove dos dez estados sulistas que decidiam por voto direto seus delegados ao Colégio Eleitoral, tamanha a rejeição local às suas propostas em favor da limitação da servidão dos negros. No único em que concorreu — Virgínia, onde teve 1,1% dos votos — a derrota avassaladora sinalizou o caminho para o confronto inevitável entre duas visões de mundo diametralmente opostas, levando Norte e Sul dos Estados Unidos ao mais sangrento conflito já travado no continente. A Guerra Civil Americana cavou, no rastro de 600 mil mortes, um fosso ainda hoje intransponível entre as duas regiões, muito depois de os canhões silenciarem em 1865.

— Nosso país foi invadido e derrotado. Há 143 anos estamos sob ocupação — enfatizou ao GLOBO, da Carolina do Norte, o presidente da Sociedade Confederada da América, Craig Maus, tratando o Sul como nação e usando um tom amargurado como se a guerra tivesse terminado dias atrás. — Só queremos ser deixados em paz pelo governo federal.

Obama só venceu em 228 de 1.104 condados do Sul

Contado em votos, o desempenho do “abençoado” Barack, cujo nome é a versão africana do hebraico Baruch, foi infinitamente melhor que a de seu antecessor longínquo, também batizado numa referência bíblica, ao patriarca do povo judeu. O negro Obama foi escolhido por 18 milhões de eleitores dentro dos limites da antiga Confederação, contra os 20 milhões que votaram em seu adversário, o branco John McCain. Já Lincoln teve ínfimos 18.915 votos, de um total de 856.461.

Mas, se por um lado foi surpreendente a expressiva votação do senador que se tornou o primeiro presidente não nascido nos EUA continentais (Obama é havaiano), em pelo menos um aspecto sua performance pouco difere da do exdeputado nascido no Kentucky, o primeiro não originário da matriz das 13 colônias a chegar ao poder supremo no país: em número de condados.

Lincoln levou apenas 2 dos 996 que formavam o Sul em sua época, enquanto Obama coloriu de azul somente 228 dos 1.104 em que a antiga Confederação está hoje dividida. Mesmo nos três estados sulistas que viraram as costas à História e deram a vitória ao filho da África no voto popular, ele passou longe de aproximar-se do número de condados que apoiaram o rival filho do patriciado branco. Ou seja, a reviravolta histórica foi garantida nas grandes cidades, mais populosas e arejadas culturalmente e mais antenadas com o espírito do século XXI; porém, nos rincões do Sul profundo, onde a vida cotidiana ainda deita raízes no passado, predominam atitudes e valores que remontam ao século XIX.

— Esta eleição foi igual a qualquer outra, e não vejo significado histórico nela. A cor e a origem do candidato não afetam nossas decisões.

Aliás, a guerra civil não foi por causa da escravidão, mas sim por causa dos impostos — garantiu Maus, que não quis revelar em quem votou. — Prefiro não falar nisso. Não faz qualquer diferença.

Seus vizinhos na pequena Mooresville, no entanto, claramente optaram por John McCain, cuja campanha se baseou fortemente na acusação de que Obama ia aumentar os impostos. No condado de Iredell, onde fica a cidadezinha de 19 mil habitantes na Carolina do Norte, o republicano bateu o democrata — embora Obama tenha vencido no estado — por 61,9% dos votos a 37,5%.

Uma tendência que o colunista Harold Meyerson, do “Washington Post”, apontou como o caminho do partido de George W. Bush neste início de século XXI: “Nas duas últimas eleições, os republicanos se enfraqueceram em todos os lugares, exceto no Sul branco rural — a região que permanece a menos educada e a menos diversificada”.

Em Mooresville, cujo prefeito — reeleito em 2007 — é republicano, 81% dos habitantes são brancos, e o resto se divide entre negros (14%) e outras etnias, segundo o Censo de 2000.

Vitória de um negro seria sinal de novos ventos

Apesar de tudo, a eleição de Obama pode já ser o sinal de que algo está mudando, mesmo no recalcitrante Sul. Os próximos quatro anos vão mostrar se os EUA realmente ingressaram na era pós-racial, como o agora presidente eleito pregou incessantemente durante a campanha.

— Pode haver algum desconforto de alguns, e bastante desconforto de outros com a vitória de Obama, mas acho que estamos prontos aqui no Sul para esperar e ver — acredita a professora Andrea Simpson, do Departamento de Ciência Política da Universidade de Richmond, na Virgínia, ela própria negra e eleitora democrata. — Ele já mostrou que tudo é possível e que as atitudes raciais estão mudando. Se fizer bem seu trabalho, mais pessoas vão começar a se modificar.

15/11/2008 - 10:28h A França e a reunião do G-20

http://www.m6info.fr/cms/upload/docs/image/jpeg/081107_sarkozy_bush_mount_vernon48.jpg

Gilles Lapouge* – O Estado SP

Sarkozy seguiu para Washington. A tarefa que tem pela frente é árdua: tirar o mundo da crise. De passagem, aproveitará a ocasião para “reformular o capitalismo”.

Os membros do G-20 que participarão dessa reunião, imposta por Sarkozy a Bush em 18 de outubro, têm interesse em iniciar logo o trabalho. Em julho de 1944, em Bretton Woods, os vencedores da guerra tiveram 15 dias para reformar o sistema monetário. Este ano, Sarkozy terá apenas algumas horas para reorganizar o planeta.

Talvez por isso o presidente Lula “não espere muita coisa desse G-20″, mesmo que seja “algo promissor”. O ministro francês das Relações Exteriores, Bernard Kouchner, já mostrou seu desânimo: “Essa reunião não vai levar a nada”.

A falta de tempo para realizar essa façanha não é a única desvantagem do G-20. Há outra. Que idéia conceber tal projeto quando o novo presidente Obama ainda não assumiu! Será com um Bush decadente que Sarkozy pretende construir sua catedral. Além do que, é o cúmulo tentar refazer o capitalismo com um presidente Bush que não conhece nada de mais belo do que o capitalismo.

Obama não seria mais cooperativo? Nada permite pensar que o presidente eleito se converteu à moda “anticapitalista” que a crise fez irromper na Europa e Sarkozy, o bardo do liberalismo desenfreado de um ano atrás, agora pretende regulamentar e cortar as asas.

A equipe que chegará ao poder com Obama não é considerada “intervencionista” nem “estatista”: os principais conselheiros (Summers e Volcker), ex-assessores de Clinton, são “velhas raposas de Wall Street”. Jamais sonharam com um “capitalismo ao molho europeu”.

É por isso que Sarkozy não hesitou em deixar Paris para explicar ao seu amigo Bush que, em 1944, só podia existir uma única moeda de reserva, o dólar, o que hoje não é mais o caso.

Sarkozy tem razão: o reinado absoluto do dólar acabou. É preciso planejar uma nova paisagem. Além disso, o tempo em que o Estado era considerado uma calamidade na economia chegou ao fim com o incêndio dos bancos. O novo papel do Estado, seus deveres e poderes, devem ser examinados.

Outro ponto de interesse desse encontro: só o fato de reunir esse grupo já é prova de que todos reconhecem que a solução só pode ser global. Podemos até supor que a reunião terá como resultado a preparação do fim do G-8, símbolo de um mundo esclerosado e injusto. Ninguém vai chorar a morte do G-8.

Podemos esperar algo melhor? Claro que seria loucura imaginar que, em algumas horas, os 20 conseguirão redigir uma nova estrutura financeira planetária. Ficaremos felizes se eles conseguirem adotar algumas medidas de urgência.

*Gilles Lapouge é jornalista

14/11/2008 - 10:42h Seqüência do Bretton Woods fracassará

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Gideon Rachman – Financial Times – VALOR

Atribuo toda a culpa a Dean Acheson. O estadista americano, há muito falecido, foi uma grande figura na conferência original de Bretton Woods, em 1944, e posteriormente ajudou a inventar a Organização do Tratado do Atlântico Norte (Otan).

Acheson deu a suas memórias o modesto título de “Present at the Creation” (presente à criação, em inglês) e, ao fazê-lo, inadvertidamente alimentou as fantasias de grandiosidade dos líderes do grupo dos 20 (G-20) países com maior economia, que se reúnem em Washington no fim de semana. Por que eles não poderiam também chegar ao status de quase deuses, reordenando as instituições do mundo?

Alguns dos líderes que se dirigem a Washington são surpreendentemente francos sobre o prazer que estão tendo. Nicolas Sarkozy, o dinâmico presidente da França, congratulou-se por sua “sorte” em ter a chance de refazer o sistema financeiro mundial. Gordon Brown, primeiro-ministro britânico, visivelmente deleita-se com a idéia de ser um líder intelectual mundial.

Como a maioria das seqüências, no entanto, o Bretton Woods II não chegará nem perto do original. A primeira conferência criou o Banco Mundial e o Fundo Monetário Internacional (FMI). Seu substituto será mais maçante e gerará menos conseqüências significativas.

O primeiro motivo é que a crise financeira mundial – mesmo tão grave como é – está longe de ser a Segunda Guerra Mundial. A guerra destruiu a ordem estabelecida e, portanto, os estadistas que desenharam as instituições do pós-guerra tinham um papel em branco para rabiscar.

O segundo é que não há tempo suficiente. A conferência original de Bretton Woods teve os benefícios de dois anos de preparação, não duas semanas.

O terceiro – especialmente importante – é que os países que se reunirão em Washington neste fim de semana divergem. Os europeus, que adoram todas as formas de governança internacional, pressionam por novos reguladores mundiais para o sistema de finanças internacionais. Os americanos e chineses – mais zelosos de sua soberania nacional – estão mais cautelosos.

Por fim, ao contrário do ocorrido no Bretton Woods original, os Estados Unidos não têm o poder nem a inclinação para impor um novo conjunto de planos para o resto do mundo.

Este último ponto é algo que os europeus, em particular, mostram dificuldade em compreender. Sua visão geral é a de que há duas formas opostas de arrumar o mundo. A primeira – associada com o temido presidente George W. Bush – era baseada no poder e “unilateralismo”. A segunda – que esperam ser adotada pelo santificado Barack Obama – é baseada em um EUA repreendido, que trabalha com os outros para construir uma nova ordem multilateral. Parte da excitação européia em relação ao Bretton Woods II é baseada na idéia de que a era da primazia dos EUA acabou – e que amanhece uma nova era multilateral.

Em 1944-45, entretanto, instituições multilaterais como o FMI, Banco Mundial e Organização das Nações Unidas (ONU) nasceram da força dos EUA e não de sua fraqueza. Um dos motivos para o Bretton Woods ter funcionado é que os EUA eram claramente o país mais poderoso na mesa de negociação e, portanto, no fim das contas tinha capacidade para impor sua vontade aos outros, incluindo uma Grã-Bretanha freqüentemente consternada. Na ocasião, uma alta autoridade do Banco da Inglaterra descreveu o acordo alcançado como “o maior golpe desferido contra a Grã-Bretanha depois da guerra”, em grande parte porque ressaltava a forma como o poder financeiro havia passado do Reino Unido para os EUA.

O encontro do próximo fim de semana também reconhece mudanças no poder global. Os entusiastas do G-20 gostam que o grupo não seja o cansado e velho G-8, que vêem como sendo composto principalmente de países europeus exauridos destinados a entrar no matadouro da história. O G-20 inclui novas potências emergentes, como China, Índia, Brasil e África do Sul.

Isso é importante. Um sistema internacional que não acomode a China, Índia e outros novos emergentes claramente não pode funcionar no longo prazo. Contudo, trazê-los ao sistema não é garantia de sucesso. Quanto mais vozes ao redor da mesa do Bretton Woods II – e mais igualdade houver entre eles -, mais difícil será chegar a um acordo.

De fato, o mundo emergente multilateral e multipolar – há muito defendido por aqueles desconfortáveis com o poder americano – mostra todos os sinais de ser altamente inepto.

A ONU está cada vez mais paralisada – assolada por uma liderança fraca e um conselho de segurança bloqueado. Nos últimos 12 meses, a Rodada de Doha da Organização Mundial do Comércio (OMC) fracassou. E se as negociações da OMC não conseguiram produzir resultados, que chance haverá de sucesso em uma tarefa muito mais difícil, como a de negociar um acordo mundial de mudanças climáticas no próximo ano?

As rodadas comerciais anteriores foram concluídas com êxito, em parte, porque foram costuradas por Europa, América e Japão. Porém, na rodada mais recente, os países em desenvolvimento – em particular a Índia – ficaram poderosos demais para serem ignorados. Este é certamente um avanço para a justiça e equidade mundiais, mas torna muito mais difícil atingir um acordo. O mesmo problema provavelmente afligirá as negociações sobre mudanças climáticas no próximo ano, nas quais a China desempenhará papel central.

Ter montes de países na mesa de negociação não é por si só um fator destruidor de consensos. Havia 44 países no Bretton Woods original. Porém, o que se precisa é de liderança. Em 2008, como em 1944, o líder mais plausível é os EUA. Isso torna duplamente infeliz o fato de que o presidente americano anfitrião em Washington será Bush e não Obama.

Sob o comando do presidente Bush, os EUA descobriram que não podem liderar o mundo por meio do exercício da força bruta. A tarefa do presidente eleito Obama será ver se os EUA agora podem liderar por meio da persuasão. Infelizmente, ele não estará presente à recriação neste fim de semana.

14/11/2008 - 10:15h Pouco a esperar

Celso Ming, O Estado SP

celso.ming@grupoestado.com.br

celso_ming.jpgO presidente da França, Nicolas Sarkozy, é, no mínimo, um forçador de barra. Ou não tem lá muito compromisso com os fatos.

Ao embarcar ontem em Paris para Washington, onde participará da reunião dos chefes de Estado do Grupo dos 20 (G-20) que se realizará neste fim de semana, declarou aos jornalistas que vai demonstrar que 2008 não é 1945 e que o dólar deixou de ser a principal moeda do mundo. E não era o Berlusconi falando; era mesmo Sarkozy.

Ele não vai passar da primeira parte do objetivo declarado à imprensa. Nem precisa insistir; ninguém acha que 2008 repete 1945. Mas está errado no principal. O dólar continua, sim, reconhecidamente a principal moeda do mundo.

O país mais encrencado pela crise são os Estados Unidos. E, no entanto, na pior hora e apesar de tudo, quando é preciso encontrar um porto seguro, todos correm para o dólar e para os títulos do Tesouro americano (T-Bonds). Como negar isso, presidente Sarkozy?

Declarações assim parecem sugerir que a reunião de cúpula, que se imaginava destinada a traçar as diretrizes para a reformatação do sistema financeiro global, não vai passar de um congraçamento, se chegar a tanto.

Três obstáculos hoje aparentemente intransponíveis impedem que se espere mais do que isso desse encontro. O primeiro deles é que não há muito o que negociar com o presidente George Bush, que ainda representa a maior potência econômica da atualidade.

Bush não tem mais o que dizer. Não está em condições de decidir nada com quem quer que seja, porque o balcão atrás do qual está hoje terá outra administração em questão de semanas. A hora é mais de uma festa de adeus do que de reformatação das pilastras da economia. E Barack Obama, o novo chefe, não quer se meter antes da hora.

O segundo obstáculo é que o momento não é de confronto, por maior que sejam as divergências entre Estados Unidos e Europa. Os mercados estão especialmente vulneráveis a cabos-de-guerra entre os senhores do mundo. Se virem meia dúzia de chefes de Estado apontando para direções opostas, o risco é que se desmanchem.

E, finalmente, com Bush e depois de Bush, os Estados Unidos não querem mudanças. Ao contrário do que vai trombeteando Sarkozy, o mundo adora o dólar, confia nele muito mais do que se imaginava até agora e confia muito mais do que no euro ou na libra esterlina. E confia no título mais cobiçado, que ainda são as promissórias emitidas pelo Tesouro americano. Além disso, quem controla as máquinas que emitem os ativos mais cobiçados do planeta não quer mudar nada.

Para não decepcionar as platéias, os mais ansiosos líderes do G-20 provavelmente encaminharão alguns temas para análise de comissões de trabalho encarregadas de examinar as bases para a reestruturação dos fundamentos do capitalismo.

Se isso se confirmar, vai ser difícil obter dessas comissões mais do que estratagemas para ganhar tempo, sabe-se lá até quando e com que objetivo.

Enfim, não dá para esperar demais desse encontro. O que precisa ser perguntado é até quando a crise espera.

Confira

Disparada – O dólar deu ontem mais um salto, de 3,8%, fechando nos R$ 2,38. A volatilidade ainda é enorme. Basta dizer que, há apenas 43 dias, o dólar estava abaixo de R$ 2.

O Banco Central decididamente não quer esses níveis porque sabe o impacto que provocam na inflação, a partir da alta dos produtos importados.

Mas as intervenções que tem feito, por meio de leilões de dólares e de leilões de títulos amarrados à correção cambial, não estão nem segurando as cotações nem revertendo a tendência de alta. O Banco Central parece sem estratégia na sua política cambial.

11/11/2008 - 23:45h Obama elogia liderança brasileira e quer o Brasil nas discussões sobre a crise financeira

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Chico de Gois – O Globo – Agências internacionais

BRASÍLIA – O presidente americano eleito, Barack Obama, telefonou nesta terça-feira, por volta das 19h30m (horário de Brasília) para o presidente Lula que está em Roma. No telefonema, que durou cerca de 15 minutos, Obama elogiou o papel de liderança do Brasil entre os países em desenvolvimento e disse que a participação do país nas discussões sobre os rumos da crise é fundamental. A ligação do senador americano seria o retorno de uma ligação que a assessoria de Lula fez há algum tempo ao democrata.

Para Obama, as discussões sobre a crise financeira não podem ficar restritas ao G-8. Ele argumentou que é preciso ampliar o espaço de discussão. Obama também reconheceu esforços do Brasil, sobretudo em três áreas: crescimento econômico, programas sociais e energia renovável. O presidente eleito dos Estados Unidos destacou o papel do Brasil de liderança no cenário internacional.

O presidente Lula que considerou como “muito boa” a conversa com Obama. Disse que o colega americano demonstrou conhecimento de alguns temas sobre o Brasil. Lula o convidou para vir ao Brasil, em data a ser marcada, e disse a Obama que pretende manter com os Estados Unidos uma boa relação assim como o fez na administração do presidente George Bush. O americano respondeu que virá ao Brasil “tão logo seja possível”.

Lula também disse que pretende estreitar o diálogo sobre assuntos que o Brasil considera importante como problemas na América Latina e a reforma na ONU, sobretudo no Conselho de Segurança.

Lula disse a Obama que estará em Washington neste final de semana para a reunião do G20 e sugeriu um encontro entre os dois.

Obama, no entanto, afirmou que não estará na capital americana e não participará da reunião, por entender “que os EUA devem ser representados por apenas um presidente”.

No final da conversa, Obama ainda lembrou que foi aluno do ministro-chefe da Secretaria de Assuntos Estratégicos da Presidência da República, Mangabeira Unger, em Harvard e reiterou que é importante que os EUA dêem mais atenção à América Latina e à Organização das Nações Unidas.

11/11/2008 - 13:22h Considerações sobre Bretton Woods II

Luiz Gonzaga Belluzzo – VALOR

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Desde o século XVIII os teóricos e praticantes da moderna economia política debatem os conflitos e contradições entre a moeda universal (e seu caráter mercantil) e o exercício da soberania monetária pelos Estados nacionais.

No final do século XIX, a metástase da Revolução Industrial para os Estados Unidos e para a Europa Continental foi acompanhada pela constituição de um sistema monetário global, amparado na hegemonia da Inglaterra. Essa construção política e econômica do capitalismo suscitou, no imaginário social e na prática dos negócios, a “ilusão necessária” acerca da naturalidade e impessoalidade do padrão-ouro e de suas virtudes na promoção do ajustamento suave e automático dos balanços de pagamentos.

Ao promover a ampliação do comércio internacional, o padrão-ouro impôs a reiteração e a habitualidade da mensuração da riqueza e da produção de mercadorias por uma unidade de conta abstrata. Assim, para escândalo de muitos, a confiança na moeda universal em sua roupagem dourada promoveu a expansão da moeda bancária, suscitando a progressiva absorção das determinações funcionais do dinheiro – unidade de conta, meio de pagamento e reserva de valor – por uma representação, um signo desmaterializado garantido pelas finanças do Estado.

Nos anos 20 do século passado, o declínio da Inglaterra coabitou com incapacidade política do poderio econômico americano em afirmar sua hegemonia. Isso tornou problemática, após o hiato de moedas inconversíveis da Primeira Guerra, a restauração do padrão-ouro, mesmo sob a forma atenuada do Gold Exchange Standard que permitia a acumulação de reservas em dólares e libras. Em sua ressurreição, o padrão-ouro foi incapaz de reanimar as convenções e de reproduzir os processos de ajustamento e as formas de coordenação responsáveis pelo sucesso anterior. Os déficits e os superávits tendiam a se tornarem crônicos. Os países superavitários – sobretudo França e EUA – se empenharam em “esterilizar” o aumento das reservas em ouro para impedir os efeitos indesejáveis sobre os preços domésticos.

Nos trabalhos elaborados para as reuniões que precederam as reformas de Bretton Woods, Keynes formulou uma proposta mais avançada e internacionalista de gestão da moeda fiduciária. Ela previa a “administração” centralizada, pública e supranacional do sistema mundial de pagamentos e de provimento de liquidez. O Plano Keynes visava, sobretudo, eliminar o papel perturbador exercido pelo ouro – ou por qualquer moeda-chave – enquanto último ativo de reserva do sistema. Tratava-se não só de contornar o inconveniente de submeter o dinheiro universal às políticas econômicas do país emissor, mas também de evitar que assumisse a função de um perigoso agente da “fuga para a liquidez”.

Na verdade, os países trocariam mercadoria por mercadoria e o dinheiro internacional, o Bancor, seria reduzido à função de moeda de conta. Os déficits e superávits seriam registrados em uma espécie de conta corrente que os países manteriam junto à Clearing Union, a câmara de compensação encarregada de vigiar o sistema de taxas fixas, mas ajustáveis e de promover os ajustamentos entre deficitários e superavitários. No novo arranjo institucional não haveria lugar para a livre movimentação de capitais em busca de arbitragem ou de ganhos especulativos.

Em 1944, nos salões do hotel Mount Washington, na acanhada Bretton Woods, a utopia monetária de Keynes capitulou diante da afirmação da hegemonia americana que impôs o dólar – ancorado no ouro – como moeda universal. Talvez por isso, o segundo pós-guerra conte a história conflituosa da reafirmação do dólar como moeda-reserva e narre as desditas da reprodução dos desequilíbrios globais e da sucessão de ajustamentos traumáticos dos balanços de pagamentos na periferia.

Essas características do arranjo monetário realmente adotado em Bretton Woods sobreviveram ao gesto de 1971 – a desvinculação do dólar ao ouro – e à posterior flutuação das moedas em 1973. Na esteira da desvalorização continuada dos anos 70, a elevação brutal do juro básico americano em 1979 derrubou os devedores do Terceiro Mundo, lançou os europeus na “desinflação competitiva” e culminou na crise japonesa dos anos 90. Na posteridade dos episódios críticos, o dólar se fortaleceu, agora obedecendo ao papel dos Estados Unidos como “demandante e devedor de última instância”.

A crise dos empréstimos hipotecários e seus derivativos, que hoje nos aflige, nasceu e se desenvolveu nos mercados financeiros dos Estados Unidos. Na contramão do senso comum, os investidores globais empreendem uma fuga desesperada para os títulos do governo americano. Assim como nas crises cambiais dos anos 90, protagonizadas pela periferia (México, Ásia, Rússia, Brasil e Argentina), os papéis do governo dos Estados Unidos oferecem repouso para os capitais cansados das aventuras em praças exóticas e reservam os tormentos da volatilidade cambial para os incautos que acreditaram nas promessas de recompensa pelo bom comportamento.

Bretton Woods II, ou coisa assemelhada, não vai enfrentar conturbações geradas pela decadência americana. Vai sim acertar contas com os desafios engendrados pelo dinamismo da globalização impulsionada pela grande empresa e ancorada na generosidade da finança privada dos Estados Unidos. O processo de integração produtiva e financeira das últimas duas décadas deixou como legado o endividamento sem precedentes das famílias “consumistas” americanas, causa e efeito da migração da indústria manufatureira para a Ásia “produtivista” e da acumulação de mais de US$ 5 trilhões de reservas nos cofres dos emergentes.

Na posteridade da crise asiática, os governos e o Fundo Monetário Internacional ensaiaram a convocação de reuniões destinadas a imaginar remédios para “as assimetrias e riscos implícitos” no atual regime monetário internacional e nas práticas da finança globalizada. Clamavam por uma reforma da arquitetura financeira internacional. A reação do governo Clinton – aconselhado pelos conselheiros de Barack Obama, Robert Rubin e Lawrence Summers – foi negativa. Os reformistas enfiaram a viola no saco. Mesmo depois da queda do subprime, não vai ser fácil convencer os americanos a partilhar os benefícios implícitos na gestão da moeda reserva.

Luiz Gonzaga Belluzzo, ex-secretário de Política Econômica do Ministério da Fazenda, e professor titular do Instituto de Economia da Unicamp, escreve mensalmente às terças-feiras. BelluzzoP@aol.com

11/11/2008 - 13:00h Stiglitz prevê “futuro sombrio”

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Altamiro Silva Júnior, VALOR

O economista Joseph Stiglitz, que ganhou o Prêmio Nobel de Economia em 2001, está pessimista com os rumos da economia mundial. Defende a criação de uma nova instituição para cuidar do sistema financeiro global e diz que os bancos centrais já perderam muito a capacidade e a eficácia para restaurar a economia e o crédito. Na melhor das hipóteses, se tudo for feito corretamente, a desaceleração da economia americana pode durar até 18 meses.

O problema é que Stiglitz acha que as coisas não estão sendo feitas corretamente, pelo menos nos Estados Unidos. Crítico ferrenho do governo Bush e do pacote de ajuda do governo americano, de US$ 700 bilhões, ele prevê que mesmo que o presidente eleito Barack Obama faça um governo “correto”, a recuperação da economia americana não vai ser tão simples, após “anos de erros” na política econômica do presidente George W. Bush. O pacote de ajuda, diz o economista, vai contribuir para ajudar um sistema bancário “fracassado”.

Stiglitz, que tem sido um dos conselheiros de Obama, afirma que os bancos centrais de vários países tem tentado prevenir um “desastre” ou um completo “derretimento” dos sistemas financeiros. O problema é que as autoridades monetárias já não conseguem mais estimular a economia, mesmo com pesados cortes de juros como ocorreram na semana passada, quando o Banco da Inglaterra reduziu o juro básico em 1,5 ponto percentual, para 3% ao ano. Foi o maior corte em uma única reunião desde 1981 e a segunda redução em menos de um mês. O Banco Central Europeu também baixou as taxas pela segunda vez na semana passada em menos de 30 dias.

O economista inglês John Maynard Keynes já previa este tipo de situação há 75 anos, lembra Stiglitz. Na época, Keynes argumentou que, em momentos de recessão e incerteza, a política monetária perde a eficácia para estimular a economia. Em resumo, ele dizia que, com os sucessivos cortes, os juros ficam tão baixos que os agentes econômicos só podem acreditar que as taxas não vão cair mais e só poderão subir no futuro. Por isso, resolvem aplicar seus recursos. Foi o cenário que marcou a economia japonesa nos anos 90, caracterizado por recessão e aumento da poupança e um cenário de juros reais negativos.

Para Stiglitz, a crise atual só serviu para confirmar anos de políticas econômicas equivocadas, que apenas contribuíram para minar a estabilidade das economias. Na avaliação do prêmio Nobel, o Federal Reserve (Fed, o banco central americanos) e seu ex-presidente Alan Greenspan “tiveram grande parte da responsabilidade” pelo que aconteceu no mundo.

Stiglitz veio ao Brasil ontem para fazer a palestra de abertura da ExpoManagement 2008, evento organizado pela HSM. No encontro, ele disse que a “tempestade está apenas começando”, ao analisar o momento atual da economia. “O futuro é sombrio”, concluiu. Em seguida, ele falou com jornalistas em uma disputada entrevista.

No final de semana, o G-20, que reúne os países mais industrializados do mundo e a União Européia, se encontrou em São Paulo e o Brasil apresentou a proposta para que os mercados emergentes tenham mais voz nas decisões globais no atual cenário. Para Stiglitz, o fato de que vai ocorrer em Washington no próximo final de semana uma reunião do G-20, e não do G-8 ou G-7 (que reúnem apenas os países desenvolvidos e a Rússia) já é sintomático. Segundo ele, no passado, países emergentes como o Brasil eram “convidados para almoçar com o G-7″, mas “as decisões eram tomadas sempre antes do almoço”, o que mostrava “total falta de vontade de ouvir os emergentes”.

Para o economista, o mundo passa por um momento singular, onde boa parte da liquidez global está em países da Ásia e Oriente Médio, com pouca voz nos organismos multilaterais, como o Fundo Monetário Internacional (FMI) e o Banco Mundial. Stiglitz avalia que este é o momento dos emergentes aparecerem e reivindicarem maior espaço.

Ele defende a criação de uma nova instituição global para lidar com a crise, com representantes dos bancos centrais do mundo todo. O governo americano, ao contrário, defende o fortalecimento de instituições existentes, como o FMI, como argumentou anteontem o sub-secretário do Tesouro americano para assuntos internacionais, David H. McCormick logo após a reunião do G-20.

11/11/2008 - 12:25h EUA: governo precisará de ousadia

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E. J. Dionne Jr. – Washington Post – O Globo

Quase todo mundo tem uma interpretação diferente para o que realmente significa a vitória de Barack Obama. Por isso, o presidente eleito deve tomar cuidado com os conselhos que recebe. Os piores virão de seus adversários conservadores, o pessoal que o chamou de socialista poucos dias antes da eleição e que, agora, passou a dizer que ele só ganhou porque se mostrara conservador.

Os mais velhos entre eles declararam após as eleições de 1980 que os 51% de votos de Ronald Reagan representavam uma revolução ideológica, mas argumentam agora que a ampla margem obtida por Obama não terá implicações filosóficas.

Esses conservadores estão tentando, na verdade, impedir Obama de cumprir algumas promessas de campanha: acesso universal à saúde, redistribuição da carga tributária, retirada americana do Iraque, e a criação de mecanismos mais robustos de regulação econômica. O argumento é que os EUA ainda são um país de “centro-direita”, porque há mais americanos que se consideram conservadores do que os que se acham liberais.

O que essas análises ignoram é que os americanos se voltaram ainda mais para a esquerda de onde estavam há quatro, oito ou dez anos.

O desejo da população por mais ações do governo na economia, na garantia do sistema de saúde, e o ceticismo em relação à desregulamentação do mercado sugerem que temos agora um país moderado e que sinaliza cuidadosamente para a esquerda. Mas, fundamentalmente, somos uma nação não-ideológica. Muitos dos que gostariam de ver o governo agindo com mais ousadia não se identificam com ideologias e ainda precisarão ser convencidos da capacidade deste novo governo.

Neste ponto, temos uma semelhança com o período Reagan.

Assim como o 40º -presidente, Obama recebeu autorização para se movimentar em uma outra direção. Se Reagan teve dos eleitores a permissão para se mover para o liberalismo, Obama tem agora o aval para se afastar das políticas mais conservadoras. Reagan foi julgado por suas escolhas, Obama também será.

Reagan também nos oferece uma outra lição: suas primeiras movimentações no governo foram ousadas, e Obama não deve ter medo de seguir esse exemplo.

Na verdade, timidez é um perigo bem maior que ousadia, porque é muito mais fácil ser cauteloso. E qualquer um que ache que os democratas são de extrema-esquerda não os têm observado nos últimos dois anos. Como disse a líder do partido na Casa, Nancy Pelosi, os democratas incluem esquerdistas empedernidos e moderados resolutos. Ela reconhece que o partido não cresceu em 2006 esposando idéias de extrema-esquerda.

Isto é verdade, e sublinha o fato de que para ser ousado não é preciso ser ideológico.

Isso é algo que o chefe de Gabinete do futuro governo, Rahm Emanuel, entende. Ele já disse ver Obama atuando especialmente em quatro grandes áreas que preocupam a classe média que “está trabalhando mais, aprendendo menos e pagando mais”: saúde, energia, reforma tributária e educação. Em todos esses temas, Obama não pode ter medo de ser audacioso.

Daqui para frente, Obama poderá passar seu tempo se perguntando como agir somente preocupado com erros, ou se ocupando das mudanças realmente necessárias.

10/11/2008 - 19:01h Duas visões da vitória de Obama

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por Luiz Weis – Verbo Solto

Deu nos jornais. Há poucas semanas, a deputada republicana Michele Bachmann, de Minnesota, disse na televisão que estava “muito preocupada” com a possibilidade de Obama ter “idéias anti-americanas”. No dia seguinte à eleição, ela se declarou “extremamente grata por termos um presidente afro-americano”. A vitória de Obama, exultou, “foi um tremendo sinal que nós mandamos.”

Se fosse mais uma das incontáveis cenas explícitas de adesismo que os políticos se permitem o tempo todo em toda parte (Mangabeira Unger e Eduardo Paes em relação a Lula, por exemplo, guardadas as devidas), o episódio não serviria de gancho para espetar nele um comentário – ou uma provocação – sobre o que parece a este blogueiro um dos aspectos mais interessantes da eleição americana de que a imprensa mundial se ocupou, com pencas de fatos e argumentos, mas, salvo engano, sem parar para discuti-los.

A deputada, a rigor, não aderiu a Obama. O que ela queria, segundo uma interpretação, era “não ficar no lado errado da história”. Isso deve ser verdade também para aqueles americanos que, a julgar por suas manifestações dos últimos dias, sonhavam desde criancinha com a eleição de um negro para a Casa Branca – e com os quais não se devem confundir os milhões de pessoas, dentro e fora dos Estados Unidos, que torciam ardentemente por ele e acham que o mundo ficou melhor depois da maior das terças-feiras da história da América.

Mas não é nem disso que se trata exatamente. O ponto – que remete aos tais fatos e argumentos que inundaram a mídia, sem que ela os tivesse posto em debate – está no fecho da fala da senhora Bachmann.

Repetindo: “Foi um tremendo sinal que nós enviamos”.

Então lá vai: “Nós” quem, cara-pálida?

”Nós”, evidentemente, seriam os Estados Unidos da América – os seus valores de berço com os quais o país, sem distinções, se reencontrou elegendo Obama. Não foi ele próprio quem disse, no discurso de vitória, que a América “é o lugar onde tudo é possível”?

Ou, no título do editorial da edição do último domingo do Observer, de Londres: “A América restaurou a fé mundial nos seus ideais”.

Aceitar esses enunciados pelo seu valor de face implica, primeiro, passar batido pelo fato de que esses ideais – “democracia, liberdade, oportunidade e inabalável esperança”, Obama, no mesmo discurso – conviveram durante 76 anos (de 1787, quando foi promulgada a Consitutição de Filadélfia, a 1863, quando acabou a Guerra Civil) com a escravidão legal e, depois, durante mais de um século com a segregação racial, aberta ou disfarçada, em muitas partes da América.

É fato histórico que, entre abolir a escravidão e garantir a unidade das 13 colônias que viriam a formar os Estados Unidos, os “pais fundadores” escolheram a unidade.

É fato histórico ainda que eles adotaram um sistema político – o do voto majoritário, ou distrital, para a eleição do Congresso, combinado com a escolha em última análise indireta do presidente da República – concebido para barrar a ascensão ao poder das minorias, quaisquer que fossem. E adotaram um sistema eleitoral feito para desestimular os mais pobres a votar [“O voto americano visto do Brasil”, neste blog].

Mas é fato histórico também que, em matéria de liberdades individuais, a começar da mais essencial delas, a de expressão, nenhum país iguala os Estados Unidos.

O país, escreveu na semana passada o historiador holandês Ian Buruma, “representa o que o combalido mundo ocidental tem de melhor e de pior”. Pura verdade.

Em segundo lugar e mais prosaicamente, aceitar o enunciado de que “a América” elegeu Obama faria sentido se ele devesse a sua vitória a uma maioria homogênea, ou quase isso, de eleitores. Não foi assim: quem deu a Obama 65,4 milhões de votos (ante 57,4 milhões para McCain) foi uma determinada América – a coalisão de negros, jovens, mulheres e hispânicos das grandes cidades.

As pesquisas de boca-de-urna (depois da votação) revelaram que votaram em Obama 95% dos negros, 70% dos moradores das metrópoles, 66% dos jovens de 18 a 29 anos – o grande exército mobilizador de recursos e eleitores, via internet –, 66% também dos hispânicos e 56% das mulheres.

A propósito, dos eleitores de primeira viagem, 7 em 10 votaram em Obama.

Se dependesse apenas do voto masculino, não se sabe no que daria a eleição. Foram 49% para Obama, 48% para McCain. Se dependesse apenas do voto branco, daria McCain por 55% a 43%. Embora, proporcionalmente, mais homens brancos votaram em Obama do que em qualquer outro candidato democrata desde Jimmy Carter (1974), Bill Clinton incluído.

Além disso, Obama ganhou no Nordeste, no Meio-Oeste e no Oeste. Perdeu no Sul (Arkansas, Oklahoma, Louisiana, Tennessee, Missisippi, Alabama, Georgia e Carolina do Sul), embora tivesse obtido uma vitória histórica – com perdão pelo adjetivo – na Carolina do Norte.

A coalisão pró-Obama foi também uma coalisão de motivações – o que a ênfase no “voto da América” que percorre a mídia torna mais difícil discernir.

Os negros votaram em Obama, antes de tudo, porque era o primeiro deles escolhido candidato por um dos dois grandes partidos nacionais, portanto o primeiro a ter chances reais de chegar lá.

O mestiço Obama, no Brasil, seria mulato. Nos Estados Unidos de duas cores, negro. E, como tal, os negros o encamparam. Perguntado, depois da vitória, se preferia se referir a Obama como meio-branco e meio-negro, ou simplesmente negro, um barman de Washington respondeu: “Negro. Porque significa mais.”

Não menos revelador – e neste caso também por relativizar a teoria de que “a América” elegeu Obama – foi um comentário recolhido pelo correspondente do Globo em Washington, José Meirelles Passos, em Birmingham, Alabama.

“Sempre houve, no fundo, a sensação de que os negros não podiam ser parte do povo americano, e muito menos do sonho americano”, disse-lhe Jacqueline Wood, diretora-assistente do Programa de Estudos Afro-Americanos da Universidade do Alabama. “Nós estávamos sentados na cozinha. Agora passamos para a sala de visitas.”

Os jovens votaram em Obama principalmente por se identificar com o mais inspirador (“Yes, we can”) dos políticos americanos desde John Kennedy e decerto o mais singular deles: pelas origens, trajetória, personalidade, estampa – e coolness.

Também junto às mulheres funcionaram as suas “armas de atração em massa”. Com uma particularidade que, de novo salvo engano, só foi destacada na imprensa graças a um artigo no New York Times da sexta-feira, 7, pelo sociólogo jamaicano Orlando Patterson, da Universidade Harvard.

”Essa campanha, de maneira notável, foi uma reencenação da inteira e entrelaçada luta de negros e mulheres pela inclusão política”, observou. “A primeira vez que rejeitaram o seu confinamento ao papel de virtuosa maternidade na esfera privada no início da República foi ao liderar o combate muito público pela abolição da escravatura.”

As conquistas negras sempre pressagiaram os avanços femininos, lembra Patterson, “embora não sempre pelos motivos mais nobres”. Ou seja, o movimento pela emancipação das mulheres se nutria da seguinte rationale: afinal, se os negros podem votar, podem encontrar na lei proteção contra a discriminação e disputar cargos eletivos, por que não nós, mulheres?

A partir dos anos 1980, pela primeira vez desde que passaram a ter direito ao voto, as mulheres passaram a votar proporcionalmente mais do que os homens e em candidatos comparativamente mais progressistas.

”Em termos demográficos crus, o mais importante fator da vitória de Obama foi a margem de 13 pontos a seu favor no eleitorado feminino”, assinala o sociólogo.

De fato, a vantagem de Obama foi relativamente maior entre os mais jovens. Mas estes são apenas 18% do eleitorado. Vale para os hispânicos: como os jovens, 2 em cada 3 deles votaram em Obama; mas representam somente 8% do eleitorado. Já as mulheres (56% pró-Obama) pesaram mais porque são 53% do eleitorado.

E os trabalhadores brancos, aqueles a quem, nas prévias do Partido Democrata, e no seu pior momento, Hillary Clinton pediu o voto com uma mensagem que se curvava ao seu preconceito (”Hard-working Americans; White hard-working Americans…”)? O que levou sabe-se lá quantos deles a votar em Obama?

A resposta, numa palavra, parece ter sido a crise. Como se tivessem posto num dos pratos da balança o medo de ter um presidente negro, no outro o medo de ter um presidente branco incapaz de salvá-los do naufrágio econômico.

O New York Times ouviu um deles, no subúrbio de Levittown, Pensilvânia (Estado em que McCain investiu pesadamente, em vão, na reta final da campanha). O técnico em ar-condicionado Joe Sinitski disse ao repórter Michael Sokolove:

”Durante muito tempo eu não podia ignorar o fato de que Obama é negro, se é que me entende. Não me orgulho disso, mas fui criado a pensar que não há negros bons. Eu podia ver que ele é muito inteligente, e isso conta para mim, mas meu instinto ainda era o de fechar com o branco. Mas, quando ele escolheu [a governadora do Alasca] Sandra Palin para vice, com todos os problemas que a gente tem, isso não mostrou inteligência da parte de McCain. Não dizia coisa boa dele em geral.”

O interesse próprio prevaleceu sobre o racismo, em suma.

O que vai acontecer com o racismo americano não se pode prever. O lugar-comum que se encontra numa página dos jornais e na outra também é que o próprio triunfo de Obama – e a sua repercussão mundial sem paralelo – funciona por si só como um breve contra o preconceito.

Tomara. Afinal, o homem tem uma capacidade única de fazer com que as pessoas ponham para fora o que têm de melhor. A euforia dos europeus, por exemplo, é o reverso da medalha da hostilidade européia aos imigrantes, principalmente de pele escura.

Mas, nos Estados Unidos, há apenas quatro meses uma pesquisa nacional mostrou que apenas 30% dos eleitores brancos diziam ter uma opinião favorável de Obama. E mais: cerca de 60% dos entrevistados negros – e não mais de 34% dos brancos – achavam que as relações raciais no país são em geral ruins.

A pesquisa revelou que muitos padrões raciais na sociedade americana permanecem intocados nos anos recentes. Muito pouco mudou no componente racial da vida cotidiana no país desde 2000, quando o New York Times publicou uma série de reportagens intitulada “Como a raça é vivida na América”.

Exemplo: mais de 40% por cento dos negros americanos acham que foram parados pela polícia por causa da cor de sua pele, a mesmo índice de respostas da pesquisa de oito anos atrás.

”Devagar com o andor pós-racial”, escreveu na Folha o correspondente Sérgio Dávila. “Os Estados Unidos mudaram, os novos eleitores e os eleitores novos ajudaram a eleger Barack Obama – mas foi preciso uma crise econômica sem precedentes e o equivalente ao gênio negro na política concorrendo para que isso acontecesse.”

Toda eleição, obviamente, tem a sua circunstância. A desta, nos Estados Unidos, se chamou George W. Bush, atolando americanos em duas guerras, nos maiores índices de pobreza e desigualdade desde os impropriamente chamados Anos Dourados (a década de 1920), e, enfim, no colapso financeiro e na recessão.

Foi o que decidiu a parada em favor de Obama. Antes do derretimento de Wall Street, não custa lembrar, ele e McCain estavam cabeça a cabeça nas pesquisas.

Então, uma coisa é dizer que Obama encarna o que a América tem de melhor ou que a América ficou melhor com a sua vitória. Outra coisa é dizer que o resultado eleitoral comprova a excepcionalidade dos Estados Unidos, o poderio incomparável de seus valores.

A imprensa ficou devendo um debate sobre essas duas visões – um debate, em suma, sobre a democracia na América.

10/11/2008 - 09:38h Nações do G-20 querem profunda reforma no FMI e no Banco Mundial


Grupo pede maior participação de emergentes nos dois organismos

Ronaldo D’Ercole, Patrícia Duarte e Lino Rodrigues – O GLOBO

SÃO PAULO. Em documento divulgado ontem, no fim da reunião do G-20, os países membros do grupo defenderam amplas reformas em órgãos multilaterais, como o Fundo Monetário Internacional (FMI) e o Banco Mundial (Bird), de modo a garantir uma maior representatividade, que reflita o papel que grandes países emergentes desempenham hoje na economia mundial. Em entrevista, a ministra de Economia da França, Christine Lagarde, por exemplo, chegou a afirmar que é hora de o FMI mudar “sua abordagem imperialista”.

“Concordamos que as instituições de Bretton Woods (referência à reunião em que foram criados o FMI e o Bird) devem ser amplamente reformuladas para que elas possam, adequadamente, refletir os diferentes pesos das economias no mundo e ser mais responsáveis nos desafios futuros.

Economias emergentes e em desenvolvimento devem ter mais voz e representatividade nestas instituições”, disse o documento.

Em seu discurso no encerramento do encontro, o ministro da Fazenda, Guido Mantega, sugeriu que o G-20 teria uma representatividade mais adequada para liderar e coordenar eventuais ações contra a crise.

— O G-20 representa melhor o quadro de países mais envolvidos com a economia internacional e pode enfrentar melhor o atual cenário — disse.

Indagado sobre a afirmação de Mantega, o diretor-gerente do FMI, Dominique StraussKahn, admitiu a relevância do G20. Mas afirmou que a representatividade do grupo é restrita.

— O G-20 é muito importante, reúne uma grande parte do PIB mundial. Porém, são apenas 20 países. E o FMI representa 185. E há muitos outros com importância econômica no mundo que não estão representados no G-20. Então, eu penso que os dois organismos são importantes — disse ele, que, no entanto, defendeu mais voz aos emergentes. — O Guido (Mantega) está certo em cobrar mais voz, pois, quando você olha para as perspectivas do próximo ano, vê que todo o crescimento virá dos países emergentes.

Sobre as críticas feitas à forma de o Fundo atuar e às reclamações dos emergentes que não se sentem representados na instituição, StraussKahn disse tratar-se de uma “visão tradicional”: — Cada um (dos membros do Fundo) pode ter esse tipo de reação, mas a realidade é que não há outro lugar com a universalidade de nossos membros, com todo mundo ao redor da mesa podendo ter voz.

Debate sobre nova ordem financeira foi adiado A ministra francesa, no entanto, defendeu mudanças profundas na instituição.

— Acredito que a velha escola do FMI deixou algumas cicatrizes — disse ela. — Alguns Estados, um ou dois que vi ontem (sábado, na reunião do G20, em São Paulo) em reuniões bilaterais, lembram que o FMI pode usar essa bastante ortodoxa e imperialista abordagem da análise econômica e de ocasionais exigências sobre os países.

Para o subsecretário para Assuntos Internacionais do Tesouro dos EUA, David McCormick, não há necessidade de se criar novas instituições para regular e fiscalizar o mercado financeiro mundial. Segundo ele, os organismos existentes dão conta do trabalho, embora precisem ser fortalecidos.

McCormick disse ainda que seu país é aliado do G-20 e está aberto a negociar as reformas necessárias.

— Isso não significa um novo Bretton Woods, mas é preciso fortalecer as instituições já existentes, como o FMI e o Banco Mundial — disse ele.

A discussão sobre uma nova regulamentação para o sistema financeiro internacional, aliás, que gerou grande expectativa antes do encontro, acabou ficando em segundo plano. Alguns países, como a Austrália apresentaram propostas. Mas pouco se avançou e a questão será discutida na reunião dos chefes de estado do G-20, no próximo fim de semana, em Washington.

— Não chegamos a definir medidas que devem ser tomadas no âmbito da regulação e da fiscalização dos mercados financeiros — disse Mantega, admitindo que, pela complexidade das mudanças em discussão, nada de concreto deve sair da reunião nos Estados Unidos.

09/11/2008 - 18:00h Brasil propõe órgão supervisor global para enfrentar crise

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Segundo o ministro Guido Mantega, G-20 é forte candidato a ocupar o posto, mas deve ser fortalecido

Célia Froufe e Fernando Nakagawa, da Agência Estado

SÃO PAULO – O Brasil irá propor que seja criado um órgão supervisor global, ou um “supervisor dos supervisores”, para acompanhar os mercados financeiros que hoje estão globalizados e integrados. A informação consta do documento elaborado ao final do encontro dos ministros de finanças e presidentes de bancos centrais do G-20, reunidos em São Paulo. A proposta será levada como sugestão para a reunião de cúpula de chefes de Estado do G-20, que será realizada no próximo dia 15, em Washington. De acordo com o documento, esta instituição supranacional eventualmente poderia ser o Fundo Monetário Internacional (FMI), desde que este passe por reformas.

A proposta brasileira está sendo detalhada em entrevista coletiva do ministro da Fazenda, Guido Mantega. Mantega ressaltou a importância que o grupo ganhou frente à atual crise financeira mundial. “No ano de 2008, o G-20 ganha sua maior projeção e relevância”, afirmou. “É curioso que a preocupação quando o grupo foi criado era com os problemas nas economias emergentes, e hoje o G-20 tem a tarefa de encaminhar soluções e monitorar a crise que se dá nos países avançados.”

Ele apresentou os consensos a que o grupo chegou durante o final de semana. Segundo o ministro, os países concordaram que a crise surgiu desta vez nos países avançados, e não nos emergentes. “Mas os emergentes também estão sentindo os efeitos da crise e, portanto, estamos todos no mesmo barco”, disse. Diante disso, foi ressaltada a necessidade de uma ação coordenada para enfrentar os problemas.

O grupo de ministros de finanças e presidentes de Bancos Centrais chegou a ao consenso de que é preciso que haja um coordenador das ações contra a crise financeira, e que o G-20 é forte candidato ao posto. Segundo Mantega, foram feitas diversas propostas para fortalecer o grupo e permitir que ele ocupe essa função. “O Brasil propõe que ele deixe de ser uma instância de ministros e presidente de BCs e passe a ser de chefes de governo. Além disso, as reuniões do grupo devem ser regulares”, afirmou. “Também sugerimos que se crie uma espécie de sala de situação, que faça o acompanhamento permanente dos acontecimentos e poder influir rapidamente nas decisões.”

Além disso, os países concordaram que instituições internacionais como Fundo Monetário Internacional (FMI), Banco Mundial e o Fórum de Estabilidade Financeira (FSF, na sigla em inglês), podem ajudar no enfrentamento da crise, desde que fortalecidos. Eles também devem passar a ter representação maior dos emergentes.

Segundo o documento, as nações também devem adotar políticas anticíclicas, nos segmentos monetário e fiscal, “adequadas às condições de cada país”. “Também foi salientada a necessidade dos países ricos ajudarem na saída de fluxos financeiros dos países emergentes. É necessário que eles assumam a responsabilidade, de modo que possam ajudar a interromper esse fluxo”, disse Mantega.

O ministro afirmou que haverá equipes do G-20 trabalhando para desenvolver a agenda de assuntos, questões e propostas que serão levadas à cúpula de chefes de Estado no próximo dia 15, em Washington. De acordo com ele, o grupo não chegou a definir com detalhes as medidas que devem ser tomadas no âmbito da regulação e fiscalização, embora isso tenha sido ressaltado por todos.

Ao lado de Mantega, estavam os representantes do Reino Unido, Stephen Timms, e da África do Sul, Trevor Manuel. Os dois elogiaram o esforço brasileiro na coordenação dos trabalhos em 2008 e foi anunciada que a presidência do G-20 em 2009 será do Reino Unido.

Documento

Resumidamente, o documento de nove páginas diz que as medidas recentes apresentadas pelos governos internacionais começaram a surtir efeitos positivos e estabilizadores de curto prazo, mas ainda resta a tarefa de normalizar os canais de crédito e os fluxos financeiros. O texto reforça a necessidade de se iniciar imediatamente negociações para redefinir o sistema financeiro internacional. Para isso, será necessário rever instituições e regras, bem como os fundamentos de legitimidade e representação. Em outras palavras, diz a proposta, há necessidade de se instituir um regime de Bretton Woods 2.

Em relação à prevenção de crises, o documento propõe um acompanhamento do risco sistêmico dos mercados financeiros pelos governos nacionais e agências multilaterais. Além disso, prevê a criação de um mecanismo de alerta de riscos (early warning system). “O FMI, ou um órgão de supervisão global a ser criado, deveria dispor de mecanismos de acompanhamento da evolução dos riscos sistêmicos associados à atividade financeira com impactos globais”, detalha o documento.

Para combater insuficiências de supervisão e regulação, a proposta brasileira inclui identificar e eliminar deficiências nacionais e internacionais; eliminar o “shadow banking system”, que seria a existência de um segmento do mercado financeiro não regulado; e padronizar e registrar produtos financeiros que “poucos sabem como precificar”. Neste ponto, o texto sugere estabelecer regras de accountability para agências de classificação de risco e defende o combate coordenado, em nível multilateral, aos paraísos fiscais. “Idealmente, deve-se sugerir o fim dos paraísos fiscais”, diz o documento, com o argumento de que a existência deles mina esforços de regulação e reduz a progressividade da política tributária.

A reunião dos ministros e presidentes de bancos centrais foi encerrada hoje em São Paulo. De forma geral, a proposta está em linha com os discursos realizados pelo presidente Luiz Inácio Lula da Silva e pelo próprio Mantega nos primeiros dias da reunião do G-20. Segundo o documento divulgado há pouco, os organismos e fóruns internacionais e as regras e práticas internacionais vigentes mostraram-se comprovadamente insuficientes. “Foram reprovados no teste da história”, resume o texto.

09/11/2008 - 11:30h ‘Estamos assistindo ao começo do fim do G-7′

Para ex-assessor de Bill Clinton, solução para crise passa pela inclusão de emergentes nas decisões

ENTREVISTA David Rothkopf

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A vitória do democrata Barack Obama inaugura uma nova fase na relação dos EUA com o mundo, para o americano David Rothkopf.

Ex-subsecretário adjunto do Departamento de Comércio para questões internacionais na gestão de Bill Clinton e atual pesquisador da Carnergie Endowment for International Peace, ele avalia que Obama colocará o país no caminho do multilateralismo.

Neste contexto, a cúpula do G-20 em Washington, na próxima semana, representa “o começo do fim do G-7”, diz. É o reconhecimento por EUA e Europa de que a única forma de lidar com a crise global é o fortalecimento de um grupo mais inclusivo que aquele limitado aos sete mais ricos do mundo.

Danielle Nogueira – O Globo

O GLOBO: Barack Obama vai assumir a Casa Branca em um momento de forte pressão para revisão do sistema financeiro internacional.

O senhor acredita que ele apoiará a criação de um novo Bretton Woods, como sugerem o primeiro-ministro britânico, Gordon Brown, e o presidente francês, Nicolas Sarkozy?

DAVID ROTHKOPF: É prematuro dizer. No entanto, acredito que a provável equipe de Obama terá percebido que o atual sistema era e é inadequado para os desafios desta crise. Logo, não ficarei surpreso se os EUA tiverem um papel de liderança no processo de remodelagem do sistema econômico internacional, que terá início em 15 de novembro (quando líderes do G-20 vão se reunir em Washington).

O que podemos esperar da cúpula do G-20 ?

ROTHKOPF: O mais importante sobre o G-20 já está acontecendo…e é muito significativo para o Brasil. É o reconhecimento pelos EUA e pelos europeus de que a única forma de lidar com a crise é por meio de um grupo maior e mais inclusivo que o G-7. Para mim, estamos assistindo ao começo do fim do G-7. Devemos esperar que o o G-7 se reúna com menos freqüência e, então, seja substituído na sua função de “chefe” do sistema econômico internacional por um grupo que incluirá de forma permanente Brasil, Índia, China, Rússia e, talvez, outros dois países. Esse divisor de águas tem implicações políticas significativas. É um reconhecimento de mudanças no poder global na nossa era, e, para o Brasil, vai significar um papel maior do que apenas a mais importante potência da América Latina. Resultado do trabalho do presidente Lula e do ministro (Celso) Amorim (Relações Exteriores).

Obama foi apontado como a nova cara dos EUA. Mas o que isso significa para o mundo? Podemos esperar uma maior colaboração com parceiros políticos e econômicos?

ROTHKOPF: Obama é definitivamente uma nova face, representando uma nova experiência. Mas o que é extraordinário é que ele foi eleito por ser mais esperto, mais competente e por oferecer uma visão mais próxima aos americanos do que a oferecida por seus antecessores. No fim das contas, é visto pelo mundo como um símbolo de sistemas de governo mais inclusivos, que vão trabalhar por benefícios não só para os EUA, e sim para todos.

Essa onda Obama vai levar o mundo a um projeto multilateral, revertendo o unilateralismo de Bush? ROTHKOPF: Tenho certeza de que, com a administração Obama, o unilateralismo e o descaso de Bush em relação às leis internacionais serão coisas do passado. É muito provável que ele forme novas alianças, fortaleça as antigas e trabalhe para construir um sistema internacional mais eficaz.

Nesse novo cenário, a Rodada de Doha é viável?

ROTHKOPF: Doha vai acontecer. Será menos abrangente que a proposta original, mas a integração econômica global é uma tendência histórica. No entanto, grandes questões ainda têm de ser resolvidas, como os subsídios à agricultura nos EUA e na Europa.

Alguns acreditam que a hegemonia americana está em declínio. Ainda há espaço para potências hegemônicas? ROTHKOPF: Sempre há espaço para potências maiores que outras. Os EUA vão permanecer, de muitas maneiras, a mais poderosa nação na Terra por muitos, muitos anos. A questão é se esse poder é percebido como sendo usado de forma responsável, com os EUA assumindo o papel de líder na comunidade das nações, ou se ele é percebido como um membro à parte. Obama indicou várias vezes que sua intenção é restaurar essa virtude, a liderança americana.

Obama nomeou ex-conselheiros de Clinton para sua equipe. Teremos um terceiro mandato? Como podem contribuir para o novo governo?

ROTHKOPF: Como ex-colaborador de Clinton, tenho uma visão parcial. Na administração Clinton, os EUA viveram seu mais longo período de expansão. E foi a última grande oportunidade para os coordenadores de políticas democratas.

Onde você vai encontrar pessoas com a experiência de que precisamos em tempos de crise? O senhor foi sondado para integrar a nova equipe?

ROTHKOPF: Sem comentários.

O novo secretário do Tesouro terá poderes sem precedentes para escolher quais outros setores além dos bancos serão beneficiados com o pacote de US$ 850 bilhões. O que esperar dele?

ROTHKOPF:Espero que o novo secretário fique com atenção nos EUA e na recuperação internacional. Trabalhará com o Congresso em um novo pacote de estímulo, e com o mundo para a revitalização de mecanismos desenhados para fiscalizar e apoiar a economia internacional.

Espero um equilíbrio entre políticas orientadas para o mercado que reconheçam a importância das conseqüências sociais da atual crise econômica e a busca de soluções robustas e justas.

08/11/2008 - 17:06h “Veio abaixo a fé dogmática no princípio da não intervenção do Estado na economia”, disse Lula na abertura do G20

Participam do G20 ministros da Economia e presidentes de bancos centrais de 19 países: os oito países do G8 (Alemanha, Canadá, Estados Unidos, França, Reino Unido, Itália, Japão e Rússia) mais África do Sul, Arábia Saudita, Argentina, Austrália, Brasil, China, Coréia do Sul, Índia, Indonésia, México e Turquia. A União Européia também integra o grupo, representada pela presidência rotativa do Conselho Europeu e pelo Banco Central Europeu. O grupo foi criado em 1999 e é atualmente presidido pelo Brasil. A reunião do G20 acontece agora aqui em São Paulo

Foto: Ricardo Stuckert/PR
Presidente Lula participa de reunião plenária dos Ministros da Fazenda do G-20 Financeiro, em São Paulo _ (São Paulo, SP, 08/11/2008) _ Foto: Ricardo Stuckert/PR

Discurso do Presidente da República, Luiz Inácio Lula da Silva, durante reunião plenária dos Ministros da Fazenda do G-20 Financeiro

Senhoras e senhores ministros das Finanças e presidentes de Bancos Centrais,

Senhoras e senhores membros das delegações,

Quero dar as boas-vindas a todos que comparecem a esta importante reunião que temos a honra de presidir.

A economia mundial atravessa seu momento mais grave em décadas. Medidas tomadas por governos impediram o pior, mas ainda há muito o que fazer. Persistem riscos e incertezas sobre o comportamento da economia, sobre o impacto da crise nos países em desenvolvimento, no comércio e nas finanças internacionais.

Uma coisa é, no entanto, evidente: a desordem que se instaurou nas finanças mundiais nos últimos anos ameaça o funcionamento da economia real. O preço a pagar por essa irresponsabilidade se pode medir de várias formas.

Para nós, o que importa é a ameaça de uma recessão generalizada e, na sua esteira, a perda de milhões e milhões de empregos, o aumento da pobreza e da exclusão. Não podemos permitir que o pânico que se instalou em muitos lugares atinja os setores produtivos. Cabe aos líderes mundiais, com serenidade e responsabilidade não nos deixarmos contaminar pelo medo.

Mas esta é uma crise global, e ela exige soluções globais. Este é o momento de formular propostas para uma mudança substantiva na arquitetura financeira mundial.

A crise nasceu nas economias avançadas. Ela é conseqüência da crença cega na capacidade de auto-regulação dos mercados e, em grande medida, na falta de controle sobre as atividades de agentes financeiros.

Por muitos anos especuladores tiveram lucros excessivos, investindo o dinheiro que não tinham em negócios mirabolantes. Todos estamos pagando por essa aventura. Esse sistema ruiu como um castelo de cartas e com ele veio abaixo a fé dogmática no princípio da não intervenção do Estado na economia.

Muitos dos que antes abominavam um maior papel do Estado na economia passaram a pedir desesperadamente sua ajuda.

Em meu discurso na abertura da Assembléia Geral da ONU, afirmei que era chegada a hora da política. Me associo, agora, aos que pensam ter chegada a hora da mudança.

Temos de trazer para a esfera pública decisões antes tomadas por supostos “especialistas”, mas que só serviam interesses privados. É amplamente reconhecido que o G-7 sozinho não tem mais condições de conduzir os assuntos econômicos do mundo. A contribuição dos países emergentes é também essencial.

Precisamos de uma nova governança, mais aberta e participativa. O Brasil está pronto a assumir sua responsabilidade. Esta não é a hora de nacionalismos estreitos, de soluções individuais. É hora de um pacto entre governos para a criação de uma nova arquitetura financeira mundial, capaz de promover segurança e desenvolvimento em bases eqüitativas para todos.

Essas reformas devem ser norteadas pelos seguintes princípios:

Representatividade e legitimidade: As instituições financeiras globais devem se adequar à nova realidade econômica. Devem abrir-se à maior participação dos países emergentes e em desenvolvimento;

Ação coletiva: Situações de risco e custos compartilhados exigem respostas coletivas, tanto para a elaboração de soluções, quanto para a implementação de políticas nacionais coordenadas.

Boa governança nos mercados domésticos: A importância do crédito, os crescentes riscos e complexidade dos mercados financeiros, impõem o aperfeiçoamento dos mecanismos de regulação, supervisão, governança corporativa e de avaliação de riscos. Nestas atividades, o Estado deve buscar o equilíbrio entre a eficiência dos mercados financeiros, a estabilidade de todos os mercados e a promoção do desenvolvimento econômico.
Responsabilidade: As políticas de cada país não podem transferir riscos e custos a outros países. Cada país deve assumir suas responsabilidades. Nacionalmente, setores cujas políticas expõem a sociedade a riscos desproporcionais devem contribuir, inclusive financeiramente, para a solução das crises e para o retorno à estabilidade.

Transparência: Os agentes financeiros privados devem observar regras internas de governança corporativa e de transparência de informações relevantes ao mercado e à sociedade, em especial aquelas relacionadas a riscos e ativos.

Prevenção: As políticas nacionais e as instituições financeiras internacionais devem incorporar o sentido de prevenção de crises financeiras em suas políticas e mecanismos de supervisão e acompanhamento dos mercados. Nesse contexto, o G-20 tem muito a contribuir. É um foro de diálogo representativo que congrega países ricos e emergentes. A superação da atual crise passará pela cooperação desses dois grupos de nações, ouvindo o conjunto da comunidade mundial.

Afinal, se a riqueza ainda se concentra nos chamados países desenvolvidos, o crescimento econômico está sendo mais robusto nas economias emergentes e em desenvolvimento. O próprio Fundo Monetário Internacional estima que, nos últimos anos, os países emergentes responderam por 75% do crescimento da economia mundial. Essa tendência se manterá em 2009.

Senhoras e senhores,
Nenhum país está a salvo da crise financeira. Todos estão sendo contagiados pelos problemas originados em países avançados. O colapso da confiança nos mercados financeiros dos países desenvolvidos gerou escassez de crédito para o resto do mundo. A crise fez os bancos dos Estados Unidos e da Europa pararem de emprestar.

Para os menos capitalizados, a falta de financiamento externo poderá levar a problemas de balanço de pagamentos. Mesmo para os países mais preparados, como o Brasil, os empréstimos ficaram mais caros. Fundos de investimento estrangeiros estão sacando suas aplicações no mercado acionário dos países emergentes para cobrir os prejuízos que tiveram nos mercados avançados. Essa perda de recursos afeta balanços de pagamentos e dificulta o financiamento das empresas.

Os países desenvolvidos e instituições como o Fundo Monetário Internacional devem adotar medidas para restaurar a liquidez nos mercados internacionais.

Um dos efeitos mais preocupantes da crise ocorre no comércio. Com a já anunciada recessão, os países ricos vão reduzir suas importações, o que afetará a balança comercial dos países pobres. Essa redução na corrente de comércio mundial não interessa a ninguém.

O Brasil acredita que os países devem evitar a tentação de utilizar o protecionismo financeiro e comercial como artifício para superar a crise.
As lições da crise de 1929 devem servir de alerta para todos. Naquela ocasião, medidas unilaterais apenas prolongaram a depressão econômica e alimentaram a desconfiança. Ao contrário, é hora de uma ação coordenada. Mas o exemplo deve partir dos países ricos. É deles que se espera a adoção das principais medidas nesse sentido.

No dia 27 de outubro, reunimos no Brasil Chanceleres, Ministros da Fazenda e Presidentes de Bancos Centrais do Mercosul e dos países associados – na prática, toda a América do Sul. Chegamos à conclusão de que é preciso mais integração, mais comércio, menos distorções e menos protecionismo.

Entendemos que este é o momento para o impulso final das negociações da Rodada Doha. A maior abertura do comércio mundial é um excelente antídoto contra a crise. Uma das melhores medidas contra-cíclicas que poderemos tomar. A conclusão da Rodada deixou de ser uma oportunidade e passou a ser uma necessidade. Já há um bom conjunto de propostas sobre a mesa.

Temos de resolver uns poucos problemas. Temos de enfrentá-los com grandeza. Os países desenvolvidos não devem, neste momento, aumentar as exigências sobre os países em desenvolvimento.

Senhoras e senhores,
Esta crise não colhe o Brasil desprevenido. Nossos fundamentos econômicos são consistentes. Meu governo e a sociedade fizemos sacrifícios e agora começamos a colher os resultados de nosso trabalho.

Em 2007, nosso PIB cresceu 5,4% e esperamos que cresça 5% este ano. Esse crescimento está sendo feito com justiça social. Nos últimos anos, tiramos 9 milhões da miséria e outras 20 milhões se incorporaram aos contingentes da classe média no Brasil. Ampliou-se nosso mercado interno, o que nos protege em muito contra a turbulência internacional. Diversificamos nossos mercados de exportação.

O aprofundamento da integração regional e o aumento do comércio com outros países em desenvolvimento tiveram, e continuarão a ter, papel fundamental. A inflação permanece em níveis baixos. As contas públicas estão em ordem. O Brasil vem mantendo superávit primário em torno de 4% desde 2004 e nossa dívida pública hoje está na casa dos 37% do PIB, e continua a cair.

Desde 2007, o Brasil passou de devedor a credor nominal no mercado internacional. Nossas reservas internacionais somam mais de US$ 200 bilhões, um aumento de US$ 143 bilhões desde março de 2006.

Este cenário positivo nos permite navegar pela crise com responsabilidade e confiança. Mas estamos atentos. Não estamos paralisados. O governo não permitirá que nosso crescimento seja comprometido. Manteremos todas as obras de infra-estrutura de nosso Plano de Aceleração do Crescimento.

O Ministério da Fazenda e o Banco Central do Brasil estão tomando as medidas necessárias para aumentar o financiamento interno e facilitar o crédito ao comércio exterior. Estamos assegurando que nosso sistema bancário continue a apresentar níveis adequados de liquidez.

Senhoras e senhores,
Esta reunião tem como tarefa iniciar o desenho de uma nova arquitetura financeira mundial. Ela prepara o encontro de Washington, no próximo sábado, no qual procuraremos avançar mais no diagnóstico e na formulação de alternativas globais e de outras reuniões que se seguirão. Para logramos verdadeira soluções precisamos realizar um esforço concertado, vencendo a tentação de tomar medidas unilaterais.

Enfatizo o que disse antes. Precisamos aumentar a participação dos países em desenvolvimento nos mecanismos decisórios da economia mundial. Devemos revisar o papel dos organismos existentes ou criar novos, de forma a fortalecer a supervisão e a regulação dos mercados financeiros.
É imperioso aumentar a transparência com novos mecanismos universais de revisão de políticas domésticas para os mercados financeiros. Afinal, é a vida de seres humanos que está em jogo!

As crises são também momentos em que a história abre grandes oportunidades para as verdadeiras mudanças. Nelas se evidenciam não só os erros do passado, mas as promessas do futuro.

Bilhões de seres humanos – sobretudo os mais vulneráveis – esperam que estejamos à altura dos desafios que a realidade nos colocou por diante. Não podemos, não devemos e não temos o direito de falhar.

Muito obrigado e bom trabalho para todos vocês.

07/11/2008 - 13:28h Com crise, Estado pode recuperar prestígio perdido, diz Lula

Para presidente, Consenso de Washington pregou durante 30 anos que mercado seria o responsável por tudo

Evandro Fadel, de O Estado de S. Paulo

FOZ DO IGUAÇU – O presidente Luiz Inácio Lula da Silva disse nesta sexta-feira, 7, em Foz do Iguaçu (PR), que a crise financeira mundial representa uma oportunidade de “o Estado recuperar o prestígio que durante 30 anos o consenso de Washington colocou de forma equivocada”. Segundo ele, esse consenso era de que o mercado seria o responsável por tudo. “As pessoas que antes se auto-intitulavam senhores absolutos do mundo, quando vem a crise, pedem socorro ao Estado”, falou.

obama_post.jpgLula disse que, nas questões eleitorais de outros países, sempre teria tomado cuidado para não dar palpites. “Não me contive ao dizer que gostaria que Barack Obama ganhasse nos EUA”, afirmou. “E tudo começou no nosso continente”, disse, citando a eleição de um indígena na Bolívia, de uma mulher na Argentina e de um cura no Paraguai. Para ele isso é uma mudança de consciência na América Latina.

No entanto, Lula acentuou que Obama tem que tomar atitudes para resolver a crise financeira, do contrário, “todo capital político que conseguiu pode se perder”. O presidente brasileiro defendeu ainda que os países do Mercosul não precisam depender de decisões externas para tomarem também suas atitudes e alertou que “não há saída individual para nenhum país da América Latina”.

07/11/2008 - 13:05h EUA já fecharam 1,2 milhão de vagas de trabalho no ano

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Apenas em outubro, mercado eliminou 240 mil postos, superando a estimativa dos economistas de 200 mil

CYNTHIA DECLOEDT – Agencia Estado

WASHINGTON – O mercado de trabalho norte-americano eliminou 240 mil vagas em outubro, informou nesta sexta-feira, 7, o Departamento do Trabalho dos EUA, superando a estimativa dos economistas consultados pela Dow Jones de corte de 200 mil vagas. É o 10º mês seguido de cortes, que, no acumulado do ano, já somam 1,2 milhão de postos.

Em setembro, foram cortados 284 mil vagas de trabalho (dado revisado), a maior queda desde novembro de 2001. Os cortes são generalizados, incluindo nos setores de manufatura, construção e na maior parte da indústria de serviços. Excluindo a criação de 23 mil novas vagas oferecidas pelo governo, a redução foi ainda maior.

A taxa de desemprego subiu 0,4 ponto porcentual em outubro nos EUA, para 6,5%, a mais elevada desde março de 1994. Em abril, a taxa estava em 5%. Economistas ouvidos pela Dow Jones esperavam que a taxa subisse de 6,1% em setembro para 6,3% em outubro. As informações são da Dow Jones.

06/11/2008 - 11:30h EUA: Democratas querem mais Estado

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Damian Paletta, The Wall Street Journal, de Washington – VALOR

Os deputados do Partido Democrata planejam usar a maioria ampliada nas eleições desta semana para aprovar o mais rápido possível um papel mais preponderante do governo americano nos mercados financeiros, incluindo maiores direitos para os acionistas, mais restrições no pacote de socorro de US$ 700 bilhões e a criação de uma agência federal para vigiar riscos sistêmicos à economia.

O presidente da Comissão de Serviços Financeiros da Câmara, o democrata Barney Frank, comparou a criação dessa autoridade ao estabelecimento da SEC, a comissão de valores mobiliários americana, durante a Grande Depressão nos anos 30. Ele disse que os democratas planejam pressionar agressivamente por essas medidas e chamou o resultado das eleições de terça-feira de um repúdio às críticas de que o país estava adotando uma política exageradamente intervencionista no livre mercado.

“Esse argumento foi desacreditado pela realidade”, disse Frank ao Wall Street Journal.

O colapso da Lehman Brothers Holdings Inc. e o quase colapso da American International Group Inc. estremeceram os mercados financeiros e expuseram brechas na vigilância feita pelo governo. Esses acontecimentos também aceleraram as negociações para a criação de um tipo de “super policial” do mercado.

“Acho que uma agência de vigilância do risco sistêmico para todas as empresas que agora são cobertas pela regulamentação bancário é o ponto principal”, disse Frank.

O setor bancário americano já se prepara para um 2009 difícil, e as perspectivas ficaram um pouco piores anteontem à noite quando um de seus principais aliados, o deputado republicano Tom Feeney, da Flórida, não conseguiu se reeleger. Feeney defendeu com afinco o setor bancário durante a crise econômica e estava na rara posição de integrar tanto a Comissão de Serviços Financeiros quanto a Judiciária.

02/10/2008 - 09:17h Esclarecendo o risco

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David Leonhardt * – O Estado de São Paulo

Em 1929, Meyer Mishkin era o proprietário de um estabelecimento em Nova York que vendia camisas de seda aos trabalhadores. Quando o mercado de ações faliu naquele mês de outubro, ele se voltou para o filho, na época um estudante da Universidade Municipal, e ofereceu uma versão dos seus sentimentos: “É isso que merecem aqueles ricaços”.

Um ano depois, com os problemas de Wall Street se espalhando para toda a economia, a loja de Mishkin faliu. Ele não tinha mais fregueses o bastante. O seu filho teve que trabalhar para ajudar a sustentar a família e Mishkin nunca mais conseguiu um emprego estável.

Frederic Mishkin – neto de Meyer e, até abrir mão do cargo no mês passado, um dos aliados de Ben Bernanke no Federal Reserve – me contou essa história outro dia, e a moral que ela contém é bastante óbvia.

Muitos em Washington temem que o país entre numa espiral rumo a um terrível declínio. E para horror dessas pessoas, elas vêem o público e muitos dos membros do Congresso se transformando em versões contemporâneas de Meyer Mishkin, mais interessados em castigar Wall Street do que em salvar a economia.

Tudo isso pode ser verdade. Mas há boas razões para o ceticismo da população. Os especialistas em política econômica tão desesperados para tomar alguma atitude não foram capazes de contar uma história convincente para explicar aquilo que tanto temem.

Não basta dizer que os mercados poderiam congelar, os empréstimos poderiam se tornar impossíveis e a economia poderia escorregar até entrar no pior declínio desde a Grande Depressão. Por enquanto, a crise teve pouco efeito sobre a maioria dos americanos, a não ser sobre o seu plano de aposentadoria. Assim, o espectro de uma depressão pode soar como alarmismo, e o pacote de US$ 700 bilhões que a Câmara rejeitou esta semana pode parecer um resgate para ricos.

Bernanke e os seus companheiros de preocupação precisam ligar os pontos. Eles precisam ensinar ao público uma pequena lição sobre a economia de uma crise de crédito – como A pode levar a B, B a C e C a Depressão.

Vamos tentar oferecer uma explicação. Por que estamos falando sobre a Grande Depressão, afinal? Praticamente nenhum economista acredita que mesmo um terrível declínio possa sequer se parecer com a Depressão. O governo já respondeu de maneira mais agressiva do que na época de Herbert Hoover. Assim, uma contração semelhante à Depressão – uma queda de 30% na atividade econômica – é muito improvável. O país também está hoje muito mais rico, o que significa que uma parcela muito menor da população vive no limiar do desespero. Não importa o que aconteça, não veremos surgir favelas.

Mas a Depressão ainda é relevante, porque a mecânica básica de como a economia entra numa recessão severa parece muito com aquela que provocou a Depressão. Em ambos os casos, no centro da história há uma crise de crédito.

No início da década de 1930, apesar de tudo que acontecera em Walk Street, a economia dos EUA ainda não entrara em colapso. O gasto dos consumidores e os investimentos em negócios estavam em baixa, mas não de maneira tão drástica.

No fim de 1930, no entanto, vários pânicos começaram entre os bancos. Os investimentos dos bancos iam mal – ou, em certos casos, havia o boato de que fossem mal – e os fregueses nervosos sitiaram as filiais dos bancos para exigir de volta o seu dinheiro. Centenas de bancos acabaram fechando as portas.

Depois de um banco de uma determinada cidade fechar as portas, todo o conhecimento acumulado pelos funcionários do banco desapareceu. Outros bancos não estavam nem de longe tão dispostos a emprestar dinheiro a negócios e residentes locais porque os funcionários credores nestes bancos não sabiam quais clientes era menos confiáveis do que aparentavam ser. A fonte do crédito secou.

“Se um sujeito enxerga uma boa oportunidade de investimento e não consegue acesso ao financiamento, ele não pode aproveitá-la”, destaca Mishkin, agora professor de economia na Universidade de Columbia. “É aí que a economia entra em colapso.” Ou, conforme Adam Posen, outro economista, “foi então que a Depressão de tornou a Grande Depressão”.

Jovem acadêmico de Economia na década de 1980, Bernanke desenvolveu a teoria de que o conhecimento perdido dos funcionários dos bancos foi uma das principais causas da Depressão. Ele se referiu (com o seu co-autor, Mark Gertler) a esse conhecimento perdido como “capital informacional”. Significa que a confiança desapareceu no setor bancário.

O mesmo está ocorrendo agora. Os mercados financeiros são hoje globais, de modo que o problema não é que a falência de um banco possa impedir os clientes de acessar os mercados de crédito. Em vez disso, as desagradáveis surpresas dos últimos 13 meses – o tipo de caos que já foi inimaginável – provocaram um colapso no capital informacional. Os banqueiros agora olham para os clientes antigos e pensam aquele velho refrão de um casamento fracassado: “sinto como se nem mesmo o conhecesse mais”.

O Bear Sterns, por exemplo, deveria ter garantias reais tangíveis e sólidas por trás de algumas das suas dívidas, de modo que certos credores fossem pagos não importando as circunstâncias. Mas não tinha essas garantias, e a dívida não foi paga.

O estágio atual e mais sério da crise começou há duas semanas, depois do colapso do Lehman Brothers e da aquisição da AIG pelo Fed. Esses eventos provocaram mais medo. Em vez de realizar muitos empréstimos, os bancos despejaram seu dinheiro em títulos do Tesouro, que pagam juro baixíssimo, mas também têm risco quase inexistente. Sobre os poucos empréstimos que fizeram, os bancos exigiram taxas de juro mais altas. Nas últimas duas semanas, as taxas de juros continuaram a aumentar, e são essas taxas que deveríamos observar, não o mercado de ações.

O ponto central é que uma economia moderna não pode funcionar quando as pessoas não têm fácil acesso ao crédito. Demora um pouco até isso se tornar óbvio, já que a maioria das empresas e das pessoas não solicita empréstimos vultosos todos os dias. Mas acabará se tornando óbvio, e de uma maneira dolorosa. Já estamos vendo uma escassez no financiamento de automóveis provocar uma queda ainda maior nas vendas do setor automobilístico.

Será que a crise atual poderia ser combatida – será que os bancos poderiam decidir que estão perdendo lucrativas oportunidades de investimento – sem um fundo governamental de US$ 700 bilhões para livrar Wall Street de alguns dos seus valores mobiliários mais assustadores? Claro que sim.

Estaria o Congresso certo em lutar por um programa factível que seja tão barato e rigoroso com Wall Street quanto possível? Absolutamente sim. Mas, afinal, não se trata de Wall Street. Trata-se de reduzir o risco de que algo ruim aconteça. Trata-se de limitar os danos provocados pelos excessos financeiros da década passada.

Infelizmente, não se pode realizar isso sem também oferecer ajuda a Wall Street. É lá que ficam os nossos mercados de crédito, e precisamos que eles voltem a funcionar. “Estamos enfrentando uma grande crise nacional”, como diz o neto de Meyer Mishkin. “Não fazer nada agora é repetir o que foi feito na Grande Depressão.”

*O autor escreve para o ‘The New York Times’

01/10/2008 - 12:05h Há alternativa ao plano, diz ex-FMI

entrevista Simon Johnson

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DE WASHINGTON – FOLHA SP

O britânico  acha que há alternativas ao que chama de “Fundo Hedge Paulson”. O ex-economista-chefe do FMI acredita na necessidade de aprovação do plano do governo o quanto antes, mas não o vê resolvendo a crise atual. Para tanto, defende, teria de ser mais amplo e envolver a comunidade internacional. O professor da Sloan School of Management do MIT diz ainda que a chave para que o Brasil evite um contágio maior da crise é a China. “Se o país conseguir manter seu crescimento em pelo menos 8%, se usar algum tipo de estímulo fiscal para ajudar sua própria economia, isso vai fazer uma grande diferença para países como o Brasil”, disse à Folha.

FOLHA – O que aconteceu anteontem?
SIMON JOHNSON
– Os políticos foram surpreendidos e ficaram desorientados pela situação. E eu concordo com eles. Deve-se aprovar a lei, estamos numa situação muito difícil e precisamos que essa medida passe nesta semana, mas também acho que o Executivo não foi honesto antes.

FOLHA – O que acontecerá?
JOHNSON
– Agora eles só precisam de cerca de uma dezena de votos a mais, então não acho que vai ser terrivelmente difícil passar essa medida. Também acredito que, hoje, mesmo sem a medida, o Tesouro já conta com poderes suficientes e muita engenhosidade para se adaptar. A grande questão é o que fazer depois disso. Ninguém acredita que todos os problemas se resolverão depois da aprovação desse plano. Pode até estabilizar o mercado a curto prazo, e deve fazer isso, mas não é o suficiente.

FOLHA – O que seria suficiente? Há alternativas?
JOHNSON
– Sim, há, embora o Tesouro e o Fed não queiram que pensemos que há. São três os grandes problemas no mercado financeiro norte-americano neste momento, e o plano só lida com um, os papéis podres. Um dos outros é a crise da habitação, com muita gente ainda endividada, e é muito difícil reestruturar essa dívida como você faria se fosse um banco. Isso o plano ignora. O outro é que alguns bancos importantes estão sem capital, e isso mais uma vez não é alvo do plano, a não ser indiretamente, como quando o presidente do Fed diz que pagará acima do valor de mercado pelos títulos podres. Isso pode ajudar a estabilizar a situação, mas não está claro se resolverá o problema de base do sistema, que é a chamada desalavancagem global. O crédito vai secar cada vez mais ao redor do mundo. É preciso um esquema mais amplo e internacional para lidar com essa questão.

FOLHA – Para relembrar seu período de FMI, há o perigo de contágio maior para economias emergentes como Brasil?
JOHNSON
– Sim, é claro. A desalavancagem global vai continuar, deve afetar todo o mundo, não creio que ninguém estará imune e nenhum país poderá se “descolar”.

29/09/2008 - 16:51h “Essa é a conseqüência de oito anos de irresponsabilidade”, acusa Obama

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da Folha Online

O senador Barack Obama, candidato democrata à Presidência dos Estados Unidos, realizou um pronunciamento com ataques diretos ao governo do presidente George W. Bush apenas minutos depois da notícia de que os deputados americanos tinham rejeitado projeto de lei que previa o destino de US$ 700 bilhões para salvamento do setor financeiro do país.

“O que vimos nas últimas semanas é o veredicto final dessa filosofia. Essa é a conseqüência de oito anos de irresponsabilidade. Está na hora de ter a supervisão de um adulto na Casa Branca. Por isso sou candidato. É hora de virarmos a página”, disse Obama diante de uma empolgada platéia, em um comitê no Colorado.

No discurso, Obama afirmou que o dinheiro que o governo luta para destinar ao resgate da economia podia ser usado para melhorar os sistemas de saúde e de educação, por exemplo.

“O senador [John] McCain [candidato republicano à Casa Branca] seguiu essa filosofia falida por 36 anos, em Washington. Agora ele quer nos dar mais quatro anos disso”, disse. “Em entrevista recente, ele chegou a dizer que essa regulação havia ajudado a minguar a economia. Senador McCain, de qual economia você está falando?”, questionou o candidato.

Projeto

Na semana passada, o republicano McCain anunciou a suspensão dos eventos de campanha para ir a Washington negociar com colegas congressistas a aprovação do plano de Bush. Um pouco a contragosto, Obama fez o mesmo. Depois de um dia de reuniões com congressistas e com o próprio Bush, Obama afirmou que a presença dos candidatos politizava a discussão e que isso causava “mais problemas que soluções”.

McCain, por outro lado, insistiu que a negociação do pacote era prioridade e chegou a pedir o adiamento do primeiro debate entre os dois. No último minuto, McCain recuou e foi ao debate, que aconteceu na sexta-feira (26), em Mississippi. Em seguida, retornou a Washington.

No fim de semana, líderes do Congresso e do governo anunciaram que tinham alcançado texto do projeto sobre o qual a maioria concordaria. Na manhã desta segunda, Bush disse que a aprovação seria “difícil”, mas iria acontecer. O plano, porém, não passou. Obama e McCain, que tinham prometido acordo, não chegaram a votar –o Senado votaria quarta (1º).

26/09/2008 - 10:57h De Keynes a Paulson

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John Maynard Keynes

David Ignatius* – O Globo

Henri Paulson com Bushhttp://blogs.denverpost.com/lewis/wp-content/photos/paulson.JPG

Em tempos como este, quando mesmo os mais sóbrios analistas especulam se estamos caminhando para outra Grande Depressão, é melhor respirar fundo, ir ao porão e tirar a poeira de um exemplar de um modesto estudo de John Maynard Keynes, de 1936, chamado “A teoria geral de emprego, juros e dinheiro”.

A maioria se lembra de Keynes da universidade, como aquele que defendia o déficit orçamentário para encorajar o crescimento em períodos de desaceleração. E isso era certamente parte de seu argumento. Mas, ao revisitar “A teoria geral”, chama a atenção o fato de ser um livro sobre pânicos econômicos e a psicologia do mercado que os produz — e a conseqüente necessidade de intervenção do governo.

Alguns trechos poderiam ter sido escritos esta semana para descrever as sucessivas quebras de Bear Stearns, Lehman Brothers e AIG.

O problema com os mercados financeiros, argumentou Keynes, era que os investidores eram periodicamente tomados por uma forma extrema do que chamou de “preferência de liquidez”, que os fazia aplicar dinheiro apenas nos investimentos mais seguros. “É da natureza dos mercados (…) que, quando a desilusão cai sobre um mercado superotimista e sobrecomprado, deveria cair com uma força súbita e até catastrófica”, escreveu ele.

“Depois de surgir, a dúvida se espalha rapidamente”.

É uma ótima descrição de Wall Street nos últimos meses.

Saímos de uma bolha de superentusiasmo, na qual os juros deram pouca atenção ao risco, para um estado de pânico no qual as instituições financeiras têm tanta aversão ao risco que não querem emprestar a ninguém.

A idéia revolucionária de Keynes era que os mercados financeiros não se autocorrigiam, como argumentavam economistas clássicos. Deixada a si própria, Wall Street poderia cair em uma armadilha de liquidez em que os mercados ficariam congelados e o investimento produtivo cessaria. Então restava ao governo tomar medidas para restaurar a confiança e estimular o investimento.

“Eu concluo que a tarefa de organizar o volume atual de investimento não pode ser deixada em mãos privadas”, escreveu ele.

O que nos traz ao secretário do Tesouro, Henry Paulson, e à crise atual. Desde o resgate do Bear Stearns, em março, Paulson vem tentando injetar dinheiro nos mercados. Mas cada medida de resgate somente prepara para o desastre seguinte — então Paulson passa de Bear Stearns para Fannie e Freddie para AIG, e agora para um pacote de US$ 700 bilhões.

Que conselho Keynes daria a Paulson e ao presidente do Fed, Ben Bernanke? Seu primeiro impulso, imagino, seria reiterar que os mercados, deixados a si próprios, não vão resolver esse tipo de crise.

Eles precisam de ajuda do governo — neste caso, em uma escala que teria assustado até Keynes. Mas se as medidas são tomadas sem amplo apoio político, elas só podem aumentar a ansiedade popular. Isso é uma preocupação hoje: que o pânico de Wall Street atinja Main Street.

O biógrafo de Keynes, Robert Skidelsky, ressalta que ele sempre tentou englobar as conseqüências sociais e políticas da política econômica.

Um verdadeiro resgate keynesiano deveria fazer mais que socorrer investidores tolos. Por exemplo, se os contribuintes vão comprar uma fatia da maior seguradora do país, talvez essa empresa possa ser a pedra fundamental de um novo sistema de seguro-saúde universal.

“Quando o desenvolvimento do capital de um país se torna o subproduto das atividades de um cassino, o trabalho acaba ficando malfeito”.

Keynes não iria querer nacionalizar esse cassino; ele mesmo era um investidor ativo. Mas ele nos lembra de que os objetivos públicos são mais bem servidos por instituições públicas.

*David Ignatius é colunista do “Washington Post”